Simultáneamente, para poder consumir las semillas de maíz
tuvieron que fabricar instrumentos de molienda con una superficie
de trabajo de mayores dimensiones, en comparación con las del
periodo anterior, que eran una mezcla de instrumentos de molienda y
machacadres que permitían abrir las duras cáscaras y triturar las
semillas y los vegetales. Debido a estas características
tecnológicas, este periodo es conocido como Protoneolítico (7 000 a
4 500 años antes del presente), cuyo principal aporte técnico fue
la aplicación del pulido en la fabricación de morteros y metates y,
en algunos casos, de ornamentos.
Hemos visto cómo ante los fenómenos naturales, como la extinción de
la fauna, sobre los que no se tiene control alguno, los primeros
pobladores del norte de México responden con una constante
creatividad tecnológica. Al aumentar el tamaño de las poblaciones y
escasear las presas de gran tamaño se opta por comenzar a cultivar,
para hacer frente a la presión de la población sobre los recursos.
Esto lleva a los grupos a invertir una mayor cantidad de trabajo y
de tiempo en la producción de alimentos. Siglos después se
asentarían en aldeas y núcleos urbanos. Por desgracia, la
convivencia en grandes conglomerados humanos lleva al aumento de
las enfermedades y de la violencia; a la intensificación de la
producción; a las crisis cíclicas de la producción agrícola como
resultado de este proceso, y a la división en clases sociales. Hoy
vemos con nostalgia un edén perdido en donde la vida en sociedad
era más fácil y armónica, dado que cada miembro del grupo
cazador-recolector era importante para la supervivencia.
En el estado de Chihuahua, en la margen occidental del río Casas
Grandes, al sur de la población del mismo nombre, se encuentra
Paquimé, asentamiento prehispánico descrito por los cronistas
españoles como una "gran ciudad [con] edificios que semejaban
haberse construido por los antiguos romanos... había casas de gran
tamaño, fuertes y altas [de hasta] seis o siete pisos de altura...
con torres y muros como fortalezas para protección y defensa en
contra de enemigos que sin duda asediaron a sus
habitantes".
Hasta hace relativamente poco tiempo, el noroeste mexicano había
sido tierra ignota para antropólogos y arqueólogos, al grado que
tal vez no haya en América del Norte otro lugar tan desconocido.
Esta inmensa extensión de desiertos, valles y montañas la compartía
Paquimé con otros importantes centros de población del sur de los
Estados Unidos, como Chaco y Aztec en Nuevo México, Mesa Verde en
el sur de Colorado, y Snaketown en el sureste de Arizona,
territorio cultural que Paul Kirchhoff bautizó como
Oasisamérica.

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