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Autosugestión

Autor: J. Isabel Magallanes Sandoval
Curso:
9,17/10 (6 opiniones) |5718 alumnos|Fecha publicaciýn: 10/09/2007
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Capýtulo 8:

 La autosugestión y la ciencia de la respiración

El hombre necesita aprender a respirar

Indudablemente parecería ridículo pretender enseñar a respirar a los caballos y a los perros. Estos animales, que viven casi siempre al aire libre y hacen mucho ejercicio, respiran como la naturaleza les ha ordenado que respiren. Pero el hombre, triste víctima de la civilización, vive confinado en oficinas y talleres polvorientos, sin ejercicio, hasta que, falto de aire puro, desfallecen sus fuerzas físicas. Sin embargo, cuando llega a reconocer que debe dar a sus pulmones aire puro en determinar cuál es el mejor método respiratorio.

¿A qué perder tan lastimosamente un tiempo necesario para reponernos? En este documento encontrará el lector lo que desea. Leamos con atención. Si se percata uno de que hasta el momento sólo ha absorbido un litro de líquido, cuando su organismo reclama dos litros, empiece inmediatamente a aumentar su consumo de bebida. Beba agua hervida, si es posible, y, si no dispone de agua bastante buena, beba la mejor que logre encontrar, pero beba inmediatamente.
Más perjuicio ocasionaría a su organismo negándole el agua necesaria, aunque no sea buena, que bebiendo cuanta necesite dicho organismo, aunque la calidad no sea excelente

Y lo mismo ocurre por lo general respecto a la respiración. Si nota uno que los pulmones no han recibido, suficiente aire hasta el momento salga fuera y respire. Si está encerrado en una oficina donde la ventilación sea defectuosa, haga que penetre el aire en el local: respire, respire profundamente por cualquier medio, hasta adquirir doctas reglas y métodos.
Lejos de nosotros la idea de ridiculizar los diversos sistemas respiratorios que se enseña en la actualidad. Tenemos en ellos gran fe, por muy diferentes que parezcan entre sí, pues todo sistema será beneficioso siempre que los ejercicios se realicen concienzudamente y con una intención bien definida en el espíritu; todos los sistemas: respiratorios tienen un doble fin.

En primer lugar, la persona que las aplica fielmente logra que penetre en sus pulmones más cantidad de aire que penetraría si no los hiciese. En segundo término cada vez que ejecuta ejercicio respiratorios la hace con deliberada intención, y manteniendo esa intención ante la visión mental, tiende ésta a realizarse, porque el pensamiento se materializa, dando origen a los actos.

Dicho de otro modo, consciente o inconscientemente, las autosugestiones que acompañan invariablemente a los ejercicios; contribuyen a alcanzar los resultados apetecidos.

Una persona cuya salud es fuerte y vigorosa respira generalmente, a plenos pulmones y se asimila todo el oxígeno que le es menester, sin esfuerzo. Consciente; no necesita ningún método respiratorio. Pero es raro que una persona debilitada respire profundamente, por que el influjo nervioso accionado. en 1os órganos de la respiración se debilita en proporción al declinamiento de la salud. Por eso, cuando la salud de una persona se halla a un nivel inferior a la salud media, tendrá que fijarse en la necesidad de hacer que penetre en sus pulmones, por todos los medios posibles, la cantidad de aire que necesitaría si gozase de una salud perfecta.

No es necesario que un paciente de esta especie se someta a un sistema determinado lo único que ha de hacer es respirar hasta que tenga conciencia de haber introducido en sus pulmones mayor cantidad de aire que de ordinario, y los efectos bienhechores serán consecutivos, con la única condición de que respire profundamente durante algunos minutos, ocho o diez veces por día. Pero, en la mayoría de los casos, no basta aconsejar a las gentes que respiren más aire para alcanzar los apetecidos resultados.

El paciente pensará de vez en cuando durante un día o dos, y luego se olvidará de hacer nuevos esfuerzos de atención para aplicarse a respirar profundamente. Y he aquí por qué es de gran valor el empleo de uno u otro sistema respiratorio; porque el hecho dé respirar de manera especial, sujetándose a determinadas reglas nos conduce a fijarnos en la necesidad de respirar profundamente, varias veces durante el día, y el cumplimiento de tales ejercicios es lo que fortifica las autosugestiones.

El arte de respirar

La mejor y la única manera natural de respirar es la "respiración abdominal". Los hombres, en general, y especialmente los que gozan de buena salud, respiran de esa forma; pero las mujeres, a causa de la faja y la pesantez de los trajes, sujetos a la cintura, respiran habitualmente de pecho.

He aquí cómo se practica la respiración abdominal: Hágase una completa, larga y profunda aspiración, de modo que no sólo se levante el pecho sino que se sienta también dilatarse el abdomen. Manténgase luego levantado y dilatado el pecho, hágase salir el aire de los pulmones gradualmente.

Después que haya sido expulsado el aire de los pulmones, contrayendo el abdomen y elevando los órganos vitales, realice una nueva respiración hasta que se dilate de nuevo el abdomen, y continúe respirando de esta forma manteniendo todo el tiempo el pecho en estado de expansión tal que no se note el menor movimiento.
La respiración abdominal tiene una ventaja doble. Por medio de ella se rellenan los pulmones lo más completamente posible y el movimiento del diafragma y de los músculos abdominales efectúa el masaje de los intestinos y el estómago. Hemos visto más de un caso de enfermedad estomacal antigua curado en pocos días por medio de la respiración abdominal.

Por lo demás, los pacientes gozaban de buena salud, bebían y comían bien, pero respiraban enteramente de pecho, sin que fuese perceptible el menor movimiento en el abdomen. La respiración abdominal obra como por encanto.
Esa respiración es el único ejercicio que ha de exigirse a todos los pacientes. Permite practicar toda clase de ejercicios recomendados por los demás, y puede aplicarse ventajosamente durante la marcha.

Téngase el cuerpo bien. derecho, rellénense los pulmones aspírese, dando cinco o seis pasos, y espire durante los cinco o seis pasos siguientes. Un andar acelerado aumenta el valor de este ejercido, y se puede elevar hasta siete u ocho el número de pasos que acompaña a cada aspiración.
Cuando se haga este ejercicio, procúrese respirar por la nariz.
La persona cuya salud no sea buena, debe preocuparse especialmente de los elementos necesarios.

Autor: J. Isabel Magallanes Sandoval.- Instructor de acciones móviles en la Especialidad de electricidad del CeCaTI # 79, de Tepic, Nayarit.

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