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Cómo hablar en público con éxito. Oratoria

Autor: Pablo Castellano
Curso:
9,44/10 (9 opiniones) |4025 alumnos|Fecha publicación: 27/08/2009

Capítulo 5:

 Buen comunicador. Los elementos asequibles y obligatorios

Pasemos ahora a estudiar los objetivos en nuestra capacitación como eficaces comunicadores. Digo objetivos y no metas porque me refiero a las herramientas necesarias para ser líder. Veremos seis de ellas en esta primera parte y cada una será sumamente útil a la hora de atrapar-convencer-arrastrar a nuestros oyentes.

La autoestima o verdadera confianza en sí mismo.

La autoestima no es un don y menos aún el instinto de conservación. Se trata de un trabajo de reflexión intelectual sobre los propios talentos y defectos, más la volitiva aceptación -amarse- concienzuda y plena. Es decir, todo hombre tiene instinto de conservación, pero no todo hombre tiene autoestima. Hasta el colmo de llegar alguno a suicidarse sin ser un loco o un depresivo. Simplemente no trabajó en conciencia sobre sí, abatiéndolo luego los fracasos o humillaciones de la vida. Memoricemos:

Definición de Autoestima: correcto aprecio de las
Cualidades positivas que poseo o puedo desarrollar y
el justo menosprecio de los hábitos negativos que debo extirpar.

Problemas del orador

- Terror escénico
- Desorden de las ideas
- Inexpresividad

Terror escénico

Toda persona que se pare frente a un público se cuestionará (antes , durante o después) qué hace ahí, qué tiene para dar o decir, qué defectos descubrirán en mí éstos que me miran....las preguntas pueden ser bien contestadas o mal respondidas. La respuesta incorrecta al propio cuestionamiento de autoridad puede llevar al error por exceso o por defecto. Por exceso -todo positivo y brillante- dará una personalidad insufrible por pagada de sí. Por defecto producirá el terror escénico en cualquier alternancia de su degradé.

Sólo la respuesta correcta sobre mi persona producirá la autoestima y de ella la fuerte y suave personalidad del líder. Tal respuesta es privativamente privada. Los peritos del alma humana podrán dirigirme, pero nunca llevarme. Y no venceré el terror escénico ni otro de sus espasmos si no sé claramente quién soy, qué tengo para dar y por qué. Aquí se basa el éxito o el fracaso.

El terror escénico es una enfermedad psicosomática. Es angustia, falta de soporte, falta de confianza. Es un problema psiquiátrico.

No se debe confundir terror escénico con nervios o timidez.

Los nervios son positivos (los nervios son el sistema eléctrico del cuerpo), y se dominan con la respiración diafragmática.

A diferencia de las creencias populares, la actividad física no calma los nervios, sino que los potencia.

La timidez es mala, es el orgullo, es una soberbia negativa. Es pensar "yo no sirvo para....."
Se vence con la luz, con el conocimiento, con conocer los defectos.
Siempre tendrá uno mejor que usted , y uno peor también.

El temido terror escénico es una excesiva valoración de los demás que estarían en actitud de galeada oposición a mis pobres recursos.

No tengo nada en contra del pusilánime-tímido, sino que considero que "todos son tan más que yo y ellos lo juzgan así que desvanezco. Y realmente llegan a desmayarse estas pobres personas cuando se presentan delante de otros. (No confundir con agrofobia porque esta se da aunque no tenga la responsabilidad de dirigirme a los otros)

Intentemos trabajar según el cuestionario de las 6 W aplicadas a mi personalidad para la consecución de una arraigada autoestima. De estar así en mí, ciertamente podré sufrir, podré estar delante de eruditísimos auditorios, podré enfrentarme a las más difíciles situaciones, pero tendré la autoridad de saber quién soy, qué tengo para dar y por qué debo darlo a los demás. Todo esto lo se yo y nadie más.

Camino hacia la autoestima:

1. Qué (Qué soy, qué hago)
2. Quién (Quién soy para mí, para los demás)
3. Dónde (Dónde estoy (el entorno))
4. Cuándo (cuándo estoy, la realidad histórica del momento)
5. Por qué (Por qué estoy) Es la motivación
6. Cómo (Cómo soy, cómo estoy) Análisis

Luego de estas 6 preguntas debemos pensar qué hacer frente a las respuestas.

Los nervios - Socorros de la foniatría

Un perito foniatra no sólo me enseñará a respirar diafragmáticamente, aprovechando toda mi capacidad y venciendo mediante ello a los nervios, sino que también me instruirá en la correcta impostación de la voz para no cansarme, y me ayudará a conseguir la bella cadencia alternativa de mi timbre de voz. Luego, ejercicios.

