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Capýtulo 8:

 El Perdón. Día 5

TECNOLOGÍA DE LA TRANSFORMACIÓN

EL PODER CURATIVO DEL PERDÓN

Para la sociedad urbana de este siglo, hablar del perdón sugiere una especie de pesada y obligatoria carga de corte religioso antiguo, una carga en la que se adoptan actitudes de una artificial tolerancia o bien de un reconocimiento de que el ofensor tiene razón. Asimismo sucede que el hecho de haber perdonado parece conllevar el tener que forzarse a sonreír, poniendo la resignada mejilla ante quien deseamos interiormente dar una bofetada.

Sin embargo, el perdón no es eso, sino más bien la liberación de una atadura emocional al pasado, la disolución de una rabia sutil pero inconscientemente atormentadora y, sobre todo, de un rencor, o enganche al odio que, desgraciadamente, termina por perjudicar y enfermar al sujeto que lo emite.

Se ha dicho que la conservación de la especie se debe a que el hombre sabe perdonar.

El Mahabharata.

El perdón no significa necesariamente una justificación de la conducta incorrecta ni, por el contrario, una negación de los propios criterios acerca de una sana relación humana. Cuando uno, por ejemplo, perdona a un amigo con quien no desea relacionarse, no está obligado a volverle a llamar o necesariamente expresarle que ha sido perdonado. Asimismo, cuando, por ejemplo, un amante separado y ofendido perdona a su pareja no significa que deba volver a vivir con ella, ni que deba cambiar aquellos planes dirigidos a crear su nueva forma de vida. En este sentido, perdonar no significa que la otra persona "tiene razón" y que uno se equivoca, sino que más bien muestra que hay otra manera de mirar el mundo.

¿Puedes distinguir cuando tu perdón es forzado porque enmascara necesidad de aprobación y miedo al rechazo y, por el contrario cuando es un perdón ejercido por comprensión y con consciencia?

Cita una situación de tu vida en la que se haya dado una muestra de estas dos situaciones.

El perdón puede calificarse como una decisión y como un acto de excelencia personal, ya que para accionar la desconexión emocional del daño y el resentimiento, en muchos casos inconsciente, es menester ascender al plano superior de visión global. Y desde ese "trono" observador y neutral en el que se suspende el juicio, elaborar un proceso amoroso de comprensión, tras el que se comprueba que el ser humano, incluido nuestro agresor, actúa en función del programa emocional que en cada momento experimenta.

Si pudiéramos leer la historia de nuestros enemigos, encontraríamos en la vida de toda persona las suficientes penas y sufrimientos como para desarmar cualquier hostilidad.

Henry Wadswort.

Desde la mencionada posición de "observador", se puede concluir afirmando que cada uno de nosotros ha venido haciendo las cosas como "mejor ha sabido y podido".

¿Hay algo en tu vida que no hayas aún perdonado?

Analiza cuidadosamente tal supuesto

Cuando has sentido que perdonabas a alguien ¿qué proceso interno has seguido que te ha permitido perdonar? ¿qué papel ha desempeñado la comprensión?

Mientras estabas instalado en el rencor ¿Quien crees que se sentía peor, tu mismo o la persona odiada?

Conviene recordar que el juicio ata y el perdón libera. Sin embargo, en muchas ocasiones la mente racional prefiere "tener razón a tener paz".

Obsérvate, ¿qué resistencias brotan en tu mente para perdonar? ¿qué emociones se ponen en juego cuando te disculpas?

¿qué parte de ti se ve satisfecha o reconfortada cuando perdonas?

El amor no recuerda las injurias.

San Pablo

Para perdonar, conviene huir del perfeccionismo y la falsa seriedad, y comprender que los errores son, en realidad, auténticas oportunidades de crecimiento y aprendizaje.

Hasta el peor de los pecados encierra oculto en sus profundidades el resplandor de la sabiduría. En el mismo núcleo del enojo está la lucidez, en medio de la lujuria florece la compasión y en el corazón mismo del miedo descansa la libertad.

Sabiduría Tántrica

Perdonar no es adoptar una actitud de superioridad, sino que más bien supone reconocer la naturaleza esencial del otro YO. Perdonar es lograr superar el plano psicológico, en el que se actúa desde las múltiples subpersonalidades, desde los yoes que se sienten ofendidos, vengadores, temerosos, héroes e incluso santos y muchos otros más.

Recupera la últimas vez que hayas perdonado y describe la situación, los personajes, el objeto o causa de la ofensa y las emociones implicadas.

Curiosamente en una región africana, es costumbre saludarse con la palabra SAWUBONA que significa "te veo". Estos sabios nativos utilizan el "te veo" no refiriéndose al "tú" corporal, sino al Yo esencial puro, reconocido como esencia, más allá de los roles cotidianos.

Todos los personajes o "yoes" inferiores que habitan la psique del hombre, cuando están bajo las cotidianas presiones emocionales, actúan desde las dos funciones básicas de placer-dolor y amor-miedo, como emociones fundamentales que utilizan para su programa de supervivencia general.

Perdonar supone encontrar otro modo de mirar la realidad de nuestra relación con la humanidad. En general, todos los seres humanos, aunque parezca increíble, poseemos un cúmulo de resentimientos más o menos conscientes hacia personas próximas, por ejemplo, contra nuestros padres, bien sea por las expectativas no cumplidas, o por las exigencias no satisfechas; en este caso, el perdón nos sirve de misterioso mecanismo con el cual cortamos el cordón umbilical y quedamos libres de continuar exigiéndoles un amor que ellos no pueden darnos.

