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Bulimia. Trastorno personalidad múltiple

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opinión) |19 alumnos|Fecha publicación: 09/08/2011
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Capítulo 9:

 La neurociencia. Trastornos del TEPT

La neurociencia lo que al respecto nos dice…

Lo primero que puede establecerse es que los pacientes que se suponen que sufren del TPM asimismo se quejan de depresiones recurrentes, de ansiedades agobiantes, de ataques de pánico, de fobias, de explosiones de rabias inexplicadas, de baja autoestima, de abuso de sustancias, de bulimia, anorexia y del comer compulsivo, de disfunciones sexuales, de pérdidas de la noción del tiempo, de lagunas en la memoria, de sentimientos de pérdida de la noción de lo real, de flashbacks (regresiones hipnagógicas), de pensamientos intrusivos, de híper vigilancia con imágenes de traumas, y de trastornos del sueño.

Para colmarlo, se ha documentado, que estos pacientes, en un 80-100%, califican para un diagnóstico secundario del trastorno del estrés post-traumático (TEPT).

Causas orgánicas de disociación se sospechan y, en algunos casos, se conocen. Por ejemplo, se ha establecido su existencia en casos de epilepsia del lóbulo temporal. También se han documentado en la privación del sueño, en la privación sensorial, en los accidentes de origen cerebro vascular, en casos de encefalitis, y en la enfermedad de Alzheimer.

De mayor interés es el hecho de que la congruencia del ego puede ser afectada cuando se secciona el cuerpo calloso. Esta última se ha conocido históricamente, como el tipo de identidad, “Jekyll y Hyde”.

Es, precisamente, debido a estos hallazgos que la neurobiología del TPM ha avanzado en tiempos recientes.

Lo que el estudio de los trastornos del TEPT nos proporciona

Parece ser que los pacientes del TEPT presentan más comúnmente es la fragmentación de eventos relacionados al trauma. Varias regiones del cerebro se movilizan cuando, bajo instrumentos que miden la actividad del cerebro, los sujetos tratan de revivir las memorias dolorosas.

El área de Broca, importante la traducción de las experiencias subjetivas en la expresión hablada, se muestra singularmente inhibida. Mientras que áreas en el hemisferio derecho que procesan imágenes visuales se estimulan de manera muy vívidas.

Es obvio que, áreas de información perceptual y emocional cerebrales, están aisladas entre sí y seccionadas --- de esa manera, incapaces de proveer un todo congruente.

Como sabemos, un área del cerebro es incapaz de procesar la información de que dispone a menos de que existan medios de comunicación. Como consecuencia, la comunicación entre las neuronas requerida para este tipo de integración informática no ocurre a menos que las trazas neurales estén conectadas físicamente (la ley de la contigüidad física).

                            DESENCHIFE

La naturaleza propia del trauma parece resultar en el aislamiento mecánico de mallas neuronales dentro del cerebro. Se colige que divisiones repetidas conllevaría a alteraciones profundas en los circuitos nerviosos. Lo que resultaría en el cerebro dividido y en la aparición de la fenomenología del TPM.

Los eventos traumáticos, se reconoce, que son mediados por las actividades de neurotransmisores conocidos en quienes padecen del TEPT y del TPM.

Las sustancias más importantes en este respecto son la norepinefrina, el factor que cataliza la corticotropina, el cortisol, los opiatos, la dopamina y la serotonina.

Sustancias que, a corto plazo, nos garantizan la supervivencia y, que, a largo plazo la menoscaban --- por su efectos deletéreos en las neuronas, cuya muerte causan, porque terminan comportándose, como si fueran neurotóxicas.

En un estudio, se comprobó que pacientes que sufrieron abuso en la niñez, disponían de un hipocampo reducido por un 12%, comparado con un grupo de controles.

Estas lesiones al hipocampo pueden ser responsables por la amnesia disociativa y por la fragmentación de las memorias traumáticas.

La edad hay que considerarla, ya que durante el crecimiento individual los eventos que convergen en el desarrollo del ego son vulnerables a la menor interferencia aunque éste resulte ser eminentemente plástico siempre y cuando los traumas no sean repetidos o crónicos, como sucede con el TPM.

Podemos concluir que neurobiológicamente, las injurias de la niñez afectan de manera permanente la estructura del cerebro en estado de crecimiento.

Además, el hecho de que el niño no ha desplegado una función estable que representa el ego, lo hace mucho más susceptible a la fragmentación. He aquí donde se torna posible la noción de que un cerebro en estado de disociación constante no tiene más opciones que la de evolucionar ego-fun­ciones independientes y separadas entre sí.

Hans Selye, postuló los mismos mecanismos para explicar la ocurrencia de curas, o transformaciones “milagrosas”. Logradas para establecer un equilibrio emocional y para escapar el estrés impuesto por las minusvalías de las dolencias crónicas que producen incapacidades.

Nadie mejor que Selye, pudo explicarnos los impactos negativos de las reacciones del estrés en nuestro sistema nervioso conduciendo, cuando sostenido, a la degeneración celular.

El cerebro en estado de desarrollo normativo, se encuentra en medio de un proceso de integración del ego y de la consciencia. Sería lógico deducir, que cuando los traumas quebrantan este proceso, que lo que resulta es un caleidoscopio de personalidades aisladas.

Una revisión sistemática de la literatura, conducida para este artículo, es poco conclusiva para establecer con certidumbre los parámetros neurológicos que explican ambos: el TEPT y el TPM.

Para quienes se interesan en la historia de la neurología y de la psiquiatría, los trastornos histéricos y los del estrés pos-traumático, incluyendo el TPM pueden ser muy instructivos y de interés especial.

Muchas teorías y teóricos, han sido desacreditados en el proceso, incluyendo Charcot, quien muriera para que muchos de sus pacientes famosos fueran desenmascarados como fraudes.

La publicación del libro Las Tres Caras de Eva, fue un estímulo importante a la resurrección del TPM y a su propagación como entidad diagnóstica.

La saga detrás del libro es ilustrativa de las vulnerabilidades que manifiestan profesionales en búsqueda de fama a costa de la verdad.

La publicación del libro Sybil inició una resurgencia de estos problemas, con un estimado por Joan Acocella de 40,000 casos diagnosticados entre los años 1985 y 1992, en Norteamérica.

Y, la publicación reciente de A Fractured Mind, sólo añaden a la confusión y a la persistencia del schwärmerei.

Hasta la fecha de hoy, no existe un cuerpo de conocimiento científico para establecer la razón del retorno de este fenómeno singular.

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