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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 38:

 Prácticas de entrenamiento mental III

¿En qué consistirá entonces la reducción eidética?. Extraída esta expresión del terreno de la Filosofía, llámase Reducción Eidética al proceso (intelectual) por el cual se le quita a un ente (objeto o pensamiento) todo lo que es superfluo, anecdótico, periférico al mismo hasta llegar a la menor expresión sin que pierda la esencia de tal.

Pondremos un ejemplo. Supongamos que yo quisiera hacer una "reducción eidética" de un ventilador de pie. Como dijimos que aquélla consiste en eliminar todo lo accesorio sin que se pierda su esencia de, en este caso, "ventilador de pie", significa que conceptualmente podremos quitar dos de las tres aspas, el cabezal de protección, la mayoría del cable -dejando un trozo-, el enchufe o toma, la cubierta del motor y uno de los tramos del apoyo. Y nada más. Porque si quito todas las aspas, tendré un motor que hace girar un rotor pero no echa aire, que es la función esencial del ventilador. Si retiro una pieza del motor, no funcionará, y lo mismo si quito todo el cable (pues no tendrá cómo alimentarse de electricidad). Y si retiro todo el caño de apoyo, seguiré teniendo un ventilador, sí, pero ya no de pie. La Reducción Eidética del ente "ventilador de pie" es entonces, un aspa, el motor, un trocito de cable y un tramo del sostén.

Bien, ahora se tratará de aplicar el mismo principio a, por ejemplo, el problema cuya solución no podemos encontrar quitando, como al electrodoméstico señalado, todo aquello que no afecte a la naturaleza esencial del mismo. Por ejemplo: pensemos en algún problema que tengamos en este momento, quizás laboral, económico, etc. Meditemos sobre lo siguiente: ¿Qué es lo que nos duele, lo que nos genera ansiedad y perturba del mismo?. ¿El problema en sí?. ¿O las consecuencias emocionales de aquél? (qué pensará Fulanito de mí, con qué cara le diré a Menganito que no puedo pagarle...).

Piensen simplemente en cómo se sentían un día antes que les explotara un problema anunciado, y compárenlo con cómo se sentían un día después. Y la conclusión es obvia: ¿por qué, respecto del problema, no puedo sentirme "antes" como sé que me sentiré "después"?. Porque es esa ansiedad, esa angustia, esa melaza pegajosa que es la emocionalidad adherida al problema, es ese apego emocional lo que enturbia la visión, lo que reduce nuestros recursos para solucionarlo. Por lo tanto, el primer paso antes de encarar la solución de un problema es aprender a desapegarse afectivamente del mismo.

¿Recuerdan?: "muchas veces tomamos por origen del problema lo que es reflejo del  problema original". Reflexionen, verbigracia, sobre algún conflicto o discusión que hayan tenido con alguien.

Lo único cierto cuando discutimos es que, como buenos occidentales que somos, nuestras discusiones, en vez de ser un sensato intercambio de opiniones, son dos monólogos simultáneos donde cada uno levanta la voz para distanciarse totalmente convencido de que yo tengo la razón y el equivocado es el otro... que piensa, seguramente, de la misma manera. Pero lo cierto es que esa discusión consiste en un diálogo donde, en algún momento, nuestros caminos se bifurcaron. ¿Pero qué es lo que realmente nos molesta?. ¿El desacuerdo en sí?. ¿O el portazo con que el otro se fue, la palabra procaz, la descalificación emocional?.

Es por ello que el primer paso en la solución de un problema consiste, no en atacar el tema buscando una solución -todavía no- sino en sentarse para efectuar sobre él una Reducción Eidética. Qué pertenece esencialmente al problema y qué le es ajeno. ¿Mi ansiedad por cambiar el automóvil se debe a que yo realmente es lo que quiero o es lo que mi entorno me influye a conseguir?. ¿Temo fracasar en este nuevo emprendimiento porque sospecho que tiene puntos débiles o ese temor sólo está en mi inseguridad?. Claro que, si ustedes repiensan el problema como siempre, seguramente no sólo seguirán viéndolo de la misma manera sino que, muy posiblemente, se sentirán más angustiados todavía al hacerlo. Y ello será así, si solamente lo enfocamos mentalmente en el estado cerebral habitual, esto es, en Beta. Beta que, como recordarán, corresponde al estado cerebral que acompaña a los estados mentales de atención dispersa, de conexión con múltiples estímulos exteriores. Pero si, practicando la -en Control Mental Oriental-

