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Comportamiento organizacional

Autor: JOSE ANTONIO GALICIA
Curso:
6,33/10 (3 opiniones) |1400 alumnos|Fecha publicaciýn: 11/10/2010
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Capýtulo 11:

 Ética empresarial y profesional

Empezare diciendo que ética es una palabra que viene del griego ethos, que quiere decir simplemente costumbres, la cual a su vez los latinos tradujeron por mores, de donde se deriva nuestro vocablo moral. Así que en esencia ambas palabras, ética y moral, significan lo mismo, si atendemos a su origen etimológico. Ethos hace referencia a la manera de ser de las personas, a la forma en que se comprenden a sí mismas y se comportan con respecto a esa comprensión de sí.
La ética no es sino la dimensión del hombre por la cual éste crea posibilidades de ser y se las apropia, dándole con ellas una forma concreta a su propio ser. Es decir, esas decisiones tienen consecuencias directas sobre lo que el hombre mismo elige ser. Hay decisiones que van a traer consigo que el hombre sea mucho más pleno, mucho más persona, que lo van a enriquecer en su humanidad. Esas son las decisiones que consideramos han sido buenas decisiones en nuestra vida, porque tienen consecuencias productivas, formativas, enriquecedoras, nutritivas de nuestra propia manera de ser. Hay otras decisiones que, por el contrario, cuando uno la toma tienen consecuencias negativas sobre uno mismo: son las decisiones que consideramos fueron malas decisiones. Por ejemplo, haber escogido una carrera distinta a la que realmente tenía que ver con la vocación de uno.

La ética, entonces, tiene que ver con lo que es bueno y lo que es malo, pero sobre todo tiene que ver con lo que uno hace de sí mismo. El "bien" y el "mal" es el fruto de nuestras decisiones, es si eso que elegimos nos hizo realmente mejores o peores personas, independientemente de que haya alguien viéndonos externamente y sancionándonos o castigándonos. Eso es, en todo caso, lo de menos, porque en definitiva lo importante de una decisión es qué es lo que yo hago de mí mismo con ella.
Ética, en definitiva, es lo que hago de mí mismo con mis propias acciones.
La educación es precisamente el privilegio de tener la posibilidad de formarse a sí mismo. Sobre todo la educación universitaria. Es el privilegio de poder educarse y de llegar a ser un hombre o una mujer mejor. Si uno está en la universidad y se comporta de tal modo que no se hace una mejor persona, sino que se vuelve una persona tramposa, lo peor es que está dejando de formarse, está cometiendo una inmensa estupidez al negar justamente aquello en lo que consiste la esencia del ser humano: darse forma a sí mismo a través de las decisiones correctas y bien hechas. Así que si alguien es tramposo lo de menos es que "alguien" se dé cuenta o no: lo importante es la decisión que con ello se ha tomado sobre lo que va a hacer de sí mismo y que con ello está construyendo una realidad humana completamente falsa y mezquina que no se corresponde con las oportunidades y las posibilidades que se han recibido para poder ser alguien íntegro y humanamente libre.
Lo fundamental de no llevar una existencia ética no está en que a uno se le pueda "castigar" si viola una norma externa. Lo fundamental está en que uno mismo está perdiendo su tiempo y dejando de ser una persona más plena y humana, está negando lo que es la esencia del hombre: formarse responsablemente a sí mismo a través de la libertad.
La ética es, sobre todo, la capacidad que tenemos todos nosotros de asumir consciente y libremente nuestra posibilidad de decidir qué vamos a llegar a ser nosotros mismos a través de lo que hacemos con nuestras acciones. Si yo decido ser una persona ética, decido al mismo tiempo construirme con mi propio esfuerzo. La educación supone querer y aceptar precisamente ese esfuerzo de hacerse a sí mismo. Si prescindimos de eso, no me estoy educando.
En uno de sus estudios, Domenec Melé hace referencia a la incidencia que tienen en las relaciones empresariales, y a través de ellas, en los resultados, las actuaciones éticas y la calidad moral de las personas. Según él, estas actuaciones están dadas de diversos modos, que a continuación se señalan:
1. Motivación para el trabajo
2. Sabiduría Práctica (prudencia).
3. Cultura empresarial.
4. La reputación o buena imagen
5. Generación de confianza.

