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Las Cruzadas

Autor: Mª Belén
Curso: 0/5 |1601 alumnos|Fecha publicación: 24/05/2006

Capítulo 3:

 El discurso de Urbano

El 27 de noviembre de 1095 Urbano II celebra un concilio en la ciudad de Clermont, que va a aprovechar para que cale su propuesta. El último día pronunció un discurso para una multitud tan gigantesca, que no pudo hacerse dentro de la iglesia, sino afuera de las murallas de la ciudad. Urbano utilizó sus habilidades de gran orador y relató el padecimiento de Jerusalén bajo el yugo turco, cómo sus habitantes cristianos gemían pidiendo ser rescatados, y cómo él tenía la sagrada labor de convocar a los mejores guerreros para liberar la Ciudad Santa.

Según Fulquerio de Chartres, así se desarrolló el discurso:

" `Mis más queridos hermanos: urgido por la necesidad, yo, Urbano, con el permiso de Dios obispo en jefe y prelado de todo el mundo, he venido hasta estos parajes en calidad de embajador, portando una admonición divina a vosotros, servidores de Dios. He guardado la esperanza de encontraros tan fieles y celosos en el servicio del Señor como es de esperarse. Pero si hay alguna deformidad o flaqueza contraria a la ley divina, invocando Su ayuda haré lo más que pueda para erradicarla. Porque el Señor os ha puesto como servidores ante su familia. Felices seréis si os encuentra fieles a vuestro ministerio. Sois llamados pastores, esmeraos por no actuar como siervos. Pero sed buenos pastores, llevad siempre vuestros báculos en las manos. No durmáis, sino que guardéis todo el tiempo al rebaño que se os ha asignado. Porque si por vuestra negligencia viene un lobo y os arrebata una sola oveja, ya no seréis dignos de la recompensa que Dios ha reservado para vosotros. Y después de haber sido flagelados despiadadamente por vuestras faltas, seréis abrumados con las penas del infierno, residencia de muerte. Ya que vosotros habéis sido llamados en el Evangelio la sal de la tierra, pero si faltáis a vuestros deberes, ¿cómo, se preguntarán todos, se podrá salar la tierra? ¡Oh, que tan grande es la necesidad de sal! En todo caso, es necesario que vosotros corrijáis con la sal de la sabiduría a todos aquellos necios que están entregados a los placeres de este mundo, no sea que el Señor, cuando quiera dirigirse a ellos, los encuentre putrefactos en medio de sus pecados apestosos y sin curar. Pues si Él encuentra dentro de ellos gusanos, es decir, pecados, porque vuestra negligencia os impidió asistirlos, Él los declarará como inservibles, merecedores únicamente de ser arrojados al abismo donde se dejan las cosas sucias. Y ya que vosotros no pudisteis evitarle al Señor estas graves pérdidas, seguramente Él os condenará y os apartará de Su dulce presencia. [...] Si queréis ser amigos de Dios, haced de buena gana lo que a Él le place. En particular, debéis dejar que todos los asuntos de la Iglesia re rijan por la Ley de la Iglesia. [...] Mantened a la Iglesia y al clero, en todos sus grados, completamente libres de la influencia del poder secular. Verificad que la parte de la producción de la tierra que le corresponde a Dios sea pagada por todos; que ésta no sea vendida o retenida. Si alguien captura y retiene a un obispo, permitid que se le trate como a un bandido. Si alguien secuestra o roba a monjes, clérigos, monjas, sus sirvientes, peregrinos, o mercaderes, permitid que se le considere anatema (excomulgado). [...]

Vosotros habéis visto el gran desorden que estos crímenes han producido en el mundo. Es tan grave en algunas de vuestras provincias, he oído, y tan débil vuestra administración de justicia, que difícilmente puede uno viajar de día o de noche sin ser atacado por ladrones, y, ya sea que se esté en casa o lejos de ella, siempre se está en peligro de ser despojado bien por la fuerza bien por el fraude. Por tanto, es necesario volver a poner en práctica la tregua, como se le conoce comúnmente, la cual fue instaurada hace ya varios años por nuestros santos padres. Os exhorto y os demando que cada cual se esfuerce para que se cumpla la tregua en su respectiva diócesis. Y si alguno fuese llevado por su arrogancia a romper dicha tregua, por la autoridad de Dios y con el beneplácito de esta asamblea debe ser declarado anatema´.

