12.170 cursos gratis
8.760.288 alumnos
Facebook Twitter YouTube
Busca cursos gratis:

La búsqueda de la felicidad

Autor: Osvaldo González Rojas
Curso:
9/10 (2 opiniones) |528 alumnos|Fecha publicaciýn: 01/12/2009
Envýa un mensaje al autor

Capýtulo 9:

 Segunda parte. Notas del autor de los primeros capítulos (1/2)

Se recomienda leer estas líneas, que el autor invita a complementar según vuestra propia experiencia, después de una primera lectura del texto principal, el cual ha sido presentado en las páginas opuestas o anteriores.

[1] Demasiado optimista sería creer que la conducta de un ser humano puede ser cambiada mediante la simple lectura de un texto, por muy convincente y racional que éste parezca (eso ni siquiera es muy fácil para el mismo que lo ha escrito); sabido es por todos, que la experiencia individual parece valer más que mil consejos (ello nos pone muy cerca de los demás miembros del Reino Animal) y así han cobrado validez los refranes "echando a perder se aprende" y "la experiencia es la madre de las ciencias". Lo anterior explica que todos debamos tropezar al menos dos veces con la misma piedra y explica, también, la natural tozudez de los jóvenes, quienes aparentan despreciar los consejos de los mayores hasta que ellos hayan sido confirmados por sus propias vivencias. La experiencia propia es valiosa pero no por ello son menos válidas las teorías y consejos que la acumulación y transmisión de conocimiento han hecho llegar hasta nosotros; al respecto, Leonardo da Vinci resumió, admirablemente bien, la importancia que le asignaba a las teorías, a esas herencias del pasado de quienes nos precedieron en la aventura de transitar por este mundo y de ejercer el privilegio de pensar:

"El que actúa sin la adecuada ciencia, es como un barco sin timón ni brújula, nunca sabe que rumbo seguirá, ni tampoco a que puerto llegará".

Sí, es cierto, demasiado optimista sería pensar que este escrito pudiera cambiar, como por arte de magia, los comportamientos humanos pero quizás no tan utópico es desear que él sirva de referencia, a los lectores, para comparar sus experiencias propias con una adecuada teoría que, mostrando racionalmente un camino que se argumenta áspero pero razonablemente correcto, les facilite el ajuste gradual del rumbo que todos ellos intentan seguir.

[2] Sabemos que, en una sociedad civilizada, se pretende garantizar que todos los ciudadanos puedan satisfacer estas necesidades a través de los mecanismos que el Estado administra para ello pero, conocido es también que, en el fondo, gran parte de la responsabilidad de lograrlo está en las mismas manos de los propios interesados.

[3] Teniendo en cuenta lo expuesto y pensando en lo desagradable de los sufrimientos y de las necesidades, podríamos tender a creer, entonces, que tales estados son completamente indeseables, pero eso no es así y, más aún, un poco de reflexión al respecto nos mostraría que son absolutamente fundamentales para advertirnos de los peligros que amenazan a nuestra existencia y de los daños y agresiones que sufre nuestro cuerpo; son esenciales también para experimentar el placer (que es la sensación que se recibe tras la extinción de ellos) e indispensables, entonces, para poder vivir la tan deseada felicidad, pues son ellos los que desencadenan el deseo y la obligación de actuar que posibilita su misma y subsecuente extinción; así, siendo los dolores, sufrimientos y necesidades quienes desencadenan todas las acciones, automáticas o voluntarias que realizan los seres vivos y siendo esas la base del hacer y el hacer la base de la evolución de la materia, bien se comprende, entonces, que las necesidades y los sufrimientos son los motores que impulsan a esta última. Sin ellos, no se produciría ni se buscaría los bienes (ojo aquí, recuerde que no todos los bienes son cosas). Sin ellos tampoco tendrían la opción de ser, ni el placer causado por su extinción tras la acción adecuada, ni la paz que sobreviene después; sin ellos, la felicidad adquiriría un nivel de monotonía tal, que sólo los muertos podrían soportar. Es claro, entonces, que los estados de necesidad y dolor son esenciales a la vida pero es clara también la gran importancia que tiene su adecuado manejo y control, para que evitar que alcancen un nivel excesivo, más allá del que se puede soportar sin sucumbir bajo su peso.

Todo lo que ha hecho, todo lo que hace y hará el ser humano, fue, es y será impulsado por las necesidades y sufrimientos. La Historia del Hombre es la relación de las acciones realizadas y de las consecuencias de ello derivadas, para extinguir los dolores, las necesidades y los sufrimientos que lo han afectado.

Sucede, en muchos casos, que nos exponemos, conscientemente, a experimentar determinadas privaciones y dolores, buscando con ello, conscientemente también, exacerbarlos; tal cosa ocurre en muchos aspectos de nuestra vida: en el intelectual, en el sexual, el amoroso y en muchos otros de todos los días. Reflexione y se dará cuenta que ello se hace porque la mente cree, o está segura, que se tiene, o que se tendrá, la capacidad de suprimirlos a voluntad, con lo cual, primero, se espera obtener placer y luego, tras él, ese ansiado y transitorio estado de espíritu que tanto se anhela.

