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Conflictos de pareja

Autor: Julia Badillo Charris
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |993 alumnos|Fecha publicaciýn: 15/12/2010
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Capýtulo 7:

 Factores que generan conflictos en la pareja

OCIO Y TIEMPO LIBRE 
Uno de los conflictos más frecuentes en las relaciones de pareja es la diferente perspectiva de ambos miembros para organizar su tiempo libre y sus actividades sociales.
Pudiera ser que ambos se hayan dejado llevar por la rutina cotidiana, embargados por sus respectivos trabajos y quehaceres diarios y que hayan olvidado cómo divertirse. 

O bien porque cada uno busca su propia diversión independientemente de su pareja y/o al revés: se pasan la vida juntos y no se relacionan con nadie más.
También suele ocurrir en parejas jóvenes que al tener un hijo, el punto de vista sobre cómo organizar las actividades sociales es diferente, ya que un miembro de la pareja puede querer centrarse únicamente en el cuidado del niño (dejando el área social de lado) y el otro demanda intentar planificar un tiempo propio de la pareja.
Sea como fuere, la persona como individuo independiente tiene sus propias necesidades y es difícil adaptarlas y compaginarlas con tu pareja.
Por ejemplo: si yo tengo la necesidad de quedarme en casa los fines de semana porque realmente me apetece y disfruto de ello, esto no me genera ningún problema, es más, me produce felicidad.
Pero como persona independiente. Ahora bien, si mantengo una relación de pareja donde el otro necesita y disfruta saliendo los fines de semana y a mí no me apetece, aparece un conflicto de intereses.

La manera de solucionar este conflicto y la importancia o relevancia que la pareja le otorgue, va a depender de los recursos emocionales, de comunicación, de empatía… de cada uno de los miembros.

INFIDELIDAD

En una relación de pareja no influyen sólo los factores internos de la misma (habilidades de comunicación, expectativas de futuro, compromiso…), también hay factores externos que la influyen directamente: estrés laboral y personal de cada uno de los miembros, la rutina, problemas relacionados con el ambiente como familia y amigos.
En estos momentos donde la relación pudiera estar más baja a nivel emocional, por esta serie de conflictos externos e internos de la propia pareja es cuando la pareja está más vulnerable (más probabilidad de que ocurran cosas negativas). 
Es esta vulnerabilidad la que puede desencadenar que entre otra persona en la relación y aparezca entonces la infidelidad

CELOS

Los celos sanos suponen  el preocuparse por el miedo a perder a la persona amada, porque tenga una relación real o imaginaria con alguien.
Los celos patológicos están acompañados de intensos sentimientos de inseguridad, auto-compasión, hostilidad y depresión y suelen ser destructivos para la relación.
En el caso de los celos hay mucha relación con la autoestima. Si yo me veo fuerte y seguro y tengo una autoestima alta, no dependeré de mi pareja esté siempre conmigo para sentirme bien ya que me sostengo solo, estoy lleno de otras muchas cosas.

Sin embargo, si mi autoestima es baja, me siento inseguro y la única manera de llenarme de seguridad es que mi pareja esté únicamente conmigo, optaré por presionarla y depender de esta exclusividad para sentirme lleno. 
Los celos se basan en creencia irracionales : si yo pienso “mi pareja no puede dejarme nunca porque sabe que si lo hace, me producirá mucho dolor, por lo cual, sería una mala persona”, estoy utilizando un pensamiento irracional.

Cuando dos personas que llevan un tiempo de relación preferentemente de coexistencia, cohabitación y convivencia, mantienen un lazo amoroso y un proyecto común, constituyen una pareja. Estas personas, independientemente de la opción sexual (homo-hetero) que hayan elegido, desarrollan un sistema que va creando sus propias leyes independientes y paralelas a las leyes de funcionamiento de la estructura individual y tienen, por tanto, una dinámica particular con tiempos de relación afín, que van creando una identidad común, además de la individual ya existente. Estos son los aspectos que permiten conocer si hay bases reales en la relación, pues el antes, el durante y el después de la convivencia son momentos diferentes.

Partiendo de estos conceptos, encontramos dos tipos de pareja: la "pareja soltera" y la pareja familiar.

