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Capítulo 6:

 Conferencia de Berlín y el reparto colonial: el predominio imperialista europeo en África

En vísperas de la convocatoria de la Conferencia de Berlín, en la que se acuerdan las normas sobre el definitivo reparto colonial de África, a la situación ya existente desde años atrás, se unieron nuevos hechos y circunstancias que influyeron en el proceso que llevó a la celebración de la cumbre en la capital alemana. Por entonces, la distribución colonial no había completado aún la ocupación total del continente negro, y la acción se localizaba en torno a varios puntos y áreas concretas. Los más recientes condicionamientos que generan una mayor rivalidad entre los imperialismos europeos que podían provocar los enfrentamientos coloniales fueron: la confirmación de la presencia inglesa en Egipto con la ocupación militar (1882) y la penetración hacia el interior por el Nilo, además de la presión sobre los boers en África austral; la aparición del imperialismo de Leopoldo II sobre el Congo; la rivalidad suscitada con Francia, tanto por la apropiación de Túnez (1881) y su penetración desde Senegal hacia el este (1880) como en el norte del Congo (1880-82); la irrupción del imperialismo alemán con su establecimiento en Togo, Camerún, África Oriental Alemana y del Suroeste Alemán; el eco provocado en los colonialismos portugués e italiano sobre el territorio entre Angola y Mozambique el primero y en África oriental el segundo. Ante esta compleja situación internacional, se plantea la celebración de una Conferencia convocada por Bismarck para que tenga lugar en Berlín en noviembre de 1884.

En el conjunto del panorama geopolítico africano se plantean un par de cuestiones concretas que centran las rivalidades de los colonialismos europeos y que influyen en las actitudes y decisiones de la Conferencia. Por un lado, se trata de la cuestión de la soberanía territorial y de los países que podían tener derecho, en principio, a ocupar los territorios africanos interiores para su permanente establecimiento, dividiéndose los países en dos grupos de opinión: las potencias ya son colonias en las costas de África que reivindican su derecho y prioridad a penetrar en la zona interior, y las potencias que defienden que el derecho de ocupación procede de la ocupación territorial efectiva y del establecimiento firme sobre el territorio. Y en segundo lugar, se plantea la cuestión del “Imperio colonial continuo”, con la formación y posesión de grandes ejes coloniales que atraviesan el continente en sentido horizontal o vertical sin salir de la soberanía colonial de un mismo Estado europeo. Tres proyectos intentaban transformarse en realidad: Francia, con el eje oeste-este entre Senegal y Gabón por el Sáhara y Sudán hacia Somalia; Portugal en África del sur entre Angola y Mozambique; y Gran Bretaña, con el eje norte-sur entre El Cairo y El Cabo por África oriental, central y austral, siendo éste el que se impondrá tras los choques de la crisis del ultimátum de 1890 entre Inglaterra y Portugal, y el incidente de Fashoda (1898) entre Inglaterra y Francia, que se resolvieron con sendas victorias británicas.

La Conferenciade Berlín se desarrolló entre noviembre de 1884 y febrero de 1885 con el deseo de establecer, en un espíritu de entendimiento mutuo, las condiciones más favorables al desarrollo, por los países interesados en las cuestiones africanas, del comercio y navegación, la civilización y el bienestar material y moral africanos, así como para fijar las normas internacionales ante nuevas tomas de posesiones que completen el reparto colonial de África. Las naciones asistentes fueron: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Portugal, Rusia, Suecia y Turquía; no había ningún país africano. Bismarck aceptó la presidencia de la Conferencia, cuyo objetivo era promover la colonización de África, abriendo el interior del continente negro al comercio y definir como objetivos concretos de la reunión la libertad de comercio en el Congo, la libertad de navegación en los ríos Níger y Congo y acuerdo sobre las formalidades para una válida anexión de territorios en el futuro, y que no se entrometería en cuestiones de soberanía.

El primer gran obstáculo de la Conferencia fue la navegación en los ríos Congo y Níger. Gran Bretaña señaló que la situación de ambos ríos era distinta (Londres se oponía a cualquier control internacional sobre el bajo Níger al considerar que era de gobierno exclusivamente británico y donde Gran Bretaña desempeñaba las responsabilidades de administración). Entonces, una vez aclarado este concepto, los británicos se adhirieron a la petición de libre navegación de los ríos, incluido el Níger, pero bajo su soberanía. Bismarck apoya a Gran Bretaña en esta cuestión y Londres sale reforzado.

