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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 44:

 Luz y sombra de los cultos afrobrasileros I

Introducción

Desde hace un par de decenios, en todo el mundo hispanoparlante –pero con especial énfasis en Latinoamérica– venimos asistiendo a un crecimiento inusitado de cultos y devociones de raíces africanas, transplantadas a estas tierras ya en épocas de la dominación europea en el corazón y el secreto de los millones de esclavos que aquí encontraron su destino.

Uno puede encarar su consideración desde varias ópticas: como un fenómeno netamente antropológico, de interés más bien folklórico; o bien, desde un punto de vista sociopsicológico, preguntándose qué expresaban, qué dramatizaban y de qué hacían catarsis los primitivos exiliados africanos y sus descendientes a través de su particular hagiografía.

Pero también, por lo menos a efectos de este curso, nos interesa otro abordaje: el parapsicológico. Preguntándonos si después de todo estos cultos, que tanto predicamento tienen mayormente –pero no únicamente– entre los sectores más incultos y carecientes de la población, encierra un "algo más" que trasciende cualquier explicación convencional o conformista. No podemos negar que la pasión arrolladora que tienen los "hijos de religión" (los fieles que asisten y practican los mismos) puede explicarse por la sensación de poder que transmite ese comunicarse directo con sus entidades guías. Porque la principal característica de estas creencias, por lo demás fuertemente animistas, es su ineludible componente espiritista. El asistente no reverencia a una etérea entidad de dudosa presencia, sino que cree a pies juntillas que la misma realmente está ahí, posesionándose del oficiante (a quien llama "cavalho" pues lo "monta") y comunicándose así como gozando de ciertos placeres terrenales a través del cuerpo del mismo. La entidad encarnada momentáneamente, entonces, bebe, danza, canta, come, fuma, eventualmente se permite alguna picardía con ciertas damas presentes, escucha peticiones de sus fieles, exige condiciones, realiza curaciones físicas, mentales, afectivas, espirituales, astrales, reparte bendiciones y luego se va.

Sí; sin duda otorga una sensación de poder estar cerca de un dios encarnado, saber que puede efectuársele pedidos y que, aceptados por aquél, es sólo cuestión de reunir el "pago" u ofrenda para que sea satisfecho. Es indudable que numerosos fracasados y resentidos que deambulan por la vida encontrarán en estos lugares de práctica (llamados, alternativamente, "terreiros", "terreras" o "congales") si no la solución a todos sus males, cuanto menos la esperanza egoísta de vencer gracias a tan sobrenatural ayuda a sus enemigos (reales o imaginarios), obtener fortuna y amor, alcanzar los logros que le fueron esquivos por sus propias mediocridades... es cierto y muy esperable pero, ¿basta ello para reducir el fondo y la esencia de las prácticas afrobrasileras a un mero juego de supersticiosos, débiles de espíritu e intelecto y aprovechados delirantes?. Porque es indudable que las especiales características de estos cultos (la falta de una teología unificada y de una jerarquía, administrativa o conciliar del mismo tipo ha llevado a que muchos psicóticos o explotadores de la credulidad ajena se instituyan, entre gallos y medianoche, de "pais", "mais de santo", "babalaos" o "babalorixás") crean un campo fértil para la multiplicación de alucinados, derrengados de la sociedad, delincuentes que buscan el amparo de las fuerzas oscuras, ambiociosos de poder o dinero tras la pista de herramientas cada vez más poderosas para la consecusión de sus fines pero... ¿allí termina todo?.

Estoy seguro que no. Por un colectivo de razones (que iremos esbozando en estas lecciones) estoy absolutamente convencido de que en las prácticas de referencia existe un trasfondo de verdad. Que ciertas entidades se hacen presentes. Que hay, si cabe la expresión, una lógica espiritual. Y de sus causas y consecuencias, es que hablarán ahora estas lecciones.

Obsérvese que centro mi atención, no en "cultos afroamericanos", sino en "afrobrasileros". Es, simplemente, una cuestión de honestidad intelectual. He leído y observado algo sobre "santería" –que es como en Centroamérica se llama a la devoción a las mismas, o casi las mismas, deidades; en Sudamérica, "santería" es simplemente el comercio donde se venden artículos afines a estas prácticas– o sobre la regla de "Palo Moyambé", pero carezco de mayor esperiencia sobre el particular. Zapatero a tus zapatos.

