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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 36:

 Prácticas de entrenamiento mental

Dentro del amplísimo espectro de recursos defensivos que nos ofrece la disciplina que en este aula virtual nos reúne, es tiempo de regresar a aquellas que nacen de las condiciones de "densificación del pensamiento" a las que nos refiriéramos oportunamente.

La idea que básicamente queremos transmitir es ésta: es irrebatible (desde el punto de vista de la experiencia) que la adecuada formulación de propósitos, si es mantenida -no tanto cuantitativa, sino cualitativamente- en el tiempo es un eficaz recurso de Autodefensa Psíquica. Por otra parte, esa Fuerza Mental, ese enfocar de todas nuestras energías en un objetivo (desde protegernos de un circunstancial enemigo hasta concretizar, materializar nuestras aspiraciones cotidianas) es el sustrato de todas las escuelas de Control Mental.

Pero mi práctica docente me ha enseñado que, casi en el mismo rango, carecer de esa Fuerza y tratar de implementar esas técnicas trae aparejados tantos problemas como beneficios obtiene quien logra afinar ese paso previo. Y, para explicarme adecuadamente, necesitaré capturar la atención de ustedes por unos minutos en la discusión de ciertos conceptos afines al Control Mental.

Verdad y mentira del Control Mental

De aquí en más y para todos los efectos prácticos, cuando hable de "Control Mental" me referiré a la multitud de cursos, instructores y academias que han proliferado en los últimos cuarenta años como un interesante contubernio de autoayuda y espiritualidad, y no a lo que los servicios de inteligencia de distintos países conocen con dicho nombre, vale decir, desde las técnicas de condicionamiento psicológico hasta los experimentos electrónicos de manipulación de estados psicofisiológicos de las masas (como por ejemplo, el desdichado MK Ultra en Estados Unidos). Hablaré y me referiré desde el popular "método Silva", cómo no, el "hágalo usted mismo" americano de la autosuperación, hasta el entrenamiento autógeno de Schultz, pasando por la "relajación dinámica" de Caycedo, el control Mental Oriental (mismo que forma parte de nuestro Profesorado en Parapsicología Aplicada), el "pensamiento positivo" de Coué y un largo etcétera. Es decir, un conjunto más o menos sistematizado de ejercicios para lograr objetivos -de la índole que fuere-, alcanzar una adecuada relajación corporal y mental, combatir negatividades y enfermedades.

Una publicidad, ora estratégica, ora sensacionalista, ha vendido al público la idea de que el Control Mental es un imbatible sistema para doblegar voluntades, violar el libre albedrío de terceros y, como Charles Atlas del mundo mental, transformar a ese alfeñique de 45 kilos y pocas luces en una combinación de Antonio Banderas y Henry Kissinger. Y, en líneas generales, cuando se habla de "Control Mental", se piensa en el método desarrollado por José Silva, ignorándose las distintas escuelas, con menos fortuna comercial, que han sido desarrolladas sobre esta temática.

Como cualquier mero interesado sabe, el método Silva consiste básicamente en una técnica de "programación" -palabra incorrecta si las hay para un sistema que reivindica su naturaleza "científica"- donde, elaborando imaginariamente un "taller" o "laboratorio", con el concurso de un par de "guías" y sobre una "pantalla mental", se visualizan los acontecimientos como se desea que sucedan en la vida de uno: obteniendo la graduación académica, al jefe otorgando el aumento de sueldo o viajando con los cabellos al viento en un deportivo, lo mismo da. Se insiste en que si este ejercicio -por lo demás, burdamente explicado aquí, como diremos para disculparnos ante los numerosos conocedores en profundidad de este escuela- es repetido el suficiente número de veces, los acontecimientos, los sucesos de nuestro devenir se irán encolumnando en dirección al objetivo que hemos "programado". Y muchos han sabido brindar testimonio de que así ha sucedido. Pero pocos hablan de los riesgos de este sistema. Y sobre ellos abundaremos un poco.

