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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 31:

 Preparación de amuletos y talismanes III

El entrenamiento mental

Antes de continuar con el desarrollo de los pasos conducentes a la fabricación, consagración y empleo de nuestros amuletos y talismanes, dedicaré esta lección a un tema de fundamental importancia, no sólo para estas lecciones en particular, sino también para distintos aspectos de la vida cotidiana: el adecuado entrenamiento de nuestro psiquismo en orden de la consecusión de nuestros objetivos.

Desglosaremos esta cuestión planteándonos, desde el vamos, tres preguntas: (a) ¿qué tiene que ver esta "cuestión mental" con la fabricación de amuletos y talismanes?; (b) ¿qué tiene que ver esa misma cuestión con la Autodefensa Psíquica?. Y, finalmente, (c) ¿y qué tiene que ver con los objetivos de la vida cotidiana?.

Si me permiten una disgresión, debo confesar que uno de los resultados más importantes de realizar cursos como éste -en lo que a mí respecta- es que la discusión de ciertos tópicos con mis alumnos y la (si me permiten el neologismo) re-reflexión de posturas y afirmaciones sostenidas casi mecánicamente a través de los años - peligrosamente cercanas a la fosilización intelectual- me llevan a descubrir nuevas facetas que explorar de estas disciplinas, exploración que redunda en nuevos abordajes que ofrecer a mis alumnos. Me encuentro en una etapa en la cual estoy considerando seriamente superar la época de la dicotonía "cursos de control Mental - cursos de Autodefensa Psíquica", no por entender al control Mental (cualquier escuela de Control Mental de la que estemos hablando) perimido o in útil sino, y lo digo humildemente como viejo cultor del mismo e instructor a través de los años, incompleto para las exigencias de la vida moderna y falto de oxígeno renovador para quienes ya han transitado sus enseñanzas.

Cuando hace casi dieciséis años creé la Autodefensa Psíquica, lo hice como un puñado de técnicas diseñadas, de acuerdo a mi modesto saber y entender, para enfrentar ciertas y concretas situaciones de perturbación de que eran víctimas algunos escasos de los entonces mis pocos alumnos. A través de los años, no sólo ha crecido enormemente el número de los mismos sino también la complejidad de las agresiones de que son víctimas y la multiplicidad de situaciones en que iba descubriendo los efectos benéficos de sus enseñanzas. Así, comprendí que el concepto de "agresión psíquica" iba más allá de -si me permiten decirlo casi chabacanamente, pero, bueno, estamos entre amigos- "brujerías" varias: cuando el sistema, la sociedad contemporánea, maneja sus influencias subliminales para hacer sentir un fracasado a cualquier congénere, esto también es una agresión psíquica. Cuando un padre o una madre siente que no puede luchar contra la dominación psicológica que una tribu urbana hace sobre sus hijos, casi mofándose en su rostro, esto también es una agresión psíquica. Y estoy seguro de que cada uno de ustedes deducirá, por reflexión sobre su propia vida u observación de la vida de los demás, un sinnúmero de situaciones donde las palabras "agresión psíquica" trascienden las acotadas implicancias que un humilde servidor supuso hace dieciséis años.

El crecimiento de la "umbanda", "quimbanda", "candomblé" y cultos afro en general -de los cuales, por ciertas facetas problemáticas que presentan en función que del mal uso de sus enseñanzas hacen algunos de sus cultores ameritarán (ustedes pueden preverlo) unas cuantas lecciones en el futuro- donde, por ejemplo, pasó de contar -sólo en Argentina- con cinco mil cultores en 1979 a más de doscientos mil en 1999 (ignoro con certeza el número actual, pero dado que estas cifras hablan sólo de los devotos reconocidos de esos cultos, llamados "hijos de religión", y dado que los "congales" o "terreras" -lugares de esos cultos- reciben la afluencia de un número no determinado de personas que sin reconocerse fieles practicantes acuden para la "solución" de diversos problemas, infiero que la cifra debe superar el millón) es sólo un indicativo de los múltiples matices que puede adquirir el concepto de "agresión psíquica". Conclusión: que estoy atravesando el límite intelectual de aceptar que la "Autodefensa Psíquica", por razones que iremos desbrozando en el camino, comience a absorber, a incluir y transmutar el Control Mental, especialmente el Oriental, aquél al que he adscripto toda mi vida, no por carecer de identidad y entidad propia sino, precisamente por ser el más efectivo.

