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Capýtulo 8:

 El proceso de los '98'

El proceso de los “98” se da con el fin de los Sistemas Bismarckianos y la indefinición de la paz armada, Gran Bretaña busca aliados para romper su tradicional aislamiento, EEUU comienza su expansión colonial en la zona del Canal de Panamá, son los años del despojo de China, y Francia intenta poner fin a su aislamiento diplomático. Es un momento de tanteo de alianzas.

El “98” portugués se da cuando a Portugal se le frustra la unión territorial de Angola y Mozambique, es la crisis del ultimátum o del “mapa de color de rosa”. Lisboa, desde 1885 a 1890, organiza expediciones e intenta ocupar el interior de Angola y Mozambique pero no dispone de recursos suficientes para hacer frente a una empresa opuesta a los intereses coloniales británicos en África. En 1887 se hace público un mapa del África meridional portuguesa en el que Angola y Mozambique aparecían unidos en tono rosa, de ahí que se hable del “mapa de color de rosa” que simbolizaba el deseo luso de lograr Zambia y Rhodesia del Sur. En 1886 Portugal había firmado tratados con Francia y Alemania que confirman sus sueños imperiales y durante 1888 y 1889 se proyecta la ocupación de las zonas en litigio y el mayor Serpa Pinto estudia el terreno, proyecta unir mediante ferrocarril el Lago Nyassa con la costa oriental. Gran Bretaña había rechazado el “mapa de color de rosa”, amenazando al Gobierno luso de posibles consecuencias. Las actividades de Serpa Pinto determinan las relaciones entre Londres y Lisboa y el 11 de enero de 1890, Londres envía un ultimátum al Ejecutivo portugués, exigiendo la retirada inmediata de las fuerzas lusas de la región de Chire (futura Rhodesia). Ante la amenaza de guerra, Portugal cede y evacua sus tropas, dimitiendo todo su Gobierno dos días después. El pueblo portugués se rebela contra Gran Bretaña pero también contra su Rey, al que acusan de débil. En  agosto de 1890 se acepta la regulación con Gran Bretaña de las fronteras africanas pero ello no consolida la posición internacional lusa, que a ojos británicos y alemanes era una “nación moribunda”. Así, en 1898 Londres y Berlín se ponen de acuerdo para repartirse los territorios lusos en África a través del Acuerdo Anglo-Alemán, desarrollado en tres documentos: un Convenio en el que los dos firmantes prevén su postura para el caso de que Portugal solicitara ayuda financiera a uno de los dos, y deciden prestarle el dinero que pida con la garantía de las rentas de Angola, Mozambique y Timor; un Convenio secreto en el que se prevé la ingobernabilidad de mantener la integridad de las colonias señaladas y se decide no permitir la intervención de una tercera potencia y respetar mutuamente las dos zonas cuyas rentas se han repartido; el tercero es una nota secreta en la que se asegura definitivamente la equivalencia entre las adquisiciones relativamente conseguidas. Este Acuerdo no llegó a aplicarse pero estuvo vigente hasta la Primera Guerra Mundial y fue compatible con la garantía formal que en 1899 Gran Bretaña prestó a Portugal por la que las colonias lusas formarían parte de la esfera de influencia económica británica en el momento en el que lusos y británicos firman el Tratado de Windsor de 1899, por el que el Gobierno de Londres se comprometía a defender y proteger todas las colonias pertenecientes a Portugal frente a sus enemigos presentes y futuros; a cambio, Lisboa ayudará a Gran Bretaña en la guerra anglo-boer.

Por otra parte, el imperialismo italiano está respaldado por Francesco Crispi, un entusiasta partidario de Bismarck y que intenta aplicar el modelo alemán a Italia sin darse cuenta de que no puede. Crispi creía que una política exterior activa era la mejor forma de descargar los problemas internos. Así, resucitó la retórica del Imperio romano y puso sus ojos en Túnez, donde choca con Francia. Sin embargo, para no chocar con ninguna otra potencia, fijó su objetivo en Abisinia. En 1882-1885, los italianos habían consolidado sus posesiones en territorio abisinio y en la costa del Mar Rojo sin penetrar hacia el interior todavía pero con la intención de hacerlo. En 1887 los italianos están seguros de sus asentamientos en Eritrea pero a partir de 1890, la posición del líder abisinio Negus Menelik ve reforzada su posición interna con las armas modernas procedentes de la Somalia francesa. Los italianos intentan que el Negus abisinio acepte un protectorado pero esas presiones robustecen aún más la autoridad del caudillo etíope en un país arrasado por guerras civiles. En 1894 el general Balaquieri invade el Tigre y proclama su anexión a Italia pero en diciembre de 1895 2.000 soldados italianos son masacrados y la situación empeora por momentos; en enero de 1896 el coronel Galiano capitula. Pese a las críticas, Crispi no retrocede. En Abisinia el general Balaquieri , que sólo puede reunir 25.000 hombres (una tercera parte de lo que reúnen los indígenas) y se mantiene detrás de la artillería. Crispi le presiona y le acaba destituyendo; sin embargo, como reacción, Balaquieri lanza una ofensiva desesperada para demostrar a su jefe de Gobierno sus capacidades militares. La aventura acaba en desastre: el 1 de marzo de 1896, Balaquieri se ve obligado a retirarse de Adoua y pasa al Patake; la jornada fue terrible para los italianos, que se ven rodeados por más de 100.000 hombres. Cerca de la mitad de los oficiales y una tercera parte de los soldados murieron, dos ayudantes del general fallecen, otro es hecho prisionero y la artillería italiana es capturada. Crispi presenta su dimisión. La situación se arreglará con el Tratado de Addis-Abeba de ese mismo año, en el que Italia renuncia a Abisinia a cambio del reconocimiento de las colonias italianas en Eritrea y Somalia.

