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¿El artista nace o se hace? Reflexiones

Autor: Ronald Roa
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |8 alumnos|Fecha publicaciýn: 15/07/2011
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Capýtulo 5:

 El artista académico

La tradición académica moderna comienza con Vasari, fundador de la primera academia artística en sentido propio.

La academia, es un fruto del racionalismo, establece una serie de premisas tanto en el campo literario como en el campo artístico, hacen que a la formación, a la participación, a la exposición de las obras de arte, se tengan que manejar con una serie de rígidas reglas que van a ser establecidas por una academia. De allí, hasta la fecha, se entiende académico como aquella persona que se rige por los cánones, por los planteamientos, por las reglas dictadas por un ente, o una institución que establece una serie de reglamentos, de los cuales no se puede salir, como por ejemplo la ortografía, la gramática, en el caso de la pintura: la composición, la unidad.

“El espíritu del Tridentino, de la Contrarreforma ya en el horizonte, de la maniera, de la autoridad y del academicismo se hallan en estrecha relación y constituyen sólo aspectos de un mismo fenómeno”.[1]

Hauser, sitúa en la época manierista el surgimiento de instituciones entre las que se encuentran las academias y las escuelas de arte.

“El peor peligro que amenaza a las instituciones es el de su burocratización, es decir, el del dominio de su aparato por los funcionarios, que no siempre lo utilizan de la mejor manera. Tan intolerante, tan enemiga del progreso y de espíritu angosto. La enseñanza en las academias, organizada más sistemática y más impersonalmente que en los gremios, se hizo todavía más pedante incluso que la de los antiguos talleres gremiales.[2]

Normalmente lo académico se encuentra ligado también a lo que es un arte oficial, un arte reconocido por las estructuras del estado, las estructuras de poder, y que muchas veces, ha tenido el rechazo de los artistas ante lo académico, pero por otro lado también se ha desarrollado, y se desarrolla una actividad académica, que está basada en una serie de preceptos, conceptos y principios que curiosamente aquello que se planteó como antiacadémico con el tiempo vienen a ser parte de ese corpus de la actividad académica. Si muchos artistas se revelaron, impresionistas, “Fauves” (fieras), cubistas, en fin, se revelaron ante lo académico, sus pautas, sus premisas, sus principios ahora son parte de ése qué hacer académico.

La formación rígida que establece la academia, en muchos casos también ha sido parte de una formación por lo menos en lo que se refiere al hacer, a la parte técnica, el “tecné” artístico, suele fortalecerse profundamente con el desarrollo de una actividad académica aunque en muchos casos ésta tienda a coartar ciertas libertades en el arte, que, como quedó dicho, en determinado momento, van a convertirse también en premisas académicas en ese curioso desarrollo de la dialéctica artística. No hay prácticamente universidad o colegio en la mayoría de los países desarrollados sin departamento de arte, aparte de la pluralidad de cursos y cursillos, conferencias, publicaciones, venta de materiales y equipos, es un periodo de la historia en el cual la mayoría de los artistas que operan en el mercado tuvieron una educación formal, organizada y en general acreditada institucionalmente. En general, esta academización de la educación artística es positiva. La palabra academia en este caso no tiene las connotaciones cavernarias de la Academia de S. XIX y sus herederas contemporáneas. Más bien significa también que, al menos en muchos casos, el artista tiene asegurada una formación un poco más general y con mayores alcances culturales que lo que prometía el auto didactismo.

     El impacto de esta formación universitaria o para-universitaria es innegable, especialmente en los países desarrollados. Los artistas que tienen éxito en el mercado no solo conocen el mercado como un científico conoce el estado de las investigaciones en su campo, sino que también saben cómo manipularlo o cómo unirse a un equipo que lo manipule a ellos. Los que no tienen éxito en el mercado, generalmente se incorporan a la industria educativa o, en último caso, se convierten en clientes o corifeos de los que triunfan. La carrera organizada del arte parece ser la única dentro de las carreras profesionales que crea tanto a los productores como a los consumidores.

El tipo de enseñanza artística que tenemos en la actualidad, en la medida que no es heredada de la Academia francesa del S. XIX, es producto de los movimientos reformistas en contra de dicha Academia.

El plan de estudios, la definición de qué cursos, con qué contenido y en qué orden se necesitan, para capacitar un individuo en algo, es un instrumento útil. En el fondo es una construcción utópica que trata de minimizar los daños que los malos profesores puedan causar a los estudiantes. Al mismo tiempo que expresa, también sirve como referencia a la ideología que mueve el proceso pedagógico. Un plan de estudios claramente formulado permite, sin recibir un curso, entender la orientación de la enseñanza.

Esta situación tiene las siguientes causas: a) las relaciones sociales, económicas, políticas e ideológicas, y b) las ideologías de las representaciones pictóricas de una formación social durante el período sobre el cual se trabaja.[3] El estudiante, una vez que llega a ser artista, está condenado a un proceso de desaprendizaje, mucho más duro y penoso que el del aprendizaje por el cual acaba de pasar.

En el caso de la enseñanza artística, el problema parece mucho peor que en otras ramas del conocimiento. Las dudas, nebulosidades y timideces no son solamente individuales sino culturales y colectivas. Al artista se le pregunta: “¿Usted qué hace?”, y el artista contesta: “Yo pinto al óleo”. A la pregunta que plantea un “qué” se le contesta con un “cómo”. Los que bajo otras circunstancias se percibiría como un diálogo de sordos, o mejor, un diálogo que no se cumple.[4]

[1] HAUSER, Arnold. Origen de la literatura y del arte moderno, el manierismo. p. 132.

2] Ibíd. p. 132.

[3] Hans Sedlmay: “El punto de partida para una verdadera historia del arte se encuentra en las obras de arte” Citado por HADJINICOLAOU, Nicos. op. Cit. p. 214.

[4] Camnitzel Luis (artista conceptual uruguayo) “Pedagogía del arte” – p. 253.

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