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|1673 alumnos|Fecha publicación: 16/02/2009
Mentira y verdad en política. Se suele afirmar que "en política y amor todo es válido". Atendiéndose a tal refrán, muchos políticos no reparan en el uso de la mentira con el objeto de lograr que la gente los apoye para un determinado propósito. Esto es común observarlo en período de elecciones, ya sean nacionales o locales. Sin embargo, a todos estos políticos, sean los mentirosos intencionales o los mentirosos de buena fe, no se les presentan conflictos de conciencia cuando hacen uso de dichos recursos frente al pueblo; al contrario, lo valoran como señal de más habilidad o más astucia ante sus adversarios.
Un ejemplo inmediato entre nosotros es el Presidente Rafael
Leonardo Callejas, quien en la campaña electoral de 1989 ofreció
que durante su gobierno las masas populares comprarían más
artículos de primera necesidad porque los precios de los mismos
iban a estar al alcance de todos. Sin embargo, ya en el mando a
partir de 1990, lo primero que hizo fue aplicar la política
neoliberal de los organismos internacionales de financiamiento, con
lo que los precios de la canasta básica subieron hasta un
trescientos y cuatrocientos por ciento, impidiéndole así al pueblo
consumir esos productos de la misma forma que lo había hecho
antes.
El empleo del engaño sistemático para lograr posiciones de poder
constituye la demagogia, y quien recurre frecuentemente a tal
método es el demagogo. Esta palabra tienen origen griego: demos,
pueblo; y agéin, conducir. Así se le llamaba en la antigua Grecia,
sobre todo en los tiempos homéricos, a quien era capaz de encabezar
las masas en la realización de determinadas acciones importantes,
ya fueran políticas o militares.
Sin embargo, siglos después, durante el florecimiento de Atenas, la
palabra demagogia sirvió para designar la descomposición del
gobierno democrático. En los tiempos modernos la demagogia no
constituye una forma específica de gobierno, pero el papel del
demagogo continúa siendo el mismo como embaucador de las masas, el
cual puede brotar en cualquier sistema político, desarrollado o
subdesarrollado, democrático o dictatorial.
Responsabilidad del hombre político. El político no es
cualquier persona, y deviene obligatorio que él mismo se dé cuenta
de que no es cualquier persona. Desde el momento en que asume la
responsabilidad de ser un líder de masas -porque el verdadero
político es precisamente eso: un líder del pueblo- está
obligado a saber que echa sobre sus hombros una enorme
responsabilidad, la que no puede ni debe tomar a la ligera. Son
políticos de muy baja condición, aunque los mismos pretendan lo
contrario, aquéllos que toman la política como una actividad común
y corriente, sin consecuencias lamentables en el caso de los
errores o sin resultados magníficos en el caso de los aciertos. El
verdadero político sabe muy bien lo anterior y, por ello, además de
educar el espíritu reflexivo y el ánimo sereno, también busca
nutrir su inteligencia con los conocimientos indispensables a fin
de calificarse mejor en lo que hace.
La responsabilidad del hombre político no es pequeña. Así ha sido
antes y así continúa siendo hoy, pues las metas de la humanidad no
tienen un final definitivo en lo que atañe a las cuestiones
esenciales. En todo orden político y social, lo que importa es el
hombre, su bienestar y su desarrollo al máximo como ser superior.
Ninguna sociedad del mundo puede darse el lujo, impunemente, de
despreciar al hombre como su más alto valor.
Aquellas sociedades donde se comete esa falta, por inconsciencia o
por maldad de sus líderes políticos, lo pagan de manera cruel ante
el tribunal de la historia: se quedan atrás de otras sociedades y
terminan como esclavas o como mendigas. El camino, pues, para la
continua valoración del hombre como tal no es otro que facilitar el
acceso del mayor número de personas al mayor número de medios de
existencia, entre ellos, naturalmente, los políticos, es decir,
abrirte paso a la progresiva socialización de esos medios.
De lo anterior surge, precisamente, la más destacada
responsabilidad del hombre político: abrirle cauce, con su
pensamiento y sus acciones, a ese proceso natural de socialización
de la existencia humana y no entorpecerlo con la actitud estrecha
de los intereses personales o de grupo.
NOTA: Con este capítulo hemos llegado al final del
curso.
BIBLIOGRAFÍA
ARENDT, HANNAH. ¿Qué es política? Barcelona: Paidós, 1997.
ANDRADE SÁNCHEZ, EDUARDO. Introducción a la ciencia política.
México: Harla, 1983.
BECERRA, LONGINO. El poder político (Vol. I). Tegucigalpa: Baktún,
1994.
GARCÍA COTARELO, RAMÓN Y PANIAGUA, JUAN LUIS. Introducción a la
ciencia política (Comps.). 2ª reimp., Madrid: UNED, 1994.
SUAZO PINEDA, AIDALUCINDA. Principios de teoría del estado. 3a ed.,
Tegucigalpa: Guaymuras, 1999.
VALLÉS, JOSEP M. Ciencia política: Una introducción. 2ª ed.,
Barcelona: Ariel, 2002.
VERDÚ, PABLO LUCAS. Principios de ciencia política (Vol. I). 2ª
ed., Madrid: Tecnos, 1969.
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