La motivación por el trabajo, sin duda alguna, depende en gran medida del grado de satisfacción del trabajador, junto con el clima laboral, además de estar condicionada por la calidad humana de directivos y compañeros. Esta puede deteriorarse con la habladuría de compañeros y colaboradores, más que conocidos son los efectos negativos de: murmuraciones, críticas negativas, propagación de rumores falsos o pocos fundados, calumnias, desprecios, etc.
Cuando se habla de sabiduría práctica, se hace referencia a la prudencia en la toma de decisiones empresariales, acompañada de madurez de carácter, iniciativa y sentido de responsabilidad ante los acontecimientos y situaciones que se presentan. En los servicios, es deseable que todos los que trabajan sean un poco directivos y ello requiere de todas estas cualidades que hemos mencionado.
El tercer aspecto que se menciona, es decir, el desarrollo de una cultura empresarial, comprende conocimientos, experiencias, prácticas o modos de hacer habituales en quienes pertenecen a la empresa, sustentados en determinados valores y convicciones, por quienes la forman.
El autor destaca que la cultura empresarial incide en el modo de tomar decisiones y en el modo de actuar, o sea, que es algo dinámico, donde cada uno con su conducta induce cambios culturales.
También es conocida la importancia de la reputación o buena imagen ética para la captación de clientes. Según este mismo autor, el profesor D. Melé, es muy importante que exista la profunda convicción de que: ..."una buena reputación de lealtad y honradez en los negocios es uno de los principales activos empresariales, que todos los trabajadores deben fomentar con el máximo cuidado". Hay que tener bien claro que cuando una empresa actúa mal, ya sea incumpliendo sus promesas y pagos, no dando la calidad ofrecida de un producto, o simplemente dando un mal servicio, aparecen quejas, se crea mala reputación y caen las ventas.
Por último es conveniente reconocer que Todo trabajador tiene o debe desarrollar una ética profesional que defina la lealtad que le debe a su trabajo, profesión, empresa y compañeros de labor. La ética de una profesión es un conjunto de normas, en términos de los cuales definimos como buenas o malas su práctica y relaciones profesionales. El bien se refiere aquí a que la profesión constituye una comunidad dirigida al logro de una cierta finalidad: la prestación de un servicio para lo cual existen varias condiciones o imperativos éticos profesionales:
1. Competencia exige que la persona tenga los conocimientos, destrezas y actitudes requeridos para prestar un servicio.
2. Servicio al cliente la actividad profesional sólo es buena en el sentido moral si se pone al servicio del cliente o usuario.
3. Responsabilidad social el profesional asume el compromiso de responder al cliente o usuario por el servicio que se le presta.

