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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 17:

 Retomando el concepto de "vampirismo energético"

Seguramente la forma m ás cotidiana e instintiva de agresi ón psíquica es lo que llamamos "vampirismo energético". Sin ser necesaria y estrictamente psí quico (de hecho, he empleado la expresi ón "agresi ón psíquica" simplemente como una generalizaci ón tem ática), sí se le encuentra en los fundamentos de numerosas patolog ías f ísicas, mentales y sociales, entendiendo -y extendiendo- este último concepto al ámbito del rendimiento laboral y todo tipo de interacci ón con el entorno, ya sea en las relaciones afectivas (las de pareja, familia o amistad) o en cualquier otra circunstancia.

Coherentemente con el precepto básico de la Parapsicologí a (af ín a la medicina china) en el sentido de que el ser humano es la inextricable uni ón interactuante de distintos planos (en Oriente se hablaría de tres: f í sico, psicoemocional y energ ético; aquí , obviamente, extendemos esa categorizaci ón hasta el astral, etéreo y espiritual), algo así como el eje resultante del cruce de varios planos, y que nada puede ocurrir en uno de esos planos sin que por carácter transitivo afecte (para bien o para mal) a los restantes, es obvio comprender que todo desequilibrio energ ético (o psíquico, pues la libido, que los psicólogos freudianos tienden a conceptualizar estrictamente en su sentido sexual, pero que en Parapsicologí a se aplica, en términos m ás generales, a toda energía psíquica, cerebral o no, que actúe sobre sus propias estructuras [conciente, preconciente e inconciente], sobre el organismo o se proyecte al medio) necesariamente ha de traducirse, tarde o temprano, en desequilibrios en la salud org ánica, la estabilidad emocional, el rendimiento laboral o el éxito social.

Esto lo comprenderemos m ás f ácilmente si logramos, por unos instantes, abstraernos de la ilusión (los hindúes hablar ían de "maya") de ser nosotros un "algo" distinto a otros "algos" que se desenvuelven en un medio "algo" ajeno a nosotros. Ciertamente, yo puedo palparme y afirmar que este cuerpo no es, para nada, ilusorio. Ciertamente tambi én, puedo afirmar que lo ilusorio, sin embargo, es la percepción que tengo del mismo. En efecto, me parece sólido y homogéneo, pero sé que en realidad está formado por una miríada de nubes de átomos separados entre sí en distancias proporcionales a las que separan los planetas en las órbitas de nuestro sistema solar, átomos que por otra parte puedo definir, mucho mejor que como partículas m ínimas de materia, simplemente como cuantos de energ ía, y en el caso de algunos de ellos, aun simplemente como una probabilidad matemática. Pero como la palma que la mano con la que me reconozco recibe la informaci ón en un plano macrofí sico, percibe en ese plano, en términos de ese plano. Yo toco la pared: no es el estímulo "pared" el que activa la asociaci ón identificatoria de mi conciencia. Es el estí mulo táctil que a través de los filamentos nerviosos se transforma en impulsos el éctricos que con mejor o peor suerte viajan hasta mi bulbo raqu ídeo, mi cerebelo y me cerebro, para ser decodificados e interpretados por grupos sinápticos de neuronas excitables qu ímicamente. Una estructura org ánica que tambi én es energ ía. La pared es energí a latente. La informaci ón se transmite activamente hasta una estructura cortical que, en última reducci ón, es un agrupamiento de estructuras energ éticas. Somos energía. Y, en ese contexto, no "toco paredes". No "discuto". No "hago el amor". No "como". Intercambio información con el entorno. El Universo es informaci ón. Y nosotros, simplemente un aspecto particularmente organizado de esa informaci ón, pero no ajena al concierto cósmico.

Ese intercambio de informaci ón y energí a con el entorno se produce tanto en forma conciente como inconsciente. Voluntaria como involuntaria. Y una de las formas de intercambio (generalmente inconsciente e involuntaria, hecha la aclaraci ón para que no miren con odio a quien consideren responsables de sus depreciaciones energéticas) es el "vampirismo energético" o, en términos más reducidos, el "vampirismo psíquico".

