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Curso de autodefensa psíquica

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
8,89/10 (44 opiniones) |32129 alumnos|Fecha publicación: 23/06/2006
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Capítulo 55:

 El desarrollo del poder individual II

Ya lo hemos dicho: evolucionar es un acto de elección. Y este proceso requiere identificar claramente tanto la independencia del intelecto respecto del espíritu, como de ambos respecto de la suma de las emociones. A ésta última, la conocemos también como Cuerpo Emocional, y se corresponde plenamente con lo que habitualmente - y equivocadamente- se denomina Cuerpo Astral. Desde el punto de vista del pensamiento hermético, la emocionalidad es en sí una "sustancia", claro que extremadamente sutil e interpenetrable con la física, así como el psiquismo es otra - por Ley del Mentalismo, y a esas clases los remito- si es que la palabra "sustancia" puede ser todavía empleada como tal o, más exactamente, reconocida detrás de un concepto para el cual nuestro idioma - y cualquier otro, quizás con la sola excepción del sánscrito, como veremos más adelante- es insuficiente.

En consecuencia, el avance en la espiritualidad es directamente proporcional al crecimiento de una intelectualidad que desplace la emocionalidad negativa.

La emocionalidad negativa excesiva se acerca a la materia, es como decir que "aumenta su densidad" (a mayor sutilidad y elevación vibratoria, sentimientos y pensamientos más elevados; y a la inversa, a pensamientos y emociones más bajas, densidad inferior, cada vez más grosera, más cercana a la materia). Esto nos retrotrae al concepto ya estudiado de por qué la baja actividad intelectual vibra en consonancia con una emocionalidad no cuantitativa, sino cualitativamente más burda; si bien el elevado intelecto no es condición suficiente, sí es condición necesaria para que el "tono" vibratorio de esa emocionalidad sea más excelso.

Este proceso de reconversión de la emocionalidad comienza con un adecuado reconocimiento del Yo. Deben primero darse cuenta de la realidad del Yo - como lo describiéramos en nuestra lección anterior- antes de conocer su verdadera naturaleza.

Este es el primer paso. El practicante debe colocarse en el estado de meditación subsecuente al ejercicio que en audio distribuiremos a partir de la próxima clase (atención aquí a las indicaciones técnicas que oportunamente les dará nuestro Administrador), para concentrar toda su atención en el Yo, interceptando todo pensamiento del mundo exterior.

Debe forjar en su mente la idea de sí mismo como una entidad real, un ser efectivo, una individualidad, un centro en cuyo alrededor gira el mundo, sin que una falsa modestia o desestimación propia se oponga a esta idea, porque no nieguen a los demás el derecho a considerarse también como centros. Son ustedes, en efecto, centros de conciencia establecidos por lo Absoluto. Hasta que el ego se reconozca como un centro de pensamiento, influencia y poder, no será capaz de manifestar estas cualidades. Y el grado en que reconozca su posición como centro, será capaz de manifestar sus cualidades. No es necesario que se comparen con otros ni se imaginen superiores a ellos, pues tales comparaciones son indignas de un ego adelantado, e indican falta de desarrollo. Durante la meditación, olviden toda consideración de las respectivas cualidades de los demás y esfuércense en reconocer que cada uno de ustedes es un centro de conciencia, poder, influencia y pensamiento. Y que así como los planetas giran alrededor del Sol, así el mundo gira alrededor de ustedes, que son su centro.

El Yogui Ramacharaka, en su "Serie de lecciones sobre Raja Yoga" (Editorial Kier, Buenos Aires, 1975) escribe: "Por humilde que sea tu posición, por dura que sea tu suerte y por deficiente que sea tu instrucción no cambiarías tu Yo con el del más afortunado, más sabio o más poderoso hombre del mundo. Puedes dudar de esto, pero piensa un momento y verás que tenemos razón. Cuando dices que te "gustaría ser" esta o aquella persona, lo que realmente significas es que a ti te gustaría tener su grado de inteligencia, poder, fortuna o posición. Necesitas algo de lo que admiras en aquella persona o algo igual a lo que posee; pero no deseas sumergir tu identidad en la suya ni hacer cambio de seres.

