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Capítulo 1:

 Ensayo introductorio

El maestro empezó siendo discípulo, no un adivino

Hace varios años, cuando ofrecía servicios informáticos en las proximidades de la Universidad Mayor de San Simón, en la ciudad de Cochabamba, me llamó la atención la forma en que elaboraban sus trabajos académicos los estudiantes de las diferentes carreras de dicha universidad. Por aquel entonces yo había cursado sin mucho éxito el primer año de la carrera de Literatura, en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. Mi base teórica en cuanto a la construcción de textos, si bien no era del todo buena, me permitía notar algunas inexactitudes e incoherencias en la elaboración de tales trabajos. Eventualmente recomendaba mejoras que ayudaran a aclarar alguno que otro enunciado, aunque mis sugerencias no siempre eran atendidas. La experiencia, que duró seis meses, me sirvió para reflexionar en torno a los problemas que se dan en la redacción de los diferentes trabajos académicos.

Tiempo después me dediqué a la misma actividad en la ciudad de La Paz, solo que entonces me animé a ofrecer adicionalmente el servicio de corrección gramatical. Mi gramática, si aún tenía mucho camino por recorrer, era aceptable para emprender tal desafío. Las cosas raras que se puede hallar en un texto se fueron haciendo más frecuentes y perceptibles a medida que mi conocimiento en el tema aumentaba. Tuve la ligera sospecha de que el problema era más grande de lo que me figuraba hasta entonces. Entonces apelé a la matrícula, que me abría las puertas de las diferentes bibliotecas especializadas de la universidad pública paceña. Revisando algunas tesis, pude efectuar una mejor valoración del problema. Éste no reside solo en el manejo de la metodología por parte de los estudiantes (que ya es de por sí deficiente), sino que está estrechamente relacionado con el poco hábito de lectura y escritura. Esta es una situación que llama la atención, e incluso alarma, ya que la idea general es que los profesionales que salen de las universidades están calificados y certificados para conducir el destino de diferentes unidades de la sociedad, sean éstas asociaciones, empresas, familias, individuos o (peor aún) el país entero.

Con éstas y otras experiencias que pude acumular en el camino me animé a trabajar en algunas consultorías de esas que ofrecen “hacer la tesis en tiempo récord”. Si bien no es mucho lo que de hecho ahí aprendí, rescato la respuesta comercial que se ha dado a una dificultad propia del sistema educativo boliviano, lo que mueve a uno a pensar en cómo se va ahondando la esencia misma del problema. Sin embargo, al mencionar este lapso, debo agradecer las sugerencias siempre oportunas de Lorena Rada, mi compañera, quien ya contaba con una experiencia previa de mucho valor en el campo de la investigación social

Y luego vino la independencia (que en realidad es la eliminación del intermediario en las relaciones comerciales de dependencia), que me llevó a considerar otras cosas que no había tomado en cuenta en mis experiencias anteriores. Así, por ejemplo, está el hecho de que nunca “hice una tesis” en sentido estricto, sino que trabajé siempre y en la medida de lo posible junto al egresado, explicándole lo que no era fácil de entender, aclarando los puntos oscuros y, fundamentalmente, aprendiendo de todos y cada uno de ellos cuanto podían ofrecerme de su saber adquirido.

Pero observando lo negativo, puedo afirmar que durante el tiempo que trabajo con estudiantes y egresados, noté otros detalles importantes para señalar aquí: la poca o ninguna práctica en efectuar referencias de autores y títulos, la casi inexistente aplicación del trabajo con fichas, el desconocimiento de las citas o notas a pie de página, entre otros. ¿Cuál puede ser la razón? Tentativamente, pueden plantearse una serie de posibles motivos: la antes señalada escasa aplicación de la lecto-escritura, la desidia de docentes, la escasa supervisión de las autoridades académicas, la carencia de material apropiado en las bibliotecas, aunque cada uno de estos elementos debe ser considerado como parte de un problema más vasto.

