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Autosugestión

Autor: J. Isabel Magallanes Sandoval
Curso:
9,17/10 (6 opiniones) |5718 alumnos|Fecha publicación: 10/09/2007
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Capítulo 7:

 La autosugestión y la concentración

Concentración pasiva y concentración voluntaria

Hemos recibido de un corresponsal una carta, de la cual extractamos lo siguiente:"Hay una cosa que deseo adquirir, y es la concentración mental. Estudio con persistencia las instrucciones contenidas en los libros que pretenden enseñar o enseñan a sus lectores a concentrarse, pero no he tenido ningún resultado. No soy positivo, soy incapaz de concentrar mis pensamientos. ¿Quiere usted ayudarme en esta tarea?

Es posible que cada uno desarrolle un músculo o un grupo de músculos en su organismo, siempre que esos músculos estén convenientemente nutridos y que sean ejercitados juiciosa y regularmente; pero no es razonable suponer que un hombre que se halle en el último grado de la tisis pueda aumentar sensiblemente la fuerza y dimensiones de sus bíceps intentar la cosa ejercitando los músculos durante algunos días; pero cada vez, le será mas penosos estos ejercicios. La cuestión es saber si podrá disponer en cualquier momento de la fuerza necesaria para ejercitar los músculos hasta el punto de desarrollarlos en forma perceptible; aun teniendo la voluntad bastante firme para continuar sus ejercicios con regularidad

Si, por otra parte, un hombre bien nutrido lleno de salud, se dedica a desarrollar sus bíceps y gasta demasiada energía en sus primeros ejercicios, sin .obtener ningún efecto notable, existe el temor de que pierda valor, a menos que su voluntad y determinación sean fuertes y es verosímil que abandonará sus ejercicios: antes de haber conseguido su objeto.

El organismo mental con cuyo auxilio se concentra puede llamarse de manera figurada "un músculo mental" y su desarrollo depende de dos cosas primeramente de la nutrición de cerebro y en segundo lugar de la manera como se ejercite el músculo mental y la cantidad de ejercicios que se le imponga.
Es posible que nuestro corresponsal tenga una capacidad de concentración superior a la medida y considere insuficiente sus propias fuerzas.

Hay una gran diferencia entre la concentración y la concentración activa o voluntaria. La primera no exige ningún esfuerzo de voluntad, en tanto, que la segunda, depende enteramente de la voluntad. Cuando presenciamos un partido de foot ball u otro juego que nos apasiona; cuando asistimos a la representación teatral de una obra interesante, estamos por completo en el juego o en .la acción dramática. Y no tenemos que hacer ningún esfuerzo de voluntad para concentrar la atención. de nuestro espíritu sobre esos espectáculos que nos divierten, porque la que interviene en tal caso únicamente es la concentración pasiva, nos absorbemos por completo en los espectáculos o relatos que nos entretienen..

Pero si intentamos olvidarnos de nosotros mismos estudiando los verbos griegos o latinos, por ejemplo, nos hallaremos metidos en una tarea difícil de realizar.
Tendremos que hacer un esfuerzo real de voluntad para mantener nuestra atención concentrada en los verbos, sin contar. el riesgo que corremos de ver que nuestros pensamientos van hacia la derrota.
Por consecuencia, si nuestro corresponsal se imagina que debiera ser capaz de concentrar su espíritu tan fácilmente en un estudio difícil como el hecho de fijarse en una obra teatral, querría alcanzar un poder de concentración que no ha tenido ocasión de apreciar a. nadie.

Excelentes estudiantes, en perfecto estado de salud, que se hallaba a la cabeza de su clase, nos han consultado con la esperanza de que mejorásemos su memoria y concentración.
Se lamentaban de tener que hacer grandes esfuerzos para ser constantes en el trabajo, al paso que algunos de sus condiscípulos sabían retener fácilmente. Habiéndonos informado bien, hemos reconocido que los compañeros de los jóvenes que nos consultaron estaban celosos de las aptitudes de retención y concentración de estos últimos, y que ellos trabajaban extraordinariamente cada vez que habían de sufrir un examen.

Tendemos siempre a creer que los demás vencen las dificultades con menos esfuerzo que nosotros, y nos sentimos inclinados a disgustamos de nosotros mismos y a criticarnos cuando nos tropezamos con una labor u obstáculo rudo y pesado en nuestro camino. Pero, secundados por una salud excelente, no encontraremos ninguna faena física o mental que no podamos vencer, si damos pruebas de valor y nos imponemos en el fondo del corazón la voluntad de triunfar.
Cuando se quiere desarrollar un músculo del cuerpo, es menester ejercitarse moderadamente al principio, y esos ejercicios deben efectuarse diariamente. A medida que los músculos se desarrollan, puede aumentarse la duración y cantidad de tos ejercicios proporcionalmente hasta que se consiga el objeto deseado.
Pero un músculo excesivamente desarrollado no tarda mucho en atrofiarse, a menos que se continúe ejercitándolo constantemente y nutriéndolo en forma conveniente.