Relajación Psicofísica Progresiva Profunda u otro método afín ingreso en Alfa (estado cerebral que, dijimos, acompaña a la abstracción y la meditación, es decir, la inhibición en la percepción de estímulos exteriores) y en Alfa simplemente observo otra vez el problema (disculpen mi insistencia: no trato de buscarle una solución; todavía no. Simplemente lo  pienso otra vez ) entonces distinguiré claramente lo que le es esencial y lo que le es ajeno.

Y como el apego emocional es ajeno, es decir, exterior al problema, el estado de abstracción de Alfa me permitirá distinguir claramente la diferencia. La diferencia entre el ventilador de pie tal cual lo veo ahora y luego de reducirlo eidéticamente. Sirven para lo mismo y son (esencialmente) lo mismo pero... ¡qué diferentes parecen a la vista!. La misma diferencia entre un problema atacado en crudo estado Beta y previamente reflexionado en Alfa. (Antes que me bombardeen con emails sobre el particular, aprovecho para explicarles - y disculpen el "avisito comercial"- que la Relajación Psicofísica Progresiva Profunda se encuentra ampliamente explicada y desarrollada en nuestro CD sobre "Armonización y Meditación Indo Tibetana").

Así que he cumplido el primer, imprescindible paso. Porque mucha gente, al grito de: "¡Si yo ya sé cuál es mi problema, para qué voy a determe otra vez en pensarlo! ¡sólo  necesito la solución ya!", comete el error fundamental: atacar un problema que no es realmente tal, no por lo menos con el mismo aspecto y dimensión. Tomar por origen del problema lo que es reflejo del problema original.

Segundo paso: Cuadro de Situación

Supongamos entonces que hemos realizado la Reducción Eidética de nuestro problema, lo hemos redefinido y redimensionado. ¿Vamos a buscarle de programar una solución con el Control Mental Oriental?. Tranquilos; todav ía no. Necesitamos cumplir antes otro requisito: el Cuadro de situación.

Llamamos "Cuadro de Situación" a efectuar dos listados (sí, en una hoja de papel y con bolígrafo, si prefieren), uno, "A", de los elementos con que contamos a nuestro favor.  Otro ("B"), con los elementos de que carecemos o que juegan en nuestra contra.  Supongamos que el objetivo que quiero programar es irme pronto de vacaciones a México. Ante toda dificultad a superar, siempre tenemos variables a favor y en contra: cuento con determinada suma de dinero pero me falta otra, sé cuándo deseo hacerlo pero no sé si conseguiré ordenar mis compromisos para disponer de esas fechas, ignoro si podré obtener la financiación que puedo enfrentar, etc. De manera tal que en la Lista A iré anotando lo que tengo: X pesos, la fecha elegida, la empresa de turismo con la que me agradaría contratar el servicio... En la Lista B, aquello de lo que carezco: que acepten la financiación que puedo aportar, el acuerdo firmado, la garantía de un allegado...

¡Esperen!. ¡Ya sé!. ¡Ya sé!. Varios amigos de la lista en este momento, con un gesto irónico, estarán pensando algo así como: "¿pero qué viene Gustavo a decirme de hacer un  par de listados si yo ya sé perfectamente qué tengo y qué me falta para resolver mi problema?". Lo que ocurre es que, en el fárrago de la vida cotidiana, lo que sabemos que tenemos y lo que intuímos que nos falta es la mezcolanza de un "popurrí" donde a la seguridad que puedo contar con tal dinero se superpone la incertidumbre si cobraré esos dinerillos que mi pariente me debe, y debería avisarle a Carlitos si me firma la garantía, claro que debo fijarme que mi trabajo esté terminado o delegado antes de la fecha que elegí, pero podría contar con Clarita que me dijo que cualquier cosa que necesitara le hablara, pero anda con problemas con la suegra entonces... De resulta de este barullo, a veces cosas con las que contábamos con seguridad se transformaron en "imponderables" que se cayeron a último momento.