Porque de "cultos afroamericanos" (concretamente, Umbanda, Quimbanda, Candomblé) es donde he recabado mayor conocimiento testifical y doctrinario. He asistido, sin ser devoto de estas creencias y gracias a la amabilidad de oficiantes que supieron invitarme, a muchas sesiones, he leído todo el material que he podido recabar y, lo que no es menos importante, he entrevistado a decenas de "umbandistas" en los distintos momentos o fases de su iniciación: el camino, para algunos largo, para otros no tanto, que los lleva de ser simples "hijos de religión" a verdaderos –o no– "pais de santo" o "babalaos".

Las diferencias con otros cultos similares de Centroamérica pasa por despreciables diferencias idiomáticas (allá se habla de "orishás", aquí de "orixás", allá de "Yemanjá", aquí de "Iemanjá") y formales. Entiendo sin embargo que las indagaciones que volcaré en estas lecciones también serán de interés en aquellas y otras latitudes, y, cómo no, las consideraciones directamente vinculadas al motivo de este curso, la Autodefensa Psíquica.

Para manejar cierta terminología común, debe entenderse que para simplificar de aqu í en más tenderé a hablar de "Umbanda" para generalizar –salvo expresa indicación en contrario– pero las distintas corrientes afrobrasileras no aceptarían sin protestar una reducción tan absurda. En efecto, mientras por ejemplo la Umbanda –como veremos enseguida– es de muy reciente nacimiento, el Candomblé (de donde la popular palabra "camdombe", tan usual en Uruguay y Argentina para definir cierto ritmo musical, hace referencia a las "batucadas" o acompañamientos de tumbadoras y tambores que hacen el marco a esos ritos) conserva la más rancia estirpe indigenista africana. Mientras la Umbanda acude al "sincretismo", esto es, la identificación de sus deidades con la iconografía católica, el Candomblé sigue reverenciando el animismo de las piedras, el aire, el fuego, los árboles, el agua. Mientras la Umbanda ha girado hacia cierta formalidad institucional (publicaciones, escuelas de iniciación, congresos) y sus ritos reproducen muchos de los aspectos simplemente mistéricos y simbólicos de las religiones convencionales, en el Candomblé la fuerza primitiva, casi diríamos animal de la práctica se conserva casi en su pureza original. En Umbanda no se sacrifican animales (aun cuando ciertos oficiantes dicen hacerlo; esto tiene mucho que ver con la anarquía conceptual que campea en esta creencia); en Candomblé es casi cotidiano. Los umbandistas puros se vuelcan cada vez más a la devoción exclusiva de "orixás" (ya analizaremos el término), el Candomblé y cierto movimiento de raíces espúreas, la Quimbanda, centran su atención en los "exús" u otras entidades "inferiores". La Umbanda reivindica hacer siempre exclusiva y solamente el bien: es, por lo tanto, una creencia moral. Quimbanda y Candomblé se encogen de hombros y dicen que, según la conveniencia del devoto que pide a su entidad, éstas pueden hacer tanto el bien como el mal; es fuertemente amoral (no inmoral).

Antes de continuar, permítanme regresar al concepto respecto del cual debemos suponer que en estas prácticas "algo" sucede. He escrito que he asistido a muchas sesiones; lo allí visto refuerza mi convicción de que realmente en ocasiones ciertas entidades se hacen presentes, posesionándose o siendo incorporadas por los oficiantes.

Claro que en muchos más casos existe sólo el fraude, el oficiante que "representa" una posesión no sólo para obtener algo de los crédulos que asisten, sino también para realimentar su ego y su control sobre los fieles. Es cierto también que en ocasiones creo que existe lo que los propios umbandistas han llamado "encostamiento", y que podría semejarse al término cristiano de "obsesión": un "encostamiento" ocurre cuando la entidad toma "a medias" al "cavalho" u oficiante, y si bien en parte lo maneja y se expresa a través de éste, el individuo conserva cierto albedrío; luego recordará su "convivencia" con la entidad, y tendrá incluso cierta autoridad para permitir o no ciertas situaciones. En la incorporación, en cambio, el oficiante es simplemente un instrumento, un títere de la entidad, y tras la experiencia, además de su confusión y agotamiento, no permanece ningún recuerdo.

Pero, ¿podría haber sido yo también engañado en esas sesiones?. ¿Podría haber perdido mi papel de "objetivo observador" y haberme dejado arrastrar por la excitación de cánticos, penumbras, humo espeso?. Uno es después de todo tan genéticamente similar a esos nativos milenarios que caían postrados de rodillas ante sus oficiantes que tal vez algo tocara algún botón en recónditos espacios de mi inconsciente colectivo y, después de todo, uno "quisiera" que algo raro pasara. ¿Había hechos que me dieran objetivamente la convicción de estar en presencia de una inteligencia exterior a los allí reunidos?.

