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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 18:

 Fotografiando el pensamiento

El trabajo que ustedes se aprestan a leer resume diez años de experimentos, cierto es que en ocasiones irregulares en su distribución por el tiempo, dentro de los cursos de nuestro instituto, el Centro de Armonización Integral. Debo admitir -no sin cierto dejo de rubor - que en numerosas oportunidades he aprovechado ese hetereog éneo y an ímicamente muy bien dispuesto y motivado grupo de entusiastas que suelen conformar el alumnado de mis cursos, para realizar distintos ensayos y experiencias sobre los cuales, ciertamente, trato de construir mis hipótesis y teor ías de trabajo.

Obviamente que con el consentimiento de los mismos -en verdad, es muy raro que un alumno no encuentre atractiva y excitante la idea de participar de experiencias parapsicol ógicas- uno de los temas en que m ás he profundizado es el de las llamadas escotofotografías o psicofotografías. Las escotofotografí as ("eskotós" en griego significa "oscuridad", por la particular forma de obtener las mismas) tambi én integran lo que popular -pero quiz ás ambiguamente- se ha llamado "fotograf ías espirituales".

En algún otro trabajo he abundado sobre la naturaleza de este tema, y sin duda volveré a repetirme en el futuro. En este punto, circunscribiremos nuestro interés a la sostenida impresión mental de película fotográfica virgen.

Conocidos son, en este sentido, los casos del psí quico ingl és -hoy volcado totalmente a la sanaci ón- Matthew Manning y de Ted Serios. Este último, recientemente fallecido, sin duda ha sido aquel que m ás espacio ha ganado en los medios masivos de difusi ón. Serios se val ía de una cámara fotográfica que pedía fuera sostenida frente a su rostro, se concentraba en una determinada imagen e indicaba entonces cu ándo disparar la toma. Las m ás de las veces, lo que aparecía en la pel ícula era apenas su rostro crispado, pero en algunos y espectaculares casos "otra cosa" se manifestaba: aviones fantasmales, rostros etéreos, arquitectura reconocible. En los últimos años de su vida, según sus decires para aumentar la "canalizaci ón" de im ágenes, Serios se val ía de un aparato que él denominaba su "gismo", un tubo, supuestamente vací o, en el cual concentraba la atención mientras se realizaba la experiencia; ciertos escépticos han sostenido que esto era parte de un truco (una pequeña diapositiva hábilmente disimulada en el tubo hacía que apareciera la imagen, fuera de foco, cuando al disparar la cámara Serios acercaba el "gismo" al aparato) pero lo cierto es que nunca, cuanto menos, se halló fraude alguno en sus décadas primigenias de experimentaci ón, y ciertamente, aun en el caso de que tal suposici ón de engaño fuera real -yo cuanto menos no he podido leer o escuchar de primera mano versi ón alguna que lo desautorizase- nada permite suponer algo más que el acto desesperado de un anciano psíquico de capacidades decayentes ansioso de satisfacer patéticamente a sus censores y no perder su pedacito de fama.

Pero repasando estas crónicas, caí en la cuenta de que, si como pregonamos habitualmente, la potencialidad parapsicológica es una condici ón innata y latente en todo ser humano pues, en mayor o menor medida, cualquiera de nosotros debía poder repetir los logros de Serios. Era cuestión, simplemente, de encontrar la técnica a partir de alguna teor ía creíble.