Antes de continuar y sin ánimo de herir las susceptibilidades de algunos respetables lectores que pueden verse implicados en mis especulaciones, quisiera señalar como referencia obligada -pero no como argumento de desprestigio- que el sistema Silva ha sido y es (¿de qué otra manera podría serlo, proviniendo como proviene de la patria del "marketing"?) objeto de trasacción comercial sometido a una rígida estructura piramidal. Los cursos Silva, especialmente en los países latinos, han sido durante décadas cualquier cosa menos económicos, si bien el deslave financiero de nuestros países en los últimos años ha llevado a sus instructores y representantes a hacer bajar estrepitosamente los precios. Pero durante muchos años, insisto, un seminario intensivo de CM Silva no bajaba de los trescientos dólares, apenas en un fin de semana, excesivo para cualquier obrero o empleado público raso tercermundista con derecho como el que más a acceder al conocimiento. Esto, lamentablemente, "elitizó" desde mi punto de vista al sistema: sólo accesible para grupos con solvente poder adquisitivo, lo que debería haber estado al alcance de los más necesitados -precisamente por ello, sus legítimos destinatarios- terminó siendo una cucarda para grupos de "graduados" selectos, no siempre por su capacidad espiritual o intelectual, sino muchas veces por su capacidad económica, que no es lo mismo.

En mayor o menor medida, entiendo que el lícito y respetable dictado de cursos del método Silva persiste hoy, con lo cual espero las críticas que he de recibir -estimo que, a lo sumo, en un par de días- de muchos instructores. En lo personal, me preguntaré -amén de leer sus argumentos- si los anima sólo el afán de esclarecimiento "científico" o también la necesidad de encumbrar -o de evitar su defenestración- la respetabilidad de un método que es su "modus vivendi". Pero eso es discusión de otro contexto.

Lo cierto es que además del grosero error de confundir "Control Mental" con "Método Silva" (he perdido la cuenta de las veces que he escuchado decir, a doctos y profanos, que "todos los sistemas de Control Mental repiten más o menos lo mismo"), deben señalarse las siguientes falencias:

- No se trataría de "programación", en un sentido estricto, sino de "visualización creativa". En efecto, la palabra "programación" suena casi mágicamente fascinante a los oídos de mucha gente (especialmente la que se encuentra alejada del mundo de las computadoras) y le da un componente socialmente digerible de, lo repito, cientificismo. Pero "imaginar" un laboratorio, donde cómodamente sentados en un imaginario sillón, acompañado de dos guías a los que convoco imaginariamente y viendo repetirse como escenas de una película en una pantalla -también imaginaria- los eventos que deseo que ocurran, esto es cualquier cosa menos "programar". Si de tomar términos del mundo de la informática se trata, programar es básicamente reunir la mayor cantidad de información disponible, procesarla -asociarla- a velocidades superlativas y concluir sin margen de error. Lo otro, está dicho, es simplemente "visualización creativa".

? Pero más allá de esta crítica bizantina sobre la terminología, a los instructores de Silva se les ha escapado un hecho fundamental: que es significativo el porcentaje  de seres humanos a los cuales les resulta sumamente dificultoso imaginar algo. Y como todo problema insuperable en la vida -que para resolverlo es por lo que se supone mucha gente se embarca en el Control Mental- lo es en tanto y en cuanto carezcamos de la capacidad de combinar las instancias conocidas de la situación en formas tan creativas posibles como sean necesarias para encontrar las soluciones, y como eso es, después de todo, un esfuerzo de imaginación, a esas personas, decía, sugerirles que la resolución de sus problemas pasa por "imaginar" salas "imaginarias" donde sentados "imaginariamente" "imaginamos" una pantalla "imaginaria" donde etc., etc., etc., es tan contradictorio e inútil -y hasta ridículo- como si, siendo yo médico y visitado por un paralítico, le dijera campechanamente que su problema se soluciona trotando unos diez kilómetros por día. En otras palabras, no podemos decirle a la gente que para solucionar sus problemas debe aplicar aquello de lo que precisamente carece.

