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Cosmetología y estética profesional

Autor: Beatríz Núñez
Curso:
8,71/10 (7 opiniones) |3293 alumnos|Fecha publicaciýn: 17/12/2010
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Capýtulo 7:

 Afecciones y tratamientos I

Advertencia en Tratamientos Faciales.

En los tratamientos faciales el principal protagonista es la piel o, mejor dicho, la epidermis de la persona que siguen dichos tratamientos en el instituto de belleza. Cuando la piel está sana y fuerte, su cuidado no ofrece dificultad alguna, siempre que se tomen las precauciones normales; pero con frecuencia la piel es delicada, tiene alguna afección, está castigada por el uso abusivo de cosméticos inadecuados, etc., por lo que en estos casos exige un cuidado especial.
Debemos tener en cuenta en todo momento las siguientes contraindicaciones:
Cuando hay alguna afección cutánea, el tratamiento normal puede ser perjudicial, por lo que hay que aplicar uno especial para cada caso, si existe, o desistir de hacer ningún tratamiento.
En caso de acné profundo, es necesario el tratamiento y consejo médico ya que si hay una gran infección esta podría propagarse por todo el cuerpo.
Si hay inflamación en la cara, con rojeces, no es conveniente de belleza hasta que desaparezca la hinchazón.
Si hay couperose, debemos evitar el frío y el calor sobre la epidermis, y aplicar compresas humedecidas con una loción descongestionante.
En los tratamientos faciales de belleza debemos recordad siempre las siguientes normas:
Es muy importante la asepsia en todos los tratamientos para evitar infecciones o contagios.
Cuando extirpemos comedones, el instrumento o pinza debe desinfectarse previamente en antiséptico.
Si hubiera algún granito reventado, lo desinfectaremos también aplicando sobre él una gasa humedecida en alcohol.
Nunca debemos extirpar los granitos, ya que en este caso dejaríamos cicatrices en la piel. Los desinfectaremos con alta frecuencia o rayos ultravioleta.
En este apartado se tratarán las afecciones cutáneas más usuales. Con estos conocimientos se pretende que la esteticista reconozca y diferencie una enfermedad cutánea de otra.
Sin embargo, la esteticista no deberá diagnosticar una enfermedad y proceder a su tratamiento, sino que actuará como eficaz intermediario entre el cliente y el dermatólogo.
Con ello demostrará a una y otro su valía profesional y sus conocimientos se verán apreciados y respetados tanto por el cliente como por el especialista.
La esteticista ayudará en lo posible en el tratamiento de estas afecciones cutáneas, ya que algunas requerirán únicamente la visita a un médico de cabecera o serán simples problemas temporales.

Las afecciones más frecuentes las hemos dividido en tres apartados:
1 Afecciones Primarias.
2 Afecciones Secundarias.
3 Otras Alteraciones Cutáneas.

