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Biblia. Estudio del Nuevo Testamento

Autor: Leonel Angelillo Dos Santos
Curso:
9,78/10 (9 opiniones) |9544 alumnos|Fecha publicación: 13/03/2009
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Capítulo 15:

 Hebreos. Epístola de Santiago

Hebreos

Hebreos es la decimocuarta epístola del Nuevo Testamento, esta colocada entre las trece epístolas de apóstol Pablo y las siete epístolas del apóstol Pablo y la siete epístolas generales. Se desconoce su autor. Se dice que las pruebas objetivas e internas no son suficientes para demostrar que Pablo sí escribió esta epístola, pero en todo caso, tampoco son suficientes para demostrar que el no fue su autor. Esta escrita a manera de ensayo, ose admite que se dirige a cristianos de origen judío. LA características de los destinatarios se corresponde mas bien con los de los cristianos hebreos de Palestina, parece evidente que es a ellos a los que se dirigió esta carta, al mismo tiempo posiblemente que a otros cristianos hebreos de oriente.

Fecha de redacción. Las pruebas internas indican con toda probabilidad, una fecha entre los años 65-68 d.C. En efecto, el tiempo presente indicado para describir el ritual levítico (8:4-5,13; 9:6-7, 9, 22,25; 10:1,8; 13:11), implica una fecha anterior a la destrucción del templo ala destrucción del templo, que se produjo en el año 70 d.C.

Análisis:

1. El autor comienza afirmando la superioridad del cristianismo por encima de toda revelación anterior (1:1-14)

2. La epístola revela el valor de la posición de Cristo como Sumo Sacerdote (4:14-16). El capítulo 6 exhorta a los destinatarios de la carta a tener un completo conocimiento del Evangelio (el Cáp. 7)

3. El sacerdocio espiritual de Cristo (8:1-10:18)

4. La cuarta sección (10:19-12:29) exhorta a los fieles hebreos a vivir incesantemente por la fe, siguiendo estas verdades expuestas en esta carta., Enumeración de los héroes de la fe hallados en el Antiguo Testamento.

5. Conclusión y bendición (13:18-25).

Epístola de Santiago

El autor de esta epístola no se presenta como apóstol, sino que se denomina simplemente como Santiago (1:1). Se supone que se trata de Jacobo, el hermano del Señor, lo que queda corroborado con las peculiaridades de esta epístola.

Fecha: Los siguientes hechos dan testimonio de su antigüedad. El lugar de reunión de los cristianos lleva aún el nombre de sinagoga (2:2, texto griego y V.M), los cristianos no son tajantemente distinguidos de los judíos (1:1); los pecados atacados y los errores corregidos, evocan una comunidad judía; no se hace alusión alguna a la conferencia de Hechos 15 ni a la caída de Jerusalén, no se ve traza de las controversias que, ya a partir del 60 d.C, ocuparon la atención de la Iglesia. Así es lógico situar esta epístola hacia 45 d.C, y considerarlo como el escrito más antiguo del Nuevo Testamento.

Destinatarios: Esta epístola es dirigida a las doce tribus que están en la dispersión (se refiere a los creyentes en Cristo de la dispersión, fuera de la tierra de la tierra de Israel).

Contenido: Esta epístola se propone corregir los pecados y errores a los cristianos procedentes del judaísmo y alentarlos a soportar valientemente las duras pruebas que les  amenazaban. Inmediatamente después de la mención de los destinatarios y del saludo, Santiago consuela a sus lectores expuesto a la adversidad; los exhorta a mantenerse con firmaza, y les muestra de donde proviene la tentación a apostatar (1:2-21). A continuación Santiago pone en guardia a los cristianos contra la superficialidad, que se contenta con palabras; explica a los hermanos en que consiste la auténtica fe (1:22-27), y  que frutos dará con respecto a la acepción de personas, pecado muy extendido (2:1-13). Expone como se manifiesta la verdadera fe, que esta muestra en si misma sin el fruto de las obras (2:14-26). Reprende la presunción de los que careciendo de cualidades para ello, asumen un ministerio de enseñanza, y desvela las raíces de los celos (Cáp.3). Reprende a los envidiosos y a otros con un espíritu mezquino (4:1-12) y arroja un baldón sobre la confianza puesta en el dinero (4:13-5:6). La epístola termina con exhortaciones a la paciencia en las pruebas (5:7-12), y a la oración como recurso suficiente en toda circunstancia triste (5:13-18). Finalmente, el autor expresa el gozo del cristiano que lleva a la fe al pecador extraviado (5:19-20).