Un ejemplo burdo, pero ilustrativo: supongamos que tengo dos grandes recipientes, conectados entre sí por un pequeño conducto o manguera cerca de sus bases, con una llave para cerrar este conducto a voluntad. Lleno el recipiente A hasta el borde de agua, mientras que en el B sólo hasta una tercera parte. Luego, abro la espita, y el agua comienza a circular de A hacia B. ¿Hasta dónde?.

Hasta que, reduci éndose en A y aumentando en B, en ambos recipientes el nivel de agua alcanzado sea exactamente el mismo. Supongamos ahora que A es una persona hiperactiva energéticamente (con exceso de energ ía) y B, otra hipoactiva energéticamente) (con falta de energ ía). Ante la proximidad -sobre la que podemos discutir: recuerden que mientras la primera capa áurica recorre la superficie del cuerpo sólo hasta unos cinco centímetros, la segunda capa aúrica lo hace en promedio hasta unos 50/70 cm (lo suficiente para interrelacionarse áuricamente si estamos sentados lado a lado, o compartiendo un caf é, etc) mientras que la tercera puede extenderse hasta 5 metros o más, lo que en una multidud, por ejemplo, se traduce en una mezcolanza confusa de nuestra energía con distintos niveles vibratorios ajenos- de alguien con menor nivel energético que el nuestro (deprimido, muy cansado por exceso de trabajo f ísico o intelectual, geronte o enfermo) sin recurrir a estereotipados ojos inyectados en sangre ni relucientes colmillos, tendremos aqu í a alguien que "succionará" instintivamente algo de nuestra energí a en su provecho. De resultas de lo cual, tras estar un rato junto a nosotros, él se sentirá mejor en todo aspecto y, en todo aspecto también, definitivamente nosotros peor. ¿Nunca les ha ocurrido algo así?. ¿Sentirse an ímicamente bien, pletóricos de energí a, y al ir de visita a casa de algún pariente salir de all í desganados y deprimidos, mientras que, por caso, ese pariente pasa a comentar "lo bien que me hace que Mengano me visite; siento que me llena de energ ía"?. He aqu í un típico caso de "vampirismo energ ético".

La pérdida de energ í a puede producirse tanto a nivel del campo bioplasm ático -ver lección anterior- como en el estricto ámbito de lo psíquico -el caso de la libido- ocasi ón ésta a la que nos referimos como "vampirismo psí quico". La distinción, en todo caso, es simplemente didáctica; a los efectos prácticos, las consecuencias, y la forma de evitarlo o bloquearlo, es exactamente la misma.

Para protegernos de estas afecciones, es necesario desarrollar cierta capacidad psicokin ética. No se trata de llegar al extremo de desplazar objetos con la mente -tanto mejor si su predisposición natural así lo provoca- sino, simplemente, alcanzar un leve, muy leve, grado de interacción mental con la materia. Es el comienzo de un largo camino que en el budismo tibetano llevaba a la creación espontánea de "tulpas", literalmente "formas de pensamiento". En nuestra sociedad consumista, acelerada y virtual, donde carecemos de la paz del Potala, a los efectos de la Autodefensa Psíquica bastará con (y esto necesariamente va de la mano -y debe hacerles reflexionar- sobre el concepto de "láser mental") aumentar la intensidad de nuestras ideas (la "densificación del pensamiento") mediante la práctica de "escotofotograf ías" o "psicofotograf í as". Humildemente, sé que otros especialistas podrán sostener que existen otros m étodos para desarrollar estas capacidades. Sabrán disculpar mi ignorancia, pero este es el sistema que yo he practicado y cuyos resultados he comprobado. A este ejercicio, en orden de pasar luego a describir las estructuras de protecci ón contra "vampirismos" me remito, recomendándoles buscar el tiempo y la circunstancia para intentar, cuanto menos, hacer algunas prácticas de este tenor. Caso contrario, ¿quién podrí a tener la serena convicci ón de que su mentada capacidad psí quica, su "l áser mental" es una realidad perceptible y no sólo una bravuconada de su alicaí do ego?.

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