En cierta ocasión me animé a efectuar una pequeña encuesta entre estudiantes de distintas carreras sobre detalles tales como procedimientos operativos, la forma de trabajar con las fuentes y la valoración de autores de metodología, entre otros. Entre otros datos, encontré que una gran mayoría considera a Sampieri el mejor autor en metodología. Dos cosas me llamaron la atención de este dato: Sampieri es en realidad Roberto Hernández Sampieri, y el libro al que se hace referencia es producto de tres autores. Desconozco el origen de esta confusión. Lo cierto es que incluso docentes (o quizá a partir de ellos) los denominan de esta manera. El segundo dato que me llamó la atención fue que valoren a estos autores desde el ángulo comercial (son los mejores por que son los que más se venden). Se dice que tienen los criterios más actualizados, los más completos, y otras cosas por el estilo. Lo cierto es que estos autores retoman muchos criterios elaborados décadas atrás y los aplican a dos ejemplos suyos (la investigación sobre el noviazgo y los efectos de la televisión sobre los niños). No presentan los métodos ni técnicas de investigación cualitativa, con lo que la visión panorámica de la investigación queda trunca. Tienen algunas contradicciones sobre la hipótesis y su formulación (véanse capítulos 4 y 5 de dicho libro). Además, curiosamente, formulan una estructura de trabajo para el informe (:444), según la cual la bibliografía va antes que los apéndices, pero ellos mismos proceden a la inversa: los apéndices antes que la bibliografía.

Sin embargo, como diría Sergio Ramírez en el prólogo de Simulacros del autor boliviano Edmundo Paz, incluso los libros malos ayudan, ya que nos dicen cómo no se debe escribir. Con esto no quiero decir que el libro de Hernández S. y colaboradores sea malo, sino que, como todos, es incompleto, insuficiente (contrariamente a lo que los autores expresan de su obra en la introducción de la misma). Creo que esta falta de modestia (en realidad falta de honestidad) es una buena lección para quienes crean que su trabajo es lo mejor que se puede haber producido. Ser prudentes en lo que se afirma es un requisito no escrito que debe ser aplicado por quienes tienen en sus manos la responsabilidad de diseminar conocimiento. Salvando los errores que todo libro tiene y consideraciones valorativas sobre el mismo, incluí en el presente trabajo los puntos pertinentes de dicho texto metodológico.

Por otra parte, tuve la oportunidad de participar en calidad de oyente en las clases de materias relacionadas con la investigación de diversas carreras (en Fuentes documentales consultadas, sección Apuntes de aula, se incluyen algunas de éstas). A partir de entonces tengo algunas ligeras como pavorosas sospechas: me quedó la impresión de que muchas veces estamos frente a docentes que aprenden junto a los estudiantes. Y me parece que el asunto no termina en la universidad pública, ya que el problema corresponde a la estructura educativa general del país.

En el plano anecdótico, juzgo oportuno comentar que, entre otras cosas raras, escuché a algún docente de Taller de Proyecto decir que un trabajo sin planteamiento del problema es una “simple investigación”, contraponiendo de esta manera el término investigación a la tesis y el proyecto, sin especificar qué entiende por simple, y qué por investigación, y, lo más grave, pasando por alto (o acaso ignorando) que tanto la tesis como el proyecto son diferentes niveles de investigación. En otra ocasión escuché la afirmación de que la investigación empírica se opone a la investigación científica, omitiendo el hecho de que ambas se complementan. En otro caso pude leer ciertos enunciados inconclusos que el buen tutor llamaba hipótesis, pero sin presentar un verbo que articule la variable independiente y la dependiente (que era lo que tal persona impulsaba a hallar). Si algún asesor de Derecho se siente aludido, hace bien: a tales personas me refiero.

Algo al parecer institucional en la carrera de Trabajo Social de la UMSA (o al menos hasta hace algún tiempo) es la afirmación cerrada de que todas las investigaciones deben tener hipótesis, con lo cual se desconoce la importancia de ciertos estudios descriptivos y el valor de los exploratorios, si bien es cierto que estos dos tipos de estudio no son recomendables para el pre-grado. Y finalmente, a un tutor de derecho se ocurrió un buen día afirmar que un resumen no es para una tesis, sino para una monografía, con lo que se niega utilidad práctica a esta valiosa herramienta que coadyuva en una eficiente revisión documental.

En la aplicación del co-gobierno docente estudiantil en la universidad estatal, convendría evaluar de forma más crítica e inmisericorde a este tipo particular de docentes, cuyo ámbito investigativo, muchas veces, no trasciende del pizarrón. Este punto, si bien no merece ser considerado aquí, es un tema de reflexión para tomar en cuenta a la hora de tomar notas de lo que dicen algunos profesores universitarios.