Piensa en esto por un momento. Para ser otra persona tendrías que proponerte morir y en vez de ti serías la otra persona. Tu Yo desaparecería y no serías tú de ningún modo, sino él.

Si puedes comprender esta idea, verás que ni por un momento deseas tal cambio, que por otra parte es imposible. Tu Yo no puede aniquilarse. Es eterno y seguirá siempre adelante, hacia cada vez más superiores etapas, pero siempre será el mismo Yo, de la propia suerte que ahora conoces que tu Yo es el mismo que era en tu niñez; y aunque en años venideros acrecientes tu conocimiento y experiencia, será el mismo tu Yo, la inextinguible chispa divina".

El grado de claridad comprensiva deseada es función (en el sentido matemático de la expresión) del grado de voluntad desarrollada por el sujeto: porque la verdadera Magia es Mental, y ésta descansa sobre el desarrollo de la voluntad. La voluntad impulsa toda acción mental y física. La voluntad agiganta a los seres humanos. Y cuando un contemporáneo cualquiera se escude en que, desde siempre, él careció de voluntad - como si ésta fuera simplemente una condición genética- recordémosle - recordémonos nosotros a diario- que la Voluntad (así, con mayúsculas) es una función del intelecto. Así como desarrollamos la memoria, la capacidad de comprender lógicamente, podemos desarrollar la Voluntad. Y el gran obstáculo para el eficaz uso de la voluntad, en la mayoría de las personas, es la falta de habilidad para enfocar la atención. Y el primer paso hacia el desenvolvimiento de la voluntad consiste en el ejercicio de la atención. Las ideas son más distintivas y adquieren mayor intensidad a medida que les prestamos atención. Si tomamos dos ideas de la misma intensidad y concentramos la atención en una, notaremos lo mucho que ésta aumenta en intensidad.

La voluntad educada se manifista en tenaz atención; pero es una rara facultad que se nota sólo en personas de robusta mentalidad. Cualquiera puede prestar atención a una cosa frívola y agradable, pero se necesita muy templada atención para fijarla y sostenerla en una cosa desagradable. Desde luego que el mentalista avanzado es capaz de poner iterés en la cosa menos atrayente en que desee enfocar la atención; pero no es posible en el común de la gente, pues para ello se precisa educar la voluntad.

Nunca se ponderará bastante las ventajas de disciplinar la atención hasta que sea capaz de fijarse tenazmente en el objeto de atención. La mejor manera de educar la atención dirigida por la voluntad es ejercitarla en objetos sin interés, hasta que el interés se despierte. Esto es difícil en principio, pero no tarda en ser agradable primero porque el individuo nota el acrecentamiento de su voluntad y atención y experimenta una fuerza y poder de que carecía antes. Y en segundo lugar, porque descubre que absolutamente todo en el universo puede ser interesante.

Creo que esto roza tangencialmente uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea en general y de la pedagogía en particular, y que pasa por el hecho de que masas crecientes de niños y adolescentes - especialmente en países del Tercer Mundo- abandonan los estudios y todo tipo de actividad intelectual por considerarla "aburrida", carente de motivaciones y estímulos. Creo, aun a riesgo de equivocarme, que la solución a este drama - que, si no nos aplicamos a solucionarlo, en apenas unos quince o veinte años generará una ingente masa humana casi iletrada y nada pensante lo que, quizás y después de todo, sí sea el verdadero objetivo en las sombras- no pasa tanto por buscar nuevas vueltas de tuerca a los contenidos pedagógicos buscando acertar con aquellos que puedan interesar a los púberes ni, mucho menos, por flexibilizar excesivamente las exigencias académicas y las reglas de disciplina de los institutos educativos. Creo que debe ponerse énfasis en el entrenamiento mental de los educandos, enseñándoles, más que una ingente y amorfa masa de datos - que de todas formas seguramente e igualmente olvidarán al paso de unos años (qué digo unos años; sólo unos meses) y que de todas formas pueden volver a encontrar más fácilmente en su PC o en una biblioteca- a enfocar la atención y tras ello desarrollar la voluntad. Se me ocurre que si la exigencia académica apuntara a exigir solamente del alumno la meta de alcanzar ciertos logros mensurables en orden a cualificar la atención y la voluntad, lo demás les será simplemente dado por añadidura.

