La amortización es la expresión contable de la depreciación
efectiva experimentada de forma sistemática por el activo fijo,
como consecuencia de su colaboración en el proceso productivo. Con
carácter general, la depreciación del inmovilizado puede obedecer a
las ss causas:
- Causas físicas: relacionadas con el mero transcurso del
tiempo, e independientes de q el bien sea utilizado o no.
- Causas funcionales: relacionadas con la utilización del bien
en el proceso productivo.
- Causas económicas (obsolescencia): relacionadas con
circunstancias tecnológicas o económicas (Ej.: cambios en la
demanda, q pueden dejar fuera de servicio algunos de los equipos de
la empresa, etc).
- Causas extraordinarias: relacionadas con accidentes o
catástrofes naturales.
Únicamente los 2 primeras causas son de carácter sistemático, y han de contemplarse en el calculo de las amortizaciones, mientras q las otras dos, por su carácter extraordinario, darán lugar a perdidas, pero no intervendrán en el calculo de los costes de producción. Una excepción a esta regla podría ser la obsolescencia sistemática y previsible q se da en ciertos sectores, caracterizados por un avance tecnológico continuado.
En el ámbito de la Contabilidad Interna, la amortización puede
conceptuarse como el coste imputado por la aplicación de los
factores estructurales al proceso productivo. Las cc básicas de
esta clase de coste son las ss:
a) La naturaleza intangible del consumo del equipo productivo,
debida a su carácter pluriperiódico, q permite caracterizarlo como
una perdida de aptitud productiva en relación con la capacidad
potencial de servicio del elemento en cuestión.
b) Procede de la aplicación al proceso productivo de los
factores estructurales con una vida útil limitada. Quedan
excluidos, por tanto, los elementos no funcionales, y aquellos
factores, tales como la tierra, q tienen una vida útil indefinida,
no suponiendo su utilización racional en el proceso productivo una
merma en las posibilidades de su empleo futuro.
c) La cuantificación del coste de amortización requiere el
previo establecimien-to de una serie de hipótesis relativas a los
valores futuros de magnitudes técnicas y económicas q entrañan un
cierto grado de subjetividad y confieren al coste de amortización
una relatividad difícil de subsanar, dado q los valores imputados
serán incontrastables hasta el final de la vida útil del
elemento.
A causa de lo anterior, los tratadistas han intentado llegar a una solución satisfactoria, mediante la consideración del comportamiento de las denominadas funciones de depreciación, q toman como variable independiente el trascurso del tiempo, la 1ª cuestión a resolver consiste en determinar si estas funciones de depreciación se comportan a lo largo del tiempo en forma creciente, constante o decreciente. No resulta difícil encontrar argumentos en el sentido de q una amortización creciente se ajusta mejor a la realidad, pq el desgaste por el por se produce con mayor intensidad al final q al principio de la vida útil del bien.
Las formulaciones concretas de los comportamientos descritos mediante las funciones de amortización, de cara a su aplicación practica, se denominan sistemas de amortización. Estos sistemas pueden ser financieros o no financieros, según se tenga en cuanta o no el interés atribuible a la materialización de los importes de la amortización. Los sistemas no financieros son los q tienen una general aceptación tanto para la contabilidad externa como en la interna, si bien con bases de reparto diferentes. La contabilidad externa se inclina por utilizar el tiempo transcurrido en cada periodo (o subdivisiones del mismo: meses, semanas) como base de calculo de la amortización para su imputación a la cuenta de rdos, mientras q la contabilidad interna toma en consideración el consumo efectivo de los factores de producción y por tanto presta atención en la base de reparto a las u. f implicadas en el consumo del factor (horas de trabajo) o a las propias unidades de pto sobre las q se ha estado trabajado, entre otras. Dicho de otro modo, las amortizaciones practicadas en la Contabilidad Interna deben intentar un mayor grado de aproximación en el conocimiento del consumo real del equipo productivo, lo q supondrá - siempre q sea posible - abandonar como variable básica para su medición el simple transcurso del tiempo, y emplear variables q permitan tomar en consideración su capacidad potencial de servicio y las condiciones de rendimiento e intensidad de uso q concurren durante su utilización.
En un primer paso, esto se traduce en el calculo de una cuota de amortización por unidad de uso del bien, para lo q puede procederse de 2 formas básicas:
1) Mediante procedimientos puros de amortización por
uso, q suponen estimar el nº de unidades físicas de
servicio - horas trabajadas, Km. recorridos, cantidades de
materiales tratados o de ptos obtenidos, etc. - q pueden
realizarse en toda la vida útil del bien, y dividir el valor a
amortizar por dicha estimación, para obtener la cuota unitaria de
amortización. Dicha cuota se x por el nº de u.f realizadas en cada
periodo para determinar el coste total de amortización a imputar en
el mismo, q, de esta forma, se considera un coste variable con el
nivel de actividad.
2) Mediante procedimientos mixtos tiempo - uso,
en los q la cuota de amortización de calcula globalmente por
periodos contables, para distribuirse después, en cada periodo, en
función de alguna u.f expresiva de los servicios realizados por el
bien en cuestión. De este modo, se atribuye al coste de
amortización un comportamiento de coste fijo, a distribuir entre la
producción usando unidades de actividad.
Si se quiere q el calculo de la amortización tenga en cuenta efectivamente las condiciones de rendimiento, deberían clasificarse las horas esperadas de funcionamiento según el rendimiento relativo q mantendrá el equipo en los diversos periodos de su vida útil. Tomando uno de estos grupos de horas como base de comparación, se procederá a establecer los coeficientes de rendimiento de cada grupo, q multiplicados por las horas totales respectivas, permitirán obtener la expresión de la vida útil del elemento en cuestión en horas homogéneas. El cociente entre el valor a amortizar y la vida útil expresada en tiempo homogéneo, proporcionara ahora un coste horario homogéneo, en base al cual se procederá a valorar las horas reales registradas en un intervalo cualquiera de tiempo, corregidas en atención al rendimiento obtenido.
La utilización del equipo productivo ocasiona, junto al coste de
amortización, otros costes tales como:
- Los costes de funcionamiento se refieren a la energía
consumida (electricidad, combustibles o suministros en general) q
el propio equipo productivo necesita para su actividad.
- Los costes de mantenimiento y conservación responden
normalmente a un plan preconcebido por la empresa, q está
relacionado con la expectativa de vida útil del activo. A mayores
costes de mantenimiento y conservación asumidos, mayor será la vida
útil previsible del elemento. Estos costes están constituidos por
la limpieza, pintura, sustitución preventiva de piezas desgastadas,
etc.
- Los costes de reparación surgen cuando se producen
averías en el equipo y están destinados a conseguir su normal
capacidad operativa. Pese a q se produzcan reparaciones,
normalmente éstas no evitaran q el rendimiento del equipo disminuya
poco a poco, al producirse mas interrupciones de las tareas y
descender la precisión o calidad con q se realizan los trabajos con
el mismo.
- Los costes de mejoras constituyen nuevas inversiones q
tienden a aumentar las prestaciones prolongar la vida útil de
los equipos. En esencia suponen la existencia de nuevas inversiones
en inmovilizado (adición de nuevos componentes o accesorias al
inmovilizado ya existente), por lo q su cuantía debe ser
capitalizada en el activo y ser considerada como valor amortizable
en el futuro, ya sea con el resto del equipo, ya sea como entidad
independiente.
- Los costes financieros pueden tener una especial
importancia en aquellas actividades en las q la cuantía de las
inversiones necesarias en los activos es muy alta.
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