4. Solidaridad las relaciones de respeto y colaboración que se establecen entre los miembros de la misma profesión, con el fin de ayudarse y evitar perjudicarse unos a otros..
5. Compromiso público de observar las normas morales que la agremiación juzga necesarias para el logro de un ejercicio profesional irreprochable.
6. Confiabilidad Para lograr una conciencia ética profesional bien desarrollada es que se establecen los cánones o códigos de ética. En éstos se concentran los valores organizacionales, base en que todo trabajador deberá orientar su comportamiento, y se establecen normas o directrices para hacer cumplir los deberes de su profesión.
En virtud de la finalidad propia de su profesión, el trabajador debe cumplir con unos deberes, pero también es merecedor o acreedor de unos derechos. Es importante saber distinguir hasta dónde él debe cumplir con un deber y a la misma vez saber cuáles son sus derechos. En la medida en que él cumpla con un deber, no debe preocuparse por los conflictos que pueda encarar al exigir sus derechos. Lo importante es ser modelo de lo que debe ser profesional y moralmente ético. Por ejemplo, un deber del profesional es tener solidaridad o compañerismo en la ayuda mutua para lograr los objetivos propios de su empresa y, por consiguiente, tener el derecho de rehusar una tarea que sea de carácter inmoral, no ético, sin ser víctima de represalia, aun cuando esto sea para lograr un objetivo de la empresa. Al actuar de esa manera demuestra su destreza en la toma de decisiones éticas, mientras cumple con sus deberes y hace valer sus derechos. Además, demostrará su honestidad, que es el primer paso de toda conducta ética, ya que si no se es honesto, no se puede ser ético.
Cuando se deja la honestidad fuera de la ética, se falta al código de ética, lo cual induce al profesional a asumir una conducta inmoral y antiética.
Hay tres factores generales que influyen en el individuo al tomar decisiones éticas o antiéticas, los cuales son:
1. Valores individuales - La actitud, experiencias y conocimientos del individuo y de la cultura en que se encuentra le ayudará a determinar qué es lo correcto o incorrecto de una acción.
2. Comportamiento y valores de otros - Las influencias buenas o malas de personas importantes en la vida del individuo, tales como los padres, amigos, compañeros, maestros, supervisores, líderes políticos y religiosos le orientarán su comportamiento al tomar una decisión.
3. Código oficial de ética - Este código rige el comportamiento ético del individuo, mientras que sin él podría tomar decisiones antiéticas.
Un aumento en las regulaciones rígidas en el trabajo a través del código de ética ayudará a disminuir los problemas éticos, pero seguramente no se podrá eliminarlos totalmente. Esto es así, debido a las características propias de la ética que establecen que ésta varía de persona a persona y así lo que es bueno para uno puede ser malo para otro; está basada en nuestras ideas sociales de lo que es correcto o incorrecto; varía de cultura a cultura, por lo cual no se puede evaluar un país con las normas de otro; y está determinada parcialmente por el individuo y por el contexto cultural donde ocurre. No obstante, el profesional debe reconocer que necesita de la ética para ser sensible a los interrogantes morales, conocer cómo definir conflictos de valores, analizar situaciones y tomar decisiones en la solución de problemas.
Por otro lado, existen decisiones del profesional que en oportunidades derivan de algunos aspectos negativos que ensombrecen las buenas intenciones de los códigos morales. Entre ellos destacamos:
Las posiciones de privilegio y superioridad (segregación), que van generando conciencia de impunidad jurídica y de autonomía moral en el gremio frente al resto de la sociedad.
La creación de un monopolio en la prestación de los servicios profesionales, que asegura a los asociados ingresos económicos elevados y poder.
Expliquemos brevemente estos dos peligros o trampas que encierran los códigos de moral profesional. El primero surge de la misma especialización científica a que han llegado las profesiones. Sólo quienes se han consagrado durante varios años al estudio de la ciencia propia de una profesión son capaces de dar aplicación a los conocimientos encerrados en ella. Esto hace que el profesional se sienta superior en la escala social a los demás trabajadores. Y le lleva a rechazar cualquier intromisión exterior en la fijación de las normas que regulan el ejercicio de su profesión. Como se siente superior, establece unas normas de comportamiento que aseguren esta superioridad, pretendiendo así liberarse de rendir cuentas por su comportamiento ante otras personas e instituciones distintas a las de su propio gremio. Esto se da sobre todo en las profesiones que tradicionalmente han sido consideradas como superiores, con cierto carácter sagrado y regio, en especial el sacerdocio, la medicina y la abogacía. Últimamente se aprecia tendencia a protestar contra ese mito observándose demandas a médicos, ingenieros o abogados.
El monopolio profesional busca asegurar el trabajo, la fama y la buena remuneración para todos los miembros de la profesión. Por eso sus organismos directivos controlan las formas de competencia entre los colegas, las formas de criticar o denunciar faltas en el ejercicio profesional, las tarifas de los servicios prestados y, en algunos países, hasta el número mismo de candidatos a formarse en la profesión.
Las normas que propician actitudes tanto de privilegio como de monopolio, deberían ser cuestionadas en los códigos de moral profesional, ya que constituyen obstáculos que deforman los valores sociales de la profesión. El criterio para destacar el auténtico valor moral en la normativa de un código nos da los principios de la ética general.

