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Dejar de fumar. Método eficaz

Autor: Lautaro Gajardo
Curso:
9,50/10 (8 opiniones) |969 alumnos|Fecha publicaciýn: 29/01/2009
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Capýtulo 2:

 Dejar de fumar. Decidir sin excusas

Nuestras decisiones siempre implican optar. Dejamos de hacer algo en beneficio de lograr otra cosa. Todo tiene lo que en economía se llama costo alternativo. Dejar de fumar implica por lo tanto, privarse de ciertas cosas para favorecer la obtención de otras. Desde este punto de vista dejar de fumar no se diferencia cualitativamente de miles de otras decisiones sobre cambios de conducta que tomamos las personas. "Desde ahora llegaré temprano al trabajo" por ejemplo, es una decisión cualitativamente similar.

Algún fumador impermeable a los argumentos vertidos aquí podrá esgrimir que la nicotina es adictiva y que, en consecuencia, la dificultad de mantenerse sin fumar es mayor que la del esfuerzo involucrado en llegar temprano al trabajo, ya que la adicción implica la búsqueda compulsiva de la nicotina.

Pero, ¿cuánto mayor es la dificultad de dejar el cigarrillo respecto de la dificultad de mantener la promesa de llegar temprano al trabajo? ¿Se puede medir? ¿Existe un grado de dificultad a partir del cual la voluntad es ineficaz para provocar un cambio de conducta? El punto está simplemente en la disposición emocional del fumador a dejar de serlo. Y eso se relaciona directamente con la forma en que él explica su situación. Es evidente que este tipo de decisiones que involucran cambios de hábito requieren de la voluntad del sujeto para mantenerse en el cambio, pero se trata justamente de eso: de "hacerlo". ¿Cómo explicaríamos, si la voluntad fuese ineficaz, el hecho de que alguien que se declara en huelga de hambre sea capaz de decidir permanecer sin alimentación durante varios días en circunstancia que el "comer" es una necesidad biológica cuya insatisfacción compromete la propia vida del individuo?

Es frecuente que la sicología trate el tabaquismo como una enfermedad, lo cual refuerza en los fumadores su convicción de que la dificultad de dejar el cigarrillo es una característica propia del hábito y no una forma de relacionarse con él. Pero para que se constituya lo patológico es necesario el consentimiento del sujeto ya que lo patológico no es más que un acuerdo social. Volvemos entonces a un asunto de mera voluntad ligado sólidamente a la manera en que el sujeto explica su circunstancia y no a la circunstancia explicada. El fenómeno explicado y la explicación habitan en mundos diferentes y disjuntos.

S. Covey dice que nuestra conducta depende de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones. Una sentencia complementaria la aportó H. Ford: "Ya sea que pensemos que algo se puede o que no se puede, en ambos casos estamos en lo cierto".

Detrás de cada método para dejar de fumar, está la voluntad del individuo. Los métodos para dejar de fumar que se venden en el mercado están basados en la mirada "objetivista" del problema. Aprovechan la mirada tradicional que los individuos tienen sobre el problema. Como producto de ello, las personas pagan por un tratamiento cantidades bastante elevadas de dinero, pero finalmente el éxito descansa en la voluntad y disposición emocional del individuo, algo por lo que no es necesario pagar ya que todo eso lo llevamos dentro.

No queremos decir que dichos métodos resulten completamente inútiles porque es verdad que en general ayudan a desincentivar los deseos de fumar, pero la acupuntura, el láser, la auto-hipnosis, los parches nicotinosos, chicles especiales, y cientos de otros métodos sólo sirven si el individuo está dispuesto a dejar de fumar.

Estos métodos se vuelven más necesarios en la medida que la persona explica su circunstancia de fumador apelando a condiciones externas. Pero pierden sentido si nuestra mirada se orienta más a la forma planteada aquí, es decir, centrando el problema en la manera como explicamos nuestro quehacer y en la forma en que nos observamos como observadores.

El diagnóstico que hacemos sobre nuestra situación de fumadores no corresponde a "lo que ocurre realmente" sino que a la expresión de nuestra propia forma de observar. Es por ello que para dejar de fumar hay que cambiar las explicaciones que nos damos sobre lo que nos acontece. De lo contrario lo único que tendremos es una buena explicación sobre por qué no podemos dejar de fumar. Y eso no sirve para dejar de fumar. Las explicaciones son en cierto sentido "antojadizas", las acciones no. Hay que dejar de explicar y actuar.

¿Usted quiere una buena explicación del porqué no puede dejar de fumar o realmente quiere dejar de fumar?

La respuesta esperable es que quisiéramos dejar de fumar. La explicación sólo será importante si nos ayuda a dejar el hábito, pero las explicaciones tradicionales no consideran lo que hay detrás de una explicación y lo poderosa que puede ser una interpretación menos "objetivista" de eso a lo que llamamos "explicación".

No hay nada mejor para entorpecer el proceso hacia la eliminación del hábito de fumar que una buena explicación sobre por qué es difícil hacerlo.

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