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La comida. El cerebro adicto

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opinión) |40 alumnos|Fecha publicación: 03/08/2011
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Capítulo 10:

 Las endorfinas, la adicción y el placer

Las endorfinas, la adicción, y el placer

Hacen más de veinte años se descubrió que el núcleo accumbens, la parte del cerebro vinculada a las adicciones, produce endorfinas sustancias de actividades y efectos similares a los de la morfina en respuesta a la introducción en la sangre del alcohol, la cocaína, las anfetaminas y otras sustancias similares.

Estas endorfinas, producidas por este núcleo, desencadenan la reacción biológica que condiciona al cuerpo a anhelar el uso iterativo de esas sustancias.+

Los cambios bioquímicos que ocurren en el cerebro son responsables por las compulsiones observables en las víctimas del abuso de drogas, como es el sustrato de los trastornos cognitivos propios de las adicciones.

El rol de los neurotransmisores

Éstos son compuestos químicos naturales que existen, por todo el SNC y especialmente en el cerebro --- aunque abundan en otras regiones anatómicas. En sus funciones especializadas son responsables, como mensajeros, de casi todas de las actividades de este último órgano y del resto del sistema nervioso.

Las funciones más importantes que dependen de las actividades de los neurotransmisores son: la regulación de las emociones, la de las pulsiones instintivas y las de la motivación.

Los neurotransmisores, esencialmente, determinan nuestros estados de ánimo y controlan nuestros comportamientos involuntarios.

Las sustancias psicotrópicas, los estados de ansiedad, el estrés, ciertas comidas, y todo aquello que afecta o desequilibra nuestro balance emocional, tienen su impacto en las actividades de estos mensajeros químicos.                                     

Los agentes más importantes en sus acciones dentro de la respuesta adictiva son:

  • La dopamina

Esta sustancia se asocia con los sistemas de placer del cerebro, proveyendo sensaciones de goce que refuerzan la motivación de las personas a envolverse en ciertas actividades placenteras.

La dopamina es secretada por el núcleo accumbens y algunas regiones de la corteza pre-frontal, como resultado de experiencias naturales que son gratificantes, como son la comida, el sexo y, como también lo estimulan algunas drogas como la cocaína, la nicotina y las anfetaminas que actúan promoviendo el incremento del nivel de la dopamina en las áreas envueltas.

  • Las endorfinas

Son sustancias péptidas encontradas en el cerebro, el intestino y en la glándula pituitaria. Las endorfinas, como las encefalinas, se consideran opiatos endógenos. En su acción éstas pueden ligar los receptores de la morfina imitando los efectos analgésicos de la misma.

La descarga de las endorfinas se cree que aumenta cuando un atleta llega a su segundo estado de ‘high’ en el que logra su segundo aliento. Las endorfinas pueden ser responsables por los sentimientos de placer que se asocian con el ejercicio y, paradójicamente, con el hambre de las anoréxicas.  

  • GABA (ácido gamma amino butírico)

Este es un aminoácido que funciona como un neurotransmisor y cuyo papel en los mecanismos de las adicciones no está adecuadamente establecido. Se secreta por algunas neuronas en el cerebelo y la médula espinal, área en la que sus efectos son principalmente inhibitorios. GABA actúa como un relajante muscular y en algunas de las drogas ansiolíticas, como son las benzodiacepinas, se cree que sus acciones son mediadas por esta sustancia. En general, GABA reduce la ansiedad. Todavía se cuestiona si posee la habilidad de atravesar la barrera entre la sangre y el cerebro.

  • La serotonina (enteramina, 5-hydroxitriptamina)

Es una sustancia química derivada del aminoácido triptófano. Juega un papel esencial en un número de reacciones en el encéfalo y otros órganos. Las concentraciones cerebrales están afectadas por la dieta de una manera muy compleja, dependiendo en la habilidad del triptófano para atravesar la barrera que existe entre el órgano y la sangre.      

Generalmente, las dietas ricas en carbohidratos aumentan los niveles del triptófano, acelerando la producción de la serotonina. Asimismo, algunas dietas repletas  en proteínas las que abundan en tirosina, fenilalanina, leucina, isoleucina y valina compiten con la absorción del triptófano en el cerebro, reduciendo el nivel de la serotonina.

Cambios en los niveles de la serotonina pueden alterar las respuestas afectivas de la siguiente manera: Incrementos de serotonina poseen un efecto calmante, eliminan el estado depresivo, mejoran el insomnio y disminuyen la irritabilidad. Decrementos, se asocian con estados de desvelo y mayor sensibilidad al dolor.

{salto de capitulo}                                                                       Adicción drogas. Situación especial

La adicción a las drogas como situación especial

La adicción a las drogas ha sido un problema que nos ha preocupado, en una u otra forma, por miles de años. Pero es muy reciente que los científicos han podido comenzar a entender claramente una de las razones por qué existe y aún persiste:                                             

La razón que los científicos actualmente invocan para explicar las adicciones, es que las sustancias que las producen, causan cambios en las funciones cerebrales que son difíciles de revertir.