[4] Sin pretender invadir un campo tan completa y científicamente estudiado por las ciencias médicas, como es el de las drogas, de sus efectos y de los problemas que su uso conlleva, deseo aportar mi propia interpretación de las razones que imoulsan a su consumo y de algunos de sus efectos sobre la mente.

Las drogas alteran gravemente el delicado equilibrio químico que procura mantener el cerebro y por ello sus efectos indeseables son, con frecuencia, mucho más numerosos que aquellos deseados y buscados por quienes las usan. Aquí sólo me referiré a dos efectos deseables, que tienen directa relación con el tema que nos ocupa:

* el aumento de la sensibilidad a los estímulos, el cual produce niveles más profundos de extinción de las necesidades y, por lo tanto, un incremento del placer que ello provoca.
* la disminución de la sensibilidad a las necesidades-sufrimientos de la mente y del cuerpo, lo cual ocasiona una sensación generalizada de placer y de bienestar, mientras se mantiene la acción de la droga.

El primero es característico en drogas como la marihuana, el LSD y el Ëxtasis, mientras que el segundo prima en el caso de la cocaína, de la morfina y de la heroína.

Sobre las personas "normales", es decir sobre aquellas que no padecen de conflictos ni sufrimientos internos de consideración, el efecto de las drogas acentuantes de la sensibilidad es positivo, sí es que así puede decirse, y grato también, pues se incrementa en ellos el disfrute de los placeres físicos o sensoriales; son, por esta razón, muy apreciadas como preparación previa a las relaciones sexuales y a diversas facetas de la creación artística. Lamentablemente, como también incrementan la sensibilidad a las necesidades, frustraciones y angustias internas, quienes ya las tienen en alto nivel, sufren crisis por la sobre percepción de ellas, situación que produce manifestaciones altamente indeseables y reveladoras de este tipo de acción (se tiene "un mal vuelo", según la jerga usual...). Posteriormente, cuando el efecto cesa, se constata una reducción general de la sensibilidad de la persona y ella tiende a la depresión y a la "ausencia", al no extraer, de los estímulos normales, el mismo placer y sensación de felicidad que antes de la acción de la droga; tal es uno de los síntomas más frecuentes del síndrome de abstención típico en estos casos.

Por su parte, las drogas que anulan transitoriamente la percepción o la significación que tienen los sufrimientos de la mente, al igual como hacen con los dolores y necesidades en el ámbito físico-sensorial, producen una sensación generalizada de placer y bienestar, la cual permite experimentar felicidad, o más bien creer que se la tiene, aún en medio de grandes tribulaciones. El síndrome de abstención, provocado por una disminución acentuada de las substancias químicas internamente generadas para proteger a la mente y al cuerpo del exceso de sufrimiento y dolor en condiciones normales (a ellas pertenecen las endorfinas) produce, entre otros síntomas, un aumento de la sensibilidad a estos, de forma que aún los padecimientos normales parecen insoportablemente exagerados y grande es la penuria, para aquel que ha llegado a ser adicto y es expuesto a la abstinencia forzada.

Conocido por todos es lo difícil que es escapar de la necesidad de usar estas substancias, luego que ellas han perturbado, casi permanentemente, el equilibrio químico del cerebro.

En la ciencia médica se menciona a veces la acción de las drogas sobre el llamado "centro del placer del cerebro" pero, dado que el placer como tal no es sino la sensación que produce la desaparición de una necesidad o dolor (algo así como el hueco que deja el retiro de materia en un cuerpo) me parece más razonable reflexionar en la forma expuesta, que nos lleva a pensar que más que la actuación sobre un hipotético centro del placer, se trataría de una acción sobre un centro de control del dolor. Invito a los especialistas a considerar este punto de vista como alternativa válida para interpretar lo expuesto.

Nuestras novedades en tu e-mail

Escribe tu e-mail:



MailxMail tratarý tus datos para realizar acciones promocionales (výa email y/o telýfono).
En la polýtica de privacidad conocerýs tu derechos y gestionarýs la baja.

Cursos similares a La búsqueda de la felicidad



  • Výdeo
  • Alumnos
  • Valoraciýn
  • Cursos
1. Matrimonio. Consejos para la felicidad
Matrimonio . Consejos para la felicidad , recuerda algunas de las... [02/10/09]
1.888  
2. Tristeza y felicidad. Diferentes personalidades
En esta lección que te presentamos el día de hoy, veremos las aplicaciones... [17/08/11]
139  
3. Autoayuda. Crear tu propia realidad y felicidad
Se feliz, crea tu propia realidad. Curso dedicado al éxito, salud, bienestar,... [22/07/09]
2.492  

ýQuý es mailxmail.com?|ISSN: 1699-4914|Ayuda
Publicidad|Condiciones legales de mailxmail