Pero el asunto no termina ahí. Sería fácil detenerse a lamentar la falta de responsabilidad y madurez por parte de estudiantes y profesores. Sin embargo, existen otros puntos que convendría tomar en cuenta y que rara vez son considerados en los libros relacionados con la temática de investigación. Entre éstos están las condiciones socioeconómicas y culturales de los estudiantes y egresados de las carreras. La pobreza material, por ejemplo, es una gran limitación en la adquisición del conocimiento, aunque visto el bagaje cognitivo de las clases dominantes, puede advertirse que la ventaja material no siempre es bien aprovechada.

Y ya que no se puede predicar lo que no se practica, debo anticipar al lector que durante los últimos años, unas veces en forma particular, otras como parte de un equipo, tuve la oportunidad de participar en varias investigaciones. Si bien su número no es muy elevado (debido principalmente a restricciones financieras y de tiempo) la experiencia acumulada me da cierta autoridad para tocar los puntos que expongo en este trabajo. Entre tales investigaciones está, por ejemplo, una efectuada sobre cinco institutos privados que ofrecen carreras técnicas, principalmente computación y peinados, y en los que pude detectar varias deficiencias en su funcionamiento y estructura curricular, esto muy al margen de la escasa formación de sus instructores. Otra investigación que considero de importancia es la referida al incremento de pandillas y las actividades normalmente asociadas a éstas. Todas las investigaciones contaron con la revisión documental y el trabajo de campo pertinentes.[1] Los resultados y comentarios fueron presentados en forma resumida en algunas notas periodísticas de opinión que gentilmente publicó el matutino paceño El Diario. Este medio, además, publicó algunas breves notas mías sobre el tema de la metodología y la investigación.

Por otra parte, la adquisición de conocimientos nuevos no se logra solo enterrándose en una biblioteca. También es necesario, como en el buen periodismo, lanzarse a las calles, hacer preguntas, recorrer las plazas, ingresar en los penales, buscar las respuestas en los bares, prostíbulos, oficinas públicas, comisarías, en los hogares, etc. Muchas veces al investigador le faltan recursos para movilizarse. Así, la pobreza limita grandemente a quien desee conocer más de cerca la realidad de su país. Un viaje a una localidad próxima, donde se desee obtener información de primera mano cuesta el equivalente a veinte dólares (como mínimo) si se toma en cuenta el transporte, el hospedaje, la alimentación, el retorno sucesivo o la permanencia prolongada, ya que a mayor tiempo dedicado a un estudio son mejores las posibilidades de conocer interpretar correctamente la realidad que se estudia. Y esto sin contar los esfuerzos que muchas veces significa ganarse la confianza de los informantes clave, apadrinando niños o llevando donativos, lo cual lo hace a uno sentirse en ocasiones como candidato político en campaña, solo que con fines honestos. Todo, sin embargo, valió la pena.

Y entre otras cosas, también pude comprobar que las instituciones, tanto públicas como privadas, no siempre proporcionan de buena voluntad la información requerida. En ocasiones ni siquiera proporcionan mala información. Además, muchas oficinas públicas carecen de una repartición de Relaciones Públicas, y los encargados de la ventanilla “Informaciones” demuestran que la política y el servicio público son escasamente compatibles.

Con éstas y otras motivaciones me propuse elaborar un texto que además de presentar los conceptos elementales en investigación sirviera como apoyo para resolver las dudas más comunes. Así, el presente trabajo contiene los lineamientos básicos (que pueden ser complementados por otras lecturas) para diseñar y efectuar investigaciones bibliográficas y de campo, pero prestando especial interés a la construcción del informe de investigación, razón por la cual lleva el título que lo identifica. Para la estructuración de este libro se recurrió a diferentes textos relacionados con la temática de la investigación, así como a la experiencia personal en este terreno.

El trabajo está dirigido a todas las personas interesadas en efectuar cualquier tipo de investigaciones, sean bibliográficas o de campo, para conocer las características de un fenómeno social cualquiera o bien para proponer soluciones a situaciones conflictivas concretas. El libro no pretende llenar todos los vacíos de conocimiento que el lector tenga, sino solo ser una referencia básica para efectuar trabajos de investigación en general y redactar el respectivo documento que contenga los datos procesados. En la sección Fuentes documentales consultadas se hallará una lista del material escrito que puede ser consultado.

Más allá de las consideraciones contenidas en líneas anteriores, los objetivos teórico-prácticos de este documento pueden resumirse en:

-         proporcionar a los lectores los procedimientos básicos para diseñar una investigación bibliográfica o de campo;

-         proporcionar las pautas elementales para la redacción del informe de investigación; y,

-         proponer estrategias prácticas para la resolución de situaciones conflictivas en el proceso de la investigación.

