Los psicoterapeutas proceden del campo de la medicina, la psicología, el trabajo social o la enfermería psiquiátrica. Su formación, por tanto, es sensiblemente diferente, si se tiene en cuenta que su ejercicio profesional posterior debe ser bastante similar.
Los psiquiatras son médicos. En muchos países acuden a las facultades de Medicina durante una serie de años, para después completar un periodo de formación práctica clínica. Es entonces cuando pueden acceder a la especialidad de psiquiatría. Los psicoanalistas estudian tres años más en un instituto especializado y, además, deben someterse ellos mismos al psicoanálisis.
Los psicólogos suelen obtener una licenciatura en psicología clínica y realizar después un año de psicoterapia práctica supervisada. Los trabajadores sociales se pueden especializar en salud mental y deben estudiar una maestría o un doctorado antes de ejercer. Algunos psicólogos y trabajadores sociales estudian en escuelas con una orientación psicoterapéutica concreta y, en algunos casos, deben someterse ellos mismos a la psicoterapia. Los estudiantes de enfermería psiquiátrica normalmente obtienen sus titulaciones y realizan sus prácticas en los hospitales.
Evaluación.- Los diferentes tipos de psicoterapia tienen metas diferentes: desde la ambición que tiene el psicoanalista de alterar la estructura básica de la personalidad tratando problemas existenciales, hasta la concepción más instrumental de la terapia de conducta, que sólo trata de aliviar unos síntomas concretos. Por ello, los diferentes métodos de tratamiento deben ser evaluados en función de sus propios objetivos.
Es más fácil evaluar si un síntoma ha desaparecido que medir metas psicoterapéuticas inalcanzables. En consecuencia, no debería sorprendernos que en medios académicos la terapia de conducta y otras modalidades capaces de probar sus éxitos, aunque limitados, se hayan considerado más válidas científicamente que el psicoanálisis y los métodos relacionados con él.
Una tendencia importante ha sido el apartarse de las evaluaciones clínicas -basadas en un solo caso individual- para juzgar los tratamientos a través de diseños experimentales, con múltiples casos cuyos datos se analizan estadísticamente, como se haría para evaluar un nuevo medicamento o tratamiento. Por lo general, el diseño experimental consiste en que una serie de pacientes recibe la versión uniforme del tratamiento que debe valorarse, y sus resultados se comparan con los de otros pacientes que podrán recibir o no un tratamiento distinto. El objetivo de estas investigaciones es aclarar qué tipo de tratamiento es el más adecuado para cada tipo de paciente. Este grado de especificidad ha sido eludido por los investigadores, con una excepción: la terapia de conducta es, al parecer, la más efectiva para el tratamiento de las fobias.
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