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|10175 alumnos|Fecha publicación: 04/11/2005
La virtud principal del escritor es saber mirar. Dónde los demás no ven más que una señora cruzando la calle, un escritor puede encontrar la inspiración que necesitaba para salvar la historia que tiene entre manos. Pero no basta con mirar, hay que estar atento y prevenido.
¿Eres de los que llevan siempre a mano una libreta y algo para escribir? Si no es así, deberías empezar a hacerlo. Nabokov insistía en que es importante aprovechar ese momento de rapto. La mayoría de las veces, ese instante de inspiración no vuelve a repetirse. No vale con pensar "lo escribo cuando llegue a casa". Al llegar a casa, no queda rastro de aquella idea genial, como mucho un apunte, algo que podría haber sido y no fue, como un beso que no se ha dado.
Así que la próxima vez que pienses "aquí hay una historia", saca la libreta y anótalo. Escribe lo que ha sucedido o lo que has visto, déjate llevar, escribe, escribe todo lo que se te ocurra sin pensártelo dos veces. Por muy disparatadas que te parezcan las ideas; escríbelas, pregúntate "¿y si...?" y continúa con la escritura, no pares, hasta que estés agotado y no se te ocurra nada más. Entonces, detente y vuelve a mirar a tu alrededor, si no sabes cómo seguir, cierra la libreta y disfruta el instante. Ya habrá tiempo para trabajar ese texto.
He aquí un error muy habitual: llevados por la euforia, pedimos a alguien próximo a nosotros que lea lo que (creemos que) acabamos de terminar. ¿Tan seguro estás de haber conseguido lo que te proponías? ¿A la primera? La defensa más habitual es "así es como ha salido, por algo será", "si lo trabajo, pierde frescura". No conozco nadie que se dedique al oficio de contar historias que no las retrabaje antes de mostrarlas por primera vez, ni he leído biografía alguna en la que se afirme tal cosa. Es más, muchas veces los propios alumnos del taller de escritura que coordino, mientras leen sus textos en voz alta, se dan cuenta de sus propios errores y todo por no haberlo trabajado.
No te precipites: nunca cuentes una historia que no has trabajado porque puedes perder la oportunidad de volver a ser escuchado. Lo mejor es que lo dejes "dormir" un par de días o un par de meses (según tu paciencia). Cuando la vuelvas a leer, tu opinión, para bien o para mal, habrá cambiado. Pasado ese tiempo, si te sigue pareciendo tan interesante como cuando la escribiste, deberías continuar con el siguiente capítulo: Lo que no puede pasar. En el caso contrario, vuelve a dejarlo donde estaba. La papelera puede esperar.
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