Así que deberemos hacer esos listados, pero en un estado mental que nos permita  observar atentamente lo uno y lo otro, donde discernimos con claridad qué corresponde a "A" y qué a "B", en fin, donde nuestra concentración y creatividad nos permita volcar absolutamente todos los elementos en ambas categorías: y ese es el estado Theta. Porque cuando el cerebro emite ondas Theta, nuestra mente se encuentra en profunda concentración y tiene destellos de creatividad, diríamos casi de inspiración. No confundidos con nada periférico, observaremos con claridad lo que es y lo que no es, lo que juega a favor y en contra. Y luego de aplicar la técnica correspondiente (en Control Mental Oriental usamos una técnica que combina respiración "Idá y Pingalá" -muy conocida por los practicantes de Yoga- con un balanceo rítmico del cuerpo, pero cualquier técnica afín de toda escuela de Control Mental igualmente sirve) tomaremos el bol ígrafo y haremos los listados correspondientes. En Theta, no sólo discriminaremos claramente lo que corresponde a una categoría y a otra, sino también veremos claramente aquellas que puedan ser susceptibles de error posterior.

Tercer paso: Mapa de visualización creativa

Hemos llegado ahora a la instancia en que deberemos valernos de la energía latente en el Inconsciente para que ésta concurra en propulsar nuestra voluntad hacia el objetivo. Una etapa que, trabajando sobre las dos anteriores, integre toda la información en un todo armónico. Armónico entre lo que conscientemente deseamos y lo que inconscientemente nos permitimos. Ese es el Mapa de Visualización Creativa.

Les propongo que lo enfoquemos de la siguiente manera: primero, les describiré el método. Luego -como sin duda resultará extraño y hasta cómico a más de uno- les explicaré el fundamento del mismo.

Para ello, deberán tomar un gran trozo de papel rectangular, una cartulina o papel afiche, y trazar, con fibra negra, una gran espiral en él. Esta espiral debe ser dextrógira (en el sentido de las agujas del reloj) y convergente (comenzar desde afuera y finalizar en el centro).

Al tope de la misma, escribiré el objetivo, por caso, mi deseado viaje a México en, digamos, marzo del 2002, pero expresado en tiempo verbal pasado (para reforzar la idea de la "cosa cumplida"). Entonces, escribiré: "Viajé a México en marzo del 2002".

Procederé entonces a contar la cantidad de elementos del listado "A" (sólo a título del ejemplo: supongamos que fueran siete) y sumarlos a la cantidad de elementos del listado "B" (siempre como ejemplo, digamos nueve). Ese total de dieciséis elementos, los representaré sobre la espiral de la siguiente manera:

- divido el recorrido de la espiral en 16 secciones iguales y equidistantes.

- luego, dibujo con lápiz 16 cuadraditos (que, de aquí en más, denominaré "estaciones").

- Consigo luego un buen número de revistas y periódicos, y comienzo a buscar ilustraciones o gráficos que representen (simbolicen) ora los elementos de la lista A, ora los de la lista B, o bien yo mismo los diseñaré: por caso, al dinero que sí tengo lo representaré con un billete real (de la más baja denominación posible, ya verán por qué) al lado del cual irá el número que signifique la cantidad de esos billetes que conforman el total de dinero de que dispongo, y otro tanto para lo que me falta; a la empresa que he elegido para viajar, mediante un aviso comercial de la compañí a; al acuerdo o aceptación de mis posibilidades que aún no he planteado, una foto o dibujo de dos personas estrechándose las manos por sobre un escritorio o en una oficina; las fechas elegidas, por un trozo de página calendario donde haya orlado los días correspondientes, etc. Además, debo pegar una foto mía en el comienzo de la espiral (en el extremo exterior) y una del destino elegido (una postal turística de México) en el centro de la espiral, con otra foto mía pegada superspuesta a ésta.