Problemas Éticos
En las relaciones cotidianas de unos individuos con otros surgen constantemente problemas cuya solución no sólo afecta a la persona que los crea, sino también a otra u otras personas. Las profesiones mismas están continuamente confrontando este asunto, al constatarse los amargos hechos de médicos que explotan a sus pacientes, abogados que se dedican a actividades criminales, ingenieros y científicos que trabajan sin tomar en consideración la seguridad pública ni el ambiente y hasta negociantes que explotan al público indiscriminadamente. Si a esto añadimos la corrupción gubernamental, los robos, el vandalismo, los asesinatos y la violencia actual, entonces el tema ético toca el centro mismo de nuestra supervivencia como sociedad. El profesional, cuando se enmarca en la pura técnica, oculta, por principio, un ataque furtivo a la ética. Esto crea situaciones que se complican en problemas que desmoralizan la imagen personal y profesional del individuo.
Algunos de estos problemas éticos son los siguientes:
 Abuso de poder - utilizar el puesto para "pisotear" a unos o para favorecer a otros.
 Conflicto de intereses - emitir normas en su ámbito de trabajo que redundarán en su propio beneficio, como lo es el participar en el proceso de reclutamiento cuando uno de los candidatos es miembro de su propia familia.
 Nepotismo - reclutar muchos miembros de una misma familia para una institución.
 Soborno - aceptar dádivas, obsequios o regalías a cambio de dar un trato especial o favor a alguien como retribución por actos inherentes a sus funciones.
 Lealtad excesiva - mentir para encubrir la conducta impropia del supervisor o hacer todo lo que éste le diga, aun en contra de sus principios morales.
 Falta de dedicación y compromiso - perder el tiempo y no dar el máximo de su esfuerzo en el trabajo.
 Abuso de confianza - tomar materiales de la institución para su uso personal o hacer uso indebido de los recursos disponibles en la misma para beneficio propio.
 Encubrimiento - callar para no denunciar a un traidor, movido por su amistad o por temor.
 Egoísmo - buscar el bienestar propio en detrimento del beneficio de los demás.
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 Incompetencia - El conocido Principio de Peter (1977) estipula que en "toda jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia." Complementa, además, que "para todo puesto de trabajo que existe en el mundo, hay alguien, en algún lugar, que no puede desempeñarlo. Dado un período suficiente y por suficientes ascensos, llegará finalmente a ese puesto de trabajo y permanecerá en él, desempeñándolo inadecuadamente, frustrando a sus compañeros y erosionando la eficiencia de la organización".
Problemas de esta magnitud requieren la acción enérgica y concertada del profesional para desarrollar una nueva ética. Corresponde al momento actual compensar el poder del profesional moderno con una fina percepción de sus regulaciones morales. Como es sabido, en todas las profesiones surgen estos tipos de problemas. A través de cursos, cuya finalidad sea la formación ética profesional, que se logra desarrollar en el futuro profesional el conocimiento, la habilidad, la sensibilidad y voluntad para que cuando actúe lo haga a nombre de los intereses de la comunidad profesional de la que es parte, de la comunidad que le une a sus clientes y del pueblo del cual es miembro. Sin embargo, el "modelaje conductual" que se ofrece o debe ofrecerse al profesional es fundamental para determinar sus principios éticos.
En conclusión para evitar en gran medida los problemas de índole ético-moral que surgen en el ejercicio de una profesión, se deben definir claramente y divulgar los conceptos y ámbitos de moral, ética y bioética, de manera de poner en práctica principios que establezcan los parámetros y reglas que describan el comportamiento que una persona debe o no exhibir en determinado momento. No es difícil poner estos principios en práctica, pero el omitirlos redundará en perjuicio propio y en el de las personas con quienes se interviene o se interactúa. "Una decisión en la que está envuelto el comportamiento ético de una persona, siempre va a estar enmarcada en uno de los principios y valores aquí señalados":
Honestidad
Integridad
Compromiso
Consejos
Experiencia
Independencia
Rectitud
Lealtad
Ecuanimidad
Dedicación
Respeto
Responsabilidad ciudadana
Excelencia y diligencia
Ejemplo
Conducta intachable
La ética debe convertirse en un proceso planificado, con plena conciencia de lo que se quiere lograr en la transformación de nuestras vidas. Debemos desarrollar al máximo el juicio práctico y profesional para activar el pensamiento ético, reconocer qué es lo correcto y lo incorrecto así como contar con el compromiso personal para mantener el honor y el deber.
Se recomienda poner de nuestra parte un continuo esfuerzo y una continua disposición de no salirnos del orden que contemplamos y acatamos. Ese esfuerzo y esa disposición, que es lo que constituye el deber, se derivan inmediatamente del hecho mismo de estar relacionado el hombre a sí mismo, a los otros y a la Naturaleza. Además, explica cómo las relaciones particulares que ligan al individuo con la sociedad son las de necesidad, gratitud, utilidad, derecho y deber; de estas se derivan los deberes sociales de trabajo, obediencia, cooperación, unión, abnegación, conciliación y derecho. Todos los deberes quedan entonces sometidos a uno en general: "El deber de los deberes, que consiste en el exacto cumplimiento de todos los demás, y cuando haya conflictos entre ellos, hay que cumplir primero el más inmediato, el más extenso, el más concreto"
Al fin de cuentas, el ser humano es responsable de actuar inteligente y libremente ayudando en el restablecimiento de conductas que faciliten el desarrollo de las naciones, y es el único que puede responder por la bondad o malicia de sus actos ante su propia conciencia, ante el prójimo, ante la naturaleza y ante Dios.

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