Es cierto que en mis breves conversaciones con las entidades encarnadas, me han dado información que el sujeto –o cualquiera de los concurrentes– no podía conocer por otro conducto. Pero, parapsicólogo al fin, me basta con la telepatía, la clarividencia o la premonición, fenómenos perfectamente tipificados, para explicarlos sin acudir a teorías sobrenatureales de otra especie.

En realidad, deberé decir que mi convicción de que en ocasiones entidades ajenas a los presentes se incorporan en presencia de éstos obedece a evidencias circunstanciales.

Queda claro que estoy convencido de que en la gran mayoría de los casos, nada extraño realmente está pasando y sólo es el fraude, conciente o inconsciente. Pero, repito, en ocasiones "ellos" (sean lo que dicen ser o algo sospechosamente distinto) allí están.

Recuerdo una experiencia. Ocurrió hace algunos años en esta misma ciudad donde resido, cuando fuimos invitados a asistir a una sesión, casi familiar, donde un "exú" – entidad de segundo orden– se incorporó en el dueño de casa. El mismo, un amante de los animales, tenía varios –entre ellos una perra de bastantes años de edad– y hete aquí que la entidad que se hizo presente (el exú "Tranca R úa") parecía ser también afecto a las mascotas. Pide entonces que le sea traído uno de esos animales (la sesión se realizaba a puertas cerradas; las mascotas habían quedado todas aisladas en el patio trasero del lugar) y entonces el hijo del dueño de casa, que hacía las veces de "cambón" ("ayudante") busca a esa perra y la trae. Lo que me sorprendió es que el animal, no más ver a su amo, metió la cola entre las patas, comenzó a gemir y se resistió, evidentemente asustado, a ser llevado en presencia de aquél (si es que "aquél" seguía siendo su dueño en algo más que cuerpo). El "exú" la acarició, la abrazó, le dijo algunas palabras suaves y calmantes y luego indicó que se la llevaran. Minutos después, cuando la entidad se había retirado y el hombre regresó a su estado "normal", casi casualmente me acerqué a la puerta trasera de la vivienda y la abrí, con la excusa de renovar el aire, dejando entrar a la perra que, entre ladridos alegres y lengüetazos, se abalanzó sobre su dueño para festejarle.

¿Por qué el mismo animal apenas unos minutos antes estaba tan asustado y ahora no?.

¿Qué había de distinto?. Es cierto que el olor de cigarros y alcohol de su dueño –luego de las libaciones practicadas por el "exú"– era fuerte, y su vestimenta roja llamativa, pero no sólo el animal ya lo había visto en ese estado en otras ocasiones, sino que ahora, cuando le saltaba y ladraba contento, el aspecto y el olor del amo era el mismo. ¿Cuál era la variable?, pensaba yo. Y sólo se me ocurría una: antes, había supuestamente una entidad incorporada. Ahora no.

Bien, entonces, admitida la probable existencia de estas entidades, ¿porqué su inclusión en un curso sobre Autodefensa Psíquica?. Precisamente, por la "amoralidad" de ciertas acciones según señaláramos líneas arriba. Vale decir que basta con que uno cualquiera de nosotros sea tomado o visto como eventual opositor o contrincante por un devoto de estas líneas, con aviesas intenciones, para que tenga en su haber la posibilidad de solicitar "auxilio" en su cometido por parte de una de estas entidades. Ciertamente, muchas veces el pedido caerá en el vacío, la multitud de improvisados y estafadores en el umbanda y otras líneas de culto, como dije, es muy alta. Pero baste con que sí haya para el caso que nos ocupa veracidad en sus prácticas para que nos transformemos en eventuales v íctimas de sus acciones. Agresiones que, provenientes de lo astral, se derramarán en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

¿Cuál es la naturaleza de las entidades de estos cultos?. Principalmente, todos ellos son "desencarnados" de un grado superior, personas alguna vez vivas que por el asaz de sus circunstancias personales se vieron obligadas a cumplir en el "más allá" tareas que trascienden a la de otros "espíritus". Fuertamente espiritista –como dije– el umbandismo ha crecido enormemente en principio en un país –Brasil– donde el espiritismo (originalmente uno más "kardecista") ya era de por sí la religión del pueblo. Oficialmente católico, y en desmedro del acentuado crecimiento de movimientos evangélicos –especialmente pentecostales y neopentecostales en las últimas décadas– es difícil en Brasil no ser –o tener algún familiar– espiritista. Pero las entidades de orden superior se dividen en categorías:

"Orixás": se corresponden con los "santos" del santoral católico, han sido personas – generalmente todos ellos remotísimos antepasados africanos– que murieron en traumáticas circunstancias en el trance de dar la vida por los demás. En Umbanda en particular y el culto a los orixás en general, se emplea uno o a veces más santos católicos para representar un orixá; esto es lo que se llama "sincretismo". Daremos algunos ejemplos:

El orixá Xangó se suele identificar con San Miguel. Pero en su advocación Xangó Aboní es representado –y adorado en la forma de– San Antonio; cuando se manifiesta como Xangó Aganjú es, entonces, San José. Xangó Alufá será San Pedro y Xangó Agodó San Juan Bautista, mientras que su manifestación como Xangó Alafim será presentada como San Jerónimo. Ogúm será San Jorge, Oxalá es Cristo, Naná es Santa Ana, Omolú puede ser alternativamente San Roque, San Lázaro o San Blas. Iemanjá es la Virgen Stella Maris, Oxúm la Virgen de la Inmaculada Concepción, Iansá Santa Bárbara, Oxossí San Sebastián, etc.

Si bien hoy en día existe plena libertad de cultos en la mayoría de los países –países en los cuales, por otra parte, muchas congregaciones de Umbanda han cumplimentado legalmente sus trámites de registro– subsiste todav ía la costumbre de seguir empleando imágenes católicas. Empero, es dable encontrar en el mercado imágenes a primera vista aparentemente del santoral pero que en realidad han sido concebidas para practicantes de Umbanda: sutiles diferencias morfológicas o de ciertos colores (en el caso de Ogúm, la lanza tomada con el otro brazo o su caballo negro; Iemanjá, con el cabello oscuro, suelto y un aire levemente sensual; Oxalá, como un Cristo con los brazos en ángulo recto abiertos respecto del cuerpo) le indican al umbandista que ésa es "su" imagen y no la de un católico. Comentario al margen: ¿debe entonces uno ver en el Cristo Redentor de Río de Janeiro, más que un homenaje a la religión católica, como ingenuamente piensan millones de turistas que pasan por allí, una ofrenda al triunfo expansionista del umbandismo?.

"Exús": ídem, con la diferencia de que, en primer lugar, durante su vida biológica eran seres violentos, fuertemente amorales o sexuales, en muchas ocasiones de conductas impropias. En segundo lugar, también tuvieron muertes violentas, por lo general por causas estrictamente egoístas. Se las representa con imágenes rojas, con tridente, cuernitos y, en ocasiones, alguna cola puntiaguda. No son "demonios" en el sentido mefistofélico que le da el mundo occidental, pero su típica amoralidad llevó a los primitivos cultores a asociarlos más con la imagen que los piadosos católicos les habían pintado del diablo que con los inmaculados representantes del santoral.

Los exús son (doy información ampliada de los que he podido constatar):

- Exú das Sete Encrucilhadas

- Exú Marabó

- Exú Caveira: controla todo lo concerniente a la muerte, a las enfermedades y a la magia negra. Es de perfiles muy tétricos; su forma de calavera y sus negros atuendos infundían pavor. Su siniestra propensión alcanza también a todo aquello que es propio de drogadictos y viciosos; y tiene fascinación por las guerras.

- Exú Sete Capas

- Exú Tirirí: es el señor de los miedos y debilidades del corazón humano. También, representa el poder, militar o político. Parco y antipático, gusta de representar su papel con porte caballeresco no exento de soberbia. Anacrónicamente, es tanto el señor de los lugares desiertos como de las mansiones lujosas. Las mujeres tienen con él una especial vibración amorosa, y lo utilizarán para pedir por sus "uniones".

- Exú Veludo: tosco, silencioso y ceñudo, es sin embargo el exú de los trabajadores honestos, el que protege la vivienda en caso de ausencia de los jefes de hogar. Pero es primitivo, celoso y fácilmente irritable: su conducta hace recordar la de los gnomos. Incidentalmente, relato una experiencia que presencié en persona con este exú: en un momento dado durante una sesión, el sujeto que lo ten ía incorporado demandó una mezcla de carne cruda, ron y... ¡la cera de diez velas rojas! y con movimientos groseros se comió absolutamente... todo, regado con más de litro y medio de alcohol. Yo esperaba que, cuanto menos al salir del "trance" el "cavalho" vomitara todo eso, pero para mi sorpresa el sujeto se incorporó y salió caminando (y hablando) normalmente.