Nos planteamos entonces que la "psicofotograf ía" debí a producirse por psicoquinesia. Ésta, que erróneamente se la suele confundir con la telekinesia, es un fenómeno propio. " Telekinesia" se denomina al movimiento de objetos inanimados por acción de la mente. Supongamos que miro fijamente mi lapicera sobre el escritorio y ésta, sin la presencia de fuerza f ísica alguna, comienza a desplazarse hasta caer al suelo. He aqu í un fenómeno de telekinesia. Pero por " Psicoquinesia" entendemos la acción de la mente sobre sistemas físicos en evolución. Un grupo de dados que arrojados sobre un tapete se les obliga a caer recurrentemente con una determinada sumatoria de números; una plantita cuyo crecimiento, por dedicarle nuestra atenci ón, aceleramos en relación a otra, aparentemente idéntica (llamada "testigo piloto") a la que además de agua y luz tratamos indistintamente; una gota de agua que se desví a de su trayectoria vertical y rectilí nea, son sistemas fí sicos en movimiento, evolucionando, y la acción psí quica sobre ellos, entonces, constituye una psicoquinesia. La "escotofotograf ía", entonces, debía ser el resultado de una acci ón psicoquinética con un objetivo ideoplástico ("Ideoplastia": en Parapsicologí a, materialización de una imagen mental).

Así que comenzamos las experiencias. El sistema que actualmente privilegiamos consiste en seleccionar como "testigo" un objeto material de profundo significado emocional para el sujeto del experimento; la imagen de un bote, si es que ese bote evoca profundos contenidos sentimentales; un par de zapatos, si significan algo muy profundo por aquel o aquella a quien pertenecen o han pertenecido. Durante cinco minutos, debe mantenerse -esto es quiz ás lo más dif ícil - la imagen permanentemente presente en nuestra mente, con la menor desviación posible (a mis lectores y ex alumnos de los cursos de Control Mental Oriental, los remito a las técnicas de "reducci ón eidética de objetivos") mientras efectuamos -esto sí ha de resultar sencillo a aquellos lectores que hayan practicado Yoga- respiración Idá y Pingalá. Elementalmente hablando, ésta consiste en inspirar por una fosa nasal, mientras mantenemos obturada la otra; desobturarla, exhalando por ésta mientras tapamos la primera; nuevamente inspirar por la segunda, sostener, cubriéndola y exhalar por la primera, que habremos abierto, y así sucesivamente. Vale decir, en todos los casos, por la que acabo de exhalar, vuelvo a inhalar, mientras mantengo con un dedo tapada la fosa nasal restante. El por qué de esta respiraci ón (no quiero parecer redundantemente aburrido con aquello del Control Mental Oriental) es porque de esa manera estimulamos el flujo de energ ía por los dos canales del shushunna (la contraparte energ ética de la columna vertebral) estimulando todos los chakras, siendo uno de ellos, el del entrecejo del cual depende la materializaci ón de aquellos fenómenos.

Previamente, se habrán preparado trozos de pel ícula fotográfica virgen dentro de sobres completamente opacos (los revestidos de plomo empleados en radiograf ía o los mismos tubitos plásticos negros que acompañan al rollo pueden servir) que deberán ser cortados en segmentos completamente a oscuras y colocados dentro de cada receptáculo. Mi costumbre es cortarlos en trozos en la oscuridad, colocarlos dentro de tubos pl ásticos negros, siempre en la oscuridad precintarlos con cinta de enmascarar, volver a introducirlos en sobres dobles de cartulina negra y pegarles etiquetas en los cierres, donde firmo yo, firma el practicante, se anota la fecha y el objeto seleccionado por el último para la experiencia.

Como todos sabemos, una pel ícula fotográfica sólo reacciona al ser expuesta a la luz o a algún tipo de radiación. Si cuidamos que nada de ello pase, al ser revelada aparecerá totalmente negra -si la pel ícula es ByN- o azul oscuro o verde oscuro -si la pel ícula es policrom ática-. Pero si, como muestran los ejemplos que contin úan, al revelar "algo" aparece (y cuanto más definido sea ese algo), entonces lí citamente podemos plantearnos lo siguiente: si en pel ículas testigo enviadas a revelar sin haber sido expuestas nada apareci ó, si todos esos factores han sido constantes y la única variable ha sido nuestro ejercicio de "mentalizaci ón", ¿acaso puede negarse la posibilidad, especialmente en los casos donde la imagen revelada muestra inequívocamente la naturaleza de lo mentalizado por el practicante, que estamos ante un caso donde lo que se ha plasmado es aquello en lo que pensaba el sujeto o, dicho de otro modo, la única "energí a" interactuante ha sido la mental, resultante de esa técnica particular que describiera?.

