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La Constitución de 1857

Autor: Marco Vinicio Rangel Moreno
Curso:  4,50/5 4,50/5 (2 opiniones) |1974 alumnos|Fecha publicación: 08/02/2007

Capítulo 7:

 La presidencia de Sebastían Lerdo de Tejada

Con la desaparición legal del partido conservador, el partido liberal conoció a partir de 1867 un proceso de constantes divisiones internas. La cohesión que dicho partido mantuvo desapareció en el momento del triunfo.

      Desde 1867 los candidatos a la presidencia de la República surgieron exclusivamente de las filas liberales. Benito Juárez y Porfirio Díaz.

      En julio de 1871, la división del partido se acentuó al aparecer una tercera candidatura liberal, la de Sebastián Lerdo de Tejada. Era difícil precisar las diferencias políticas entre estos tres candidatos, declaraban compartir las ideas liberales cristalizadas en la Constitución de 1857, fracciones personalistas.

      Porfirio Díaz, quien carecía de un verdadero programa político, atacaba a Juárez de violar la Constitución. La posición del Presidente era la más vulnerable pues sufría un desgaste lógico del ejercicio del poder. Sus oponentes criticaban su política y a cambio hacían promesas para el futuro. La reelección del presidente Juárez contaba con una oposición cada vez más creciente. El grupo civilista apoya a Sebastián Lerdo de Tejada.

      Díaz, además de representar a los militares resentidos y a los caciques temerosos de la política centralizadora de Juárez, pertenecía a una generación diez años más joven que la del presidente. Esta generación creía que había llegado el momento de renovar a la clase política representada por el Ejecutivo. En Octubre el congreso declaró electo a Juárez. Al mes siguiente estalló la revuelta de la Noria encabezada por Porfirio Díaz. El plan de la Noria se oponía a la reelección indefinida de Juárez. Añadía que el presidente violaba sistemáticamente la Constitución al intervenir en los otros dos poderes de la Unión  y al atropellar la soberanía de los Estados. La revuelta perdió todo sentido a la muerte del presidente Juárez. Sebastián Lerdo de Tejada ocupó la presidencia provisional y en el verano de 1872 resultó electo en los comicios. Lerdo de Tejada se hizo cargo de la presidencia bajo los mejores augurios y en un lapso de tres años se hundió  en una gran impopularidad.

      Durante la presidencia provisional, Lerdo decretó una ley de amnistía que acabó por desmantelar definitivamente a los rebeldes porfiristas, sin embargo perdieron sus grados militares y condecoraciones. Porfirio Díaz se acogió a la ley de amnistía. Lerdo declaró que gobernaría como jefe de la Nación y no de un partido político. Tranquilizó a los juaristas e infundió esperanzas a los conservadores. En las elecciones de octubre de 1872 obtuvo 10502 votos y Porfirio Díaz solo 680 y publicó un manifiesto declarando que su gobierno se apegaría a la Constitución de 1857 y a las Leyes de Reforma. Este manifiesto echó por la tierra las esperanzas del partido conservador. De la declaración el presidente pasó inmediatamente a los hechos, iniciativa para expulsar a los jesuitas del país, enorme descontento entre los miembros de la Iglesia.

      El 13 de mayo de 1873 decretó que prohibía toda manifestación pública de culto. El 20 de mayo, dispuso la exclaustración de varias órdenes residentes en la ciudad de México.

      El enfrentamiento entre el gobierno de Lerdo y la Iglesia llegó a su clímax en septiembre de 1873, fecha en que las leyes de Reforma fueron incluidas en la Constitución de 1857, tanto el partido conservador como la Iglesia habían argumentado que eran anticonstitucionales pues habían sido decretadas por el presidente y no promulgadas por el Congreso, no perdían las esperanzas de que dichas leyes fueran derogadas. Esto provocó una revuelta cristera cuyo centro de acción se situaba en el Estado de Michoacán. Durante su presidencia, Lerdo de Tejada no pudo terminar con esta revuelta. Continuando con esta política anticlerical, Lerdo decretó el 1º de diciembre de 1874 la disolución de la obra de las Hermanas de la Caridad, enorme descontento en las zonas urbanas, pues estas religiosas se dedicaban a cuidar enfermos en los hospitales. La política lerdista con relación a la Iglesia le enajenó al Ejecutivo apoyos considerables.

      Durante el periodo de Sebastián Lerdo de Tejada y ante la indefinición constitucional, el Presidente consideró que a él le correspondía nombrar a los jueces de distrito y de circuito. El presidente de la Suprema Corte de Justicia, José María Iglesias, se enfrentó a Lerdo. Para Iglesias la base de la separación de los tres poderes residía en la independencia del poder judicial, encargado de vigilar el cumplimiento de la Constitución, el poder Judicial era el único que no debería depender de los vaivenes políticos puesto que su función estaba claramente marcada en la Constitución. Para Iglesias la intervención del Ejecutivo en el nombramiento de los jueces creaba lazos de lealtad con un poder que le era extraño. Lerdo dividía al poder judicial en dos sectores; la Suprema Corte de Justicia mantendría su independencia y por la otra la base misma de dicho poder se ligaría al Ejecutivo. Aunque este conflicto no se resolvió durante la época de Lerdo, indiscutiblemente creó un enorme distanciamiento entre los dos poderes de la Unión.

