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Autosugestión

Autor: J. Isabel Magallanes Sandoval
Curso:
9,17/10 (6 opiniones) |5718 alumnos|Fecha publicaciýn: 10/09/2007
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Capýtulo 2:

 Definición y mecanismo de la autosugestión

¿Qué es la Autosugestión?

Es tan corriente el término "autosugestión", que la mayoría de nuestros lectores comprenderán indudablemente su significado. Pero, a fin de que todas puedan seguirnos en el curso de esta obra y entender claramente las teorías que hemos de exponer, determinamos el sentido en que hemos de emplearla.

El término "auto" significa "en si" y la palabra "sugestión" expresa "impresión"; de modo que "autosugestión" significa "impresión, en sí mismo", es decir, la impresión que se hace uno mismo de algo, o más claramente, la impresión que nace en nuestro propio espíritu, lo que nosotros mismos nos imaginamos.

La impresión mental puede hacerse voluntariamente; por ejemplo, cuando yo imprimo en mi espíritu la idea que he de levantarme temprano. Esto es esencialmente un caso de autosugestión voluntaria.
La impresión puede ser también involuntaria; en cuyo caso es el resultado de una serie de ideas que fueron inculcadas en nuestro espíritu por alguna influencia exterior o a causa de un pensamiento o una sensación corporal de origen real o imaginario.
El ejemplo más palpable de autosugestión involuntaria, es el siguiente:
Un hombre que ha tocado un traje que encontrara encima de una mesa, o colgado en una percha, se entera enseguida de que aquella ropa la iba usado una persona atacada por una enfermedad de la piel, y al saberlo empieza a sentir picores por todo el cuerpo y se imagina que se le ha "pegado" la misma dolencia. No será así, desde luego, peto los síntomas son los mismos.

Muchos de los fenómenos atribuidos habitualmente a la intuición no tienen otra causa que la autosugestión involuntaria. Así pues, un niño que tomará aversión aun hombre que haya hecho en su presencia alguna acción vituperable o se haya, expresado ante él con frases censurables ó escandalosas. El hombre y el incidente pasarán, serán relegados al olvido; pero la impresión quedará archivada en ese maravilloso registro que se llama imaginación y, pasados los años, experimentará cierta aversión hacia toda persona que se asemeje al hombre que aborreció en su infancia, y esa aversión persistirá siempre

Preguntadle porque siente tal antipatía, porqué detesta a una persona que no conoce, que le ha sido presentada en aquel momento. Y seguramente os contestará como lo haría cualquiera de nosotros en semejante caso: No lo sé pero lo detesto. Mi antipatía con respecto a ese hombre es instintiva.

Y sin embargo no hay tal. Esa antipatía es el resultado de una Autosugestión involuntaria, sugerida por la impresión que conservaba de la infancia y que ha surgido de repente con sólo una rápida ojeada lanzada sobre un rostro completamente desconocido.

Existe otra especie de autosugestión, que podemos llamar autosugestión involuntaria. Esta expresión parece paradójica a primera vista, pero se justifica con el siguiente ejemplo: Un médico prescribe un remedio para un enfermo nervioso, que padece de insomnio, y le recomienda que tome una cucharada cada dos horas. El paciente puede muy bien no haber oído hablar en su vida de la autosugestión, pero he aquí el curso que sus pensamientos toman inconscientemente (¡involuntariamente) cada vez que ingiere la medicina: Yo tomo este medicamento para calmar mis nervios y conseguir dormir profundamente esta noche.

Cuando se empieza aplicar el tratamiento sugestivo, conviene distinguir muy bien estas tres autosugestiones e imponerse un estudio concienzudo del empleo de la autosugestión.
Sus aplicaciones y efectos permitirán al n1édico reconocer cuales son las autosugestiones que en él espíritu del enfermo luchan contra la curación , y, haciendo un juicioso empleo de la sugestión, puede transformar las autosugestiones habituales de su cliente de modo que contribuyan en lo sucesivo a restablecer su salud.

Espíritu voluntario y espíritu involuntario
Para claramente el mecanismo de la autosugestión, ya que hemos definido teóricamente en que consiste, debemos servirnos de los términos "espíritu voluntario" y "espíritu involuntario", en lugar de emplear otros menos útiles para nuestros fines, como "espíritu mortal" ó "espíritu inmortal".