De manera análoga, al desarrollarse la concentración voluntaria es necesario hacer ejercicio de concentración ligeros al principio y si se continúa con regularidad, se pegará a la posibilidad de imponer al espíritu esfuerzos cada vez mayores. Pero lo mismo que un músculo físico, el músculo mental se deteriora durante la enfermedad; y hasta se deteriora en los individuos que gozan de perfecta salud si estos individuos no lo ejercitan con regularidad ni le conceden reposo, con regularidad también.

Una dosis excesiva de descanso para el espíritu, lo mismo que para los músculos, ocasiona un deterioro; una dosis excesiva de ejercicios lleva aparejada la ruina; y ambos extremos deben evitarse con el mismo cuidado.

Autosugestiones para desarrollar la concentración

No es nuestra intención presentar ejercicios difíciles para desarrollar la concentración voluntaria porque los ejercicios complicados no son absolutamente necesarios. A1gunas sugestionadores os dirán que fijéis vuestra mira¬da en el extremo de un dedo y que os dediquéis sólo a pensar en el extremo de ese dedo. Os invitarán a practicar este ejercicio y otros similares varias veces al día hasta que aprendáis a excluir de vuestro espíritu toda cosa a excepción del dedo. Pero, aunque esos ejercicios puedan ser de alguna utilidad, hay otros más prácticos y provechosos

Los ejercicios más sencillos y eficaces para desarrollar la concentración consisten en leer una frase en un buen tratado científico cuyo asunto carezca absolutamente de interés para el lector, y en seguida tratar de reproducir la idea expresada en la frase, verbalmente o por escrito, o de ambos modos a la vez; habiendo conseguido retener y reproducir las ideas contenidas en una simple frase, tratar de retener muchas frases sucesivas a la vez; en seguida tomar párrafos completos, luego páginas, capítulos y por último un libro entero.
No hay mejor ejercicio que éste para aprender a retener y concentrarse.
Por eso diremos a todo lector que desee cultivar la concentración voluntaria:

En primer término, hay que cuidar de la salud general. Véase si el estómago y los intestinos cumplen convenientemente sus funciones y si su actuación deja algo que desear, si la circulación no es perfecta, mejórese la salud empleando la autosugestión y apropiándose los elementos esenciales. aplíquense a este propósito los consejos contenidos en el capítulo que trata de la autosugestión y desórdenes físicos, y si la salud se debilitó momentáneamente, podrá esperarse fundadamente que volverá el poder de concentración y la salud mejorará.

Habiendo fortificado la salud general, empiécese a ejercer la concentración durante algunos minutos varias veces diarias, y auméntese gradualmente la duración de los ejercicios a medida que se note mejoría.
El empleo metódico de la autosugestión ayudará también poderosamente desde el principio.

Imprímase en el espíritu involuntario lo que se entienda que se realiza y lo que se desea que él espere de uno. Para alcanzar ese resultado serán útiles autosugestiones por el estilo de las que siguen;
"Mi cerebro está ahora perfectamente nutrido por medio de una sangre pura y rica; es capaz de efectuar tan buena labor como cualquier otro cerebro humano."
"Poseo facultades mentales que me hacen posible la concentración y ejercitándolas con regularidad diaria¬mente estoy seguro de que se desarrollan en todo momento"
"Mi espíritu es lúcido y vivo; sé leer, anotar, aprender, retener y digerir todo lo que leo o estudio, lo mismo que el mejor estudiante."
"Soy un hombre enérgico, decidido y emprendedor; tengo voluntad firme y consigo desarrollar la concentración, porque triunfo en todo lo que emprendo"
"Siento que mi concentración voluntaria se desarrolla en estos momentos." 

Las autosugestiones de esta especie deben repetirse de cincuenta. a cien veces cada día y más si se puede .mas y se debe dejar al espíritu meditar acerca de la significación de dichas afirmaciones.
He aquí ahora dos axiomas que ha retener el lector que quiera practicar la autosugestión:
"Los pensamientos se transforman en actos."
"Contando muchas veces un cuento, puede llegar a creérselo uno mismo."
De modo que si se repite una autosugestión continuamente, y se deja al espíritu penetrarse de su plena significación el espíritu involuntario la acepta como un hecho comprobado y consecuentemente, pierde su influencia.
"El espíritu involuntario es sensitivamente extremado.
Todos poseemos al nacer los centros cerebrales necesarios para el ejercicio de la concentración; mas para desarrollados, debemos nutrirlos convenientemente ejercitados lo bastante.
No existen manejos ni procedimientos secretos, ni medios artificiales para desarrollar la concentración voluntaria.

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