Uno de los preceptos básicos que he aprendido a través de tantos años de enseñar Control Mental, es que no existe herramienta más poderosa que aquello que he llamado "densificación del pensamiento". Por una serie de razonamientos análogos al Principio de Correspondencia -al cual remito al estudiante interesado en ampliar este punto (*)- la intensidad del pensamiento (antes que la cantidad del mismo) es capaz de metamorfosear la realidad de acuerdo a nuestros intereses. Sin entrar aquí a considerar el fenómeno de los "tulpas" o formas de pensamiento -sobre las cuales me he extendido en el número 49 de nuestra revista electrónica "Al Filo de la Realidad"- la "densificación del pensamiento" (lo que más adelante llamaré el "láser mental") nos permite modelar (¿o debería haber escrito "modular"?) la realidad a nuestro antojo, claro que entendido esto no en un sentido absolutamente determinista (pues, casi obligando así a otras voluntades a vibrar de acuerdo a nuestra intencionalidad estaríamos, lisa y llanamente, violando su libre albedrío, el don más sagrado que Dios le dio al espíritu humano) sino a orientar las tendencias dominantes en el mismo sentido y dirección de nuestros objetivos (que no es lo mismo). Si ustedes recuerdan nuestras enseñanzas sobre el concepto de "punto de anclaje" comprenderán cómo puede una intención "aferrarse" a un objeto. Es el caso de los "objetos malditos". Es el caso, también, de la preparación de "papeles condensadores de deseos" para experiencias con réplicas a escala de pirámides. El tema lo trato mucho más extensamente en nuestro curso virtual de Parapsicología Aplicada (solicitar temario) pero básicamente podríamos recordarlo así.

Recorte a mano (no con tijeras) un triángulo escaleno (de tres lados desiguales) en papel blanco. Puede, si lo desea, emplear papel de acuerdo al color del efecto que desea provocar, valiéndose de la tabla de correspondencias cromáticas que se explica en ese curso. Escriba de un lado el propio nombre -o el de la persona que ayuda- en letra cursiva, bien cerca del borde y sin levantar en ningún momento la mano del papel, omitiendo lógicamente los puntos de las íes y los acentos, una palabra tras otra, tras otra nuevamente, tantas veces como sean necesarias hasta recorrer todo el borde y "enganchar" con el principio, aunque el nombre no coincida exactamente, con el fin del apellido. Luego, invierta el papel y escriba, en forma de espiral, de afuera hacia adentro y en el sentido de las agujas del reloj, el deseo u objetivo a cumplir, siendo preciso en lo que quiere y cuándo lo quiere. La frase debe ser de pocas palabras, pero repetirse, de manera tal que forme tres o cuatro vueltas de la espiral (aqu í sí se puede levantar la mano al escribir). Luego pliegue tres veces el papel, cuidando que la espiral quede en el primer pliegue hacia adentro, y que en cada uno un borde coincida con otro. Finalmente, coloque el papel dentro de la pirámide, acostado, de manera tal que el vértice opuesto al lado más largo apunte hacia el norte.

No se haga trampas. Si mientras escribe el nombre de la persona, por la fuerza de la costumbre, levanta inconscientemente la mano, estrújelo, arrójelo y comience de nuevo.

Por infantil que este sistema le parezca tiene una buena justificación, y si me permite aburrirle algunos minutos, paso a explicársela.

Debemos comenzar por referirnos a una rama de la Parapsicología, llamada Tanatología, que es el estudio de la vida después de la muerte. En este campo, afirmamos -fundados en razones que habrá visto en las lecciones correspondientes- que después de la muerte biológica el psiquismo del individuo sobrevive en dos niveles de manifestación: los así llamados Paquete de Memoria Eróticos (PME) y los Paquetes de Memoria Thanáticos (PMT). "Paquete de memoria" es una definición propuesta por el biólogo Jean Jacques Delpasse para reemplazar a la vulgar definición de "fantasma".

"Paquete", en el sentido informático de la expresión, es decir, una cantidad dada de energía, y "de memoria" porque guarda restos de memoria de su vida biológica. Lo de "erótico" en tanto (por Eros, dios de la vida y el amor entre los antiguos griegos) le son aplicados a aquellos que, tras su muerte pasan, para decirlo de una manera entendible, a un plano superior de manifestación; otras dimensiones, vibraciones más sutiles... son aquellas personas que en vida fueron altamente espirituales, positivas, constructivas, oblativas (en el sentido psicológico de "dar" permanentemente), buenas. Así, se despegan de este mundo material y continúan su camino, su evolución, en otras esferas. Lo de "thanático", deriva de Thánatos, que era el dios de la muerte y la destrucción entre los helenos y se aplica a quienes, mientras vivos, eran puramente materialistas, egoístas, destructivos, o de poca moral.