Cultiven por todos los medios la atención y la voluntad. Practiquen tareas poco agradables. Hagan las cosas que tengan a mano y que trataban de esquivar por lo ingratas. Pongan interés en ellas y la dificultad se desvanecerá. Al terminar serán mucho más fuertes y experimentarán una nueva sensación de poder.

Esta es la razón por la cual, cuando padres sanamente preocupados por el crecimiento (no sólo f ísico sino principalmente mental y espiritual) de sus hijos me preguntan respecto a algunos caminos que ensayar, recomiendo fervientemente la práctica de artes marciales.

Ya en un artículo titulado "Uechi-Ryu: el camino de la conexión interior" ("Al Filo de la Realidad", número 75) ilustré hasta qué punto algunas escuelas de tales prácticas (como la que yo mismo practico y que da nombre al título de ese trabajo) son adecuadas vías para explorar esa dimensión insondable que es la mente y el espíritu.

Pero así como el interés intensifica la atención, igualmente la atención despierta y aviva el interés. Quien se tome la molestia de prestar un poco de atención voluntaria a un objeto, notará si persevera que descubre en el objeto interesantes puntos no sospechados, cada uno de los cuales llegará a ser un objeto de interés. Busquen los aspectos interesantes en las cosas que al principio parecen sin interés y aparecerán a la vista de ustedes de forma que les interesará vivamente. Para mayor eficacia, conviene concentrarse en la tarea, interceptando toda otra idea hasta el difícil pero posible extremo de abstraerse en la propia personalidad, pues nada hay tan nocivo para la sana mentalidad como la morbosa conciencia de la naturaleza inferior. Lo mejor es "olvidarse de uno mismo" en el trabajo y hundir la personalidad en la obra. El más activo, es el que hunde su personalidad en el resultado deseado, en la ejecución de la tarea emprendida. El actor, el predicador, el orador o el escritor deben olvidarse de sí mismos para obtener los mejores resultados, y vemos que así sucede. Pues entonces, seamos actores de la vida. Fijen la atención en la tarea y dejen que el Yo se cuide de sí mismo.

En relación a esto, podemos señalar una interesante aproximación para las personas que creen que su principal problema es la timidez, ya que el tímido lo es porque en realidad siempre está pensando en sí mismo y en la impresión que podría causar en los demás. Por lo tanto, el tímido debe dejar de pensar en los demás y el efecto que puede causarles, para al mismo tiempo dejar de pensar en sí mismo.

Otro de los elementos a nuestro criterio importantísimos para forjar un significativo Poder Individual, es la adquisición de un bagaje cultural. En varias oportunidades me he referido a la importancia de la "formación" - disciplinada, autodidacta, en fin, en cualquiera de sus formas- como condición para una evolución espiritual. Esto sé que ha molestado a algunos opinólogos, en el sentido de suponer que yo planteaba una cierta forma de "aristocracia intelectual", en la percepción equivocada de inferir que cultura es igual a moralidad o inteligencia. Y no es exactamente así. Lo que he querido expresar es que la cultura es condición necesaria - aunque no suficiente- para "estandarizar" la evolución espiritual. Sé que muchos pueden argumentar con la teor ía ética del "buen salvaje" y que la evolución espiritual puede ser evidente en gente analfabeta. Sin duda. Pero considerando los grandes números, estarán ustedes de acuerdo conmigo que esos casos son excepciones y que la gran mayoría de los analfabetos no tienen muchas chances de intervenir voluntariamente en su propia evolución espiritual. O como lo he planteado en alguna ocasión: si una persona carente de formación crece y se desarrolla en un ambiente honesto y ético, encontrará un sendero hacia el crecimiento espiritual; pero eso no dependerá de él, será azaroso y, además, no tendrá el mismo valor cualitativo, ya que no tuvo elección y por consiguiente su evolución no es un acto de libre albedrío. Los pocos casos en que personas desarrolladas en ambientes delictivos o poco morales logran darle a su vida un sentido erótico - recuerden la acepción psicológica de la palabra- lo fueron mediante lo que podríamos definir como un "acto o esfuerzo de voluntad psicológica" que, por definición, no es precisamente muy común. Y la razón porque el bagaje cultural aumenta las posibilidades de servir de trampolín a ese crecimiento interior - aunque todos conocemos casos de individuos que por muy bien formados culturalmente que se encontraran eligieron el camino incorrecto- es que esa diversidad de conocimientos permite optar por otras cosmovisiones, otras perspectivas, otros puntos de vista, además de brindar una lectura más panorámica de la realidad de la existencia, del devenir y la Historia. Lo que aprendemos es el material de que están hechas las sensaciones que impregnan nuestra memoria, y es ese material sobre el cual elaboramos nuestros pensamientos. Por ende, la calidad del material acumulado le permitirá, a ese infatigable obrero que es el Yo, seleccionar y combinar los elementos adecuados para construir una obra (mental) de mayor calidad.

