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La búsqueda de Dios. Religión

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opinión) |46 alumnos|Fecha publicación: 02/08/2011
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Capítulo 3:

 Dios. El infinito

Existen muchos ejemplos de esta resonancia en la vida cotidiana. Un camión pesado pasando frente a un edificio puede hacer vibrar los vidrios de las ventanas si la frecuencia de las ondas sonoras igualan, o resuenan, con uno de los modos naturales de vibración de los mismos. De modo similar, cantantes de ópera pueden hacer añicos cristales de copas, entonando una nota con la frecuencia precisa. En otras palabras, que un efecto, que ordinariamente, puede ser muy débil, puede ser magnificado enormemente si éste ocurre resonantemente.

Ahora bien, el hecho es que los núcleos atómicos, asimismo poseen notas características o modos de vibración particulares, llamados ‘niveles de energía’, facilitando reacciones nucleares. Hoy le destacó que el proceso de las tres alfas pudo haber producido cantidades suficientes de carbón sólo si el núcleo del carbón12 posee un nivel de energía precisamente de la intensidad requerida. Si este nivel de energía del carbón12 hubiera sido ligeramente mayor o menor, el proceso de las tres alfas hubiese estado fuera de sincronía.

Sin carbón y otros elementos más pesados, la vida nunca hubiese podido ocurrir.

Aquí, ya se aprecia con facilidad, que la producción de los elementos necesarios para la vida, es asunto de balance muy precario.

Se pueden distinguir coincidencias antrópicas no sólo en los procesos nucleares que dieran origen a los elementos, pero asimismo en muchos aspectos de las leyes físicas.

Para proporcionar una idea mejor de lo que tratamos de sobresaltar, veremos algunos ejemplos más, pero sin entrar en mayor detalle.

La fuerza nuclear fuerte es una de cuatro potencias básicas conocidas, que existen en la Naturaleza. Las otras se llaman: interacción débil, gravedad, y electromagnetismo. En la fenomenología de nuestra vida cotidiana, el electromagnetismo mantiene un papel dominante aunque no obvio. Por ejemplo, la materia se acopla por medio de la atracción eléctrica y magnética de átomos, y la luz consiste de ondas electromagnéticas. Por contraste, la fuerza nuclear fuerte no posee un rol directo en efectos que podemos advertir. La razón siendo que su influencia solo se extiende al dominio de las distancias subatómicas. Sin embargo, la fuerza electromagnética es intrínsecamente mucho más débil que la fuerza nuclear fuerte. De hecho, cien veces más débil. Lo que resulta siendo muy afortunado. Porque, si la fuerza electromagnética no hubiese sido inherentemente más débil que la fuerza nuclear fuerte, la energía eléctrica contenida en un núcleo de hidrógeno hubiese sido tan enorme como para rendirla inestable. La interacción débil hubiese, en esas circunstancias, hecho que todo el hidrógeno en el mundo hubiese decaído radioactivamente, con una media vida muy corta comparada con otras partículas. El mundo se hubiera quedado falto de hidrógeno, y por ello, carente de vida. Porque el agua, que es indispensable para la vida, contiene hidrógeno, como es el caso en casi todas de las moléculas orgánicas. Entonces, ahora podemos comenzar a apreciar, que la vida depende de un balance delicado entre varias fuerzas fundamentales de la Naturaleza, y, especialmente, de la debilidad relativa de los efectos electromagnéticos.

Otro hecho afortunado tiene que ver con la planicie del espacio. Einstein nos dijo que el espacio no es plano sino curvo. Debido a esa curvatura, los cuerpos se atraen los unos a los otros por medio de la fuerza de la gravedad. Empero, parece que ese espacio de nuestro universo, si se observa desde distancias enormes, es en promedio, sorprendentemente plano. La llamada curvatura espacial es muy pequeña. Como corolario, inmediatamente después del Big Bang, la curvatura espacial del universo era igual a cero. Por mucho tiempo, esta condición se conocería como ‘el problema de la llanura’, ya que nadie la podía explicar. Aunque inexplicable es afortunado. Porque de no haber sido esta llanura, extremadamente plana desde el principio, el universo o hubiera colapsado en muy poco tiempo luego de sus comienzos, o hubiera experimentado una expansión tan rápida que hubiese destrozado toda la materia existente dispersando sus átomos en todas las direcciones.

Hasta ahora se han descrito algunas variables, como es el poder de la fuerza nuclear fuerte y la llanura del espacio que tuvieron que ser ajustadas hasta el logro de un equilibrio muy especial para que la vida fuera posible. Pero, igualmente existen ciertos rasgos cualitativos de las leyes físicas que nos son igualmente de interés desde el punto de vista del principio antrópico. Un ejemplo es que el espacio es tridimensional. Nosotros tomamos este hecho por garantizado, pero no deberíamos hacerlo. Que el espacio tiene tres dimensiones es una noción empírica, no una necesidad metafísica. Físicos teóricos estudian universos hipotéticos con otros parámetros constantemente. Si el mundo en lugar de tener tres dimensiones espaciales hubiese tenido cuatro ó más, la fuerza de la gravitación entre dos objetos hubiera operado de modo diferente, basada en la distancia entre ellos. Ello, a su vez, hubiese imposibilitado a los planetas orbitar alrededor de las estrellas: éstos o hubiesen colisionado con las estrellas o se hubiesen dispersado en el espacio abierto. Del mismo modo, las órbitas de los electrones en los átomos no pudieran ser estables, y la vida, basada en la química, hubiera sido imposible.

Por otro lado, de haber existido menos de tres dimensiones espaciales, la presencia de organismos complejos, como nosotros, hubiera sido insostenible pero, por una razón muy distinta. Los sistemas de circuitos neurales requeridos en el cerebro, como un ejemplo, hubieran sido impedidos en sólo una ó dos dimensiones. Si se trata de dibujar un diagrama complejo de circuitos en una superficie bidimensional, el resultado final es que los filamentos entrecruzan en muchos lugares produciendo cortocircuitos.

Como ejemplo final, el hecho de que la Naturaleza obedece los principios de la teoría del quantum es relevante a la posible existencia de la vida. Resulta que la materia no permanecería estable en un mundo de no-quantum. La mayoría piensa que el Principio de la Incertidumbre de Heisenberg hace del mundo, por lo menos en el nivel atómico, algo un poco confuso e indefinido. No importa cuán paradójico pueda parecer, ese mismo principio es responsable, en el análisis final, por el hecho de que las partículas subatómicas formen átomos estables con propiedades precisadas. Si no fuera, entonces, por los principios de la teoría quántica, la materia sería amorfa y proteica en tal grado que es difícil concebir la vida de un organismo en ella.

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