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La búsqueda de la felicidad

Autor: Osvaldo González Rojas
Curso:
9/10 (2 opiniones) |528 alumnos|Fecha publicaciýn: 01/12/2009
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Capýtulo 10:

 Segunda parte. Notas del autor de los primeros capítulos (2/2)

[5] Cierto es que la Ley puede estar de nuestro lado para castigar al ofensor, más siempre está la opción adicional de hacerle saber nuestro sentir (pudiera no estar consciente del daño que le atribuimos) e incluso la de enseñarle o recordarle lo que es el Bien, confiando en que, tras ello y en algún momento, espontáneamente, sean dadas las explicaciones, las rectificaciones y las reparaciones que podrían conducir a la restauración de la normalidad.

Un particular envenenamiento de la paz de nuestra mente causa el desear el mal o la desgracia de otros; más que comprobado está que tales deseos, en el silencio de nuestras mentes, no tienen efecto alguno sobre los demás pero sí uno muy negativo sobre nosotros mismos; por ellos desperdiciamos tiempo y energía mental y nos exponemos, también, a mayores frustraciones, si es que ocurren hechos diametralmente opuestos a los mal deseados y que no sólo no provocan la desgracia que esperamos, sino que, por el contrario, aumentan el nivel de felicidad de aquellos mal queridos. Después de una situación como la descrita, el odio, el rencor y la mala envidia pueden impregnar nuestro espíritu, impulsándonos, por sobre el consejo de nuestra razón, a mal actuar, exponiéndonos entonces a ser castigados por el afectado, por la comunidad a la que pertenecemos o por la sociedad toda, a través de las leyes que la rigen.

Es mi opinión que estudiar, aprender y enseñar, para adquirir y diseminar conocimiento en general y, en particular acerca del Bien, es una de las tareas más nobles e ineludibles que debe desarrollar todo ser humano, especialmente los más preparados para ello, con la ventaja que esa actividad redunda en beneficio de todos y del mismo que la practica.

Cuando tiene lugar una alteración de la paz interna, por las razones que dan origen al remordimiento, la extinción o atenuación de éste y de la posible angustia por el futuro, que a veces él conlleva, pasa por la justificación de nuestros actos y la aclaración de posibles malas interpretaciones de las mutuas actitudes, por el reconocimiento de los errores cometidos y por la solicitud de perdón por ellos. Si en dichas circunstancias el hablar fuese imposible o difícil (¡y puede serlo!) es muy efectivo optar por expresarse por escrito; escribir obliga a pensar muy bien lo que se dirá y quien lee, además de no poder interrumpir, siempre tiene la opción de releer, antes de replicar, si lo considera necesario.

Sólo tras la extinción del remordimiento, a través del olvido (¿existe tal cosa?) o del buen proceder, ya discutido, se podrá restablecer las condiciones para disfrutar de la opción de aproximarse a la felicidad.

[6] Poner en su debido lugar al futuro y a los hechos que en él pudieran ocurrir es básico para no dejarnos dominar por suposiciones que nada asegura se harán realidad; el futuro no existe sino hasta cuando llega y sólo un acabado conocimiento de las leyes naturales, humanas y sociales permitiría aproximarse a preverlo con cierta certeza.

Recuerde siempre que el futuro no existe sino hasta cuando llega y que no hay brujos capaces de preverlo con certeza más, si su mente lo imagina tan amenazador como para dar lugar al riesgo que la angustia y la ansiedad lo paralicen, prepárese y actúe para procurar convertirlo, tan pronto como le sea posible, en pasado. Si aún así no logra aliviar su tensión, consiga ayuda de otros, incluso médica, pues pudiera ser que su cerebro sólo necesite de algún compuesto químico para suplir lo que naturalmente no produce.

[7] Es indudable que la belleza física, reveladora de crípticos mensajes de origen genético relacionados con la juventud, la salud y la armonía general del cuerpo, así como la inteligencia, también de raíz genética, ayudan, a sus poseedores a descubrir y a seguir sus caminos vocacionales, sí saben aprovechar las oportunidades. En todo caso, con belleza física o no, sabemos que siempre deseamos aparecer lo mejor posible ante nuestros ojos y los ajenos pues, al conseguirlo, experimentamos placer.