El “98” francés se dio por el enfrentamiento con Gran Bretaña. Londres controla Egipto a través del Canal de Suez y a partir de 1882 se produce la ocupación británica del país del Nilo, estableciéndose un protectorado indirecto a al vez sobre Sudán en 1889, lo que provoca preocupación en Francia, que cree que las maniobras británicas pone en peligro la política gala, que no se había nunca resignado a perder Egipto; París ve entonces otras posibilidades: el jéribe egipcio intenta dar un golpe antibritánico en Egipto y por esas fechas, la alianza franco-rusa daba a París la confianza necesaria para tratar los asuntos del Canal y, en general, su posición en el Mediterráneo oriental. Así, a inicios de los años 90 París consideró que podía adoptar una posición más firme en Egipto, considerando que si se instalaba en el Alto Nilo, podía seguir disputando por Egipto. En 1893 Francia plantea la posibilidad de enviar un contingente de tropas especiales por la antigua ruta hacia el Lago Chad. La expedición pretende viajar por el interior de África y desde el Lago Chad hasta Etiopía, bordeando Egipto, para aliarse con Menelik y formar un gran ejército franco-etíope. Francia buscaba así presionar a Gran Bretaña para negociar el futuro de Egipto, pues París está convencido de que Londres no se quedará quieto si lleva a cabo con éxito esa maniobra. Hasta 1896 la diplomacia francesa llevó las riendas de la disputa con los británicos sobre el Nilo pero la derrota de los italianos modificó la política británica en la zona; así, el primer ministro lord Salisbury ordenó al Ejército anglo-egipcio al mando de Kitchener la invasión de Sudán. El fortalecimiento de Abisinia hacía preocupante una alianza franco-etíope para Gran Bretaña pues era el primer ejército africano que había derrotado a otro occidental. Sin embargo, los seguidores de El-Mahdi en Sudán (los derviches) podían aliarse con los etíopes y los franceses contra el Egipto británico. Así, la derrota italiana en Adoua disparó las alarmas en Londres, pues querían evitar a toda costa que Sudán cayese en manos no británicas. La invasión de Sudán lleva a París a poner en marcha su plan. En junio de 1896 un ejército francés dirigido por Marchand sale desde Brazzaville mientras otro, comandado por Lagarde, regresa a Addis Abeba para afianzar la alianza con Menelik y desde Abisinia llegar hasta Fashoda, donde esperaba coincidir con el otro cuerpo de ejército galo. El avance británico debía ser lento (tenía que vencer antes a los derviches) por lo que lord Salisbury ordena ir por el sur para adelantarse a los planes franceses, dispone que los militares británicos marchen de Uganda hacia el norte por el Nilo hasta llegar a Fashoda antes los galos. La lucha franco-británica por el Nilo pone en marcha cuatro invasiones a la vez de Sudán: los franceses avanzan desde el oeste y desde el este; los ingleses, desde el norte y desde el sur. Las cuatro expediciones coinciden en Fashoda. En enero de 1898 Londres envía a Kitchener para que conquiste Jartum. En septiembre de ese mismo año, el ejército anglo-egipcio derrotaba a los derviches de El-Mahdi y logra vía libre para llegar a Fashoda rápidamente. A finales de ese mes, Kitchener pretende llegar a dicha plaza, en la que los franceses llevaban ya tres semanas gracias a la expedición franco-abisinia. Así, cuando los británicos llegan a Fashoda se encuentran con un puesto donde ondea la bandera francesa, lo que provoca las protestas del general británico a Marchand. Ambos esperan órdenes de sus respectivos gobiernos: Francia sigue buscando una discusión con Gran Bretaña sobre Egipto, a lo que Londres no está dispuesto a discutir, pues Salisbury sólo ofrece negociar los límites entre Sudán y el Chad. El conflicto parece inevitable cuando una aislada Francia se tiene que retirar del Nilo no sin antes haber analizado las posibles consecuencias de un enfrentamiento bélico con Gran Bretaña. A finales de 1898 Francia renuncia a cualquier plan sobre Egipto, Marchand evacua Fashoda y en marzo de 1899 Londres y París firman un acuerdo en el que se fija la frontera entre Sudán y el África Occidental Francesa. Tras ello, las maltrechas relaciones franco-británicas se van recomponiendo; en marzo de ese año se abre un deshielo diplomático que culmina en 1904 cuando ambos países firman una Entente Cordial concediendo el protectorado francés sobre Marruecos a cambio de que Egipto siga en manos británicas.

En torno a 1904, casi toda África se encuentra repartida y sometida a Occidente, excepto algunas zonas limitadas que se irán incorporando a Europa más tarde. Sólo Etiopía y Liberia permanecen independientes hasta la Primera Guerra Mundial, y la única novedad es la ocupación italiana de Libia y la situación apenas cambiará.

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