- Continúo pegando las ilustraciones en las "estaciones" según el orden natural o  deseado de sucesión de acontecimientos como es esperable que se produzcan de aquí al día del viaje. Esto significa que, ni debo intercalar una a una las ilustraciones, ni pegar primero todas las que juegan a favor y luego las que me faltan conseguir, sigo según entienda yo que vaya precisándolas o necesitándolas. Para el ejemplo de marras: quizás la entrega del dinero que sí tengo deba hacerlo sólo un par de días antes de viajar, así que a esa altura de la espiral, en la "estación" correspondiente, pegaré el billete con el número que lo multiplique correspondiente, pero es ahora, luego de haber elegido la empresa turística -cuya ilustración será de las primeras- que logré conseguir el concordato de financiación deseado (por lo que la ilustración correspondiente vendrá inmediatamente después).

- Finalmente, con tinta azul recuadro las "estaciones" de los elementos que ya tengo, y con rojo, las que representan lo que me falta conseguir.

Y ahora pasamos a implementar este mapa. Deberé sujetarlo en un lugar de mi dormitorio, donde sea lo último que vea antes de dormirme, y lo primero al despertar. Si no se quiere afear la estética del lugar, puedo ponerlo, por ejemplo, en la cara interna de un armario, "ropero" o placard, que dejaré abierto al acostarme. Así, mientras el sueño me invade en la penumbra, pasearé la vista, sin detenerme, siguiendo el recorrido de esa espiral en sentido dextrógiro, tres o cuatro veces. Al despertar, somnoliento, haré lo mismo.

Y desde el hoy hasta el momento de completar mi objetivo, cada vez que alcance en el tiempo una de las estaciones, la cruzaré con una visible "X" en azul.

Luego de materializada en la realidad mi propuesta, procederé a quemar, con todos sus símbolos, el mapa. Esta es la razón por la que usaré billetes de baja denominación: ninguna gracia me causaría arrojar al fuego un billete muy valioso.

Si parece infantil el sistema, tiene, sin embargo, una lógica explicación: si yo escribiera simplemente frases, como "obtendré la financiación deseada" o "conseguiré la licencia para esos días", estas palabras, estas frases con sentido sólo tendr ían significado para mi consciente; mi inconsciente es analógico, simbólico, absurdo. Se expresa mediante símbolos, es decir, figuras representativas de un sentido que trasciende a la ilustración. Es el simbolismo de los sueños, verdaderos mensajes del inconsciente al consciente, pero en un lenguaje metafórico. Por lo tanto, si debo "ordenarle", decirle algo, debo hacerlo en la lengua que entiende, que es la lengua de los símbolos y de las imágenes. y por ello es que empleo esas ilustraciones. Así, establezco una conexión entre lo consciente y lo inconsciente, sumando, al objetivo lógico, toda la energía, la fuerza de lo más profundo de mi ser.

¿Y por qué he de quemar el mapa al finalizar y no, simplemente, lo estrujo y lo arrojo al cesto de residuos?. Porque si no le indico claramente al inconsciente que he logrado mi propósito, que he alcanzado mi objetivo, corro el riesgo que éste -que, recordemos, en su irracionalidad demora mucho en incorporar las vivencias de la vida cotidiana, lo que queda demostrado por el hecho de que ciertos episodios importantes del devenir diario son "soñados" (es decir, elaborados) a veces días, semanas o meses después de haber ocurrido- siga "enganchado" con la programación, desviando y quitando energía a nuevas metas. La destrucción por el fuego, en cambio, tiene un claro, genético e inconsciente significado de "liberación" -visible en todas las religiones, desde la quema del sacrificio hasta el encendido de una vela- asimilable como tal (en su sentido final) por el inconsciente.

Incidentalmente, es importante señalar que puedo realizar hasta dos programaciones simultáneamente (una a corto plazo y otra remota en el tiempo). Al implementarlas, observaré primero el mapa más lejano y luego el más próximo -al dormirme- y a la inversa al despertar.

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