En consecuencia, como la "visualización creativa" es efectiva, las personas con gran capacidad imaginativa obtienen excelentes resultados, pero las otras, no.

Aquellas que se retiran mustias del curso diciendo: "Lo que es a mí, ni un curso de Control Mental me ayuda...".

- Pero el peligro está para quienes posean, en forma latente, perturbaciones psicopatológicas. Ustedes pensarán que ello es una excepción, pero se asombrarían de saber el alto número de individuos problematizados que existe, y con qué facilidad parecen sentirse atraídos por nuestras disciplinas. Hace unos años, un estudio del ministerio de Salud Pública de la República Argentina conclu ía que aproximadamente el 40 % de la población padecía algún tipo de perturbación psíquica, leve, media o grave (y los amigos del resto del mundo no sonrían con suficiencia: nunca negaré que los argentinos tenemos nuestras "particularidades", pero realmente me gustaría conocer estudios similares de sus países). Si estas son cifras oficiales, sin querer parecer cínico, sospecho que en la realidad el n úmero debe ser superior. Así que, lógicamente, es posible que en todo curso de Control Mental cuanto menos el 40 % de sus integrantes también, por simple extrapolación, padezcan alguna problemática.

Nada mejor entonces que ese caldo de cultivo para que técnicas mal dirigidas disparen esas problemáticas.

- ¿Y concretamente a qué me estoy refiriendo?. Pues bien. como todos sabemos, una de las afecciones más comunes son los "cuadros psicóticos". Brevemente, recordemos que existen tres grandes tipos de enfermedades psíquicas: las neurosis, psicosis y psicopatías. Sin caer en tecnicismos, pero para que se comprenda claramente la diferencia entre unas y otras, diremos que un "neurótico" es el individuo que padece una alteración, es consciente de ella y trata de hacer algo -si efectivo o no, esa es otra historia- para solucionarla. Consulta a un especialista, se sienta a meditar en un templo, practica algún deporte o aporrea la pared. El psicótico, por su parte, cree que él está sano y los locos son todos los demás. Por lo tanto, corre el riesgo de ser incurable, ya que al no admitir el problema no pondrá nada de sí para solucionarlo, buscando siempre responsabilidades en los otros. Socialmente, se expresa como lo que yo he llamado "excusitis", la peor enfermedad del espíritu humano; esa que lleva a tanta gente a buscar la causa de sus desdichas en terceros: la educación familiar, los gobernantes de turno o pasados, la ciudad o país donde le tocó nacer... toda excusa es buena para explicar por qué las cosas le van mal y él o ella, claro, no tiene nada que ver, siendo apenas una pobre v íctima. En nuestro ambiente quizás el ejemplo más preclaro de "excusitis" sea esa necesidad compulsiva de tanta gente de ver brujerías por todos lados. No seré precisamente yo quien diga que no existe la agresión psíquica, ciertamente, pero que hasta el apretarme un dedo con la puerta sea achacable al mal de ojo de la vecina o al vudú de mi suegra, es claro síntoma de lo que estoy hablando. Desgraciadamente -esto lo he observado en consulta numerosísimas veces- muchas personas al acudir a un parapsicólogo no quieren que se les diga la verdad: quieren que se les diga que lo que ellos suponen sobre la situación es lo correcto. Y como -por simple extrapolación- es un hecho que apenas un mínimo porcentaje de consultantes han de ser v íctimas de "agresiones psíquicas" (fíjense ustedes: aun si supusiéramos que el 50 % de las problemáticas de la gente se deben a esta causa, ello significaría que el otro 50 % serían quienes, como autores materiales o intelectuales, estarían provocando esas perturbaciones. Y aunque el mundo no ande muy bien, me causaría gracia suponer a la mitad de la humanidad pinchando muñecos y velas a la otra mitad). Ciertamente, es aventurado arriesgar estadísticas, pero apenas un ¿diez? por ciento de los habitués de una consulta parapsicológica encontrarán como posible causa de sus males a los ataques psíquicos, en cualquiera de las vertientes que hemos analizado. Sin embargo, lo que sí he observado es el moh ín de disgusto de el o la consultante cuando señalo que no se trata de un "hechizo" o similar, sino que las causas se encuentran en ella o él mismo. Ciertamente, estoy generalizando erróneamente; pero créanme que es muy común. Sospecho que en ocasiones esa o ese consultante se retiran de mi oficina pensando algo así como: "¡Qué va a saber éste si Doña Rosa (Doña Rosa es la curandera o "vidente" del barrio) ya me dijo que sí, que me hicieron un "mal", y hasta me describió la persona que lo está haciendo, y es mi suegra" (o mi nuera, o mi cuñado, o mi vecina, o mi empleado, o...).