Estos quedan adheridos a este plano hasta tiempo después de fallecidos, un tiempo que puede oscilar desde algunas horas hasta varios siglos, de acuerdo al "balance" entre actitudes eróticas y thanáticas que todos tenemos, indistintamente, a lo largo de nuestra vida.

El PMT entonces permanece cierto tiempo en este plano. Pero, como todo ser confundido, tiende a "adherirse", decíamos, a aquellos lugares, personas o elementos que le resultan conocidos, deseables o tranquilizadores. Le sigue siendo difícil abandonar lo ilusorio del mundo material. Como no puede "ver" ni "escuchar" -ya que los sentidos físicos se han descompuesto con su cuerpo- y como sólo es mente, sólo puede "sentir". Y para un PMT lo que lo rodea es un gran océano de sensaciones, ora agradables, ora desagradables, unas conocidas, otras no. Entonces, en un reflejo defensivo, se incorpora a aquellas "concentraciones de sensación" que le resultan más identificables. Pero esas "concentraciones" son en realidad la representación en un plano material de objetos, lugares o personas, en los cuales se ancla el PMT.

Supongamos que muero no creyendo en la vida después de la muerte. Del otro lado del umbral, no tomo conciencia de que ahora sí he fallecido y, después de todo, había un más allá, ya que el "tomar conciencia" es, perogrullescamente, un acto de la mente conciente, la cual depende del buen funcionamiento del neocórtex o corteza cerebral, precisamente lo primero que empieza a descomponerse al morir.

En lo que sobrevive de mí, el "darme cuenta" de las cosas es casi un acto sonambúlico, inconsciente. Y si mientras estuve vivo, pongamos como tonto ejemplo, una de las cosas más queridas por mí fue mi pipa, pues después de muerto, donde vaya esa pipa, irá adherida mi remanencia psíquica que, en el plano emocional, al morir el cuerpo "corrió" a impregnar lo que era su referente emocional. Esto explica las "obsesiones" que PMT pueden hacer de lugares -las famosas "casas encantadas"-, personas u objetos -los considerados "embrujados"-. Pues bien, al objeto, lugar o persona al que se adhiere la remanencia psíquica lo llamamos técnicamente "punto de anclaje".

¿Y qué tiene que ver todo esto con las programaciones de la pirámide?. Pues bien, que "puntos de anclaje", claro que un poco "ersatz" pueden generarse también con nuestro psiquismo mientras estamos vivos. Es así que toda esa "tensión psíquica" puesta de manifiesto al cortar el papel a mano, escribirlo sin levantar el trazo, trazar el pedido en espiral (un símbolo de fuertes connotaciones espirituales de concentración) y plegarlo, transforma ese objeto (triángulo de papel) en un "punto de anclaje" de nuestro pensamiento. Un pensamiento que concientemente yo consideraré no mantener allí cuando después esté haciendo otra cosa, pero que a nivel inconsciente sí mantendré sintonizado o conectado con el interior de la pirámide. Y ese pensamiento es entonces amplificado por ésta, porque el pensamiento no es más que un aspecto particular y limitado de aquella energía vital Universal de la que habláramos.

Por esto es importante quemar el papelito cuando se cumple la programación; la alegr ía conciente que yo experimento por la cosa conseguida es válida para mi consciente, pero no para mi inconsciente, el cual demorará más tiempo en "internalizar" una situación y al cual sólo se le puede hablar en (pues sólo es) símbolos.

De hecho, los propios sueños son mensajes simbólicos en su absurdo, que el inconsciente formula para que el consciente repare en algo importante. Y el fuego es fuertemente simbólico para nuestro inconsciente (¿quién no ha quedado alguna vez fascinado y casi "en blanco" mirando una fogata de campamento o el hogar de una chimenea?), en el sentido de "liberación". La liberación por el fuego justificó, en el ámbito inconsciente, desde los sacrificios del antiguo pueblo judío hasta los "actos de fe" de la Inquisición. De manera tal que, la destrucción por el fuego de la programación "libera" a mi inconsciente de seguir "conectado" (y, por consiguiente, gastando inútilmente energía) en un tema ya superado.

Así que nos queda completamente aclarado el punto de la capacidad innata de nuestro psiquismo de "pegarse" a los objetos, no por una irracional presunción mágica, sino por una aún poco explorada pero definida mecánica energética. Y así como -esto también es una constante afirmación mía en mis cursos de control Mental Oriental- los deseos son la voluntad desorganizada, la voluntad pasa a estar hecha de la misma sustancia emocional que los deseos, pero organizada. Y aquí llegamos al símil con el rayo láser.