Desorden de las ideas - La correcta construcción del mensaje

Otro problema frente al auditorio es ser coherente. Contra la coherencia no sólo milita la idiotez en los minusválidos, sino también el desorden y exceso de datos en los sanos. Y sabemos que la relación de la información con la transmisión es directamente proporcional: a medida que más sé más difícil es decir justo lo que debo y no más.

El exceso de información paraliza, afirman algunos sabios. Es un axioma psicológico: el receptor se cansa cuando no puede abarcar -comprender- algo y termina por desenchufarse de la exuberante fuente.

Muy bien sabían los antiguos que los alumnos tienden a decir todo lo que han aprendido en una especie de autismo frente a la realidad circundante; y también habían asimilado por experiencia estos grandes clásicos que el irse por las ramas es un defecto de los que tienen mucho para dar. Por tanto, ellos nos legaron el remedio para la construcción fuerte, concisa y clara -coherente- de un mensaje. Siguiendo sus consejos no caeremos ni en el desorden ni en el exceso mencionados. Más adelante veremos cómo armar el discurso.

Inexpresividad - La teatralización de las ideas

El comunicador debe ser radicalmente opuesto a lo que calificamos de marmota, con perdón del animalito. La inexpresividad exterior es enemiga tanto del atrapar, como del convencer y más aún del arrastrar. Hay que saber enojarse, saber reírse, saber llorar, saber susurrar, saber ironizar....... Los políticos contratan a renombrados publicistas para que les enseñen a acompañar el mensaje con toda la parafernalia externa. Si bien el exceso lo tenemos en la política estadounidense con Clinton-saxofonista, es cierto que en su justo medio es elemental para comunicar con fuerza. Si trasladamos este ejemplo a nuestro país encontraremos diferentes estilos con sus excesos y sus defectos. El justo medio lo da poner a la teatralización como vestimenta de los argumentos y no como argumentos.

Cómo vestir el mensaje:

Hablar con la vista, gesticular, sonreír, utilizar los brazos y las manos para acompañar el relato, desplazarse en todo el espacio disponible, sentarse, agacharse, señalar, son algunos de los elementos que hacen a la teatralización.
Veamos algunos principios teoréticos:
- Los gestos deben acompañar el mensaje.
- La teatralización es más parecida a la ópera que al cine.
- Todo debe decir algo.
- Debemos tener naturalidad : Accidentes (teatralizar el accidente)
Acomodarse (ropa, corbata, sacar el saco)
Desplazamiento (usar lo que hay, espacio, elementos)
- Composición del lugar (tratar de conocerlo antes para tener algo ya en mente)
- No hacer gestos pequeños con las manos.
- Acompañar lentamente y visualmente abierto.
- Se pueden hacer golpes, pero no ese golpecito molesto que distrae.

Pensemos en los docentes que hemos tenido y analicemos el comportamiento de cada uno de ellos frente al curso, o remitámosnos a cada disertante de cualquier charla a la que asistamos.

La riqueza de vocabulario y de imágenes

La palabra es el transporte del concepto. Si digo una palabra por otra o si necesito todo un giro a la francesa para decir un concepto que tiene nombre, pierdo fuerza en la estocada, cuanto menos. Pierdo más cosas: pierdo autoridad cuando no tengo lecturas que cimenten objetivos, pierdo claridad por no saber dibujar plásticamente con una imagen la profundidad de mi pensamiento, pierdo empuje por hablar desde mi opinión sin la debida y culta verificación del dato, pierdo belleza por faltarme elementos de la construcción, pierdo vuelo por estar constreñido al vocabulario elemental de la calle, pierdo originalidad al caer en la repetición de mis limitados recursos, pierdo efectividad como comunicador.

El conocimiento del auditorio y los géneros oratoriales

El que recibe lo hace según el modo y la capacidad de su recipiente, dijo Aristóteles.
Esto nos lleva a deducir que conocer elementalmente la capacidad receptiva de los auditorios es conocer cómo me debo dirigir a ellos, y esto es definir el género dentro de la Literatura oral que deberé usar.

Las personas no son iguales, los estados anímicos influyen sobre los grupos humanos en reunión, la especie de mi tema o de mi persona predispone al auditorio positiva o negativamente, la época histórica colorea el ambiente.....y todo lleva al eficaz comunicador a modelar la manera de transmitir sus pensamientos. Por ello decíamos que el mensaje siempre se improvisa. A cada tipo y capacidad de recipiente corresponderá la fuerza derramante y la cantidad de lo derramado. Parece fácil, quizá lo sea intelectualmente, pero como decía mi abuela: del dicho al hecho hay mucho trecho.