Obviamente, no puedo concluir que una persona es psicótica sólo por expresar este comportamiento; pero convengamos que es ya un rasgo de tal, potenciado o minimizado a través del tiempo por otras vivencias de su existir.

Las psicosis más comunes caen dentro del grupo de las esquizofrenias, que se caracterizan en dos grupos: las "hebefrénicas" (una escisión de la personalidad) y las "paranoicas" (delirios persecutorios). Como estas reflexiones las sumo a otras vinculadas al Control Mental, deberán disculpar que restrinja mis observaciones.

Bien. Supongamos que un porcentaje de practicantes del método de la visualización creativa con "pantalla mental" no sólo tiene perturbaciones psicopatológicas sino que, en alguna medida, están dentro del rango de las esquizofrenias. Esas personas "visualizan" un par de veces por día, digamos, su vida como realmente les gustaría que se desenvolviera, si es posible en un futuro cercano. Luego, vuelven a la cotidianeidad. Con el argumento de "programar", vuelven a refugiarse en ese mundo fantástico (en el sentido de "imaginario") donde recrean su expectativa de triunfadores. Al rato, suena el despertador para salir a las mediocridades de todos los días. Así, van saltando del mundo de ensueño al de la realidad, de imaginarse felices y triunfantes al de las derrotas cotidianas... Si se trata de una personalidad equilibrada, ya dijimos que la visualización creativa realmente le ayudará a plasmar sus objetivos y progresar. Pero si hablamos de una personalidad desequilibrada -y no se puede ser juez y parte a la vez: ¿cómo puedo yo afirmar con total objetividad que yo mismo no padezco alguna disfunción?.

No sirve en este sentido, en consecuencia, la opinión que tengamos de nosotros mismos- ese alternar de realidad y fantasía puede "disparar" sus rasgos esquizofrénicos. Ciertamente, algún alumno puede aducir que es fácilmente distinguible la línea entre el mundo de los ensueños y el de la materialidad. Pero, va de suyo que esa línea es clara para quienes más o menos, somos simplemente neuróticos (y a no molestarse: salvo que ustedes vivan en quietud y soledad, aislados del mundo, deben admitir que en distinto grado neuróticos somos todos: los roces cotidianos, los obstáculos a salvar, las reacciones intemperadas de terceros provocarán en mayor o menor grado rispideces en nuestra naturaleza, incomodándonos de una u otra forma, por lo que buscamos formas de compensarlas): para un psicótico, en cambio, la "realidad" será aquello que él tome como tal.

(Nota: para que no se me observe de dejar inconclusas mis informaciones, finalmente definiremos a la tercera categoría de enfermedades psíquicas, es decir, a los psicópatas, como los individuos que son conscientes de su problemática pero no pueden hacer nada para solucionarla. Es el caso del sujeto que "sabe" que es moralmente incorrecto asesinar gente, pero "es más fuerte que él" la pulsión de hacerlo).

? Otra de las observaciones que podrían formularse a ciertos instructores de Control Mental -aquí, no achacables a los responsables de los distintos métodos- es la confusión que generan en sus estudiantes de proponer alcanzar un "estado Alfa" como non plus ultra del crecimiento interior. Así que repasemos primero un poco éste y otros conceptos.