Porque, como todos sabemos, un láser es una emisión de luz amplificada y orientada en un específico sentido. La luz del láser no es algo "distinto" de la luz que ilumina esta habitación; la diferencia está en su manifestación. Mientras que la luz que me ilumina cumple el principio de entropía, dispersándose uniformemente en todas direcciones (con lo cual, además de la luz, el mayor efecto que podemos esperar, además del consumo eléctrico, es el de elevar sutilmente la temperatura ambiental), la luz del láser corresponde, metafóricamente, a toda esa luz reunida en una línea y proyectada sobre un punto. Una luz que por su concentración, es capaz de atravesar una pared.

Así que eso es lo que entrenaremos ahora. Técnicas de concentración, de densificación del pensamiento, de "láser mental". Técnicas que nos permitan "dotar" al amuleto y talismán de propiedades accesorias y específicas en el momento tanto de su fabricación como de su consagración. Especialmente en esta segunda instancia, porque recordemos que aunque hagamos un ritual ceremonial -que no ceremonioso- para "habilitarlo", la verdadera magia siempre es mental. Una liturgia hecha "en serie", con el operador inmerso en pensamientos ajenos a la calidad del momento, es puro aspaviento. Sólo la adecuada concentración -de pensamiento, voluntad y emociones- en el punto espacio temporal que es el ritual podrá darle las características que nos interesan.

La afirmación anterior podría llevar al alumno lector a pensar que, entonces, todo ritual, como los que he enseñado en las primeras lecciones, es prescindible, ya que si lo realmente importante es lo mental, pues será suficiente con "pensar" con suficiente intensidad para que el efecto se produzca. Y en teoría, así debería ser. Lo que ocurre es que, por lo greneral, si se acepta este punto de partida, muchos novatos y principiantes simplemente se dedicarán a dar por supuesta su capacidad mental -que luego resultará no ser tal- con lamentables resultados finales. Tristemente, suele existir poca autocrítica por parte de los aficionados cultores de esta disciplina, de manera que cuando deben pasar "optativamente" por estadíos de entrenamiento -como bien puede ser considerado un ritual ceremonial- los evitan con el pretexto de "tener suficiente concentración". Luego, la misma no es tal, y los resultados negativos se achacan a la disciplina o a la enseñanza, en vez de mirarse el alumno en el espejo del alma. Un ejemplo: pruébense -y no se mientan a ustedes mismos- si, sin ningún entrenamiento previo, son capaces de mantener el pensamiento fijo en un objeto (no sólo la mirada, el pensamiento también) apenas cinco minutos -y para evitar la trampa del reloj, que alguien les indique cuando pasó ese tiempo- sin desviarse del mismo siquiera por unos segundos para luego retornar a él, y después me cuentan.

Pero el desarrollo de estas técnicas también tiene el valor agregado de permitirnos, como dijéramos antes, de modelar la realidad a nuestro alrededor, presionar psíquicamente sobre las circunstancias -aun aquellas que parecen absolutamente ajenas a nosotros- para que, lenta o rápidamente, vuelquen su influencia favorable en la dirección que nos interesa. Porque las cosas son como se piensan. Esto no hará milagros en sus vidas: no materializará de la nada los objetivos que se propongan de un día para otro: lo sé por propia experiencia. Pero también por propia experiencia sé qué es lo que exactamente producen: que antes o después, más tarde o más temprano, lleguen ustedes inexorablemente a las metas que se han propuesto. Porque la Autodefensa Psíquica dota al practicante de la herramientamás poderosa del Universo: una Voluntad inconmovible.

De ahí en más, que se trate de doblegar psíquicamente a nuestros enemigos o alcanzar ese aumento de sueldo o la obtención de un título académico, es sólo cuestión de preferencias, no de aptitudes.

Entonces, para ello, nos prepararemos para aprender el primer y exigente ejercicio de "densificación de pensamiento", un ejercicio que cuenta además con el beneficio extra de que nos dotará de una "fuerza de mirada" tanto para trasuntar energía, amor y confianza a quienes así querramos acceder, como para doblegar, hacer dudar y llenar de inseguridad a quienes traten de avasallarnos y perturbarnos. Porque la energía se transporta fuera del cuerpo humano por tres puntos principales: manos, plantas de pies y ojos. Y usaremos nuestros ojos como guías para apuntar nuestro "láser mental". Lo llamamos "Técnica de refuerzo de mirada". Pero eso ya será tema de nuestra próxima lección.

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