Después de que éste y otros asuntos fueron atendidos, todos los allí presentes, clérigos y laicos, dieron gracias a Dios y estuvieron de acuerdo con las propuestas del señor Papa. Todos prometieron fielmente cumplir con los decretos. Entonces el señor Papa habló sobre como en otro lugar del mundo la Cristiandad estaba sufriendo a causa de una serie de circunstancias aún mas graves que las ya mencionadas. Él continuó diciendo:

`Aunque, oh hijos de Dios, vosotros habéis prometido más firmemente que nunca mantener la paz entre vosotros y mantener los derechos de la Iglesia, aún queda una importante labor que debéis realizar. Urgidos por la corrección divina, debéis aplicar la fuerza de vuestra rectitud a un asunto que os concierne al igual que a Dios. Puesto que vuestros hermanos que viven en el Oriente requieren urgentemente de vuestra ayuda, y vosotros debéis esmeraros para otorgarles la asistencia que les ha venido siendo prometida hace tanto. Ya que, como habréis oído, los turcos y los árabes los han atacado y han conquistado vastos territorios de la tierra de Romania [el Imperio Bizantino], tan al oeste como la costa del Mediterráneo y el Helesponto, el cual es llamado el Brazo de San Jorge. Han ido ocupando cada vez más y más los territorios cristianos, y los han vencido en siete batallas. Han matado y capturado a muchos, y han destruido las iglesias y han devastado el imperio. Si vosotros, impuramente, permitís que esto continúe sucediendo, los fieles de Dios seguirán siendo atacados cada vez con más dureza. En vista de esto, yo, o más bien, el Señor os designa como heraldos de Cristo para anunciar esto en todas partes y para convencer a gentes de todo rango, infantes y caballeros, ricos y pobres, para asistir prontamente a aquellos cristianos y destruir a esa raza vil que ocupa las tierras de nuestros hermanos. Digo esto para los que están presentes, pero también se aplica a aquéllos ausentes. Más aún, Cristo mismo lo ordena.

Todos aquellos que mueran por el camino, ya sea por mar o por tierra, o en batalla contra los paganos, serán absueltos de todos sus pecados. Eso se los garantizo por medio del poder con el que Dios me ha investido. ¡Oh, terrible desgracia si una raza tan cruel y baja, que adora demonios, conquistara a un pueblo que posee la fe del Dios omnipotente y ha sido glorificada con el nombre de Cristo! ¡Con cuántos reproches nos abrumaría el Señor si no ayudamos a quienes, con nosotros, profesan la fe en Cristo! Hagamos que aquellos que han promovido la guerra entre fieles marchen ahora a combatir contra los infieles y concluyan en victoria una guerra que debió haberse iniciado hace mucho tiempo. Que aquellos que por mucho tiempo han sido forajidos ahora sean caballeros. Que aquellos que han estado peleando con sus hermanos y parientes ahora luchen de manera apropiada contra los bárbaros. Que aquellos que han servido como mercenarios por una pequeña paga ganen ahora la recompensa eterna. Que aquellos que hoy en día se malogran en cuerpo tanto como en alma se dispongan a luchar por un honor doble. ¡Mirad! En este lado estarán los que se lamentan y los pobres, y en este otro, los ricos; en este lado, los enemigos del Señor, y en este otro, sus amigos. Que aquellos que decidan ir no pospongan su viaje, sino que renten sus tierras y reúnan dinero para los gastos; y que, una vez concluido el invierno y llegada la primavera, se pongan en marcha con Dios como su guía´ ".

Tras la magnífica exhortación de Urbano, la multitud prorrumpió en gritos delirantes, exclamando Deus vult! (Dios lo quiere: la consigna necesaria para completar el proceso). Adhemar de la Puy, obispo del lugar, se inclinó ante el Papa y le solicitó que lo reconociera como su primer voluntario. Urbano tomó una cruz de tela roja y se la dio para que la cosiera en sus vestimentas como símbolo de su misión. Inmediatamente, el resto de las personas corrió a por trozos de tela roja hasta agotar las reservas que había en el pueblo. Y luego empezó a ocurrir lo mismo en el resto de Francia, y luego en el resto de Europa. La movilización fue increíble.

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