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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 29:

 Los Haiöth-Haködesch

Reconocida la existencia de energías inteligentes en el Universo, es interesante saber cuanto menos históricamente, en qué categorías se las clasifica y cómo se las denomina.

Deben, primero, comprenderse dos cosas: categorizar un haiöth-haködesch significa reconocer el mayor o menor nivel vibratorio del mismo, de donde emana su capacidad y autoridad. Darle un nombre, en cambio, significa conocer la vibración sincrónica que lo evoca, lo concita o lo llama. Si "Dios dijo..." y "Padre, Verbo y Espíritu Santo..." como ya dijéramos, aquí surge que nombrar algo sólo significa pronunciar un sonido cuya vibración es afín a lo nomenclado. Por supuesto, los nombres de los seres humanos desconocen esta razón esotérica pero, de alguna manera, sus nombres son más o menos consonantes con sus naturalezas vibratorias, lo que explicaría en parte la buena fortuna de algunos en cuanto a que la mención que de los mismos hacen los demás moviliza energías cuyos efectos finales recibe favorablemente el sujeto nombrado. Por Ley de Vibración, el nombre es energía, y por Ley de Sincronicidad, invocar una energía es concitarla en nosotros. Que algo nos salga bien, a veces contra viento y marea, no se debe a la "buena suerte" sino, por Ley de Causalidad, a aquello que en nuestro ritual, aunque sea ceremonial o simplemente mental, pero siempre por Ley del Mentalismo, hemos atraído, con sus consecuencias a larguísimo plazo que debemos aprender a observar espiritualmente pues, por Ley de Polaridad, implica también que luego de esos eventos beneficiosos pueden aguardar momentos duros, completando así la Ley de Serialidad, todo lo cual quedará impreso en nuestro Karma que, por Ley de Correspondencia, se modela según los eventos cotidianos de nuestra vida (ver mayor detalle de las siete Leyes fundamentales del Universo en nuestra revista "Al Filo de la Realidad").

Así que, en orden descendente, conozcamos a los:

Seraphim ("Serafines")

Cherubim ("Querubines")

Aralim ("Tronos")

Haschmalim ("Dominaciones")

Tharschisim ("Potencias")

Malakim ("Virtudes")

Clohim ("Principados")

Beni-Elohim ("Arcángeles")

Aischim ("Ángeles")

La palabra latina "virtus" significa exactamente "fuerza moral" (en oposición a "fuerza material"); evoca una idea de influencia y de efecto (en castellano empleamos la expresión "en virtud de" para decir "en razón de") con lo cual referimos, otra vez, una "inteligencia".

Un mensajero siempre es sólo instrumento de un príncipe (y la palabra "pr íncipe" tenía valor espiritual muchos milenios antes de que se usara políticamente; de hecho, se "copió" una expresión de significancia entre los sacerdotes para sugerir un poder superior en mano de autoridades terrenales), pero el poder material del principado siempre estará condicionado a la inteligencia (virtud) con que se lo emplee; entonces, de lo contrario, sólo es dictatorial, y el dueño del poder termina siendo esclavo de su propia violencia.

Empero, sólo la potencia del ideal supera a la inteligencia, y las condiciones previas, aglutinadas, dan la verdadera dominación que permite acceder al trono, siendo "trono", un emplazamiento de máxima autoridad, directa dependiente de Dios, a través de sus canales comunicantes directos (por eso se dibujaba ingenuamente a querubines y serafines provistos de "trompetas" que anuncian "la gloria de Jehová").

Son los Aischim sobre los cuales el Hombre puede ejercer operación; (y recuérdese siempre que cuando designamos la "virtud" de ese ángel, nos estamos refiriendo a la cualidad sincrónica que en el ámbito psíquico del Hombre produce la pronunciación de ese "nombre", un efecto fenomenológico de fases armónicas, en última instancia).

Eheieh (Voluntad)

Bachur (Ciencia)

Gadol (Acción)

Dagul (Realización)

Hadom (Inspiración)

Vesio (Prueba)

Zakai (Victoria)

Chased (Equilibrio)

Tehor (Prudencia)

Iah (Fortuna)

Mitraton (Fuerza)

Shadai (Muerte)

Iehovah (Transformación)

Emmanuel (Iniciativa)

Sameck (Fatalidad)

Iehovah Sabaoth (Ruina)

Fode (Esperanza)

Tsedeck (Decepción)

Kodesh (Felicidad)

Schadai (Expiación)

Techinah (Recompensa)

Hadur (Magnificencia)

Kabir (Poder)

Limmud (Sabiduría)

Maborak (Alabanza)

Norah (Duda)

Somok (Resistencia)

Hazaz (Fortaleza)

Kadosh (Santidad)

Asimismo, estos son los "haiöth-haködesch" que rigen los signos zodiacales y sus respectivos decanatos:

ARIES: Assican - Senacher - Acentacer

TAURO: Asicath - Viroaso - Aharph

GÉMINIS: Thesogar - Verasua - Tepisatosoa

CÁNCER: Sothis - Syth - Thuimis

LEO: Afruimis - Sithacer - Fuonisie

VIRGO: Thumis - Thopitus - Afut

LIBRA: Serucuth - Aterechinis - Arpien

ESCORPIO: Sentacer - Tepiseoth - Senciner

SAGITARIO: Eregbuo - Sagen - Chenen

CAPRICORNIO: Themeso - Epima - Homoth

ACUARIO: Oroasoer - Astiro - Tepisatras

PISCIS: Archatapías - Tnopibui - Atembui

Luego del empleo de sus vibraciones en nuestras operaciones, se hace necesario "liberar" la energía concentrada; al igual que con la electricidad, carecer de ella no permite producir los efectos mecánicos que nos interesan, pero acumularla en exceso puede ser peligroso en un nivel de saturación. Esto es correspondiente a un error muy común entre los principiantes en estas disciplinas: su obsesión en saber cómo se inicia un ritual pero con absoluto desconocimiento o, peor aun, en cuanto a cómo terminarlo. Si las energías liberadas esotéricamente son cíclicas, no podemos transformarnos en un obstáculo, un "tapón" que enlentezca su libre fluir luego de obtenido el resultado esperado.

Esa es la razón del proceso de "agradecimiento" que no consiste más que en una sublimación psicológica del proceso de retorno, expresándose así en el símbolo alquímico de Ouroboros, la serpìente que se muerde la cola. Y posiblemente el más adecuado sea valernos de una simple oración de agradecimiento y responso, mejor aún si es dentro de uno de esos catalizadores psíquicos que son los templos de cualquier confesión, de manera que ese edificio se transforme en un amplificador de nuestras motivaciones, con lo cual, esotéricamente, el ciclo queda cumplido. Si las creencias del practicante abarcan la fe católica, pedir una misa sería una buena manera de hacerlo, pero como seguramente el párroco manifestará su extrañeza si pedimos por los nombres de los haiöth-haködesch que nos interesan, una adecuada actitud es solicitar esa misa en memoria de un supuesto fallecido, valiéndonos del método ocultista de los anagramas (trasposición de letras que, al no agregar ni quitar ninguna, significan numerológicamente lo mismo) para gestar un nombre propio ficticio. Así, por ejemplo, si he trabajado con los aischim Schadei y Gadol, por caso, puedo propiciar una misa a nombre de OLGA D.D. CHIESA, y así sucesivamente.

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