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|1050 alumnos|Fecha publicación: 18/05/2009
No sé quién eres. En realidad no sé con quién estoy hablando. Supongo que es mi absurda conciencia la única que me escucha. Mi estúpido intelecto es el miserable que analiza cada una de mis palabras en un acto de deslealtad absoluta hacia mi persona. Ni los peores espíritus perderían su tiempo en hablar conmigo esta noche.
Pero ya ves, sigo fiel a ti, mi querido amigo invisible, para contarte mis confidencias e intimidades de este día asqueroso en la cadena interminable de días asquerosos que se vienen sucediendo últimamente. Menos mal que tú sigues aquí mi querido nadie. Te pediría que no le dijeras a nadie que me has visto llorar.
Últimamente lo hago con tanta frecuencia que ya he perdido el significado de mis lágrimas.
Tengo miedo. Mucho miedo de vivir. Y tengo sueño. Un deseo infinito de dormir para siempre sobre mi cama bajo las mantas tapada hasta la nuca. Cerrar los párpados drogada por el dolor y reencarnarme en la nada. Perderme a mí misma ignorando mi propia identidad. ¿Quién soy? No lo sé.
Me ahoga la soledad, mi fiel compañera. Ya nadie me pone los dedos en las mejillas cuando no sonrío para forzarme un gesto de cariño artificial. Había alguien que sí lo hacía, querido amigo, y automáticamente aferraba mis manos a aquellos dedos que me salvaban de la tristeza cotidiana. Ahora cuando cierro el puño lo único que estrecho es el vacío. La angustia de la nada.
Tengo frío. Frío en el corazón. Nadie ha vuelto a quererme como él lo hizo. Y las heridas de su ausencia duelen demasiado. Qué importa que nadie vea la sangre si a mí me sigue doliendo. Y nadie me comprende. No quiero que me compadezcan `porque entonces lo acabo haciendo yo también. Necesito que alguien me enseñe a perder el miedo que me produce recordar. Porque todo lo que él me dio es mío y lo estoy perdiendo por momentos.
Espero que mañana todo sea distinto y esta eterna navidad en tu compañía, querido nadie, termine en paz. En paz conmigo misma. Hoy sólo quiero seguir llorando y dormir cuando el cansancio de mis ojos me haga caer rendida sobre la almohada. Quizá si alguien me está recordando en estos momentos me imagine feliz pero perdono la ignorancia de mi dolor. Gracias por no dejarme sola, querido nadie, y estar aquí velando mis sueños. Mañana te contaré lo que he soñado. Espero que la historia forme parte de aquello que fui cuando era feliz porque es mío. Sólo mío.
Mensaje de la historia
La alegría y la tristeza forma parte de la vida en tanto que el nacimiento muestra el gozo y la muerte el sufrimiento. Sin embargo, no es recomendable que una persona adopte el rol de víctima en un momento de dificultad sino que debe afrontar la pena con naturalidad y esperanza en el mañana. El ser humano está por encima de sus propias emociones de forma que puede influir en ellas con su actitud. Por esta razón, aquel que esté triste debe obligarse a sí mismo para salir de casa y hacer planes con los amigos y la familia pero el aislamiento continuo perjudica enormemente el estado anímico en cualquier circunstancia.
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