Como ya mencionamos en la primera parte del curso, el poder revolucionario heredó una situación caótica, con una economía profundamente resquebrajada por los desequilibrios de las actividades especulativas de un régimen neocolonial. No había reservas monetarias, la economía era dependiente del imperialismo estadounidense, la estructura del país agrícola, con una alta desocupación del campo y una estrategia basada en latifundios y explotación extensiva. El poder de EEUU ya se ha citado anteriormente, abarcaba otros sectores como teléfono, electricidad, combustible y créditos bancarios.
Los primeros actos del poder revolucionario se movieron entre dos aguas, por un lado una violenta y dura represión de los defensores y componentes del régimen anterior, y una importante potenciación de asuntos sociales. Para Castro una buena política social era fundamental y el eje de la revolución ya que, según sus propias palabras, de no emprender mejoras en los ámbitos como educación, medicina o alojamiento, el movimiento perdería la legitimidad. Es la cara y la cruz del castrismo, violencia represiva del disidente combinada con una elevada preocupación sobre las necesidades del pueblo. Una red de hospitales y una serie de campañas rápidas de alfabetización son acciones que ejecutará el nuevo gobierno en esta pretensión de contribuir al bien social.
El tres de marzo empiezan las nacionalizaciones y confiscaciones, el teléfono y las compañías de autobuses ahora son gubernamentales. Se reducen las tarifas de energía y teléfono y los alquileres abaratan hasta en un 50%. También se suprimen las instituciones de la Cuba capitalista, se controla la universidad, se expropian grandes compañías de petróleo y azúcar, se inicia una campaña contra la iglesia e, importante, desaparecen los diarios libres estableciéndose un férreo control sobre la prensa. Insistimos en este punto en que castro sabía a la perfección la importancia de controlar los cauces de comunicación de masas. La televisión, la radio y la prensa eran suyas y sabía manejarlas.
Otro de los ejes del castrismo fue la creación de instrumentos de la revolución socialista: comités de defensa de la revolución, control de la editoriales, politización de la justicia para crear una "nueva" que supone la supresión del Habeas corpus, tribunales y audiencias populares y la creación de campos de rehabilitación. Existe también durante el castrismo una pretensión de progreso económico, con un claro interés por romper el monopolio azucarero, ampliando las plantaciones de café e introduciendo nuevas razas bovinas.
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