- Exú Tranca Rúa: tiende a ser el más sabio, conciliador y moralista de todos. Tiene su aspecto amoral; en ocasiones puede aceptar "encargos" un tanto nefastos, siempre que no se ponga en peligro la vida de un ser humano: hacer quebrar un negocio, desvincular a dos amigos o a una pareja. Empero, parece sentirse más a gusto con obtener todo lo contrario, y es evidente su alegría (expresado en el "bajo precio" de las ofrendas que pide) cuando lo solicitado tiene que ver con cosas positivas.

- Exú Caverinha

- Exú Campina

- Exú do Cruzero

- Exú Calunga: de apariencia menos torva, pero también negativa. Es capaz de provocar carcajadas histéricas que concluyen, por lo general, con temblores y convulsiones. Está conectado con la danza y se identifica con aquellos males de la mente que afloran en risas destempladas, muecas espantosas, bizqueos y tartamudeos que desfiguran.

- Exú Calunguinha

- Exú do Lodo

- Exú Lalú

- Exú da Madrugada

- Exú do Meia Noite: vela por la brujería en general, suele disfrazarse de Preto Velho para cumplir sus cometidos y, en los casos de "corporización" su fuerte olor a azufre delata su presencia en el terreiro.

- Exú Mulambo

- Exú Mulambinho

- Exú da Mata

- Exú Rola Rola

- Exú dos Ríos

- Exú Nova

- Exú Pino da Meia Noite: es el exú que protege a los ladrones, pero paradójicamente también a quien hay que acudir para hallar cosas perdidas o robadas.

- Exú da Praia

- Exú Gira Mundo

- Exú Pinga Fogo: con un fuerte olor a pimienta es el exú de alquimistas y de quienes, con la intención de concretar parejas, preparan filtros amorosos.

- Exú Quebra Galho

- Exú Quebra Osso

- Exú Quirombó: se vincula con las propensiones sexuales prematuras, la prostitución en la adolescencia, las enfermedades venéreas y en ocasiones el suicidio.

- Exú Sete Covas

- Exú Sete Giras

- Exú Sete Luas

- Exú Sete Catacumbas

- Exú Sete Sombras

- Exú Sete Chaves

- Exú Sete Ossos

- Exú Sete da Lira

- Exú Tira Teima

- Exú Tranca Tudo

- Exú Trinca Ferro

- Exú Tatá Caveira

- Exú Toquinho

- Exú Toco Preto

- Exú Tranca Gira

- Exú Tronqueira

- Exú Toquinho de Ouro "Pombas Gira": si bien son "exús" femeninos, su popularidad, devoción y "poder" les hace acreedoras a una categoría por derecho propio. Son ellas:

- Pomba Gira María Mulambo

- Pomba Gira María Padilla

- Pomba Gira Cigana

- Pomba Gira do Cruzeiro

- Pomba Gira do Cais

- Pomba Gira da Calunga

- Pomba Gira Ciganinha

- Pomba Gira do Cemiterio

- Pomba Gira Rosa do Cruzeiro

- Pomba Gira Rosa da Calunga

- Pomba Gira Rosa Caveira

- Pomba Gira Sete Véus

- Pomba Gira Rosa Vermelha

- Pomba Gira Sete Cravos

- Pomba Gira Reina da Encruza

- Pomba Gira Reina da Calunga

- Pomba Gira Reina da Noite

- Pomba Gira dos Sete Maridos y otras.

"Pretos Velhos": literalmente, "viejos negros", encarnan a los espíritus de los primeros africanos traídos como esclavos a América.

"Caboclos": espíritus de mestizos entre negros y amerindios.

"Ibejiis": espíritus de niños.

"Bahianos": espíritus de residentes fallecidos de esa tradicional ciudad.

"Eguns": todos los otros espíritus de difuntos.

Evitaremos aquí entrar en la discusión –necesaria, de todas formas– respecto a si podemos creer en "espíritus" de lenguaje y conducta tan "terrestre", algo que también nos ha llevado a romper lanzas con el espiritismo tradicional; más aún, cuando se nos habla del "más allá" como un mundo con paisajes, edificios, calles, escuelas, hospitales, veh ículos "astrales". Pero aun respondiendo a una doctrina más metódica y entendiendo la sobrevivencia a la muerte como una condición no-egoica de remanencia psíquica, no podemos dejar de señalar la importancia que para el estudiante de Autodefensa Psíquica tiene el incursionar en el conocimiento de las doctrinas afrobrasileras. Porque sea lo que sea lo que se manifiesta en ellas (y aun atendiendo a los conceptos de "egrégoros" que oportunamente hemos desarrollado) es un hecho que la perturbación mental, espiritual o astral es posible y frente a ella debemos precavernos.

Capítulo siguiente - Nacimiento de la Umbanda

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