Aquí exhibo mis pruebas. Por supuesto, algún lector avieso puede sospechar que se trata de trucos que yo mismo he hecho o cierta lasitud en los controles que he tenido. Estoy seguro de haber extremado las precauciones respecto de lo segundo y, atinente a lo primero, bien... los que me conocen saben cómo pienso. Pero lo importante es que la sencillez de la técnica invita a repetirla. Y eso es lo que quiero proponer desde estas páginas. Repitan la experiencia en casa. Cuéntennos sus resultados. Hágannos llegar sus opiniones, para volcarlas en las próximas lecciones. Es importante saber que no siempre aparece algo en la pel ícula -yo estimé un 35 % de resultados exitosos- y que parece haber -aunque esto último es algo prematuro de afirmar- una relación entre el índice resultados por experiencia y el nivel de ondas FEB en la atm ósfera ese dí a. Ciertamente, aunque parezca poco cientí fico, estoy indubitablemente seguro de otra cosa: se obtienen mejores resultados con grupos de pequeños pueblos de provincia que con aquellos de megal ópolis. ¿Por qué?.

No sé. Quizás cierta inocencia y humildad de los primeros, o un excesivo cartesianismo en los segundos, sean elementos que jueguen alternativamente a favor o en contra de las experiencias.

Veamos entonces los resultados que proponemos:

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 1: Este es el aspecto que deberí a presentar, siempre, un trozo de pel ícula virgen no expuesta y así enviada a ser revelada.

Negra, en el caso de pel ícula ByN, verde oscuro o azul oscuro para la pel í cula color.

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 2: Aquí , pese a la indefinici ón de la imagen, ya se ha producido un efecto interesante: esta mutaci ón en el color, huella evidente de alguna energía que emulsionó la pel ícula, sólo apareció luego de que uno de los participantes en el experimento estuvo concentrándose sobre ella.

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 3: Mismo caso que el anterior, si bien aquí ya es evidente una etapa más avanzada en el proceso de impregnación; desdibujada y desfocalizada, la imagen tiene sin embargo mayor riqueza visual que la anterior.

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 4: Este es un ejemplo realmente espectacular.

Para el caso, el alumno elige como objeto de visualizaci ón mental... ¡una cicatriz! (la reproducci ón es tan fidedigna que para quien no conoce las condiciones de trabajo puede ser plausible de sospechoso de fraude).

Tan insólita elección se debió a que la madre del sujeto, luego de una difícil intervenci ón quirúrgica, tení a dificultades para la cicatrización postoperatoria de la herida, siendo ése el motivo de que su hijo seleccionara tal imagen para visualizar.

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 5: Esta placa pertenece a una serie de dos, donde el participante decide visualizar un crucifijo de su propiedad, de gran valor emotivo para él. En la primera no aparece nada definido, aunque evidentemente algo tiende a materializarse, pero en la segunda...

Fotografiando el pensamiento

Fotografía Nº 6: ...Aunque poco f ácil de interpretar a primer golpe de vista, si se observa con atenci ón se notará, delineado en el color azul, el contorno de un torso humano, desde un poco por debajo del cuello hasta la cintura, siendo claramente visibles el estern ón y las costillas, y a un lado, tal como la descripción bíblica nos informa que Cristo recibió en forma ascendente el lanzazo que le propinó el centuri ón Longinos, un haz de luz ascendente.

Es como si la mente inconciente dispusiera de un "zoom" que, a despecho de que concientemente el alumno visualizó todo el crucifijo, aquella centrara su atenci ón en un aspecto sobresaliente del mismo, sobresaliente quizás por implicancias simbólicas y emocionales.

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