En 1862, el ortopédico ingles William John Little, describió 47 casos de niños que, como consecuencia de complicaciones durante el parto, presentaban un cuadro motor característico, al que llamó: `´rigidez espástica´´, estableciendo una relación estrecha entre las complicaciones del parto productoras de asfixia en el recién nacido y el cuadro motor.
Durante casi 100 años esta idea persistió en el pensamiento médico, y popularizó el concepto de que la Parálisis Cerebral era una encefalopatía estática determinada por complicaciones del parto, opinión que ha influido en la práctica de pediatras y determinado, por ejemplo que en muchas partes de los Estados Unidos nace uno de cada cuatro niños, producto de una cesárea, sin que este incremento de las cesáreas determine una reducción en el número de portadores de Parálisis Cerebral.
El desarrollo del pensamiento científico, las nuevas técnicas de diagnóstico como la Resonancia Magnética y La Tomografía Axial Computarizada, han permitido profundizar en el estudio de las alteraciones del sistema nervioso central y han dado lugar a nuevos enfoques clínicos que cuestionan el valor de la definición hecha por Little, que estaba en concordancia con su época pero no con la actual.
Algunos autores consideran incluso inapropiado el término Parálisis Cerebral Infantil, por considerar que se presta mucho a confusión lo que afecta los análisis estadísticos y dificulta su diagnóstico precoz, elemento que resulta fundamental para el inicio oportuno del tratamiento. Se propone en su lugar el uso de términos como `´ Daño Cerebral `´ o el de `´ Discapacidad del Desarrollo´´, pudiendo considerarse a la Parálisis Cerebral Infantil como una discapacidad del desarrollo caracterizada por un franco compromiso motor de etiología multifactorial, definiéndose el concepto más en base a sus consecuencias funcionales que en cuanto a su causa, que hoy se considera, en la gran mayoría de los casos, no precisada.
El término Parálisis Cerebral se emplea más que nada por su valor práctico, determinado por su uso a través de tantos años para agrupar a pacientes con características similares y definir aspectos relacionados con la asistencia social, el seguro médico o las ayudas económicas.
La incidencia de la parálisis cerebral se sitúa en torno a 2 por cada 1000 recién nacidos vivos, con poca variación entre los países industrializados. Aunque actualmente esta cifra a sufrido un ligero aumento debido a la mayor supervivencia de recién nacidos de muy bajo peso al nacimiento.
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