[8] ¡Conócete a ti mismo!, sugirió, hace más de 2000 años, el Oráculo de Delfos a un atribulado consultante y ello sigue siendo válido para cualquiera, aún hoy ¡Haga usted lo mismo!, identifique honestamente sus propias emociones, potencialidades, limitaciones y preferencias y compréndalas. Prepárese, de acuerdo con ellas para el futuro; estudie y adquiera nuevas habilidades y perfeccione las ya existentes. Reconozca que el conocimiento disminuye la incertidumbre en su futuro, incrementando su seguridad y confianza en aquellos aspectos en los que usted se percibe frágil y destacándolo en los que posee talento. ¡Multiplique sus talentos!.

Conocerse a si mismo crea nuevas responsabilidades: vivir de acuerdo con esa realidad. Engañar a otros puede, en ciertas ocasiones, ser necesario y hasta inteligente, aunque sea considerado como muy poco ético y reprobable por la sociedad; engañarse a sí mismo es, casi siempre, estúpido, aspecto que percibe incluso quien lo hace. Al que se conoce a sí mismo se le hace naturalmente menos fácil vivir ausente de una realidad que pudiera ser evidente hasta para los demás. Conocerse a sí mismo impulsa a vivir más honestamente consigo mismo y con los que le rodean, más seguro que los otros no tendrán truco que descubrir, siendo obvio que ello conduce a vivir menos inquieto y más en paz consigo mismo; en suma, ¡más feliz!.

¿Confiaría usted en alguien cuyos pensamientos no conoce o en alguien que hace lo contrario de lo que dice pensar?. ¿Qué opinión tiene usted de una persona semejante?. Dé a conocer su pensamiento, respetuosa y justificadamente y asegúrese que su actuar sea coherente con él. Ello le garantizará no sólo el aprecio y confianza de los demás, sino que también el suyo propio.

Reconozca, también, que el conocimiento le permite tomar y mantener el control en su vida pero le exige esfuerzo para conseguirlo. Sepa que el esfuerzo le será más grato si lo realiza para dar curso a su vocación.

Liberté!, liberté! c´est le crie... reza la letra de la Marseilleise que, en 1789 fue el canto de batalla de los revolucionarios antimonárquicos de Francia. Se siente libre quien cree poseer el control de su vida; poseer las libertades para expresarse, para desplazarse, para creer y pensar, es esencial, entonces, para experimentar felicidad. Darle a otros la posibilidad de adquirirlas y mantenerlas, reflejará sobre usted las consecuencias de la felicidad ajena.

Practique la prudencia; calcule bien los riesgos de sus acciones (recuerde que el conocimiento le ayudará en ello). No se exponga inútilmente a peligros. En particular, no se endeude más allá de lo que con seguridad puede solventar y viva de acuerdo con sus reales posibilidades (tenga presente que una de las grandes tribulaciones en la vida moderna y origen de muchas tensiones, es de origen económico). Practique la prudencia pero no exagere; tomar una cierta dosis de riesgos es necesario para no permanecer inmóvil.

Estudie las éticas o morales propuestas por las distintas religiones o corrientes filosóficas; medítelas y adopte alguna, o incorpore a su conciencia aquellos elementos que su razón y sentimientos le indican como más aproximadamente correctos. Actúe coherentemente con ellas y siempre de acuerdo a la Ley, incluso si cree que esta debiera ser modificada. Reflexione sobre lo que es el Bien, e integre ese concepto a su conciencia, procurando que su luz guíe sus actos
[8].

¿Quiere usted establecer una diferencia adicional, conectada con el tema, entre el comportamiento animal y humano?. Bien, dado que su respuesta ha sido "sí, quiero", piense en lo siguiente:

Los animales, como regla general, se limitan a huir de la infelicidad; los seres humanos, si bien tienen la misma tendencia básica, poseen la clara opción y capacidad para buscarla.

[9] ¿Recuerda que la necesidad mayor es la que determina el sentido de lo actos de todo ser?; ¿recuerda los efectos de máscara y de saturación que afectan a la percepción de las necesidades?; ¿tiene presente la finalidad de nuestra búsqueda?. Bien, comprenderá usted, fácilmente entonces, el propósito y justificación de lo que se propondrá a continuación; lo haremos en forma de una lista de sugerencias; sólo asegúrese, si intenta llevarlas a cabo, sin perjudicar, conscientemente, a otros seres. No crea que dar curso a todo esto es siempre es fácil y, sobre todo, ¡no piense que es fácil para mí!; siempre decimos que el Hombre es un ser racional, pero de verdad que no lo es tanto; aún estamos muy dominados por la genética, la química, los sentimientos y las emociones y, así, sólo debemos conformarnos con buenas o aceptables aproximaciones a los comportamientos ideales. La importancia de conocerlos bien radica en que, cual limpios espejos, reflejarán con nitidez nuestros comportamientos reales y se hará patente la diferencia con los anteriores; así, cuando las cosas no salgan como pretendíamos, sabremos la razón y en nuestras manos quedará la corrección. Veamos pues:

Comience por satisfacer adecuadamente sus necesidades básicas. Lo que sigue pudiera haber sido tomado de un manual de higiene, tal como los que recuerdo se usaban en mi educación primaria (como se ve, poco de esto ha cambiado en tan largo tiempo...) Asegúrese una alimentación sana y suficiente y proteja su salud, evitando los riesgos conocidos para ella y para la seguridad de su cuerpo y mente. Realice una actividad física regular y, ojalá, de tipo natural. Evite el consumo de tabaco, de alcohol y de otros tóxicos. Prepárese para el futuro; estudie y perfeccione sus habilidades; procure realizar un trabajo acorde con su vocación e intereses, o busque, adicionalmente, una actividad de servicio a los demás, que compense su necesidad de sentirse útil a través de sus mejores capacidades. Descanse y duerma lo suficiente, en una habitación aireada y limpia.

"¡Carpe diem!", ¡aproveche cada uno de sus días!, de tal forma que se acumulen los recuerdos placenteros que incrementen la estima en la vida y en sus propias capacidades para gozarla. Si es usted muy joven, puede que no se haya dado cuenta que la vida, aunque dure 90 años, es demasiado breve y por ello hay que estrujarla, positivamente....

Si se enamora, entréguese pero trate de no perder totalmente el control. No olvide que se sufre mucho por amor porque en él, el control remoto lo tienen dos, o tres... y así, en el amor erótico todo depende al menos de dos y nada es exactamente como se sueña. En él se pisa el terreno pantanoso de los sentimientos y de la misteriosa química de los cuerpos, sobre los cuales no tiene mucho control la razón. En todo caso, sufrir por ese amor resulta, paradójicamente, gratificante y algunos opinan que ello les sirve para sentirse vivos. En el ser humano, el "pienso, luego existo" se complementa bastante bien con el "siento, luego existo"

A propósito, disfrute al máximo de los sentidos. ¡Hágalo cada día!, no espere a que la edad atenúe sus sensibilidades; busque y disfrute del mundo visual, auditivo, aromático, táctil y gustativo que lo rodea. Escuche buena música, acaricie, paladee, viaje, descubra lugares, aromas, gentes, animales, flores, plantas y paisajes.

Aprenda a gozar de aquello que es gratis y saludable, por ejemplo, de caminatas al aire libre, en medio de la naturaleza o de un parque, donde pueda saturar sus sentidos de imágenes, de aromas y sonidos; donde pueda disfrutar de la caricia del sol y del viento sobre su piel, donde pueda escuchar el canto de los pajarillos y la música de las hojas, y donde se darán, además, las condiciones para que su mente, liberada de las tensiones que sufre en la ciudad, encuentre la oportunidad de comunicarse consigo misma, para buscar y encontrar, con altas probabilidades de éxito, la mejor solución para los problemas que lo inquietan y el sentido que necesita para dirigir su vida.

Simplifique su vida. No la sobrecargue con demasiadas obligaciones, compromisos, trabajo o actividades de cualquier tipo pues, de ese modo, se convertirá en una máquina de tratar de resolver problemas ajenos y no podrá ni siquiera ocuparse de los directamente suyos, o los de su familia; resístase también a que otros se lo impongan; hágales saber como se siente y apele a su comprensión. Caer bajo los efectos del estrés es muy fácil pero también muy dañino para su salud, su eficiencia y su productividad. Recuerde que quien mucho abarca, poco aprieta. Limite la posesión de bienes materiales a lo esencial y realmente necesario (fundamentalmente, aquello que le permitirá ahorrar tiempo, esfuerzo y dinero) buscando siempre la mejor relación costo/beneficio; con ello se evitará muchas de las preocupaciones que su financiamiento, seguridad y mantenimiento ocasionan. ¡Huya pues del consumismo por el consumismo!.

Tenga intereses variados. En la medida que desarrolla una muy grande necesidad por un solo tema y que la extinción de ella domina su vida, se vuelve demasiado vulnerable a los cambios repentinos que pudieran trastornarla y se olvida de las muchas otras que la realidad ofrece, limitando, en cantidad e intensidad, los múltiples placeres que de ellas se derivan.

