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Autoayuda. Antropología de cuentos (1/3)

Autor: VIKTOR CANDRO
Curso:
8/10 (1 opinión) |1615 alumnos|Fecha publicación: 06/11/2009
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Capítulo 12:

 El espantapájaros

En un pueblo muy lejano vivía un labrador que tenía un huerto. El labrador estaba harto de que algunos animales entraran en su huerto y se comieran las hojas más tiernas de las lechugas. También los pájaros, más desconsiderados, le picoteaban las cerezas y le desgranaban las mazorcas de maíz. Por todo ello decidió hacer un espantapájaros que asustase a aquellos animales. Cogió unas ramas de pino y les colocó una vieja chaqueta. Con una gran calabaza hizo la cabeza. Puso dos cerezas como ojos, una zanahoria como nariz y una tajada de sandía por boca. Con algo de paja seca fabricó una cabellera y, por fin, acabó el espantapájaros poniéndole un sombrero en la cabeza.

- Ahora no vendrá ningún animal a mi huerto. Con este esperpento no se atreverán a molestarme ni a comerse las hojas de mis lechugas.

El espantapájaros se quedó allí, inmóvil, en medio del huerto. Al cabo de un rato, un pequeño conejo de orejas grandes se acercó.

- Tengo mucha hambre, ¿qué puedo hacer?

El espantapájaros se arrancó la nariz de zanahoria y se la regaló. No habían pasado diez minutos cuando llegó un pajarito.

- Hace dos días que no como. No encuentro comida ni para mis hijos.

El espantapájaros se arrancó los dos ojos de cereza y los ofreció al pájaro. Sucedió que pasaba por allí un burrito.

- ¿Puedes darme tu cabellera de paja? No encuentro en ninguna parte.

El espantapájaros estaba orgulloso de su cabellera pero al darse cuenta que el burrito tenía hambre se la dio como mucho gusto. Más tarde se acercaron al huerto dos cerdos.

- Tenemos las tripas vacías. ¿Nos podrías dar algo?

El espantapájaros se arrancó la cabeza de calabaza y la boca de sandía y se las dio.

Sólo le quedaban el viejo sombrero y la chaqueta. Al día siguiente cuando el labrador fue al huerto lo encontró tan malogrado que ya no servía para nada y pensó en quemarlo. De pronto llegaron todos los animales que el espantapájaros había escuchado y alimentado y pidieron al labrador que no lo quemara puesto que había sido muy bueno con ellos. Fue así como el labrador descubrió la bondad del espantapájaros y lo reconstruyó de nuevo. Desde entonces los animales tienen un nuevo amigo, van a visitarlo y hablan y juegan con él.

Reflexiones

- Pese a nuestra sencillez o “insignificancia”, en algunos casos, podemos ser muy útiles a otras personas. Vivimos en un mundo que necesita de cada mano que se extienda a satisfacer las necesidades básicas del prójimo, esto haría del mundo un lugar con mayor esperanza, hecho que sería una gran conquista sin duda alguna.

- El oficio de “espantapájaros” (en este contexto del cuento) no es una predilección para la humanidad; sobre todo cuando vivimos en un mundo bastante egoísta donde muchas personas buscan la satisfacción de sus propias necesidades e intereses; o por otra parte cuando demostramos ser seres insaciables y dicho vacío no nos deja vivir satisfechos, mucho menos satisfacer a otros.

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