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El cerebro como ecosistema

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opinión) |47 alumnos|Fecha publicación: 27/07/2011
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Capítulo 2:

 La depresión. Raíces evolucionarías

¿Cómo operan los ecosistemas?

Los ecosistemas operan a niveles macro y microscópicos. Estos corresponden, en el ce­rebro, a los trastornos de la plasticidad neural y sináptica que ya hemos mencionado en otras ponencias.

Hasta que se lograran los avances recientes en la imaginería cerebral y tecnología genética, teníamos una vaga idea del tráfico de los neurotransmisores, lo que dio paso a la ‘hipótesis de la monoamina’ para la explicación de los trastornos afectivos, como son la depresión y otros trastornos emocionales.

En la imagen de resonancia magnética funcional (fMRI) que, a continuación vemos, se puede apreciar como un trayecto en particular, entre dos áreas del encéfalo, está supuesto a operar cuando está equilibrado.

Cuando las cosas se trastornan, la flecha estrecha a mano derecha se amplía.

Demasiado tráfico en el lado derecho significa que la porción emocional del cerebro está dominando la interacción con la parte racional, lo que se considera actividad característica de los pacientes bipolares.

Una simplificación excesiva de la hipótesis de la monoamina resultó en la adopción del mito del ‘desequilibrio químico’ para la explicación de los trastornos emocionales.

Cuando las cosas se desorganizan en su ecosistema, las neuronas pueden sufrir daño en su estructura y aún pueden morir.

Como resultado, perdemos la habilidad de pensar y de funcionar.

Prosigamos

En la sección que adelante sigue, consideramos la depresión, desde dos puntos de vistas: el evolutivo, y dentro del modelo de la ‘hipótesis de la catecolaminas’.

La depresión y sus raíces evolucionarías y darvinistas

Parecería propio que consideremos esta condición desde la perspectiva de la evolución, ya que muchos creemos que Charles Robert Darwin fue víctima de esta dolencia en muchos de los achaques de que sufriera casi toda su vida.

La depresión, paradoja para el mecanismo de la selección natural

Como antes hemos expresado, en nuestra ponencia La Sonrisa de Dios, la depresión presenta una paradoja evolucionista.  

Las estadísticas en los EEUU y otros países estiman que entre un 30 y un 50 por ciento de todas las personas satisfacen los requerimientos nece­sarios en cualquier momento dado de sus vidas para ser diagnosticados como sufriendo de un episodio depresivo mayor.

Pero, como el cerebro juega un rol de tanta importancia en la promoción de la supervivencia y la reproducción, aparentemente, las presiones de la selección natural debiesen de haber hecho nuestros cerebros resistentes a un índice tan alto de suscepti­bilidad patológica.

Siguiendo este modelo, los trastornos emocionales debieran ser raros ¿Por qué, entonces, no lo sonespecialmente la depresión?

Esta paradoja pudiese ser resuelta si la depresión fuera un problema como el envejecimiento.

La vejez como proceso

El funcionamiento de todos los órganos, el cerebro incluido, tiende al deterioro fisiológico con la edad. Pero, la depresión puede tener su comienzo en la juventud o en la adolescencia cuando la vida comienza o cuando su aparición la hiciera más problemática, como cuando ocurre en el puerperio.

O quizás, la depresión puede concebirse como la obesidad. Un problema que sobre­viene porque nuestra situación actual es muy distinta a la que existiera cuando evolucionábamos.

Los síntomas de la depresión se han encontrado en toda cultura que ha sido estudiada cuidadosamente. Incluyendo los Aché del Paraguay y los !Kung del África. Sociedades donde se creen que la gente vive en las mismas condiciones que vivieran nuestros antepasados en tiempos muy remotos.

Asimismo existe otra posibilidad: Que, en la mayoría de los casos, la depresión no es una enfermedad, sino que, de hecho, constituye una adaptación como apareciera en un artículo controvertido en Archives of General Psychiatry.

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