El trabajo
Una de las primeras cosas que asaltan nuestra mente cuando nos cruzamos con la idea de hacer el gran viaje es el pánico a abandonar nuestro trabajo. Este pánico aumenta exponencialmente si habéis crecido mamando de los telediarios del ochenta y pico, donde la tasa de desempleo era la lacra nacional.
Queridos lectores, las cosas han cambiado. No querría pecar de frívolo, pero la verdad es que en estos tiempos todos hemos oído la frase "Aquí, quien no trabaja es porque no quiere", y por experiencia, puedo asegurar que, salvo excepciones, es real. Es evidente que para lanzarse varios meses a la aventura hay que dejar el trabajo, pero esto no tiene por que ser necesariamente traumático.
De entrada, existe la posibilidad de pedir una excedencia. Aunque el empresario nos puede responder que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. También nos la puede conceder. En el caso de que debamos renunciar a nuestro trabajo, hay que sospesar la posibilidad de encontrar un empleo parecido a nuestro regreso (o no, muchos intrépidos viajeros deciden cambiar de sector al regreso de su aventura). En la mayoría de ocasiones nos daremos cuenta de que es posible encontrar algo parecido o incluso mejor a nuestro retorno.
Por otro lado, podría darse el caso que el aspirante a aventurero esté en situación de desempleo. En ese caso, ¡Felicidades! Ya tenemos una cosa menos de que preocuparnos.
Ponerse malito.
En un viaje de una cierta duración, digamos seis meses o un año, es casi imposible no ponerse enfermo, aunque sea sólo un poco. Pero esto no es extraño: viviendo en nuestro país, en el transcurso de un año también nos ponemos enfermos: costipados, gripes y demás están a la orden del día.
Lo que nos aterra muchas veces son dos cosas: las enfermedades "extrañas" a las que no estamos acostumbrados, y el tipo de atención sanitaria que recibiremos en el país de destino. Respecto de la primera, aunque es evidente que hay muchas enfermedades en el mundo, si mantenemos unos parámetros mínimos de seguridad e higiene y si vamos debidamente vacunados, no suele haber de qué preocuparse.
Respecto de la atención sanitaria en destino, para la mayoría de las ocasiones es totalmente suficiente y adecuada. Y si no lo es, para eso tenemos nuestro seguro médico (hablaremos de él más adelante), para que nos repatríe si es necesario. De modo que, aunque debemos cuidar de nuestra salud, ésta no debe ser un motivo para quedarnos en casa.
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