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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 56:

 El desarrollo del poder individual III

EL CAMINO DEL JNANA YOGA O YOGA DEL CONOCIMIENTO

Jnana ("conocimiento") en la filosofía Vedanta representa un papel que no tienen ni la actividad, ni el amor, ni tan siquiera la meditación. Los Upanishads no cesan de elogiar el conocimiento, haciendo de él el sine qua non de la salvación.

El Bhagavad Gitâ, siendo como es el mejor compendio de las genuinas doctrinas de los Upanishads, no es menos caluroso en sus encomios del Jnana. "Aunque fueras el mayor de los pecadores, pasarás por sobre todo pecado con la sola ayuda del conocimiento". (IV- 36). "Sabiendo esto estaremos libres de todo mal. Sabiendo esto todos los sabios alcanzan  la perfección suprema" (XIV-1). "Sabiendo esto se alcanza la inmortalidad". Estas frases son reflejo del alto concepto que el o los autores del Gitâ conceden a Jnana.

Pero, ¿qué es exactamente este conocimiento (Jnana)?. Algunos han creído que no es más que un proceso especulativo, y con frecuencia se afirma que la relación que establece el hombre con Dios o con la Verdad más elevada, sea ello lo que fuere, es no - moral.

Jnana, en verdad, se identifica erróneamente con vanas satisfacciones y conjeturas de la razón, con exclusión de todo afecto o simpatía moral. Admitimos que la exposición de la filosofía de Jnana Yoga requiere necesariamente el ejercicio de la razón, tanto como los demás Yogas y hasta, quizás, un poco más. Es un crédito para este Yoga el que utilice el mejor instrumento conocido del hombre para determinar la verdad. Las vertiginosas alturas a las que asciende la razón en este tipo de Yoga se admite que son inaccesibles para el intelecto no desarrollado. Pero decir que en él se prescinde de la moralidad o que se opone a ella es inexacto. La filosofía opuesta a la religión y a la moralidad es algo desconocido en las obras vedantas en general y en el Gitâ en particular. El Jnana del Gitâ no es meramente una creencia razonada, aunque este conocimiento no se oponga en modo alguno al uso del intelecto. Este Jnana no es nada menos que el convencimiento de la única verdad digna de conocerse y vivir de acuerdo con las conclusiones de la razón práctica.

El conocimiento propiamente comprendido es la acumulación de datos; la colección de nuestras experiencias pasadas. Pero el conocimiento real es una referencia a nosotros mismos. El conocimiento original sólo es posible cuando nos apartamos de los libros, maestros o instructores luego de habernos embebido profundamente de ellos y literalmente nos educamos a nosotros mismos, sacando fuera nuestra sabiduría. Todos los grandes hombres, sea en religión, filosofía o ciencia, descubrieron el conocimiento en sí mismos. Desde luego que la vasta acumulación de conocimientos que hemos heredado de nuestros antepasados merece respeto y es digna de cuidadoso estudio e indudablemente los guías e instructores son necesarios para indicar métodos. El Gitâ, reconociendo plenamente esto, dice (IX-34): "Sabe que este conocimiento se adquiere por la reverencia, la investigación, la humildad y el servicio personal a los maestros. Estos conocedores que han visto la verdad, os iniciarán en el Conocimiento". Pero a menos que el aspirante se ejercite, dotado de los necesarios requisitos, nada obtiene de meras ayudas externas...

Así, hasta que reúna tales requisitos el alumno no será apto para el Jnana Yoga. Estos requisitos se enumeran así (IV-39, siempre del Gitâ): "El hombre de fe que es perseverante y ha dominado sus sentidos alcanza el conocimiento". Para quien obra con estos requisitos, el conocimiento brota infaliblemente por sí mismo.

Examinaremos ahora estos requisitos preliminares. En primer lugar la fe es necesaria.

Nada jamás fue realizado sin fe. Según palabras de Carlyle: "La fe es grande y dadora de vida". La religión sin fe, la filosofía sin fe, son bolsas vacías. La fe no es creencia ciega o mero asentimiento intelectual a una doctrina. Es una facultad innata en el hombre, por cuyo medio se desarrolla y encuentra la verdad. Cuando al considerar una serie determinada de fenómenos evidentes de la naturaleza externa o de la mente, llegamos a la conclusión de que debe haber otra serie más complicada tras ellos, ejercitamos la fe. Para buscar la finalidad de una nueva máquina, que nunca hemos visto antes, ejercitamos nuestra fe y la encontramos. Cuando apostamos a un nuevo descubrimiento o invención, e invertimos en ellos largas horas, años, dinero quitado a otros menesteres, ¿qué sino la fe nos impulsa?.

Para investigar el significado verdadero de las letras y las palabras de un antiguo lenguaje olvidado, necesitamos ejercitar la fe. Esta fe es absolutamente necesaria para el estudiante de Jnana Yoga. La persona que estudia la naturaleza en conjunto y ve en ella una serie infinita de escenas cambiantes, se ve obligada a preguntarse a sí misma: "¿Es esto real?. Si no lo es, ¿qué es lo real?". Su corazón llega a estar poseído de una fuerte creencia o confianza que debe haber algo prmanente tras de ésta continuamente cambiante naturaleza y se esfuerza, por consiguiente, en encontrarlo. En primer lugar tiene fe, confianza en sí mismo. Está plenamente convencido de que tiene el instrumento y la capacidad requeridos para la investigación. En segundo lugar, está plenamente persuadido de que hay una Realidad en este Universo cambiante y de que vale la pena conocerla: una

Realidad, en verdad, "conociendo la cual, nada queda por conocer" (Bhagavad Gitâ, VII, 2).

