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La calidad en el trabajo

Autor: José Daniel Cortijo Martínez
Curso:
|1300 alumnos|Fecha publicaciýn: 15/12/2009
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Capýtulo 3:

 La importancia de la calidad y no de la cantidad

La mayoría de las personas piensan demasiado en la cantidad y muy poco en la calidad de su trabajo. Intentan hacer demasiado en vez de hacerlo bien. No se dan cuenta de que la educación, el bienestar, la satisfacción, la mejora general y el fortalecimiento del hombre que se derivan de hacer una cosa absolutamente bien, de poner la marca de fábrica de su carácter en ella, superan con mucho el valor que da el hacer un millar de tareas chapuceras.

Estamos hechos de una manera que la calidad que ponemos en nuestra vida laboral afecta a todo lo demás en nuestras vidas y tiende a poner toda nuestra conducta en el mismo nivel. Toda la persona por entero asume las características de la manera que uno tiene de hacer las cosas. El hábito de la precisión y la diligencia fortalece la mentalidad y mejora el carácter.

Por el contrario, hacer las cosas con descuido, chapuceramente, deteriora la mentalidad, desmoraliza los procesos mentales y destruye la totalidad de la vida.

Joan Maragall, el poeta, dijo:

“Esfuérzate en todo aquello que tengas que hacer. Como si de cada detalle que pienses, de cada palabra que digas, de cada pieza que pongas, de cada golpe de martillo que des, dependiera la salvación de la humanidad, porque en realidad depende”.

Todo trabajo hecho a medias o de una forma chapucera que sale de tus manos deja el rastro de la desmoralización. Después de hacer un trabajo deficiente, después de hacer un trabajo chapucero, tú no eres el mismo hombre o mujer de antes. Es menos probable que intentes mantener el nivel de tu trabajo, es menos probable que consideres tu palabra tan sagrada como antes.

El efecto mental y moral de hacer las cosas a medias o de hacerlas descuidadamente, su poder de degradarnos, de desmoralizarnos, apenas si se puede estimar porque los procesos son muy graduales y sutiles. Nadie que habitualmente realiza su trabajo de una forma chapucera puede respetarse a sí mismo y, cuando desaparece el amor propio, la confianza se va con él; y cuando la confianza y el amor propio han desaparecido, la excelencia es imposible.

Es asombroso cómo el hábito de la desidia puede apoderarse total y gradualmente de un individuo y cambiar toda su actitud mental hasta el punto de aplastar para siempre el objetivo de su vida, incluso cuando él cree que está haciendo lo mejor para conseguirlo.

Conozco a un individuo, con el que incluso trabajamos juntos, que era extremadamente ambicioso, que deseaba hacer algo destacable y además tenía la capacidad para hacerlo y en aquella época disponía de todos los ingredientes necesarios para triunfar. Cuando comenzó su carrera era muy minucioso y diligente. Se exigía lo mejor de sí mismo; no aceptaba hacer menos en nada. La sola idea de empobrecer la calidad de su trabajo le resultaba dolorosa, pero sus procesos mentales estaban tan deteriorados y se sentía tan desmoralizado por el hábito que adoptó al cabo de un tiempo de conformarse con menos, que ahora desmerece su trabajo sin protestar y aparentemente sin darse cuenta de ello. Hace cosas vulgares sin sentirse mortificado ni humillado y lo peor de todo es que no sabe por qué ha fracasado.

Hay jóvenes con grandes ideales y motivados, con ilusión, que pretenden ser alguien y, en cambio, entran a formar parte de una organización con patronos o gerentes, cuyos métodos son tan chapuceros y sin aprecio por la calidad, que acaban por contagiar a todos los que entran a formar parte de su plantilla.

La falta de calidad y la mediocridad afecta a toda una organización y se debe ser muy valiente y responsable para evitarla, sucede como en la cesta de las manzanas: una podrida, si no la eliminamos, acaba pudriendo el resto.

Hemos nacido para ser honrados, responsables, valientes y decididos… Entonces, ¿por qué nos desviamos? La honradez significa integridad; entereza, significa ser sincero en todo: en las obras y en las palabras. La honradez no es únicamente no robar el dinero o los bienes de otro. No debes robar el tiempo de otro; no debes robar sus bienes o estropear su propiedad al hacer tu trabajo a medias o de forma chapucera o al fabricar un artículo defectuoso por culpa de tu descuido o indiferencia. Tu contrato de trabajo significa que darás lo mejor de ti mismo.

Posiblemente el trabajo bien hecho y tu responsabilidad no sean valorados lo suficiente por los directivos de tu organización, pero si insistes en hacerlo siempre bien, no siempre pasa desapercibido y siempre queda el consuelo de que alguien sí está satisfecho de tu trabajo y no le pasa por alto y esa persona eres tú mismo. Es muy agradable sentir la propia satisfacción por el trabajo bien hecho. Esto no hay nadie en el mundo que te lo pueda quitar. ¿Estarías dispuesto a responder ante la justicia por un trabajo realizado por ti? Pues deberías estarlo y sin dudarlo; si eres capaz de aceptarlo, te garantizo una cosa: “El éxito lo tienes asegurado”.

Nunca te des por satisfecho con un “más o menos bueno” “bastante bueno” o “aceptable”. No aceptes nada que no sea lo mejor que puedas hacer. Pon tal calidad en tu trabajo que cualquiera que se encuentre con algo que hayas hecho vea carácter, individualidad, tu sello de superioridad impreso en él. Tu reputación está en juego en todo lo que haces, y tu reputación es tu capital. No se puede permitir hacer un mal trabajo, que un trabajo chapucero o de inferior calidad salga de tus manos. Todo lo que hagas, no importa lo poco importante o trivial que parezca, debe llevar el sello de la excelencia, porque incluso lo más pequeño lo debes hacer bello.

¿Por qué hay quien paga más por un trabajo bien hecho? Lo valoran, aprecian, disfrutan, se enorgullecen y son admirados tanto el fabricante como el usuario y me refiero, por ejemplo, a quien adquiere un coche Mercedes, un violín Stradivarius, un reloj Rolex, para los amantes del tiro olímpico una pistola Hammerli, una cámara fotográfica Nikon, etc. ¿Qué ha hecho famosos a dichos artículos? ¿Su nombre? ¿Su aspecto? Su precio no, precisamente. Los ha hecho famosos su calidad, su acabado, su servicio posventa y posiblemente otros detalles.

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