Características de la epístola: Esta epístola, cuyo lenguaje y redacción son destacables, esta escrita en un excelente griego. Su estilo exaltado, pintorescos asemeja al de los profetas hebreos. Esta epístola contiene mas imágenes sacadas de la naturaleza que todas las epístolas de pablo (p.ej. 1:6, 23,24; 3:3-4; 10:21; 4:14; 5:7), estas comparaciones recuerdan los discursos de Jesús en los evangelios sinópticos. Hay numerosos pasajes de la epístola que son análogos a pasajes evangélicos. Abunda el paralelismo. El tono y objetivo didáctico de esta obra permiten situarla  muy tempranamente, y es patente que sus destinatarios acababan de abrazar el cristianismo procedente de un origen judaico. El pasaje de la "fe" y las "obras" (2:14-25) ha sido frecuentemente mal interpretado.

Se ha querido ver en el una polémica contra la doctrina enseñado por pablo de la justificación por la fe, o al menos un correctivo o conclusiones abusivas que algunos sacaban de la enseñanzas de pablo. Sin embargo, este pasaje es en realidad la refutación de una idea muy extendida del judaísmo de aquella época, que pretendía que la mera adhesión intelectual, alas enseñanzas divinas eran suficientes para la salvación. Santiago proclama que el testimonio externo (2:14), debe ir justificado por una vida correspondiente, una profesión de fe sin unas obras, que sean frutos de esta fe está carente de fundamento. DE ahí la conclusión de Santiago "la fe, si no tiene obras, es muerta en si misma" (v17), en otras palabras, la pretensión de tener fe sin unos frutos en la vida que lo pongan en evidencia, es una pretensión totalmente vacía. Con esto concuerda pablo, que afirma enérgicamente que la salvación es por la fe, son meritos de obras, pero que igual de enérgicamente afirma que el caminar del creyente evidenciara de una manera externa su fe salvadora y transformadora por medio de unos frutos acordes a la salvación recibida (Efesios 2:8-10. Gálatas 5:6; Tito 2:14; 3:1, 5, 6,14) Santiago, así, no afirma que las obras sean necesarias para la salvación, como algunos han concluido, atribuyendo a Santiago una postura opuesta a la de Pablo.

Al que si afirma la fe que salva llega a su plena madurez, a su plenitud, con aquellos frutos que la adornan y que hacen patente su existencia ante el mundo exterior (Stg 2:22). Pero sigue siendo importante mantener la distinción entre el fruto externo de las obras, que perfeccionan la fe, o le dan su plenitud y la fuente de las buenas obras, que perfeccionan al fe, o le dan su plenitud y la fuente de las buenas obras, que es la naturaleza del creyente ya salvado. Esto es las buenas obras son el resultado necesario de la salvación, no su medios y justifican, no su medio y justifican al creyente dando testimonio de su fe al mundo, adornando su testimonio y dando plenitud a su fe. Esta epístola refleja el ambiente palestino a su autor, alimentado con las enseñanzas evangélicas y con las palabras de Jesús, nos ha dado un documento de origen netamente cristiano, en el que son evidentes las analogías literarias. Son muy interesantes las siguientes comparaciones : Stg 1:2 con Mt 5:10-12; Stg 1:4-Mt 5:48; Stg 1:5-17-Mt 7:7-11; Stg 1:22-Mt 7:21-27; Stg 2:10-Mt 5:19; Stg 3:18- Mt5:9, Stg 4:4-Mt 6:24; Stg 4:12-Mt 7:1 y 10:28; Stg 5:1-Mt 5:34-37; Stg 1:6-Mt 11:23..

Se hacen patentes la fuerte personalidad y las firmes convicciones del autor por su menosprecio de una profesión de fe no seguido de una vida honesta (1:22-23), sus opiniones precisas sobre los peligros del mal uso de la lengua (1:26;3:2-12); su desconfianza hacia los ricos egoístas (1:10-11;2:2,6;5:1-6) su profunda simpatía para con los pobres (2:5-6,15,16;5:4), su determinación a sufrir gozosamente por Cristo (1:2, 5:109.11), su fe en la oración (5:16) y su esperanza en la venida del Señor (5:7-8).

Se tiene pruebas de que la epístola de Santiago fue usada muy tempranamente por la Iglesia primitiva. Clemente de Roma cita frases suyas a fines del siglo I, u otros autores del siglo II hacen lo mismo. A principio del siglo III Orígenes la nombra de una manera explicita. Durante un cierto tiempo, lo Padre latinos no parecen haberla usado, escrita para los cristianos de origen judío, parece no haber calado mucho en los cristianos procedentes del paganismo. No figura en el fragmento (incompleto) de Muratori, pero Hermas la usa, y figura en la Vetus Siríaca. Un fragmento del libro de Santiago, correspondiente a Stgo 1:23, se halla en la cueva 7 de Qumran. Ello es de gran importancia, porque indica una fecha forzosamente anterior al año70d.C.

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