Esta fe intensa es la que salva al hombre "La persona que sin conocimiento y sin fe se complace en la duda se destruye a sí misma; para el escéptico no existe ni este mundo ni el otro; ni tampoco la felicidad para él" (IV, 40). Existe, desde luego, un prudente escepticismo inofensivo, absolutamente necesario para todos. Debemos ponderar bien todo y considerar bien las cosas antes de creer. Pero el escéptico, cuyo credo está formado por la negación y la duda, cuyo principio es la Incredulidad Universal, es peligroso para sí y para la sociedad. Para él no puede existir la felicidad ni material ni espiritual. Para todo progreso se necesita, al menos, una tentativa de fe, no habiendo tanta necesidad de ella en ninguna parte como en la religión. Esta fe, distinta de la presunción y de la creencia supersticiosa, es el primer requisito para el Jnana Yoga.

En segundo lugar, el estudiante necesita persistencia. La Iluminación no viene en un momento. Primeramente hay que escuchar la voz de la verdad. El primer paso es leer buenos libros y escuchar las exposiciones de los que saben más. Muchos no tienen ni la inclinación ni la capacidad de saborear los pensamientos abstractos. Con razón dicen los Upanishads que "muchos ni tan siquiera pueden esperar oír a Dios". Esta audición presupone no estar satisfecho del presente estado de cosas y encontar algo más digno de fe. El hombre ordinario sabe que el mundo es una mixtura extraña de bien y de mal y se aprovecha de cuantos placeres puede; quiere sacar el mejor partido que pueda; recibe golpes cada vez más fuertes, pero no despierta. Cuando tras dura experiencia, aprende que es difícil gozar sin sufrir y que tiene que trascender el mundo del goce de los sentidos para alcanzar la paz infinita de la mente, ejercita la fe. Su corazón le dice entonces que tras de los pares de opuestos hay algo más permanente. Entonces empieza a "oír" cuanto se refiere a Dios y otras cosas por el estilo. Tal audición es el primer paso. El segundo paso consiste en pensar sobre lo que se "oye". La mera audición no tendría valor si no concediéramos ninguna reflexión al asunto. Debemos pensar en ello día y noche, hasta que ello sea habitual en nosotros. Como decía un filósofo: "Todo el tiempo hasta el sueño; todo el período de la vida, hasta la muerte; si es necesario, debe emplearse en pensar en la verdad". Este pensamiento ocupa una parte importante del Jnana Yoga. La razón tiene que llegar hasta el último límite y a una legítima conclusión. Ninguna Iglesia o credo, ningún libro o doctrina, ninguna autoridad ni nada que se repute infalible, se ha de considerar suficiente para formar una creencia, a menos que la razón quede satisfecha de ello. Seguir la recta razón, dondequiera que nos conduzca y aceptar jovialmente las consecuencias con indomable determinación, ha de ser el espíritu con el que trabaje el estudiante de Jnana Yoga. Después de pensar así viene la meditación profunda sobre las verdades así pensadas. El razonamiento no basta por sí mismo. Puede éste barrer supersticiones y disipar dudas. La verdad a que la razón tiende ha de ser meditada, sentida y convertida en esencia misma de la vida práctica. Una vez convencidos de una verdad, nuestro deber es vivir esa verdad. Sentir la verdad intensamente hasta identificarnos con ella, por decirlo así, es el tercero y último paso. Entonces es cuando tal verdad se hace real y se convierte uno en un Jnana Yoguin. Estar dispuesto a mantener esta inquebrantable persistencia, oír pacientemente, pensar y sentir hasta realizar la verdad, es el segundo requisito para el estudiante de Jnana Yoga.

Finalmente, el dominio de los sentidos es requisito absolutamente necesario para quien quiere llegar a Jnana Yoguin, porque en este camino se presentan muchas tentaciones. La primera tentación será pensar que es una locura el querer trascender los sentidos. Las satisfacciones de los sentidos son tan cegadoras que algunas veces nos inducen a pensarcomo los antiguos "chavakas" (los materialistas de la India antigua, que sosten ían que todas las religiones y filosofías son elucubraciones de necios o embusteros). Pensar que la vida es bastante buena de por sí y que no necesitamos preocuparnos de lo que puede haber más allá, será la primera tentación. También nos tentará el deseo de genitalidad sin aplicar la potencialidad energética y espiritual que duerme en esa sexualidad y sobre la que nos abocaremos en la próxima lección; imaginarnos un estado futuro en el que todo sea ocio y no trabajo; todo bien y no mal; donde comamos, bebamos y divertamos sin sufrir jamás, que aunque no lo crean hay muchos que todavía imaginan así al Paraíso. Pero el aspirante al Jnana Yoga ha de ver claramente que tal cosa no es viable. Ha de estar perfectamente convencido de lo destructible de la naturaleza y de la vacuidad de todo placer sensual por el placer mismo. Como es claro que tener sexo nunca es pecado; el pecado espiritual es que el éxtasis o el orgasmo se pierdan entrópicamente en el cosmos en una inútil explosión de energía que no fue transmutada en el acto en algo superior.

Porque si el conocimiento provee Autodefensa Psíquica, el Sexo también, y sobre ello regresaremos. La indulgencia de los sentidos termina en la muerte y destrucción; pero el dominio de los sentidos conduce a la Divinidad.

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