Las clases de auditorios

Nos suscribimos al habitudinario desarrollo de una empresa. Aquí los grupos humanos no suelen ser masivos si por tal adjetivo entendemos la emotividad desbocable de mucha gente.
Por ello creemos que sí pueden darse las siguientes caracterologías primarias.

Homogeneidad y Heterogeneidad

La calificación de semejantes o dispares no mira ni a la edad ni al sexo. Mira más bien a la capacidad receptiva del mensaje. Un buen comunicador, que busca atrapar-convencer-arrastrar al auditorio como un león lo haría con su presa, lo mínimo de preparación que intenta consiste en averiguar sobre el nivel de aprovechamiento de los potenciales escuchas.

La pregunta que deberá esgrimir a quien corresponda diría: ¿sabe Ud. si esta gente tiene nivel secundario de formación académica?

Si nadie puede contestarme y es urgente mi presencia frente a un grupo de pasantes desconocidos, o de nuevos empleados o de clientes posibles, queda el recurso de la imagen fisonómica -algo relativa- del grupo, más la experiencia que da el haber ejercido por un tiempo considerable estas situaciones. Pero la ignorancia de este dato nos pondrá en difícil sintonización. Quizá comenzar con unas preguntas al auditorio podría decirme algo subliminalmente. Pero esta técnica es de difícil manejo y todo buen comunicador intenta no comenzar con preguntas: no sólo no rompen el hielo, sino que estimulan el miedo de contestar incorrectamente. El orador queda expuesto al bochorno de la solicitud frustrada.

Homogéneo, entonces, es el grupo que tiene un común denominador semejante en cuanto al nivel intelectual de receptividad. Todo será más parejo en el armado de mi discurso, tanto las ideas como las imágenes, las ironías como los chistes, la parsimonia y la teatralización, todo partirá de una base. Ejemplo: llegan pasantes en ecuador de carreras técnicas, o la empresa invitó a todos los dueños de pymes lecheras para que se le presente un nuevo producto, etc.

Heterogéneo, por el contrario, se dice de un grupo que desnivela claramente la receptividad de mi mensaje. Encuentro que en mi auditorio seden abogados junto a empleados con sólo secundario, jubilados mayores acompañados de sus nietos, empresarios exitosos junto a timoratos conservadores..... Se ve a las claras que ni siquiera puedo hablar de común denominador receptivo. Porque si bien algunos no letrados pueden ser realmente más inteligentes que los universitarios, sin embargo mis ideas suelen apoyarse en términos esotéricos propios del desempeño laboral. Mientras para un universitario no existe confusión entre objetivo y meta, finalidad y principios, para un laborioso dueño de pyme lechera pueden no estar claros los conceptos; mientras que para los tecnócratas es muy concreto el significado de barbarismos inexistentes en la lengua castellana como "implementar", "concretizaciones", "marketinero", "faxear",(por nombrar algunos),para el común de la gente tales esoterismos tienen significado confuso. Si usara tal extraña terminología en un auditorio heterogéneo, ganaría quizá autoridad -¡Qué lindo habla el señor!-, pero perdería en eficacia.

La solución transitará por la adaptación pertinente del género expositivo eficaz. Ya lo veremos.

Los estados anímicos del auditorio

Un grupo de gente con semejantes objetivos laborales puede encontrarse receptiva o indiferente, motivada o apática e histérica o depresiva. Es decir, conocer si el auditorio es homogéneo no alcanza para establecer una comunicación eficaz. Además debo situarme en el estado anímico de esta gente. Con más razón si fuera un auditorio heterogéneo.
De los dos datos - receptividad y emoción- el comunicador obtiene la puerta de entrada al modo que asumirá para hablar. Ahora podemos agregar la emoción que endulza a mi idea y lanzarme sobre el auditorio.

Crecer leyendo

Lee treinta minutos por día y crecerás. Afirmo la necesidad de un plan de lecturas constante y de por vida como único camino para la riqueza de vocabulario, de ideas y de imágenes. Pero que las lecturas sean de los conocimientos inútiles, no de los útiles. Los conocimientos inútiles son los que no nos sirven para ganar plata, sino para crecer interiormente. ¿cuáles son? Los clásicos de antes y de ahora, novelas,etc. De éstos es necesario tener un plan de lectura por lo menos de treinta minutos diarios. Y en poco tiempo veremos los resultados.

De dónde salen los géneros oratoriales

De la suma del estado anímico del auditorio + la finalidad de mi tema + la emotividad de mi mensaje + la calidad de mi vocabulario obtenemos el género oratorial.

Los géneros son cinco:

1. El Catedrático
2. La Arenga (discurso solemne)
3. El Apologético (Discurso en defensa o alabanza)
4. El convincente
5. El Situcional, que tiene cuatro variantes: brindis, presentación, inauguración y morboso.

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