En la pareja soltera están las personas que cohabitan en ese sistema. La pareja familiar se forma cuando se crea una familia, que es uno de los objetivos en el proceso de desarrollo de algunas parejas, por lo cual, sigue habiendo una relación de dos, y a su alrededor van habiendo satélites, interferencias con otros sistemas, que son los niños y las niñas de esa familia.

El sistema de la pareja soltera es diferente al de la pareja con familia. Es frecuente que los conflictos de pareja aumenten en una proporción muy elevada a partir de tener el primer o segundo hijo. Se habla de que este momento es la prueba de fuego, aunque antiguamente recomendaban -y aún algunos psiquiatras lo hacen- que las parejas en conflicto tuvieran algún hijo que otro. Así no habría tiempo para entrar en contacto con el conflicto, pero esta no es una solución, al contrario, es pasar el conflicto a tres o a cuatro.

Lo cierto es que es una prueba de fuego para la relación de pareja porque la atención que exige el cuidado de un niño o de una niña, con una atención mínima, en un sistema social como este que da muy poca o ninguna facilidad para la crianza de los hijos, permite que se destapen más los conflictos que pueden estar latentes en la pareja como son los que están vinculados a la comunicación, a disidencia en tareas cotidianas, al deseo y a la sexualidad, por lo cual, el riesgo de una crisis más aguda es mayor en cuando empiezan a plantearse los hijos.

También es cierto que durante un tiempo las parejas con hijos están distraídas, así que, en principio, pueden apaciguarse los conflictos porque se supone que están teniendo un objetivo común. Muchas parejas frenan su sensación de crisis porque empiezan a tener esa sensación de identidad colectiva y se fortalece una cierta identidad familiar; entonces de pronto los conflictos de pareja se diluyen pues hay unos focos de primera necesidad que atender que son los niños. Pero ocurre que con el tiempo uno y otro recuerda que es algo más que padre o madre y se da cuenta que la relación de pareja se ha diluido.

Es interesante ver que muchas parejas llegan a terapia cuando se agudiza la crisis, cuando al cabo de un tiempo la distracción de los niños ya no sirve porque la identidad de pareja vuelve a retomarse antes o después. Ya no hay que cambiar pañales, dar el pecho, estar pendiente de si se cae o no se cae, y de pronto las dos personas se miran una a la otra de frente y se dan cuenta que están juntos todavía, de que el otro está ahí, durmiendo a su lado, y sienten el contacto después del tiempo de distracción.

Una pareja soltera que tiene esa identidad más a flor de piel tiene más tiempo, pero cuando se crea un sistema familiar hay tres identidades: la individual, la de pareja y la identidad como familia. Hay que tomar en cuenta que la identidad familiar es más temporal que la de pareja, porque, teóricamente, acaba cuando los niños ya tienen independencia. En la identidad de pareja el tiempo está determinado por lo que dure esa relación amorosa y por lo que las dos personas se planteen; entonces, en principio, el tiempo objetivo va acorde con la longevidad de cada sistema.

CUATRO APARTADOS DE LOS CONFLICTOS DE PAREJA.

En general, los conflictos y las crisis en las parejas se pueden introducir en los siguientes cuatro apartados:

La comunicación. Un problema crítico  y básico

El manejo de las pulsiones. El convivir con la agresividad, la timidez, las vergüenzas, los conflictos de autoridad de cada uno.

Conflicto de deseo. La sexualidad es una pulsión, pero el deseo es un capítulo diferente en los conflictos de pareja.

Conflictos vinculados a las tareas de lo cotidiano. A la compatibilidad de caracteres y a los proyectos, comunes o individuales.

Sin embargo, no todas las parejas son iguales. Con la visión del diagnóstico estructural (DIDE), desde el que partimos para hacer las evaluaciones, tanto individuales como de sistemas, podríamos hablar de tres tipos de pareja con ciertas diferencias básicas, especialmente en lo que se refiere al núcleo. El núcleo de un sistema está en la base estructural y ésta es la suma de los dos individuos que la crean, partiendo de que lo que aproxima a esas dos personas es la relación, el impulso amoroso, aunque lo que mantiene esta convivencia sean otros aspectos porque se ponen en marcha mecanismos patógenos como consecuencia de la propia ontología del núcleo y de los individuos que forman la pareja.

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