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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicaciýn: 23/06/2006
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Capýtulo 20:

 Otras técnicas de diagnóstico

En lo personal, me ha resultado muy útil valerme de ceromancias, es decir, el an álisis de los residuos de velas derretidas en funci ón de las cuales se han formulado determinadas preguntas o por cuyo simbolismo inherente se le supone la propiedad de expresar determinada situaci ón. Aun a sabiendas de que para los modismos pseudointelectuales muy en boga en el materialismo de este siglo XXI el trabajar con velas se considera m ás propio de ignorantes aldeanos que de informados cosmopolitas, no sólo no tengo ningún prurito en revalidar su confiabilidad (apoyado en los buenos resultados que me ha deparado) sino que en lo personal he esbozado una teorí a explicativa de sus propiedades, que paso a compartir con ustedes.

Rescatando la ceromancia

Los aficionados a las Ciencias Ocultas, aun a sabiendas de los aspectos filosóficos que fundamentan sus prácticas, padecen en ocasiones una forma insólita de servilismo; prefieren ocultar, no en la paz del misterio esotérico sino en el cono de sombra de la vergüenza personal, ciertas seguridades propias que, a instancias de lo que aparece como "serio" o aceptable para los demás, podría hacerle sentir ridículo si lo reconociera públicamente.

Tal es el caso del empleo de velas; no con el fin propiciatorio que, cuanto menos en los estratos cristianos aparece como un ritual de entrecasa común, ni el uso de aquellas en ocasiones especiales como misas, funerales, etc. Nos referimos al otro uso de velas, aquel que se basa en el consumo de distintas variedades de colores y formas y en el análisis místico de sus restos, o, si se quiere, en verdad mántico, como hacen los afectos a la lectura de la borra del té o la cafeomancia.

Seguramente nadie que se estime aceptaría comentar, por ejemplo ante profesionales universitarios o gente que sabemos escéptica o crítica que, en ciertos especiales momentos se recurre en la intimidad del hogar o a ciertos cirios coloreados, o fragancias y cánticos, esperando que el remanente del consumo de aquellos refleje, si no el Destino, cuanto menos una sucesión de acontecimientos sobre los cuales podremos orientar determinadas decisiones. Y es tragicómico observar cómo ciertos parapsicólogos y "parapsicólogos" -nótese la sutil diferencia- las consumen en cantidades industriales, pero hacen mutis por el foro o llegan a bromear tímidamente cuando, en alguna reunión teñida de cierto cientificismo, se pone el tema sobre el tapete.

Claro, todo apunta a señalar que una Parapsicología científica será únicamente aquella que se basa en computadoras, electroencefalógrafos, matemática aplicada, transistores y lucecitas a diestra y siniestra y, en cambio, digna de escarnio una que se apoya en velas, resinas, perfumes, oraciones... Pero como he señalado en numerosas oportunidades, no son los instrumentos los que hacen científica una investigación ni digno de consideración un tema: son las metodologías intelectuales aplicadas, la actitud crítica, la experimentación, la verificabilidad de los resultados. Es decir, aunque resulte anacrónico en este siglo, no es, en sí, poco científico hablar de liturgias medioevales: lo absurdo o no científico de un tema cualquiera no es nunca el tema en sí, sino la actitud con que se encara su estudio. De hecho, no hay nada tan anticientífico como prejuzgar la seriedad o validez de un tema sin haberlo estudiado. De allí que en ocasiones observemos que es mucho más "mágica" la actitud de un individuo en guardapolvo blanco que afirma o rechaza dogmáticamente y a priori alguna cosa (lo que no deja de ser, psicológicamente hablando, una sacralizada actitud religiosa) que la de un chamán o hechicero tribal que, no conforme con las enseñanzas de sus antepasados, experimenta nuevas hierbas, pases magnéticos de otro clan y pócimas dictadas por los espíritus buscando optimizar sus resultados.

Uno de los aspectos más apasionantes del moderno Ocultismo es el estudio de las correspondencias que existen entre el Inconsciente Individual de un sujeto y el Inconsciente Colectivo a que éste pertenece, como miembro de un estrato social, colectividad, ideología, etnia o el propio género humano. Así, quienes conocemos las técnicas de estudio de la personalidad reconocemos como uno de los más eficaces para el mismo al llamado Test de Roscharch, de la clase de los "proyectivos", consistente en una docena de láminas presentando manchas que el individuo testeado tiene que "interpretar" a su parecer. De estas interpretaciones se deducen evaluaciones complementarias de diagnósticos. Paralelamente tengamos en cuenta uno de los principios del Esoterismo; aquello que Aristóteles denominó "entelequias", y que dice que todo cuanto existió, existe y existirá en este Universo ya se encuentra en el "Mundo de las Ideas", y que la historia de aquél es sólo aguardar el momento en que la materia dé forma a los eventos sobre estas matrices semióticas. O, en palabras del propio Aristóteles, en que se "llenen de realidad".

