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Depresión en la infancia y adolescencia. Epidemiología

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |221 alumnos|Fecha publicaciýn: 23/03/2010

Capýtulo 1:

 Significado y diagnóstico

Cuando hablamos de depresión nos referimos a un cambio en el estado de ánimo que implica un cambio en el humor cotidiano hacia lo peor. No es un estado emocional deseable.

Los estados de ánimo básicos cambian con el desarrollo, así como el nivel y la complejidad de los afectos aumenta en los primeros años de vida Izard et al.(1984,1991).

El humor deprimido constituye uno de esos estados cuyas características se van mostrando más evidentes a lo largo del segundo año de vida.

Actualmente se reconocen cuatro formas clínicas de la depresión, según el criterio del DSM-IV (APA 1994) a saber:

1) Trastorno Depresivo Mayor (en adelante TDM) el paciente debe presentar al menos cinco de los síntomas siguientes durante las mismas dos semanas y representar un cambio respecto a su funcionamiento previo, y al menos uno de los síntomas tiene que ser necesariamente (1) o (2): 1- Ánimo deprimido la mayor parte del día, casi cada día (tanto por impresión personal subjetiva como por observación realizada por terceros). En los niños y los adolescentes puede substituirse por irritabilidad.

2- Disminución marcada del placer por todas, o casi todas, las actividades diarias la mayor parte del día, la mayoría de los días.

3- Pérdida o ganancia significativa de peso sin hacer dieta o disminuir el apetito casi cada día. En los niños se consideran las alteraciones de la curva ponderal.

4- Insomnio o hipersomnia casi cada día.

5- Agitación o retardación psicomotriz casi cada día.

6- Fatiga o pérdida de la energía vital cada día.

7- Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva e inapropiada (que puede ser delirante) casi cada día 8- Disminución de la capacidad de concentración o de pensamiento, indecisión, casi cada día.

9- Pensamientos reiterativos de muerte, ideación suicida recurrente sin plan específico, tentativa de suicidio o plan específico de suicidio.

10- Los síntomas deben provocar distress emocional importante, o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de funcionamiento.

No deben estar originados por los efectos de alguna sustancia o por algún otro diagnóstico médico.

Además, podemos dividir este síndrome en leve, moderado o severo sin alucinaciones y severo con alucinaciones, dependiendo del número de síntomas y del grado de deterioro social asociado.

2) Trastorno depresivo mayor bipolar. Tiene las mismas características del TDM unipolar (descrito en 1) pero constituye el componente depresivo de una alteración maníaco-depresiva. Es rara entre la gente joven.

3) Distimia. Se considera aquel estado de ánimo con características clínicas similares a las del TDM pero de menor intensidad, que conlleva menor deterioro. Es un proceso crónico, dura al menos 18 meses.

4) Trastorno depresivo adaptativo. Se trata de un proceso de inicio rápido que sigue a un acontecimiento observable externamente. Los síntomas pueden ser intensos pero no son suficientes para reunir todas las características requeridas para el diagnóstico del TDM.

Queda todavía mucho por averiguar sobre las condiciones de la depresión. Los estudios clínicos (Kovacs et al.1988, 1989; Dahl et al.1989, Gooyer et al.1991) han demostrado que el TDM se presenta sobretodo en adolescentes y en la mayoría de los casos coexistiendo con otros diagnósticos como ansiedad o alteraciones de la conducta. Casi el 70% de los casos presentan recaídas o recurrencias en los primeros 5 años.

Aproximadamente el 40% se asocian a hipersecreción de cortisol durante el episodio.

MEDIDAS EN LA COMUNIDAD

2.1) Cuestionarios Hasta el momento se habían usado varios tipos de escalas de puntuación para identificar el trastorno depresivo, pero tenían muchos inconvenientes, no disponían de una fiabilidad, estabilidad ni especificidad adecuadas, no se correspondían con los criterios de diagnóstico estandarizados y no reunían las propiedades psicométricas, con lo que los resultados de los estudios eran poco plausibles.

El cuestionario de Costello y Angold (1988) MFQ (Mood and Feeling Questionnnaire, que es un cuestionario para la depresión autocontestado podría usarse como un detector de casos en para aquellos sujetos que reúnan los criterios del DSM-III-R para el TDM.

Otra opción sería mejorar los llamados cuestionarios de banda estrecha añadiendo otros cuestionarios focales validados de forma similar sobre síntomas de ansiedad, comportamiento y obsesiones. Los cuestionarios que se validaran de esta manera podrían añadir una considerable flexibilidad a las medidas actuales.

2.2) Entrevistas Las entrevistas estructuradas o semiestructuradas incorporan las características necesarias para la detección y descripción de los síntomas,(p.e el grado de intensidad y deterioro).

Las entrevistas se construyen para permitir llegar a diagnósticos mediante algoritmos diagnósticos. Los entrevistadores no deducen si un diagnóstico está presente, recogen la presencia de los síntomas que serán los que subsecuentemente nos harán llegar al diagnóstico.

Problemas de las entrevistas: a) Hay diferencias importantes en el método y procedimiento que se sigue para identificar y registrar los distintos síntomas hasta llegar al diagnóstico en las diferentes entrevistas.

b) Son más caras y requieren más tiempo.

Según Barret et al.(1991) las entrevistas personales son el método de elección para que emerjan los signos válidos sobre los estados mentales internalizantes. Las entrevistas a los padres añaden información pero no deben usarse como criterio para la existencia o no de los síntomas depresivos.

El procedimiento de la entrevista a los adolescentes es muy importante. Necesitan que se les anime para que revelen pensamientos y estados emocionales, y para minimizar las respuestas socialmente deseables. Cooper y Goodyer (1993) han demostrado que para reunir los criterios del DSM-III-R el DISC debía ser sustancialmente modificado.

Probablemente el uso combinado de los cuestionarios y las entrevistas usando los mismos ítems, y con una validez convergente permitiría mejorar los resultados de los estudios con cohortes grandes y un diseño de tipo longitudinal.

Con ambas herramientas (cuestionarios y entrevistas) se llega a diagnósticos clasificables por el DSM o el CIE, pero no son comparables en el método (forma) de medida, por lo que las variaciones que se detectan entre estudios pueden ser consecuencia del método más que de variaciones en la alteración.

Actualmente no existe un método con base empírica que permita hacer diagnósticos de depresión.

La elección del método de medida debería basarse idealmente en el que fuera más válido.

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