Nuestro cerebro produce habitualmente distintos tipos de frecuencias eléctricas, registrables en aparatos tales como el electroencefalógrafo. Atendamos al hecho de que estas "ondas" no son evidencia de la actividad mental, sino de actividad neurológica o, para ser más precisos, del comportamiento electroquímico del órgano que llamamos cerebro. Son ellas: ondas Beta, ondas Alfa, ondas Theta (pron únciese "Tita" o "Zeta", que de ambas formas será correcto), ondas Delta, Husos y Complejos K. A los efectos de estas consideraciones, sólo nos interesaremos en las cuatro primeras.

Las ondas Beta se caracterizan, en el análisis electroencefalográfico, por presentarse con comportamientos de 13 a 22 c/seg (ciclos por segundo). Un "ciclo" es un período gráfico en la curva eléctrica, el que va desde un "pico" hasta el "valle" posterior a la curva siguiente. Si esta gráfica aparece repetida de 13 a 22 veces en el período que la pantalla o el papel del aparato marca como un segundo, es cuando conclu ímos que la persona "está en Beta". Es necesario hacer dos salvedades: una, que un sujeto nunca se encuentra exclusivamente emitiendo un tipo particular de onda cerebral: ese hipotético sujeto del ejemplo, por caso, "estará en Beta" porque el 70 % de su córtex (corteza cerebral) emite esa onda, pero simultáneamrente habrá otras áreas (temporales, parietales u occipitales) que emitirán alguna otra. Estaríamos generalizando para simplificar. En segundo lugar, si bien dije que la "onda no es el pensamiento", es obvio que determinada actividad mental es acompañada por determinada actividad cerebral. Así, en Beta nos encontramos en un estado psicológico de vigilia y atención dispersa (la disposición a dirigir la atención a más de un est ímulo exterior). En la mayor parte del día así estamos y, como ya veremos, es bueno que ello ocurra.

Luego, tenemos el estado Alfa. Con 8 a 13 c/seg, la actividad mental que le acompaña son los estados de meditación, abstracción y relajación psicofísica profunda. Al estado Theta (4 a 7 c/seg.) le corresponden los estados de concentración y creatividad (cuando estamos tan ensimismados en un tema que ignoramos otros factores ajenos; o, para la segunda situación, cuando tenemos un "chispazo de inspiración", por ejemplo). Y finalmente, cuando el cerebro emite ondas de menos de 4 c/seg -el estado Delta- es cuando estamos profundamente dormidos (las "ensoñaciones" serían entonces actividades Theta sobre un fondo de comportamiento Delta).

Pero volvamos al estado Alfa. Es innegable el beneficio del uso consciente del mismo: es la mejor fórmula contra el estrés, permite meditar con profundidad, desengancharnos de los problemas... Pero de allí a entronizarlo como el logro máximo de nuestro autodesarrollo signifca olvidar un elemento importante: su característica de beatitud, tranquilidad y paz no necesariamente significa que se solucionarán los problemas cotidianos.

¿Qué nos dicen los antiguos maestros yoguis?. "¡Cuídense de los "siddhis"!". "Siddhi" es el término que ellos empleaban para el fenómeno parapsicológico. No nos advertían de ellos porque fueran intrínsecamente malos; sino porque su fascinación podría apartarnos del camino cuyo objetivo final es la autorrealización. De la misma manera, privilegiar en exceso el estado Alfa, puede llevarnos a que, al solazarnos en la paz del mismo, disimulemos el objetivo de trabajar para enmendar lo que debe ser corregido.

¿Y por qué?. Ya he señalado que uno de los beneficios inmediatos del estado Alfa es el estado de meditación. Analicen primero estas dos definiciones: Concentración: inhibición en la percepción de todos los estímulos exteriores alsujeto, excepto uno. Por ejemplo: si mientras están leyendo esta lección los distrae por momentos el sonido del teléfono, el batifondo en la cocina o el grito del gato del vecino al que le pisaron la cola, es porque están en el ya mencionado estado Beta de "atención dispersa", es decir, repartida entre múltiples estímulos exteriores. Pero si están en Theta, la atención, capturada por esta lección, hace que desatiendan, es decir, quizás escuchen pero ignoren voluntariamente, el barullo en la cocina, el repiquetear del teléfono o el alarido del minino.