Esto significa que en el mundo existen muchos cerebros adictos, alterados por las drogas, como, en seguida, veremos.

En los Estados Unidos, solamente, podemos contar, casi 2 millones de adictos a la cocaína y a la heroína, quizás 15 millones de alcohólicos, y decenas de millones de fumadores de cigarrillos sin esperanza de soluciones tempranas. Porque aún no entendemos, con precisión o certidumbre, los mecanismos cerebrales de la adicción.

Nos preguntamos, ¿por qué el cerebro prefiere el opio a las comidas puras y simples?

La respuesta a esta cuestión no es tan simple, ya que involucra las actividades del núcleo accumbens, ese manojo de células nerviosas que está localizado debajo de los dos hemisferios cerebrales.

Veamos

Cuando un ser humano u otro animal ejecutan una acción que satisface una necesidad o sacia un deseo, el neurotransmisor, dopamina, se descarga dentro de este núcleo, produciendo una sensación de placer. Esta descarga actúa como señal de que la actividad que la desencadenó promueve la supervivencia y la reproducción, directa o indirectamente. El grupo celular que la produce se llama el sistema del placer. Cuando nosotros activamos este sistema, el cerebro hace un récord de la experiencia y almacena esta nueva memoria para procurarla de nuevo.

En la Naturaleza, las recompensas usualmente, nos llegan luego de mucho esfuerzo y con alguna dilación. Las drogas adictivas nos proporcionan un atajo para lograr el placer. Cada una de ellas, a su manera, desencadena los mecanismos biológicos que inundan el núcleo accumbens con dopamina. Esta acción no sirve los propósitos de reproducción o supervivencia, por ello la evolución no había programado para esta responder a esta imprevista inundación como tampoco lo había hecho para manejar las ‘jarturas’ que abarrotan el cuerpo con calorías que engordan.

En la persona que se vuelve adicta, el uso repetido de las drogas requiere una cesación del ‘ataque’ químico que estas sustancias representan. La capacidad natural de producir dopamina dentro del sistema de recompensa, se atenúa, mientras que el deseo persiste, la droga siendo la única manera de satisfacerlo. Para lograrlo los adictos requerirán constantemente dosis mayores de la substancia y medios de envío más rápidos para que éstas lleguen al cerebro.

Ellos desean más drogas, aún si, a veces, las mismas no proporcionan el placer que al principio proporcionaran.

Los cambios en los circuitos cerebrales del sistema de recompensa no pueden, por sí solos, explicar las razones por las que las adicciones persisten. Los adictos también pueden ser víctimas de condicionamiento en sus comportamientos. El uso de las drogas se asocia con circunstancias accesorias que pueden reactivar los reflejos dormidos. Personas, lugares, situaciones especiales, o la droga misma pueden actuar como detonadores de la recidiva.                                           

Es el primer trago el que te emborracha’ como dicen en AA.

Los estreses, tanto internos como internos, participan activamente en este mecanismo. Cuando tensiones se acumulan, el núcleo accumbens envía señales a la amígdala y al hipocampo cerebral, los que registran y consolidan memorias que evocan sentimientos poderosos. Los niveles de la hormona liberadora de la corticotropina (CRH), la sustancia cerebral que regula la actividad del sistema endocrino del estrés, a menudo se eleva en los adictos, inmediatamente antes del relapso, cuando la amígdala se vuelve más activa.

¿Por qué, entonces, no todos somos adictos?

La susceptibilidad a la adicción no nos afecta a todos de igual manera. Existen personas que son más vulnerables que otras. Lo que se cree que responda a algún factor hereditario. Estudios de gemelos tienden a soportar esta última especulación. 

Los individuos tienden a diferir entre sí en la capacidad de aplicar el uso del buen juicio para inhibir los impulsos, cuando esta respuesta resultaría ser la más conveniente como no pudo hacerlo Ricitos de Oro. Parece ser que en este respecto la actividad de los lóbulos prefrontales son factores de importancia.

Ronald K. Siegel en su substancial contribución al campo de las adicciones, en su libro Intoxication: Life in Pursuit of the Artificial Paradise, nos aconseja, el uso y la adicción a las drogas componen lo que él denomina la ‘cuarta pulsión’ que acompaña a las recompensas de la comida, la sed y el sexo.  Pulsión que existe tanto en las aves y los insectos, como en algunos vertebrados superiores.

Las investigaciones recientes nos iluminan con el conocimiento de que el cerebro de quienes caen víctimas de las adicciones cualesquiera que estas sean son víctimas de un serio problema que, afectando de manera profunda la fisiología de este órgano, representa algo más que una simple metáfora.

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