Afecciones Primarias: se denominan afecciones primarias las alteraciones de la piel que se observan en la primera fase de una enfermedad.
Pueden tener una o más cavidades o tener un contenido sólido.
Afecciones de Contenido Sólido: se conocen como afecciones de contenido sólido aquellas que en su interior no contienen ninguna sustancia líquida. A este grupo pertenecen las máculas.
Mácula: es una diferenciada coloración de la piel con aspecto de mancha, como las pecas o lunares planos. Se trata de una afección de carácter estético.
Las pecas se originan por concentraciones de melanina en punto de la piel. Son de tamaño mínimo (de una cabeza de alfiler), redondas y e color rojizo moreno, que se manifiesta con más intensidad bajo los efectos de los rayos solares.
Son más propensas a las pecas las personas rubias y pelirrojas. Para impedir su brote suelen emplearse cremas a base de quinina o sulfamidas. Un buen remedio casero consiste en friccionar suavemente las pecas con zumo de limón, tres veces al día.
Los lunares o lentigos son manchas de la piel tan generalizadas que puede asegurarse que no existe persona que no tenga alguna.
Su color va del marrón claro al negro carbón; su tamaño es muy variable e incluso pueden ser pilosos, es decir, con pelo.
En ocasiones, por su situación y tamaño, son atributos de belleza que se procuran realzar al maquillarse. Cuando no ocurre así pueden eliminarse por medio de electrocoagulación, único remedio eficaz que se conoce.
Afecciones de una o Varias Cavidades: Se trata de afecciones que adoptan la forma de cavidades, situadas encima o por debajo de la piel, que contienen líquidos –sangre, pus, grasa, etc.-. Pertenecen a este grupo las siguientes afecciones cutáneas: ronchas o habones y pápulas.
Ronchas o Habones: son prominencias o elevaciones de la piel originadas por la acumulación de líquido en la epidermis como reacción a un agente nocivo.
Suelen provocar picor o escozor, su tamaño es variable y la piel que las recubre, elástica.
Su tonalidad varía según el tipo de piel del individuo y el factor que ha originado la lesión es de origen inflamatorio. La elevación de la piel puede tener causas visibles; picada de un insecto, rozadura con plantas como las ortigas o elementos inorgánicos como la plástica.
Pápula: es una elevación o un tumorcillo eruptivo que se presenta en la piel, en muchos casos parecida a la roncha, que habitualmente está motivada por causas alérgicas.
La medida de una pápula es variable y se presenta en grupos o de forma aislada. Cuando la pápula desaparece no deja ninguna señal en la piel.
Las pápulas se clasifican en:
Ampolla: cavidad que contiene suero líquido, generalmente incoloro y que está situada sobre la piel. Las ampollas provocan escozores y tensión en la piel.
Vesícula: son inflamaciones redondas y la forma de la superficie es variable según la enfermedad que la produzca: umbilicada si se trata de varicela, esférica si proviene de un herpes o en forma de media circunferencia en el caso de eccema. Igual que la ampolla, es una cavidad del tamaño de una lenteja que se diferencia de ésta en que la cavidad está situada bajo la piel.
Pústula: es una vesícula cuya cavidad está llena de pus, generalmente originada por inflamaciones.
Quiste: se distingue de las anteriores en que su cavidad no está llena de líquido, sino que en su interior el contenido es consistente: sebo, suero, etc. El más común, desde el punto de vista de la estética, es el quiste sebáceo.
Las afecciones que hemos visto hasta ahora están englobadas en las primarias y a continuación trataremos las afecciones cutáneas secundarias.
Afecciones Secundarias: describimos a grandes rasgos las que se consideran como más comunes.
Cicatriz: es la huella que queda de una herida o una llaga y que es consecuencia de la pérdida de continuidad de un tejido, en este caso de la piel. La cicatriz toma el mismo tamaño que la herida que la provoca.
Toda herida profunda o mal curada puede causar cicatriz. Los elementos punzantes, el bisturí de una operación quirúrgica, la herida de un accidente, son agentes causantes de cicatrices.
Actualmente, y gracias a la cirugía plástica, las cicatrices se disimulan mejor o se desvían hacia zonas del cuerpo en las que son mucho menos visibles.
Tatuaje: es asimismo una afección de la piel y se manifiesta por la tinción o teñido de ciertos poros, quedando luego la marca producida por el tinte. El teñido puede ser accidental o realizado intencionadamente en forma de dibujos, como es costumbre en ciertos países y entre ciertos individuos.
En algunos países del continente africano se secciona o dividen determinadas zonas del cuerpo, como la cara, con fines estéticos o religiosos, impidiendo luego que los tejidos cicatricen normalmente para que queden las señales.
Escama: todas las pieles sufren en general su desgaste o descamación en mayor o en menor grado, proceso que no es apreciable a simple vista. Estas escamas que habitualmente se desprenden de la epidermis son apenas perceptibles. A veces esta descamación es más manifiesta, como en el caso de la caspa, que no es más que la caída de células muertas del cuero cabelludo.
Esta descamación es más visible en las pieles secas que no se tratan convenientemente, produciéndose en las piernas el efecto de “piel de lagarto” que las afea notablemente.
Las escamas tienen un color variable y pueden ser secas o grasientas.
Costra: cuando en alguna zona del cuerpo se produce alguna herida, es el mismo organismo el que reacciona y cierra la lesión, siempre que su extensión no pase de ciertos límites.
Esta reacción del organismo origina una aglomeración de sustancias de la sangre en la zona de la herida, con el fin de impedir la infección e ir curando la lesión de modo natural.
Este cúmulo de sustancias es lo que se denomina costra, que se desprenderá al desaparecer la herida.
Callosidad: se trata del aumento de la formación de la capa córnea o exterior de la epidermis, ocasionada por el roce o presión en los pies, manos, rodillas, etc.
Las más frecuentes son las de las manos, debidas al trabajo rudo o a la práctica de algún deporte, como la pelota vasca, y la de los pies, por el roce de los zapatos.

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