Meditación: Cuando inhibimos la percepción de todos los estímulos exteriores del sujeto, cuando la mente se "vuelve sobre sí misma", cuando permanecemos en lo que los japoneses han denominado admirablemente com el estado Ku: la mente  vacía pero alerta.

En consecuencia, en tal estado se requiere una voluntad muy bien entrenada (¿están totalmente seguros que la tienen?) para dirigir el flujo de pensamientos a la observación desapasionada de nuestros objetivos o problemas. Y el inconveniente está en que si creyendo estar en Alfa reflexionamos sobre nuestros problemas, pues entonces no estamos realmente en Alfa, ya que al ser el problema algo exterior al individuo, dirigir la atención sobre él es "inhibir la percepción de todos los estímulos exteriores excepto uno", y eso no es meditación, sino concentración. Y, por el contrario, si realmente estamos en Alfa, pues el problema exterior pasará a ser intrascendente, despreciable, indiferente; lo que quizás no esté mal, pero que significa, necesariamente, que ninguna acción en contra del problema será tomada. Porque las resoluciones y decisiones deben ser fruto de Theta; ya que son la concentración y la creatividad los elementos basales de la superación de problemas y logros de objetivos.

Así que demos a las cosas su justo lugar: Alfa no es, de por sí, un estado mágico de optimización de la vida cotidiana; especialmente considerando lo que por "vida cotidiana" entendemos en Occidente. Es, sí, un estado de "descarga", de reciclar nuestras energías, de aspirar a introspeccionar la naturaleza íntima de nuestra espiritualidad. O, como decimos en Control Mental Oriental, la etapa de "reducción eidética" de los problemas, pero necesario de etapas subsiguientes para su abordaje.

Escribí líneas arriba que incluso el tan maltratado estado Beta nos era sumamente útil, y la explicación es obvia: Si al salir a la calle estuviera en Alfa ("despegado" de todo estímulo exterior) o en Theta (concentrado en un estímulo de los centenares, isuales y auditivos, que me golpean apenas traspaso la puerta) con seguridad sería arrollado por el primer automóvil que pasara. Así, la ley de economía y eficiencia de la naturaleza hace que todas las funciones (para este caso, neurocerebrales) tengan su razón de ser: de modo que nuestra estrategia en la vida cotidiana debe ser saber emplearlas del mejor modo posible. Y el gran secreto de estas disciplinas pasa por resolver la siguiente situación: Queremos sentarnos a estudiar, tenemos el deseo de hacerlo. Pero algo ocurre. No nos podemos concentrar; un simple insecto desvía nuestra atención, nuestros pensamientos van de aqu í para allá. O queremos dormir, cansados, y el sueño se resiste a llegar. O tenemos toda la voluntad de escribir unas líneas motivadoras a un amigo en problemas, pero nada brillante se nos ocurre. ¿Y por qué?. Porque la mera intención de producir una específica actividad cerebral no obliga al cerebro a producir espontáneamente la frecuencia cerebral más idónea a esos fines. Por caso, es obvio que para que mis horas de estudio tengan el máximo rendimiento necesito concentración y creatividad (para adecuadas asociaciones de ideas), pero el simple hecho de querer estudiar no obliga al cerebro a producir ondas Theta. De allí que los pequeños fracasos diarios de muchos se originan en la incapacidad de conseguir el aporte del cerebro a la actividad intelectual que desean expresar en ese momento. Y, por consiguiente, éste es el secreto de muchas escuelas de control Mental: conocer los ejercicios que no mejoran nuestra memoria, o capacidad de comprensión, sino que solamente producen ritmos Theta para que, por carácter transitivo, nos beneficiemos psíquicamente con el estado mental que le es asociado. Pues si yo puedo obligar a mi cerebro a emitir el tipo de onda más conveniente para mis fines (de acuerdo, por ejemplo, a la vinculaciones que hemos expresado en párrafos anteriores) entonces, por añadidura, se desencadenarán las respuestas mentales necesarias.

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