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Barroco literario español

Autor: Esteban Conde Choya
Curso:
10/10 (1 opinión) |1050 alumnos|Fecha publicación: 28/04/2010
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Capítulo 9:

 Teatro en el Barroco. Lope de Vega y sus seguidores

En la época de Lope de Vega en Madrid coexistían tres clases de teatro: el religioso, el cortesano y el popular. El religioso y el cortesano disponían de grandes medios y representaban obras que formaban parte de la celebración de fiestas eclesiásticas y relacionadas con los festejos cortesanos, mientras que el popular, aun sin contar con la lujosa escenografía y los medios de los otros dos, representaba piezas con regularidad durante casi todo el año. El teatro nacional, instaurado por Lope de Vega, escogió este tipo de teatro, el popular o civil, para representar sus obras.

El cuerpo físico lo constituía un patio de vecindad  o “corral”; el escenario estaba cubierto por un tejadillo, y el lugar destinado para el público se dividía en tres partes: los balcones y ventanas (algo así como los palcos de hoy) se reservaban para nobles y gente selecta; la zona del patio donde se situaban los hombres o “mosqueteros”, de cuyas reacciones dependía el que una obra triunfara o fracasara, y la llamada “cazuela”, ocupada por las mujeres, zona que solía hallarse al final del patio. Las funciones eran por la tarde y solían durar entre dos y tres horas. Empezaba normalmente con una loa, le seguía la obra de turno y entre acto y acto se representaba una pieza breve cómica, generalmente un entremés. La escenografía era muy sencilla y el público colaboraba con los dramaturgos mediante su imaginación para comprender los repentinos cambios de lugar o de tiempo de la obra.

Tras las innovaciones que introdujo Lope de Vega en el teatro nacional, éste se caracterizó por los siguientes puntos:

.-Distribución de la obra en tres actos en función de la intriga, con un comienzo brusco en el primer acto y un desarrollo dinámico que buscaba el desenlace pintoresco y emocionante a la vez.

.-Temas basados en la vida y en la literatura, en la historia, en la religión y en el folklore y facilidad para convertir en obra de teatro cualquier asunto perteneciente a géneros tan dispares como el cuento, el poema, el pensamiento, la anécdota, el cantar popular o la novela.

.-El verso  y no la prosa será el vehículo propio de la comedia; desde el octosílabo, que es el dominante, hasta los metros italianos, y en cuanto a las estrofas empleadas, predominan las redondillas o los romances, pero también son frecuentes las décimas y otras composiciones como el soneto, las octavas o las silvas.

.-De las unidades dramáticas de acción, lugar y tiempo, los dramaturgos del Barroco sólo respetaron la unidad de acción, porque decían que las acciones requieren naturalmente cada una su tiempo y su espacio. Aunque Lope recomendaba que la acción debía suceder en el menor tiempo posible.

.-La misma intención de respetar lo natural en la acción dramática llevó a los autores a suprimir los límites entre lo trágico y lo cómico, pues la acción debe ser natural y verosímil, de acuerdo con la visión de la realidad que posee el hombre, y la realidad presenta una mezcla de elementos serenos o alegres y otros que no lo son tanto.

.-Los personajes del teatro español del Barroco reflejan  la vida humana intensamente (ideas, sentimientos, deseos, creencias…) aunque con poca profundidad, convirtiéndose en algo así como personajes- tipos o figuras teatrales que encarnan la manera de ser de los españoles de la época. Así, el rey premia o castiga los actos de sus súbditos embestido de la majestad de su naturaleza, aunque a veces es también tirano e injusto; en ese caso sólo puede castigarle Dios con el arrepentimiento; el poderoso actúa de destructor del orden establecido y es castigado por el rey o por el pueblo, pormenor que ratifica el rey; el caballero, que venga el honor mancillado en la persona de alguien de su familia con la muerte del ofensor; el galán y la dama (idealismo, linaje, valor… por parte de él, y amor, belleza… por parte de ella) son los motores de la intriga; el gracioso es confidente y consejero del galán y junto con el caballero completa la visión que de la vida se tenía entonces; y en cuanto al villano, éste representa al pueblo que defiende su dignidad frente a la injusticia del cortesano.