Tenga en cuenta el lector que el espíritu involuntario es el que nos gobierna durante el sueño; que somos inconscientes de él; que dirige el funcionamiento de cada órgano del cuerpo y que es incapaz de razonar por inducción , y puede ser dirigido por el espíritu involuntario.
Hay, sin embargo, quien sostiene que el espíritu involuntario puede razonar, por inducción y hasta por deducción, lo cual se demuestra por hecho de que algunos matemáticos han resuelto durante el sueño, complicadísimos problemas, de cuya solución se acordaron perfectamente al despertar.
Sin embargo, este hecho no es obstáculo alguno para la hipótesis de la dualidad del espíritu que se invoca aquí para explicar el fenómeno de la autosugestión.

No hay que olvidar que el espíritu voluntario esta inactivo durante el sueño, pero funciona desde el momento en que el hombre al despertar, se vuelve consiente de las impresiones por sus sentidos; que el espíritu voluntario es capaz de razonar por inducción y por deducción; que las impresiones encerradas en el espíritu involuntario y las operaciones relativas a las funciones de los órganos del cuerpo, pueden ser estimuladas, retardadas y en ciertos casos completamente cambiadas o detenidas por la impresión hecha en el espíritu involuntario por mediación del espíritu voluntario.

Dicho de otro modo, el espíritu involuntario es automático en sus actos, pero siempre es susceptible de ser dirigido o guiado por las impresiones que ejerce el espíritu voluntario. Por consecuencia, una persona que hable siempre de sus sufrimientos impone a su espíritu involuntario esas ideas morbosas, que ejercen una influencia desfavorable sobre su estado físico.

Inversamente, el hombre que estudia la sugestión, habla de la salud de los demás y encomia él mismo las ideas de vigor y de sanidad, con la intención de imprimir en su espíritu involuntario ideas de igual índole, recoge un fruto precioso y a la vez mejora su salud.

Un hombre indeciso, apocado y tímido puede convertirse en hombre decidido, seguro de sí mismo, atrevido y arrojado si mantiene los pensamientos fortificantes, expresados por esos adjetivos, en su espíritu voluntario hasta que los haga suyos el espíritu involuntario y mejore así gradualmente su actitud mental. Aprendamos a ejercer influencia sobre nuestro espíritu involuntario, y podremos transformarnos, mental y físicamente, como queramos; pero el espíritu involuntario debe supeditarse al espíritu voluntario. Hay que dirigir y encausar los pensamientos voluntarios.
Como se supone que el lector ha adquirido ya una idea de la significación, poder e importancia de la autosugestión, se entiende que no hay necesidad de volver sobre este punto.
Tenga presente el lector que se ha de distinguir tres clases de autosugestión: voluntaria, involuntaria y voluntaria-involuntaria.

Desórdenes físicos

Excepción hecha de las lesiones resultantes de golpes o heridas, todo desorden del cuerpo humano puede atribuirse a una irregularidad en la distribución en la sangre.
La sangre es el agente que aporta la vida a cada célula de nuestro organismo, y la sanidad de células individuales depende de la cantidad y calidad de la sangre que las nutre; por consecuencia, cuando se altera la salud de todas las células que constituyen el organismo humano, debemos mejorar la circulación y distribución de la sangre.

Las personas cuya sangre circula normalmente tiene siempre una salud perfecta, y cuando la circulación, en una persona que sufre trastornos físicos, se vuelve normal, desaparece todo síntoma anormal, exceptuando algunos casos bastante raros, o cuando, a causa de una prolongada desnutrición de las células que componen los tejidos atacados, se han producido en estos alteraciones graves.

La cantidad y calidad de la sangre dependen de la cantidad y calidad de los alimentos y líquidos absorbidos, el aire respirado y de la labor realizada por los principales órganos de nutrición y eliminación; es decir, el estómago, los intestinos, los pulmones, los riñones y la piel . De modo que, si demostramos que la autosugestión puede encaminar el apetito hacia una sana alimentación, estimular los órganos de la nutrición y eliminación y hacer que se transformen los alimentos en una sangre rica y pura!, habremos indicado cómo se dominan los desórdenes físicos empleando la autosugestión.

Los elementos esenciales

Ahora bien; es necesario conceder la mayor atención a los elementos esenciales de la vida, y asegurar al organismo una ración suficiente, porque todas las autosugestiones de salud, vigor etc., quedarán sin efecto si no nos procuramos dichos elementos esenciales en la proporción deseada.

