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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 14:

 Rituales de protección II

Preparamos el altar con una mesita, mantel blanco o violeta, dos velas rojas (representan la energía vital en el mundo material; porque todo lo espiritual es latente, potencial, y lo material es acci ón, entonces esas dos velas rojas representan la afirmaci ón en el mundo material de lo que deseamos hacer; tambi én significan el Sagrado Corazón Cr ístico). Luego se hace una defumaci ón con carbones vegetales, incienso y mirra (se puede agregar almizcle, benjuí , estoraue, sangre de drago o sándalo).

sobre el mantel del altar debe estar el libro sagrado, el papel con las otras frases que se pronunciarán (ideal es memorizarlas, pero siempre queda la opción de leerlas) como la de exorcismo de los elementos, una punta de plata (un pequeño cuchillo de ese metal o una varita de membrillo, alerce o milenrama con un capuch ón terminado en punta de plata), una copa de cristal con agua y una campanita de bronce o de cristal.

Luego de distribuir los sí mbolos sobre el piso, colocar las velas y encenderlas (en el sentido de las agujas del reloj comenzando por la que se encuentre m ás al Este), se encienden las velas del altar y por último la vela negra. Se recomienda encender las velas unos minutos antes de realizar la sesión que se describe a continuación.

En el ritual hay un "oficiante" y un "asistente" (que pueden ser una misma persona, pero es ideal que se trate de por lo menos dos, y m ás asistentes si son muchos los concurrentes); adem ás, como dijimos, los otros asistentes "pasivos" que técnicamente reciben el nombre de "comparsas". El oficiante es el último que ingresa a la habitaci ón o lugar donde se llevará a cabo el ritual. El primero que ingresa es el asistente: encenderá las defumaciones, defumará caminando el lugar; hace sobre el altar la señal de una cruz (la Cruz es un símbolo sagrado remotamente anterior al cristianismo y representa al "Eje del Universo"), aunque cabe la opci ón, en lugar de la cruz, de dibujar en el aire con el sahumador una estrella de cinco puntas. Luego va entrando el público asistente. Para ello hay dos criterios: o entran primero por orden de edad, o por orden de vestimenta: primero los de blanco, luego quienes no usen túnica, etc., siendo por edad primero los m ás jóvenes y así sucesivamente, siendo el último en hacerlo el oficiante, tenga la vestimenta que sea del color que fuere.

Observación: Si bien no es excluyente, se recomienda en este y otros rituales vestir una túnica confeccionada ad hoc -habrán visto algunos ejemplos en las fotografías de la lección anterior- amplia y cómoda, larga hasta los pies, con capucha idealmente terminada "en punta". Los colores conviene que sean de acuerdo a la edad de los usuarios: blanco hasta 20 años, negro hasta los 30 años, verde hasta los 40 años, azul hasta los 50 años y púrpura, violeta o fucsia más allá de esa edad. La función de la túnica es proteger al oficiante y los asistentes de las "miasmas astrales" que pueden precipitarse durante la sesión; fungen algo así como los trajes de protección de otros oficios.

Por ello siempre recomiendo que aunque por alguna razón no pueda contarse con túnica del color adecuado a la edad (supongamos, una persona que acaba de cumplir treinta años y no está en condiciones de hacerse confeccionar inmediatamente una nueva) siempre es convenientre usar cualquiera que se posea. Si no se cuenta con esta vestimenta adecuada, conviene hacerlo sencillamente de blanco.

Cuando la comparsa va ingresando de uno por vez el asistente descarga y defuma a cada persona de la siguiente manera: pasando el sahumador por encima de la cabeza, a los costados de la misma, debajo de las axilas y plantas de pies. en ese momento debe mentalizar una oración que exprese la liberaci ón de la persona que tiene frente suyo o visualizar mentalmente que el "aura" -la porci ón de campo bioplasmático que excede del cuerpo f í sico- se va limpiando de negatividad, verla brillando con tonos pasteles a medida que se va recorriendo el cuerpo con el sahumador. Luego se hace la señal de la cruz ante esa persona y se la acompaña hasta el lugar correspondiente, hasta completar la totalidad de la comparsa. Cuando ingresa el oficiante, el asistente efectúa la misma tarea descripta anteriormente. Luego el oficiante se para ante el altar y hace un minuto de silencio meditativo para vaciar su mente de contenido, relajarla y apaciguarla de ruidos y pensamientos.

Enciende una vela blanca preparada frente a los objetos que se quiere consagrar -si los hay- e inicia, en sí, la liturgia, cuyo objeto consiste básicamente en "abrir" una puerta entre nuestro plano y planos vibratorios superiores para que nosotros, la gente en la cual pensemos y llevemos en el coraz ón durante la sesi ón y los objetos propios o ajenos que hayamos llevado se impregnen de esas vibraciones favorables, lo que se traducirá en una "calidad significativa" durante el ciclo siguiente.