Precisamente, en este sentido se observa en su real extensión la Ley del Mentalismo (el Todo es mental), lógicamente perfecta y que enseña que todo lo que gira a nuestro alrededor, sea materia, energía, pensamientos, deseos, en realidad no son cosas distintas entre sí sino los mismos principios básicos materializados de distinta forma.

En consecuencia, yo -mi Inconsciente Individual- navego en un mar de entelequias, que no son ajenas a los vectores psíquicos inmanentes al Inconsciente Colectivo del cual formo parte. En consecuencia, esas tensiones pueden "ideoplastizarse" en la parafina o estearina de las velas, ya que las mismas no adoptan necesariamente el aspecto de lo que puede acontecer sino que, Ley del Mentalismo mediante, formar figuras que interpretaremos en función de las pulsiones psíquicas que, manifestadas a través del Inconsciente Colectivo, actúan sobre nuestro Inconsciente Individual, detonando en él ciertos aspectos de su natural potencialidad parapsicológica, usando el remanente de las velas como un "puente", un "amplificador" (al igual que la baraja del Tarot o la bola de cristal la cual, por cierto, no es precisamente un televisor paranormal) para expresar esas latentes facultades extrasensoriales que duermen en todos los seres humanos.

Dicho de otra forma, la Ceromancia es una especie de test Roscharch del Inconsciente Colectivo y de las entelequias subyacentes en él.

Actualmente, me encuentro conformando una especie de pequeño "museo privado" con, entre otras cosas, residuos céricos de altos índices de extrañeza: en él encontramos pequeñas duplas de cuernos, rostros, letras hebreas, conjuntos de figuras humanas... y aquí no sirve la escéptica explicación de que "se ve lo que se quiere ver"; creo que, por caso, la aparición de dos cuernitos perfectamente simétricos, curvados de la misma forma y, obviamente, sin manipulación inteligente alguna -cuanto menos humana- no puede ser explicado por la casualidad, menos aún cuando estas "casualidades" ocurren en un episodio de "ataque psíquico", sin olvidar que la suma de las "casualidades" hace a la "causalidad". Precisamente otra ley científica, la llamada "navaja de Occam" o "Principio de economía de hipótesis" dice que cuando se tiene más de una explicación posible para el mismo fenómeno debe comenzarse por presuponer la más sencilla. Si ésta no basta para explicar todas las manifestaciones debe pasarse a la que le sigue en complejidad y así sucesivamente, y ciertamente, presuponer que "por casualidad" en una situación dada de tensiones psíquicas sobre un sujeto o grupo familiar, o en un hogar sometido a extrañas circunstancias, el simple derretimiento de una vela deje esas específicas improntas, mientras objetos se mueven solos y se ven extrañas apariciones... es mucho más inaceptable que admitir, simplemente, la interacción de extraños fenómenos parapsicológicos.

Por supuesto, en el ejemplo de referencia, nadie dice que sea el "diablo" quien ande metiendo la cola, o, en este caso, los cuernos; observemos que la aparición de los mismos significa lo que simbólicamente es perjudicial, extraño y peligroso para el Inconsciente Colectivo de un estrato social específico, esencialmente católico, donde el fenómeno se produjo, y es comprensible que así sea: el Inconsciente Colectivo es precisamente eso, inconsciente, y se manifiesta en base a símbolos.

Fenómenos como el descripto, cuyas pruebas obran en nuestro poder, ilustran un universo muy distinto al mecanicista que nos muestran los libros de texto. Un universo que es precisamente eso, "uni", es decir, la expresión unificada, unidad de lo que se materializa en la naturaleza de distinta forma. Realmente, si hubiera cosas distantes en su génesis o caracterización entre sí que las hiciera irreconciliables holísticamente, viviríamos en un Pluriverso.

Este Universo hace que mediante algo tan sencillo como dejar quemar una vela -pero la Verdad, así con mayúscula, siempre se encuentra en las cosas sencillas- nos muestre, hasta con una sinceridad cruel, qué emanaciones forman el entramado metafísico en el que nos encontramos inmersos.

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