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|1974 alumnos|Fecha publicación: 08/02/2007
La constitución de 1857 tenía dos rasgos fundamentales:
- Federalista y ,
- Parlamentaria
El federalismo había estado íntimamente ligado con el liberalismo desde la Constitución de 1824. Aparecieron en la superficie de la sociedad la fuerza de los poderes locales representada por los caciques. El liberalismo contó con el apoyo de estos elementos fundamentales a nivel regional. En términos generales, a lo largo del siglo XIX los caciques fueron elementos de modernización al promover un capitalismo incipiente a nivel local. Frente a la enorme concentración de tierras en manos de la Iglesia, los caciques se proponían desarrollar un mercado local, y por ende, ambicionaban las tierras que el clero explotaba pobremente.
Los caciques veían en esa forma de organización política una garantía para el mantenimiento de su independencia respecto al poder central. Establecer un cierto equilibrio entre los intereses locales y el proyecto nacional, el sistema federal americano que había servido de modelo estableció dos cámaras, una de origen popular y la otra, el senado, que representaba los intereses locales en su conjunto. En México y bajo la influencia de la Revolución Francesa se descartó la cámara de senadores por considerarla aristocratizante y se deposito el poder legislativo en una sola cámara.
Juárez propuso la creación de la cámara de senadores como elemento fundamental de centralización política. El senado tendría entre sus atribuciones, la de declarar desaparecidos los poderes constitucionales de los estados y nombrar al gobernador provisional, resolver los conflictos que surgieran entre poderes de un estado. El senado sería, a diferencia de los Estados unidos, una poderosa arma del Ejecutivo Federal para intervenir en la política local.
Juárez propuso que el presidente pudiese vetar las iniciativas del legislativo, para su nueva aprobación requeriría no de la mayoría sino de las dos terceras partes de los botos a favor. La reforma propuesta consistía en limitar las atribuciones de la comisión permanente para convocar, en los periodos de receso de la cámara, a sesiones extraordinarias. El presidente quería fortalecer el poder del Ejecutivo Federal en su doble carácter, como representante del proyecto nacional frente a la multitud de proyectos locales, y en su calidad de poder ejecutivo, frente al poder omnipotente del legislativo. Propuso una extensa política de conciliación. Esta respondía a la realidad; el liberalismo representaba a una minoría ilustrada frente a la inmensa mayoría ignorante y bajo la enorme influencia de la Iglesia. En una sociedad mayoritariamente agraria como lo era México durante todo el siglo XIX, era normal que el liberalismo representase a una minoría, restableciendo el voto pasivo a los miembros del clero, de esta manera la Iglesia estaría representada en la cámara, evitándose así que se organizara al margen de las estructuras liberales y en contra de ellas. Extendía esta política de conciliación a todos aquellos que, ya fueran liberales o conservadores, hubieran ayudado al Imperio. Era tan extensa esta política que sólo quedaron excluidos tres personajes: los generales Leonardo Márquez y José López Uraga y el obispo Antonio Labastida y Dávalos. Cada uno de ellos ejemplificaba una corriente política que había apoyado al Imperio.
Leonardo Márquez representó al militarismo más cruel.
Labastida y Dávalos representaba al sector más reaccionario y combativo de la Iglesia mexicana. Regresó a México con las tropas francesas y ocupó nada menos que la regencia del Imperio.
El general José López Uraga representaba al amplio sector liberal que desertó para unirse al Imperio. El nivel de deserción en las filas liberales fue tan extenso que al restablecerse la república Manuel Payno encontró 104,000 solicitudes de empleos. Payno quiso publicar la lista de los solicitantes y Sebastián Lerdo de Tejada se opuso argumentando que de hacerlo el partido liberal desaparecería. La justificación de esta extensa deserción se basaba en la coincidencia del programa liberal con el aplicado por Maximiliano.
Frente a la deserción liberal se formó un pequeño grupo de una treintena de hombres que se mantuvieron firmes en contra del Imperio, "LOS INMACULADOS DEL PASO DEL NORTE", formaron desde 1867 una verdadera élite que controlaría los puestos claves del poder hasta su paulatina desaparición física. Benito Juárez Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, José María Lafragua, José María Vigil, Guillermo Prieto, Porfirio Díaz, Manuel González, Mariano Escobedo e Ignacio Mejía entre otros.
El presidente Ignacio Comonfort consideraba que una Constitución con un poder ejecutivo débil y un parlamento omnipotente sería nefasta para el país. Comonfort concluía que en México la tendencia general era hacia la disgregación, de ahí, la importancia de tener un poder ejecutivo fuerte, capaz de imponer un proyecto nacional.
La Constitución pasó a ser el emblema liberal a lo larga de diez años de lucha. Al regresar Juárez, la Constitución aparecía como la justificación a todos los sacrificios y se le consideraba como la solución a los problemas nacionales. Las reformas propuestas por Juárez fracasaron, pues los caciques se sintieron amenazados por la política centralizadora que en ella se delineaba. Se le atacó argumentando que el sistema de plebiscito no estaba contemplado por la Constitución. Toda reforma debería ser aprobada por el Congreso Federal y por la mayoría absoluta de las legislaturas locales. La convocatoria dio origen a la primer tormenta política de la república restaurada y se le consideró como la causa que dividió al partido liberal en dos fracciones: la juarista y la porfirista.
Porfirio Díaz carente de un programa político, tomó el de un constitucionalista intransigente, frente a Juárez , de personificar la Constitución, aparecía como su primer transgresor. Con el tiempo Díaz se convertiría en el líder de los caciques que resentían la política centralizadora del gobierno, unidos a los caudillos militares profundamente resentidos por un régimen civilista que les debía el triunfo y que una vez en el poder los desplazaba. Al fracasar las reformas propuestas por Juárez en la convocatoria, el presidente se vio obligado a vivir al margen de la constitución. Durante los 112 meses que duró la República restaurada, tanto Juárez como Lerdo de Tejada solicitaron durante 49 meses la suspensión de las garantías individuales. Es decir, para poder actuar el Ejecutivo se vio obligado a utilizar facultades extraordinarias.Hay 2 opiniones. Opina sobre este curso.
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