Busque su punto de equilibrio. Decida cuanto de novedad resiste su mente; la rutina otorga seguridad y paz, pero la felicidad así obtenida está bien para los viejos o los muertos. Si puede, ¡huya de la rutina!; la rutina es la madre del aburrimiento y gracias a ella siente usted que su tiempo, tan escaso y limitado, debiera transcurrir más rápido (¡qué contrasentido más grande!). Convierta la satisfacción de las necesidades básicas en un diario y variado placer; comience con su desayuno, cambie con frecuencia su composición, algunos días beba té, otros café, chocolate o leche sola; si bebe té o café sólo una vez al día, le parecerá más sabroso y aromático que si lo consume repetidamente, cómo hábito; valdrá, entonces, la pena de darse el lujo de pagar por lo mejor que pueda conseguir (¡no ahorre en pequeñeces!) y tómese, por supuesto, el tiempo para saborearlo. Procure convertir el acto diario de alimentarse en un placer, lo mismo que con todos los demás.

Exacerbe las necesidades que sabe podrá satisfacer con cierta seguridad. Increméntelas en magnitud y satisfágalas sólo cuando hayan alcanzado un nivel muy alto; el placer extraído, entonces, será máximo. Posponga o alargue la satisfacción de sus necesidades. En la práctica sexual, más que demostrada está la eficacia de las lecturas, imágenes y películas eróticas; no se prive de ellas.

Busque desarrollar buenas amistades, afectos y amores, y cuídelos. Exprese hoy y cada día sus sentimientos a los que ama, especialmente a su familia; use gestos, palabras y pensamientos. No olvide que el minuto final de su vida y de la de los demás, no se conoce y que, aunque no placentera, la nostalgia por aquellos que no volverán, es infinitamente mejor que los remordimientos.

¡Sea responsable!. En el estudio, en su trabajo o en cualquier otro compromiso contraído, cumpla con las obligaciones que impone el sistema y que aceptó al ingresar a él; de no hacerlo así, sus profesores, sus jefes o patrones y, lo peor, su propia conciencia, se lo recordarán. ¡Extienda la responsabilidad a todos sus actos!.

¡Prémiese!. De tanto en tanto y para compensarse por malos ratos o un trabajo duro o desagradable, prémiese y disfrute con algo que le cause particular placer; regálese una buena comida, unas vacaciones o alguna cosa que mucho desee, pero contrólese.

De tanto en tanto, también, ponga orden en su casa; y con esto no me refiero sólo a aquella en la que usted habita (que bien hace, para el espíritu, vivir en un entorno pulcro y armonioso) sino más bien en aquella que lleva sobre sus hombros, es decir, su mente. De tanto en tanto deténgase y dese el tiempo necesario para conversar con usted mismo acerca de su vida, de sus problemas y de las posibles soluciones. Para algunos el método preferido será mediante la oración y para otros, a través de la meditación; para algunos el lugar ideal podría ser un templo y para otros la soledad y calma de un bosque, o de lo alto de una montaña. Sea como sea, comuníquese con usted mismo, tan frecuente como pueda, combinándolo, quizás, con un agradable paseo.

Reconozca que, normalmente, sólo el hecho de vivir, debiera ser motivo suficiente para otorgarnos felicidad.

Y, ahora que hemos recordado, con esta incompleta lista, lo que es bueno para nosotros, porque incrementa nuestras probabilidades de aproximarnos a la felicidad o, al menos, alejarnos de la infelicidad, practiquemos la empatía y pensemos en que todo esto es también lo que haría bien a otros; ¡pongámonos en sus zapatos! y reflexionemos en cómo les facilitamos las cosas a ellos, ¿les damos la oportunidad de ser felices o, al contrario, por tratar de conseguir la nuestra los limitamos y frustramos seriamente?. Tengamos siempre presente ese buen consejo, que de ser seguido por todos, nos aproximaría muchísimo y más fácilmente al objetivo que buscamos "amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos" agregando, para complementarlo con aquello que duramente hemos aprendido hacia el final del segundo milenio: "y también al planeta que nos cobija y a los seres vivos que en él nos acompañan".

¿Qué todo lo anterior le parece demasiado ideal?... Puede ser, pero vuelvo a insistir en que los ideales, salidos de las ideas, son imprescindibles para perfeccionar el resultado de los actos reales; la idea, no sólo es la antorcha que enciende las almas, los astros y la fe, como se canta en el himno de la Universidad de Concepción, sino que también la que ilumina los caminos deseables y correctos; siéntase libre de seguir cualquiera, pero cuando llegue a un punto en el cual las cosas se le pongan difíciles, espero que estas líneas ayuden a tener más herramientas para saber el por qué sucede lo que sucede.

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