Sin embargo, el principal problema de la Conferencia se da con la cuestión del río Congo y su cuenca principal. Stanley, el explorador contratado por Leopoldo II de Bélgica, acude a la reunión como delegado de Estados Unidos y señaló los beneficios del libre comercio, pidiendo la creación de una zona de libre de comercio para toda África central y con salida en el Atlántico y el Índico. Londres rechaza esta propuesta argumentando que el Nilo se enmarca en esa zona y quiere evitar como sea que esa área de influencia llegue más allá de los Grandes Lagos. Francia y Portugal protestan porque precisamente la salida atlántica al Congo están  bajo sus dominios; así, sólo quedaba reconocer el Estado Libre del Congo, controlado por Leopoldo II. Alemania y EEUU eran los principales impulsores de esta medida, pero el apoyo británico era indispensable para desequilibrar la balanza; Bismarck, recordando a Londres su apoyo en la cuestión del Níger, le pide a los británicos que favorezcan la conversión de la Asociación Internacional del Congo en un Estado, y fue el momento más crítico de la Conferencia, porque un posible rechazo de Londres daría lugar a un conflicto territorial en el que Francia Portugal saldrían ganando, quedando abortada la posibilidad de establecer el libre comercio en África central; al final, Gran Bretaña cedió y aceptó la proposición de Berlín y Washington. Así, desde diciembre de 1884 la Asociación Internacional del Congo intentó atraerse a Francia y Portugal; tras difíciles negociaciones, París aceptó a cambio de lograr la demarcación de 5º 12´ Sur, que le daba algo de salida al mar, a cambio de que si el Estado Libre del Congo acababa fracasando, Francia lo ocuparía preferentemente. Portugal recibió un ultimátum por parte de franceses, británicos y alemanes y tuvo que ceder. El problema de la negociación territorial del Congo quedaba cerrado.

El Estado Libre del Congo lindaba con el Lago Tanganica y tenía acceso al Atlántico, y su siguiente paso era protegerlo mediante un acuerdo mutuo entre nacionales que garantizase su neutralidad. La misma daba a Francia y Portugal el argumento necesario para oponerse a ello, afirmando que esta neutralidad suponía la trasgresión de sus derechos de soberanía. Bismarck favoreció, en cambio, la neutralidad porque en tiempos de guerra, los buques de guerra alemanes serían vulnerables ante la Marina británica en África. Para los británicos, la neutralidad era útil si frenaba a Francia pero molesta si detenía los propios intereses de Londres en una posible guerra. Al final se acordó que el país que tuviera territorios en la cuenca del Congo tenía la facultad de proclamarse neutral en esa zona, y el resto lo respetaría.

El tercer gran problema de la Conferencia era la regulación del procedimiento para lograr territorios nuevos en África. El punto central estaba en la anexión o el protectorado. Para los británicos, la anexión era la directa asunción de la soberanía territorial mientras el protectorado, que reconocía el derecho de los autóctonos a su autogobierno y no llevaba implícitos los derechos territoriales de la potencia protectora pero controlaba las competencias de Defensa, Asuntos Exteriores, economía, educación, fronteras, seguridad interior y exterior, etc. Frente a esta diferenciación británica, Francia y Alemania afirmaron que protectorados y anexiones tienen aparejada una ocupación efectiva para garantizar que las nuevas adquisiciones fueran reales y no supuestas. Gran Bretaña rehusó adherirse al principio de que los protectorados llevaban eso implícito, lo que dio a entender que rechazaba implícitamente la ocupación efectiva para evitar ocupaciones de otros países. Al final Londres tuvo que aceptar el concepto de ocupación administrativa y judicial, pero Bismarck cambia de opinión y señala que sólo se requería la notificación de ocupaciones a lo largo de la costa para adquirir derechos de ocupación hacia el interior.

Tras todas las reuniones y sesiones de la Conferencia, los delegados asistentes a la misma elaboraron un Acta General que contenía declaraciones, acuerdos y principios, así como normas respecto a los más importantes asuntos planteados entre las potencias colonialistas reunidas en la capital alemana, agrupados en varios apartados: sobre liberta de comercio en la cuenca del Congo, sus desembocaduras y países circundantes, con disposiciones relativas a la protección de los indígenas, los misioneros y los viajeros, además de a la libertad religiosa; sobre la trata de esclavos y las operaciones que por tierra o por mar proporcionan esclavos para la trata; sobre la neutralidad de los territorios comprendidos en la cuenca convencional del Congo; un acta de navegación de Congo; un acta de navegación del Níger; sobre las condiciones esenciales requeridas para que sean consideradas efectivas las nuevas ocupaciones en las costas del continente negro, y que establecen en las relaciones internacionales reglas uniformes respecto a tales ocupaciones que, en adelante, puedan verificarse en África; y unas disposiciones generales.

La Conferencia concluyó con Francia y Gran Bretaña en muy diferentes situaciones: Bismarck engañó a Francia; Gran Bretaña logró controlar totalmente el Níger y el establecimiento del libre comercio en el centro de África y diferenciar entre protectorado y anexión. Leopoldo II logra el reconocimiento del Estado Libre del Congo. La Conferencia también logró el establecimiento de esa zona pero los acuerdos del Acta Final apenas se pusieron en práctica: la navegación en el Níger y en el Congo fue más bien controlada por las potencias que los poseían que por la Comunidad Internacional, pues la comisión que tenía que controlar esa circulación no se constituyó y el libre comercio evolucionó más bien hacia el monopolio.

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