Se hace la señal de la cruz sobre el altar. Entonces, con la campanita tañiendo en su mano hace 7 giros sobre el mismo en el sentido de las agujas del reloj y anuncia otro minuto de meditaci ón de la siguiente manera: "Con los ojos cerrados durante algunos segundos, vaciando nuestra mente de contenidos, recogiéndonos en nuestro interior y tratando de ser uno con el mundo que nos rodea".

La iniciaci ón del ritual propiamente dicho puede tener cierto grado de espontaneidad, pero debe tener el sentido de "comuni ón histórica" y que en pocas palabras exprese la sensaci ón de todo lo que el Ocultismo ha pasado durante tantos miles de años: "Al igual que desde hace miles de años nos reunimos aquí en una de las cinco grandes fechas espirituales que el año depara para los hermanos de nuestras creencias; somos una religión sin iglesias, una filosofía sin academias, una ciencia sin universidades; somos los mismos que desde que el Hombre existe como especie dominante sobre la Tierra, tratamos de encontrar la unión con Dios y con el Cosmos fuera de la palabra dominante de las jerarquías institucionalizadas por la Historia. Somos los mismos que a través de los siglos hemos sido perseguidos, torturados, quemados, vejados por todas las culturas de los cuatro rincones de La Tierra. En la Edad Media se nos quemaba vivos en las hogueras; hoy, se nos cubre de ridículo, lo que es todavía peor, ya que el ridículo jamás ha creado mártires. Somos los mismos que hemos sido mencionados como magos entre los antiguos caldeos, como brujos entre los pueblos europeos de la Baja y Alta Edad Media. Hoy reivindicamos nuestro derecho de creer que el Hombre puede ser el instrumento de su propia divinidad; reivindicamos el derecho de creer que cada ser humano puede contactarse con las fuerzas superiores del Universo sin necesidad de intermediarios; reivindicamos el derecho de creer que podemos ser dueños de nuestro Destino construyendo objetos, vali éndonos nosotros mismos de los medios para inclinar las leyes espirituales a nuestro favor. Somos los mismos que hoy, al igual que en muchos países de La Tierra nos reunimos durante estas fechas para conectarnos una vez más con los planos superiores. Somos los mismos que sin templos, sin iglesias propias, sin lares de reunión hacemos un templo y una iglesia de cada uno de nuestros cuerpos para que habite en él esa chispa de divinidad que es el espíritu humano. Jehovah Adonai H'Aretz Eheieh eloah Va Daath, Sator, Arepo, Tenet, Opera, Rotas. Los aquí reunidos impetramos a las Fuerzas Universales pidiéndoles que desciendan durante este acto, este ritual, en el cuerpo, la mente y el espíritu  de los aquí presentes, que abran sus canales de energía, que derramen sus influencias benéficas sobre cada uno de los objetos que hemos traído a esta reunión, que extiendan sus energías positivas para todos los seres queridos que comprendiéndonos o no, amándonos o no amándonos, entendiendo nuestra razón de ser o burlándose de nosotros, forman parte del Karma de nuestra existencia; como constructores de nuestro Karma cotidiano invocamos a las Fuerzas Universales para que desciendan de sus planos superiores e impregnen cada átomo, cada molécula de nuestra materialidad haciéndola vibrar un escalón más alto en busca de nuestra superación personal, en busca de un único fin trascendente: la común-unión con el Todo Trascendente. Invocamos al Pensamiento Creador del Universo con esta oración: Om Shiva, Om Shivaina, Om Shivaraina, Om (se repite cinco veces). En silencio pedimos por nuestra superación personal Om Shiva, Om Shivaina, Om Shivaraina, Om (se repite doce veces mientras el oficiante entrega la punta de plata a un asistente luego de trazar con ella siete veces el pentáculo frente al altar, y con dicha punta de plata el asistente, levantando un brazo en alto teniendo el dedo pulgar apoyado sobre la u ña del anular y los dedos índice y medio extendidos, con la otra mano toca con la punta de plata la frente y el centro del pecho de cada comparsa).