De forma particular, se consideró el hecho de que en nuestro medio es escaso el interés y menor el conocimiento en la construcción de textos. Así, es mucho lo que se discurre y poco lo que examina en detalles tan elementales como la ortografía. Las personas con un conocimiento básico de gramática notarán, por ejemplo, que en este libro se emplea la palabra solo (como contracción del adverbio solamente) sin tilde en muchas ocasiones, contraviniendo la norma impuesta en nuestro medio de hacerlo con tilde. Sin embargo, quien revise algo más de este tema notará que este criterio obedece a reglas gramaticales concretas.[2] Este punto, entre otros, será desarrollado con mayor detalle en el capítulo iii de la Cuarta Parte de este libro.

Por otra parte, debo advertir que este trabajo prescinde de la etimología de las diferentes palabras técnicas que se utilizan, mismas que pueden ser halladas en cualquier buen diccionario. Las etimologías ayudan, es cierto, pero debe considerarse que los conceptos varían en el tiempo y en el espacio, por lo que es necesario considerar el concepto vigente en el momento y lugar oportunos.

Además, aquí se plantea tan solo una base didáctica de los puntos fundamentales en una investigación en ciencias sociales. El propósito principal, como se mencionó anteriormente, es proporcionar una pauta de acción para los iniciados en la actividad investigativa. El erigir una estructura más sólida en cuanto a conocimientos y prácticas de la investigación social es tarea para quien desee hacerlo. Desde ya, advierto al lector que siempre será insuficiente cuanto aquí halle, pues solo se trata de una guía elemental para la elaboración de trabajos académicos. De hecho, se tomaron solo los puntos básicos de temas tales como la hipótesis o las técnicas de investigación, ya que existe abundante material al respecto.

En diversos segmentos habría sido cómodo –y probablemente bien visto– copiar textualmente diversas citas de autores de la materia, citando fuente o no, pero la intención es presentar principios básicos en lo referente a la investigación y sus particularidades, no armar un collage informático (como los muchos que ya existen). El aporte, en todo caso, está circunscrito a los puntos no tocados o escasamente desarrollados en las fuentes consultadas, como por ejemplo las características de las conclusiones, la redefinición de fuentes documentales, o el caso de los objetivos, que debieron ser elaborados fundamentalmente a partir de la experiencia acumulada, ya que existe escaso material impreso de sustento. Las personas interesadas en profundizar sobre los puntos tocados superficialmente en este trabajo, pueden consultar el material contenido en Fuentes documentales consultadas, sección Bibliografía, o apelar a su buen criterio en la búsqueda de material complementario.

El documento está estructurado en cinco partes generales, aunque esto no representa una lectura rigurosamente lineal, sino que en determinados casos puede alterarse la secuencia de la revisión, yendo, por ejemplo de la tercera a la segunda parte a fin de comprender mejor los puntos relacionados con la planificación del estudio. Esto obedece a que la lectura secuencial puede significar un tropiezo cuando no se encuentran todas las piezas en su sitio y es necesario recurrir a puntos distintos para el efecto.

Finalmente, cabe confesar que todos (me incluyo, más resignado que honesto) necesitamos un corrector. Por ello, es importante buscar, sobre todo cuando se trata de trabajos de relativa envergadura, a personas entendidas en gramática, ya que una miserable coma puede hacer variar el contenido de nuestro mensaje. Por ejemplo, no es lo mismo escribir o leer “No, está mal” que “No está mal”. Por ello, sugiero que en la medida de las posibilidades se dé los borradores del informe de investigación a quien pueda dar una ayuda con la presentación, teniendo mucho cuidado en la elección del revisor.

[1] Como nota adicional, considero importante el hecho de la convivencia con los informantes en que muchas veces se tradujo el trabajo de investigación. Tal experiencia me enseñó que no basta aplicar un cuestionario (por bien diseñado que se halle éste), sino que en ocasiones es necesario familiarizarse con los informantes en su entorno natural y social, compartir sus penas y alegrías, empaparse de la vida ajena, y esto se tradujo en una aproximación más marcada a procedimientos cualitativos antes que a los cuantitativos. Así, si bien este libro tiene una perspectiva fundamentalmente cuantativista, el lector avanzado notará fuertes matices de metodologías cualitativas, a las que se dedica una sección especial.

[2] Fernando Díez Losada (1996: 14) explica de manera detallada este aspecto, citando la Norma 18ª de las normas de prosodia y ortografía de la Real Academia Española, que datan de 1959 (y a las cuales aún debemos atenernos).

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