La compasión es la capacidad de ver al otro en su íntima necesidad

Asimismo, el perdón a la pareja subyace en toda relación matrimonial, ya que allí donde haya compromiso y convivencia, suele decirse que éste "te muele" o "te pule"; pudiendo, asimismo, afirmarse que el matrimonio así como "regala, también crucifica". A este respecto, decía Confucio que sin fricción no se puede pulir una piedra preciosa; es decir, sin adversidades no se puede perfeccionar un hombre. El perdón es el material del que están hechas las grandes relaciones.

El amor es un acto de perdón eterno Peter Ustinov

Es también muy frecuente que tengamos que perdonar a nuestros hijos, a veces por parecerse al ex cónyuge o incluso por parecerse a la parte menos satisfactoria de uno mismo. En este sentido, hay que entender que "educar" significa sacar de "dentro - a fuera", en contraposición a "instruir" que significa "poner dentro". Si hay algo que merece la pena subrayar de la educación es el refuerzo de la autoestima en el niño y el reiterativo mensaje de que es capaz, de que si quiere puede, y de que es una persona fabulosa.

Habrá también que perdonar a nuestros jefes, a los grupos étnicos o culturales como, por ejemplo, los negros, los gitanos, los homosexuales, los multimillonarios, la policía o los ladrones; e incluso en ocasiones, también podemos sentir rabia contra Dios, al que se le suele atribuir la última responsabilidad del mal y la injusticia del mundo.

En este sentido, enfadarse con Dios significa desviar nuestra responsabilidad, haciéndolo responsable, una forma de proyectar a un Dios-Energía pequeño y limitado. Sin embargo, la rabia que de esta creencia brota, puede ser muy creativa, porque ayuda a derribar nuestras reducidas y obsoletas imágenes de Dios.

¿Qué quiere decir todo esto?

Que en última instancia, el único perdón que aglutina e integra todos los pequeños perdones, es el perdón a uno mismo que, en esencia, es aprender a amarse y aceptarse pase lo que pase. Perdonarse a uno mismo es un fabuloso nacimiento en el que muere la vergüenza, la culpa y la autocrítica que, en general, suelen aplazar al perdón diciendo: "Dejaré de sentirme culpable si las cosas salen bien".

¿Identificas en ti resentimiento hacia tus padres, hijos, compañeros, jefe... Dios, etc?

¿Crees que tus resentimientos hacia otros tienen que ver con tu propia no-aceptación de tus errores y sombras?

La culpa sana nos impone límites que indican si nuestra conducta o motivación es correcta o incorrecta, pero cuando a esta clase de culpa no se le hace caso, y pasan los meses o años y el sujeto se ve sumido en sentimientos de culpabilidad por decisiones tomadas años atrás, esa misma culpa deja de ser sana y se convierte en tóxica. En ese caso, en lugar de maltratarnos por lo que hemos hecho, deberemos esclarecer nuestra mente y lograr ver que las decisiones que en su día tomamos, fueron las que en aquellas especiales circunstancias nos parecían mejores y más seguras.

En la tipología de la persona perfeccionista, suele faltar la vitalidad y el placer verdaderos. Es por ello, que sería bueno formularse la pregunta: ¿Prefiero la perfección o la vida?

Cuando liberas a los demás de sus culpas, te liberas asimismo de las tuyas.

Probervio

También existe otra necesidad en el proceso de superación y sanación que es la de perdonar al propio cuerpo, perdonarlo en la salud y en la enfermedad, aceptándolo tal como es. En una sociedad que está dirigida a idolatrar a la juventud, hay un escaso reconocimiento de la belleza de los ancianos. El hecho de perdonar conscientemente a nuestro cuerpo por envejecer, inicia el proceso de reevaluación de los pilares esenciales de la vida.

Por otra parte, no se debe olvidar que cuando experimentamos un rencor crónico, con su consiguiente estrés, el cerebro ordena la fabricación de péptidos o moléculas transmisoras que transforman sentimientos en reacciones químicas que influyen en la conexión del cuerpo y la mente, y en la producción de hormonas y endorfinas. Es por ello, que cuando la rabia se mantiene y reprime durante mucho tiempo, el sistema inmunológico se deprime. El famoso neurofisiólogo Dr. Deepeck Chopra afirma en este sentido que:

No hay pensamiento torcido sin molécula torcida.

Sucede entonces que las quejas contra uno mismo, contra los demás y muchas veces, contra la propia la vida, en general, resultan absolutamente tóxicas; una especie de virus en el programa pensante. En estos casos, el poder curativo del amor, el perdón y la alegría, pueden ser nuestra más potente medicina.

EJERCICIO

Durante el día de hoy cada vez que te descubras emitiendo una queja, reformúlala aplicando de forma consciente perdón, comprensión y amor.

Para lograr perdonar en los casos difíciles, conviene abrirse a ese milagro interior, que los sabios han llamado "Gracia", y para ello hay varias maneras que lo facilitan, como, por ejemplo:

-La oración o diálogo con un poder más profundo.

-La meditación o ejercicio de atención a la respiración mientras se observan los pensamientos, una acción que sosiega la mente.

-La gratitud o proceso de reconocimiento sobre los aspectos positivos que la vida nos ofrece, que sin duda, podrían ser peores.

La expresión creativa, ya que nos abre a la inspiración y nos recuerda que el arte del vivir es una forma de co-creación con la mente universal.

Acusar a los demás de los propios infortunios es un signo de falta de educación.

Acusarse a uno mismo demuestra que la educación ha comenzado.

No acusarse uno mismo, ni acusar a los demás demuestra que la educación ha sido completada.

Epíceto

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