Veamos en qué consisten esos elementos esenciales.
En primer término, es menester que el paciente comprenda que su cuerpo exige cada día de su vida dos litros de agua u otros líquidos. El conocimiento de este hecho debe convertirse, por lo tanto, en una auto sugestión que le incite continuamente a absorber suficiente líquido, hasta que adquiera la costumbre de beber dos litros de agua por día. Hay también quien preconiza que el hombre en estado de salud normal debe beber siempre que tenga sed y comer cuando tenga ganas, obedeciendo a una ley natural. Pero esos indicios naturales pueden estar falseados por un desorden crónico de los órganos digestivos; y entonces la autosugestión intervendrá provechosamente para volver a enseñar al paciente a sentir hambre y sed con método y razón. 

El aire puro es otro factor esencial, cosa que el individuo debe aprender también, a fin de que su espíritu se fije obstinadamente en este punto hasta que sus autosugestiones le inciten a respirar profundamente; y entonces hallará formada la costumbre de la respiración profunda.
Igualmente deberá aprender que las células del cuerpo necesitan ciertos elementos reconstituyentes que exis¬ten en la comida, y que dichos elementos se obtienen más fácilmente por medio de una alimentación semejante a la que constituye régimen habitual del promedio. De hombres sanos.
Que todo lo referén1e a los elementos esenciales para la vida se fije en el espíritu del enfermo, y sus autosugestiones le incitarán a aumentar sus esfuerzos con objeto de proporcionarse de un día para otro una cantidad razonable de aquellos alimentos.

Autosugestiones perjudiciales

Cuando un enfermo que acaba de salir una grave dolencia cuenta los padecimientos que ha sufrido los vuelve a sentir también en, dichos momentos, como lo demuestran sus gestos y su fisonomía. El relato y descripción de los males sufridos retardan la convalecencia en muchos enfermos, por lo cual hay que impedir esa autosugestión perjudicial al organismo, lo mismo cuando se trate de pacientes que cuando de uno mismo.

Se da igualmente el caso de que algunos estudiantes de medicina, cuando observan los síntomas de distintas enfermedades, experimentan frecuentemente los mismos síntomas y hasta se figuran que tienen esas enfermedades.
El hecho es tan conocido como el de que la lectura de ciertos folletos y anuncios de los periódicos recomendando toda clase de n1ediéaméntos, supuestos remedios de todos los males, ha ocasionado sufrimientos sin nombre. Podríamos citar multitud de ejemplos de los efectos perniciosos que ejercen en el espíritu las autosugestiones desfavorables. por eso hay que contrarrestarlas con otras autosugestiones contengan ideas de vigor, de salud.
He aquí a modo, de ejemplo una manera de utilizar la autosugestión:

"Este trago de agua que ingiero es uno de los elementos esenciales de la vida". 
"Yo lo tomo para activar mis secreciones y me ayudará á limitar las impurezas de mi organismo y aumentara la producción de saliva".
"También de domesticar perfectamente cada bocado de mi comida".
"Este trago activará la secreción de jugo gástrico y mi estómago realizará perfectamente su labor digestiva."
"También aumentará la cantidad de jugo pancreático y de bilis y mis intestinos terminaran la digestión de los alimentos y los transformarán en una sangre roja, rica y pura."
Mi apetito aumenta; tengo hambre cuando se acerca la hora de la comida: tomo igual que un hombre sano y robusto. Y mi alimento me proporciona el mismo bienestar y fuerza que a todo hombre sano, como lo soy yo
"Esta agua me asegura una deposición a una hora cada día; obra como un estimulante. sobre el hígado y obliga los intestinos a funcionar.

Mis riñones y mi piel funcionan perfectamente, Me siento alegre, feliz. Gozo de una salud perfecta gracias a los elementos esenciales de la Vida".

Estas autosugestiones u otras por el estilo, repetidas frecuentemente cada día, serán bien hechoras y curativas en todo estado patológico, cualquiera que sea el mal que nos aflija, siempre que al mismo tiempo demos a nuestro organismo, en cantidad suficiente, los elementos esenciales a la vida. 
Ocupémonos en pensamientos que nos mejoren físicamente y los síntomas atormentadores desaparecerán ante la sensación de bienestar que los pensamientos saludables extenderán por todo nuestro organismo.
El pensamiento es una fuerza real cuya acción dinámica se traduce en efectos materiales.

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