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Arte Islámico

Autor: Alejandro Pérez Ordóñez
Curso:
9,25/10 (4 opiniones) |3315 alumnos|Fecha publicación: 03/08/2005
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Capítulo 8:

 Arquitectura palaciega omeya

 La casi totalidad de edificaciones existentes en las populosas urbes del Islam primitivo han desaparecido o están en periodo de excavaciones. Los ejemplos mejor conocidos del periodo omeya se hallan en la zona del Creciente Fértil en su límite con el desierto. En casi ningún caso fueron edificaciones realizadas por los propios califas, luego habría que hablar más de una arquitectura aristocrática que real.
 Tipológicamente conectan con la tradición de las villas romanas, destacando como características:
- Utilización como vivienda de manera intermitente.
- Elevado nivel de comodidades.
- Escasas funciones públicas.
- Placer en lugar de poder.

Estas mansiones se han venido interpretando como manifestaciones típicas del gusto que el Islam primitivo sentía por la vida en el desierto, o al menos en sus confines. Tampoco es totalmente acertada la interpretación que justifica su construcción para controlar desde las mismas amplias zonas agrícolas en explotación, ya que esta necesidad no obligaría a construir las complejas edificaciones existentes. La razón fundamental estaría en el hecho de que el mayor número de ejemplos se encuentre en Siria y Palestina, la región donde la islamización inmediata fue menor. Por lo tanto, es bastante comprensible que los príncipes musulmanes se sintieran más a sus anchas en el campo. Finalmente, es probable que como en esta época el poder de pendía en gran parte de las tribus nómadas, seminómadas o de las que acababan de hacerse sedentarias, el campo parecía un lugar más conveniente para los encuentros entre los príncipes y los grandes caudillos tribales que las ciudades notoriamente recelosas y hostiles para con los nómadas.

QASR AL-HAYR AL-GARBI

 Amurallado, de planta casi cuadrada y en torno a un patio, introduce la novedad del iwán. Éste es una sala rectangular abovedada de grandes proporciones completamente abierta por uno de sus lados cortos. La portada, con los dos torreones que la flanquean, ha sido reconstruida en el Museo Nacional de Damasco. En su decoración aparecen ya algunos elementos que se convertirán en constantes del arte islámico, y conocerán una enorme difusión: la adopción de patrones reproducibles hasta el infinito, limitados por cartelas o enmarcamientos; el uso de arquitecturas ficticias (columnatas, arcadas, etc.); elementos vegetales, especialmente los llamados arabescos o atauriques; las almenas en espino; la introducción de detalles que rompen la aparente monotonía (diferentes decoraciones en los fustes de las columnas, etc.); etc.

Entre los muchos restos materiales decorativos que nos proporcionan tanto Qasr al-Hayr al-Garbi como los otros palacios omeyas de esta zona, también aparecen esculturas. Se trata, sobre todo de relieves tallados en estuco. Pero también aparecen figuras humanas en altorrelieve, de estética clasicista muy en relación con las esculturas de las tumbas de Palmyra, muy cercana. [Se trata de unos enterramientos en arcosolios con una serie de esculturas que, estéticamente, representan una interesante fusión entre lo romano y lo oriental. Es claro que la escultura y la arquitectura de Palmyra, donde se citan estos dos mundos estéticos en un curioso sincretismo, influyeron fuertemente en la formación del arte islámico.] Los mismos capiteles, clásicos, labrados a trépano, pueden ser considerados obras escultóricas de este incipiente arte omeya.

Asimismo, aparecen pinturas entre estos elementos decorativos que venimos comentando. Son, claramente, figurativas, si bien con un tratamiento simplificador, esquemático, algo estereotipado, como es característico no ya en el arte islámico sino en todo el mundo oriental, en general. Son pinturas, por tanto, sin afán retratístico y nada naturalistas, muy tendentes a la bidimensionalidad, es decir, sin pretender sugerir una tercera dimensión. El trazo dibujístico, los contornos, tienen un gran protagonismo en estas representaciones, y hay cosas que revelan una gran maestría en los artistas que los realizaron, por la eficacia en obtener figuras con mucha economía y brevedad en el trazo.

JIRBAT AL-MAFYAR

Arquitectura palaciega omeya

 Este palacio estaba cercano a Jericó, en el valle del Jordán. Su cronología está entre 740 y 750. Está inacabado, siendo mandado construir por los califas Hisam y al-Walid II. De su decoración destaca un monumental rosetón-celosía en piedra, situado en el salón del trono, que combina un tratamiento clásico de la talla en piedra con el gusto oriental por las celosías y las formas geométricas en estrella y en lazos que se entrecruzan.

También aparece un mosaico que representa un árbol y una escena en que un león hace presa sobre un grupo de gacelas. El árbol se representa con esa axialidad simétrica tan propia del arte que estamos estudiando, dándose cierta geometrización y regularización en la distribución de los frutos. Los leones y las gacelas son animales muy representados artísticamente en todo el mundo islámico. Son imágenes estilizadas y estereotipadas, de tendencia lineal. Aparece nuevamente el "hilo árabe" o "cordón morisco" como enmarcamiento (que ya aparecía tallado en estuco en la decoración de Qasr al-Hayr al-Garbi).

QUSAYR AMRA

Arquitectura palaciega omeya

Este palacio jordano destaca por sus baños (hammam), que se conservan bastante bien. En su interior aparecen profusas representaciones decorativas, sobre todo frescos, con bailarinas, escenas de caza y signos del zodiaco. En otro fresco aparecen representados reyes, que por inscripciones en griego y árabe son interpretados como el califa al-Walid II, el mandatario bizantino y el persa. Es una interesante y excepcional representación áulica que podemos poner en relación con las enigmáticas pinturas de la Sala de los Reyes de la Alhambra de Granada.

MUSATTA

Arquitectura palaciega omeya

En un gran cuadrilátero de 130 metros de lado, el palacio inacabado de Musatta alza los vestigios de su aula regia en ruinas, cuyo centro ofrecía un triconque, como en la corte bizantina. Jalonado con 25 torres que flanquean una muralla defensiva simbólica (ya que no tiene ningún camino de ronda que la rodee), el palacio omeya de Musatta adopta un lenguaje romano para evocar la pompa imperial.

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