Félix Lope de Vega Carpio(1562-1635) nació en Madrid de padres bordadores descendientes de una familia hidalga santanderina. Estudió con los jesuitas y luego en la Universidad de Alcalá, donde cambió las lecciones de Gramática y Retórica por los versos. Desde muy joven su vida se vio envuelta en líos de faldas y numerosos nombres de mujeres la jalonan: Elena Osorio, Isabel de Urbina, Juana Guardo, Marta de Nevares… Fruto de sus amores con ellas fueron sus hijos Antonia Clara, Marcela, Carlos Félix… Unos y otras sirvieron de inspiración para muchos de sus escritos. Fue soldado, sufrió destierro, se ordenó sacerdote. Después de una vida agitada y de altibajos de fe, murió en la misma ciudad donde había nacido.

Obra lírica y narrativa

Tanto el amor profano (“Creer  que un cielo en un infierno cabe, / dar la vida y el alma a un desengaño, / esto es amor; quien lo probó lo sabe”), como el amor religioso (“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”) son objeto de su fervor lírico; lo mismo escribe poesía culta que popular y adorna toda su obra, narrativa y dramática, con versos memorables (villancicos, letrillas, romances…).

De su obra narrativa destacan novelas como Arcadia (pastoril), El peregrino en su patria (bizantina o de aventuras), La Dorotea (titulada por él “acción en prosa”) o las narraciones breves tituladas Novelas a Marcia Leonarda, compuestas a instancias de Marta de Nevares.

Obra teatral

En el Arte Nuevo de hacer comedias dejó Lope escrita sus reglas sobre el teatro, de las que copio a continuación dos muestras:

1.

“Y cuando he de escribir una comedia,

encierro los preceptos con seis llaves;

saco a Terencio y Plauto de mi estudio,

para que no me den voces; que suele

dar gritos la verdad en libros mudos;

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron;

porque, como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.”

2.

“Acomode los versos con prudencia

a los sujetos de que va tratando.

Las décimas son buenas para quejas;

el soneto está bien en los que aguardan;

las relaciones piden los romances,

aunque en octavas lucen por extremo.

Son los tercetos para cosas graves,

y para las de amor, las redondillas.”

Aunque lo de “Y más de ciento en horas veinticuatro / pasaron de las musas al teatro” parezca una exageración, la verdad es que Lope, creador de la fórmula de nuestro teatro nacional (parte de su preceptiva la dejó escrita en su Arte nuevo de hacer comedias), escribió infinidad de piezas (con razón fue llamado el Fénix de los Ingenios) , de las que hoy se conservan casi quinientas, las cuales pueden clasificarse en los siguientes grupos:

.-Históricas (basadas en crónicas y leyendas nacionales o extranjeras), suelen ser las más representadas: El mejor alcalde, el rey, La estrella de Sevilla, El caballero de Olmedo, Peribáñez y el Comendador de Ocaña o Fuenteovejuna, entre otras.

.-Religiosas (inspiradas en la Biblia, vidas de santos o en tradiciones piadosas): La buena guarda (su asunto recuerda un milagro de Berceo).

.-Costumbristas(desde costumbres licenciosas a costumbres caballerescas o campesinas): El rufián Castrucho, El perro del hortelano, La dama boba o El villano en su rincón son buenos ejemplos.

Otros grupos de obras podrían ser de enredo o de capa y espada (El acero de Madrid), mitológicas (El laberinto de Creta) o  pastoriles (Belardo el furioso).

También escribió Autos sacramentales, loas, entremeses, coloquios…

Estilo

Lope de Vega, como cultivador de un teatro claramente popular, deja de lado las reglas clásicas y se amolda a los gustos del público a la hora de escoger los asuntos de sus obras y en la manera de ponerlos en escena. De ahí que no le interese plasmar conflictos psicológicos, sino reproducir de modo idealizado la vida de la época a través de la acción, la intriga y la sorpresa.

Escribe piezas en tres actos y en verso (preferentemente, el octosílabo), y formando estrofas como la redondilla o el romance, entre las más frecuentes.

Sus temas son esencialmente nacionales: el honor y la honra, el amor y la fidelidad, la religión, la monarquía y la autoridad incuestionable del rey.

Mezcla lo trágico y lo cómico con naturalidad y con verosimilitud, como la vida misma.

Fija el personaje del gracioso o figura del donaire, que divierte por su ingenio práctico.

Finalmente, emplea un lenguaje llano, natural y espontáneo, aunque no descarta el empleo del registro culto aplicado a los altos personajes de su teatro ni la inclusión de villancicos, cantares, letrillas y otras muestras de la lírica popular (“El novillo de tu boda / a tu puerta me cogió;/ de la vuelta que me dio/ se rió la villa toda./ Y tú, grave y burladora,/ linda casada, / no dijiste:-Dios te valga”, ejemplo que vemos en Peribáñez y el Comendador de Ocaña).  

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