      La Ley del 19 de mayo de 1875 agravó todavía más la situación. Lerdo pretendía restringir las facultades de la Suprema Corte de Justicia para amparar a las autoridades políticas que fueran declaradas inconstitucionales. Provocó la renuncia de José María Iglesias a su cargo de presidente de la Suprema Corte, y en la sesión del 2 de junio la Suprema Corte lo obligó a retirar su renuncia.

      Al finalizar el año 1875 todas las condiciones eran propicias para que estallara una revuelta en contra del presidente Lerdo de Tejada. Esta cristalizó el 10 de enero de 1876 cuando el coronel Sarmiento se pronunció enarbolando el Plan de Tuxtepec. En este se desconocía al presidente, se designaba al general Porfirio Díaz jefe del Ejército Regenerador y se determinaba que el presidente interino sería nombrado por la mayoría de los gobernadores de los estados que se adhiriesen al plan.

      Tanto en el Plan de Tuxtepec como en el de La Noria se atacaba al presidente de violar la Constitución  al no respetar el federalismo y la división de poderes. Coincidían en declarar que mediante la imposición de candidatos oficiales el presidente no permitía el desarrollo de la democracia.

      El Plan de Tuxtepec proponía un programa negativo, estaba en contra de la reelección, el establecimiento del Senado y el mantenimiento de la Ley del Timbre. Tanto el Senado como la Ley del Timbre tenían un claro objetivo de centralización política que los caciques repudiaban.

      La Ley del Timbre fue un impuesto federal generalizado durante la Intervención francesa para obligar a los estados a contribuir económicamente en su lucha contra ésta.

      El 21 de marzo de 1876 Porfirio Díaz aceptó la jefatura del movimiento y presento las reformas de Palo Blanco. Díaz propuso que la presidencia interina fuese ocupada por el presidente de la Suprema Corte de Justicia, es decir, por José María Iglesias. Intentaba cubrirse de un manto de legalidad constitucional. Una vez llevada a cabo la reforma constitucional que prohibiese la reelección del presidente, Iglesias no podría presentarse a las elecciones. De esta manera, Díaz se valía y eliminaba simultáneamente del terreno político la figura del presidente de la Suprema Corte. Porfirio Díaz logró unificar una serie de revueltas locales y darle al movimiento el carácter nacional que requería para su triunfo. A finales de 1873 surgió un movimiento cristero como reacción a las leyes de Reforma, y para 1875 se había extendido hasta Guanajuato, Jalisco, el Estado de México y Morelos.

      A pesar de su aislamiento político Lerdo decidió presentarse a las elecciones presidenciales de julio de 1876, el Congreso se reunió el 1º de septiembre y ante la expectativa general no declaró el resultado de las elecciones hasta el 26 de octubre. Ese lapso no hizo mas que confirmar ante la opinión pública que Lerdo sería declarado reelecto para el periodo comprendido entre el 1º de diciembre de 1876 y el 30 de noviembre de 1880.

      El último gran golpe asestado en contra de Lerdo fue dado por José María Iglesias quien al aparecer la declaración del Congreso a favor de la reelección lerdista, Iglesias publicó el 31 de octubre un manifiesto proclamando ilegal dicha reelección y autonombrándose presidente interino, contó con el apoyo de dos estados de la República Querétaro y Guanajuato. Iglesias publicó un programa de gobierno en el que se comprometía a que tanto él como los miembros de su gabinete no se presentarían en las próximas elecciones presidenciales, para demostrar así que su lucha no era de carácter personalista seno a favor del cumplimiento constitucional. La división de Iglesias debilitó al gobierno lerdista pues para combatirlo lo obligó a fraccionar aún más sus fuerzas militares.

      La batalla decisiva, 16 de noviembre de 1876, Tecoac, próximas a Huamantla, en el Estado de Tlaxcala. 3 mil hombres de las fuerzas lerdistas y Porfirio Díaz, 4 mil rebeldes prácticamente derrotados de 10 de la mañana a 4 de la tarde. Antes de las 5 de la tarde se presentó el general Manuel González con 3800 hombres. La llegada oportuna de González transformó la derrota en una victoria porfirista. Lerdo de Tejada entregó el gobierno civil a un porfirista, Protasio Tagle, y recomendó al general Francisco Loaeza, comandante de la plaza, que no la entregase a José María Iglesias. En la tarde del 23 de noviembre Porfirio Díaz hizo su entrada triunfal a la capital.

            Díaz proclamó el desconocimiento del gobierno lerdista, el reconocimiento de los gobernadores que se adhiriesen al Plan, la organización de elecciones generales en dos meses, la reforma constitucional para prohibir la reelección del presidente y  de los gobernadores y la entrega de la presidencia provisional a José María Iglesias bajo la condición de que aceptara públicamente el Plan de Tuxtepec.

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