Siempre escribo que las relaciones humanas son complejas. Nos enamoramos y perdemos el control de nosotros mismos y de nuestra realidad. Es un estado ideal pero definitivamente, debemos tener en claro que mientras el romance se extienda en el tiempo, debemos alimentarlo, fortalecerlo y llevarlo con total alegría. Sin dudas que sentir celos nos hace sentir miserables e inseguros. Algunas veces se convierte en una tortura interior o se exterioriza con violencia verbal o física. Titulares en periódicosde hechos macabros, siniestros y tristes han tenido su origen en los celos enfermizos. Pero me explayaré solamente para las personas con una conducta normal, sin patologías. Ese campo, es exclusivo para profesionales de la salud y con un conocimiento científico sólido.
Desde que nacemos, pertenecemos a un mundo inseguro. El ser humano tiene incertidumbres. La única certeza es la muerte. Pero... somos seres inteligentes ( más de una vez lo he afirmado ) y es posible superar cualquier obstáculo. Las incertidumbres nos alteran la conducta, nos llenan de preocupaciones y pensamientos negativos y nuestra esencia se va transformando. Estamos más irritables e intolerantes y en ese ámbito, desarrollamos los sentimientos más oscuros que, definitivamente, no nos permiten pensar con claridad. En esa oscuridad, los celos toman partido y nos invaden. Tenemos celos porque nuestro espíritu es cerrado y mezquino. Nuestra mente está limitada y ahora, somos observadores y jueces del otro. Recuerden que los celos han destrozado parejas! Sentimos celos porque somos intolerantes al mundo exterior.
No permitimos que el otro se exprese o simplemente mire con sus ojos. Acaso nosotros no hacemos lo mismo? Pero no lo expreso con aires de venganza, solamente para hacer una simple comparación. Sentir celos no nos libera. No nos hace mejores personas. No nos permite ser libres y transitar cualquier vía con tranquilidad. Siempre estamos sigilosos, esperando la reacción del otro ante cualquier estímulo para echar a perder unas vacaciones, un evento, un día de campo... Sentimos celos y nos sentimos frustrados por todo aquello que no poseemos o perdimos. Generalmente, celamos la imagen física de un ser de nuestro mismo género si el otro aprecia belleza. Celamos la juventud, las largas piernas, la delgadez, los senos falsos. Celamos el color de los ojos y el cabello largo. Celamos la actitud femenina y celamos todo aquello diferente a nosotros. También, en ese combo, los celos se extienden a las cosas materiales, a nuestras ropas, a nuestro hogar, a nuestros hijos y sigo con una lista interminable. Es momento de cambiar.
El cambio es a partir de reconocer esta debilidad y por sobre todas las cosas, fortalecerse. Nadie condena a la persona celosa. Solamente, es un intento de mejorar las relaciones humanas porque, en mi creencia, todo ser humano tiene derecho a ser feliz.
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