El oficiante entonces lee un pasaje del libro sagrado que ha elegido que resulte inspirativo, tras lo cual lo deposita en su lugar, gira tocando la campanilla nuevamente siete veces sobre el altar y elevando ambos brazos al cielo (con las manos en la posici ón descripta para el asistente), pronuncia la siguiente oraci ón (importante: esta oraci ón conviene memorizarla para muchas otras ocasiones): "Los aquí reunidos, en Paz y en Luz, adoramos al Gran Arquitecto del Universo y nos confiamos a Su voluntad. In nomini Tetragrammaton, per nómine Pentagrammaton. Y en el nombre de Jehovah Adonai Ha'Aretz, eheieh, eloah Va Daath y sus arcángeles kosmokrátores, Rafael, Uriel, Miguel, Gabriel, Sachiel, Zadkiel, Anael y el ángel Mitratón, les impetramos para que en Verdad y Justicia nos otorguen lo que por derecho de conciencia nos corresponde. En el nombre del Padre, del Verbo y del Espíritu, Acla, Acla, Amén".

En este punto los asistentes -si son varios- se reúnen detrás del oficiante tom ándose de mano en mano, la izquierda vuelta hacia arriba tomando la derecha del compañero que estará vuelta hacia abajo. Los extremos (la izquierda del asistente de este lado, la derecha del opuesto) se elevarán al cielo en el signo descripto, repitiendo como una letan ía "Om Shiva, Om Shivaina, Om Shivaraina, Om" mientras el oficiante va tocando con la punta de plata cada objeto que le fue entregado para consagrar. Luego, gira hacia el público, y a su señal los asistentes dirigen a los presentes haci éndolos acercarse al oficiante, quien, con esa misma punta de plata, tocará a cada uno en la frente, los hombros, el corazón y el lado derecho del abdomen. Entonces besa la punta de sus dedos í ndice y medio de la mano derecha y toca con ellos el entrecejo de la persona. En todo este proceso, los asistentes continúan repitiendo su oración.

Una vez que han circulado todos los presentes, el oficiante se vuelve hacia el altar y elevando los brazos como hemos descripto pronuncia las siguientes palabras: "Que las bendiciones del Altísimo estén para siempre y por siempre en nuestras mentes, nuestros corazones y nuestras almas, y que Su presencia nos ilumine en el sendero de la vida, amén".

Y mientras el oficiante junta sus manos en actitud de oraci ón y queda meditando en la siguiente oración -que forzosamente deberá haber memorizado-, todos comienzan a retirarse del sal ón en el orden inverso al que han ingresado. Si se hallaban en el interior del " ánima mundi", deben salir sin dar la espalda al altar (esto tambi én es válido para cuando el público se acerca al oficiante para recibir el Toque). Caso contrario, simplemente giran sobre sus talones y se marchan del lugar.

Obviamente, el oficiante es el último en retirarse.

La mencionada oraci ón dice así : "Este cuerpo objetivo no soy Yo, sino el vehículo por cuyo medio actúo en el plano físico. Este cuerpo etéreo no soy Yo, sino solamente mi vehículo en los subplanos etéreos del físico, el puente entre mi cuerpo objetivo y mi cuerpo emocional. No Soy tampoco mi cuerpo emocional, éste es sólo mi vehículo en el plano de los deseos y de las emociones. No Soy mi cuerpo mental, sino que utilizo a éste en el plano mental inferior para la creaci ón y transmisión de formas de pensamiento. No Soy mi cuerpo causal, racional; éste es mi vehículo en el plano mental superior para la investigación en el mundo de las causas, para contemplar mi ideal Dhármico y para ejecutar el plan que me ha dado el Logos, como razón para mi existencia separada. Yo no soy mi vehículo búddhico; utilizo éste siempre que me es posible para derramar la bendiciones del espíritu Atman, para enviar en forma de intuiciones las radiaciones de Amor y Sabiduría de la Mónada, que soy Yo mismo, a los vehículos inferiores. Tampoco soy mi huevo áureo; utilizo este maravilloso vehículo como primer peldaño de la Escala de Existencia por la que desciendo a la materia y como postrer peldaño cuando asciendo de nuevo a lo que soy. Yo soy el camino, mi camino, mi verdad y mi Vida. No me identifico con ninguno de mis vehículos. Yo soy Yo.

Es posible que algún estudiante se pregunte si no serí a m ás atinado que esta oraci ón sea meditada al principio del ritual. Alguna vez, yo mismo así me lo he planteado. Pero la práctica me ha revelado la funci ón, si me permiten, "profil áctica" de esta oraci ón. Extrañamente (o no tanto) hay una tendencia durante la sesi ón de sentirse egocéntricamente importante hacia los dem ás; supongo que es consecuencia del flujo ambivalente de las energ ías que se despegan de los presentes provocando una especie de "descentrado" de "pérdida del equilibrio" del oficiante. Esta oraci ón, entonces, nos "esteriliza" de esas pésimas vibraciones, nos devuelve a nuestra realidad espiritual.

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