¿Y por qué nos importa tanto el concepto de los "grandes números", aun en un terreno trillado de individualismo - a veces erróneo- como en el de la evolución espiritual?.

Porque el concepto de masa crítica capaz de producir un cambio radical en la conciencia de la Humanidad toda depende necesariamente de él.

La primera evidencia de que este proceso de fortalecimiento del Yo ha comenzado quedará puesto en evidencia por nuestra influencia inconsciente como proyección de nuestra mente inconsciente y nuestra personalidad sobre los centros inconscientes de los demás, produciendo efectos en el carácter y en la conducta, reconocidos en la conciencia.

Por ejemplo, la entrada de un hombre bondadoso en una habitación donde se usa un lenguaje soez, inconscientemente modificará y purificará el tono de los circunstantes.

Nuestras mentes proyectan luces, de las cuales somos tan inconscientes como de las sombras proyectadas por nuestros cuerpos, pero que afectan para bien o para mal a todos los que inconscientemente pasan por su esfera de acción.

Dos observaciones para terminar la lección de hoy. En primer lugar, comprender que nadie que esté buscando un diamante en un basural lo encontrará a menos que tenga el diamante en mente. Esto es, debemos reconocer lo que buscamos y tener su imagen claramente definida. ¿Cuántas veces en la vida nos ha ocurrido estar buscando un objeto y pasárnoslo frente a las narices sin verlo por lo que se define como una "disfunción perceptual", generalmente ocasionada porque nuestra mente, quizás confundida en otras preocupaciones, no representa - conciente o inconciente, lo mismo da- claramente lo que está buscando?. De manera que si queremos que nuestro Poder Individual, se manifieste rápidamente en logros concretos en la vida, aun a pesar de los contratiempos, dificultades y obstáculos que voluntaria o involuntariamente los demás o la sociedad nos interpongan, es prioritario definir claramente en nuestra mente qué buscamos alcanzar. Por ejemplo, la persona que se diga a sí misma: "Quiero se feliz", será consecuente con sus sentimientos pero gratuitamente ambigüa. ¿Qué es ser "feliz"?. ¿Qué situaciones abarca un estado de felicidad?. ¿Solo o sola?. Si no es así, ¿con quién?. ¿Y de qué forma llegará a ser feliz con esa persona?. "Quiero que mis negocios vayan bien", escuchamos decir.

Pero es ambiguo. Exactamente, ¿"qué" es ir bien?. Esto es lo primero que hay que perfilar antes de seguir adelante.

En segundo lugar, cerraremos con la práctica de un sencillísimo "mantra personal" que hemos descubierto como muy efectivo para las personas particularmente con déficit de atención. Consiste en que dediquen algunos minutos en imaginar situaciones que representen, clara y definitivamente, las palabras "valor", "confianza", "firmeza", "equilibrio" e "igualdad". Bien, una vez que estén seguros de la elección de las imágenes que correspondan a cada una de esas palabras - imágenes fijas o situaciones es indistinto, siempre que no sean demasiado complicadas- todos los días, la mayor cantidad de veces posible, repetirse la frase "Yo soy el valor, la confianza, la firmeza, el equilibrio y la igualdad". Nunca "yo poseo", porque eso equivaldría a reconocer que la cualidad en particular es una "cosa" ajena a mí mismo, lo que en definitiva jugaría en contra del resultado que deseamos obtener. Repetirse entonces durante algunos días, la mayor cantidad de veces posible al día esta frase, acompañando el acto con la visualización mental de esas imágenes correspondientes a que hiciéramos referencia.

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