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Alivia la tensión con masajes relajantes

Autor: Alejandra Solis
Curso:
9,38/10 (124 opiniones) |124840 alumnos|Fecha publicación: 28/06/2005
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Capítulo 3:

 Cómo usar las manos

Lograr una unificación con las manos, saber ser uno con ellas, constituye el alma del masaje; en el fondo, la verdadera y única técnica.

A medida que aumente su práctica, este conocimiento se le irá revelando y entregando.

Hay un cierto misterio en el manejo de las manos y lleva tiempo llegar a conocerlo.

Es una tarea agradable y sé que nunca terminará.

  Aplique cierta presión cuando dé un masaje. Una vez que haya adquirido algunos conocimientos, sabrá que la intensidad de la presión varía, según el toque particular y la parte del cuerpo sobre la que se aplique  una cierta presión es siempre indispensable. De acuerdo con mi experiencia- muchas personas que aplican masajes temen, consciente o inconscientemente, causar daño al sujeto, y eso las pone nerviosas haciéndoles aplicar muy poca, o ninguna, presión. No se preocupe. La fragilidad de las personas no llega a ese punto. Por el contrario, la presión produce una sensación agradable, como usted mismo podrá observarlo al recibir un masaje. Aprenda a experimentar con distintos tipos de presión. Siempre que tema estar ejerciéndola con demasiada intensidad, interrogue a la persona que la está experimentando.

Relaje las manos. Manténgalas lo más sueltas y flexibles que pueda, mientras las está moviendo. Esto no es fácil -probablemente menos de lo que parece- por dos razones.

Es mucho más difícil relajar un miembro en el momento en que se lo está usando que cuando está en reposo. Y, segundo, la mayoría de las personas lleva, sin darse cuenta de ello, un alto grado de tensión crónica en las manos. Existen muchas maneras de relajarla. La aplicación de masaje es una de las mejores. Más adelante describiré otras. Todas ellas requieren bastante tiempo; meses, e incluso años. Sin embargo, puede comenzar ahora mismo,  mediante el mero hecho de fijarse en ellas y tratar de relajarlas aunque sea sólo en un mínimo grado, cada vez que las sienta rígidas o contraídas.

Amolde sus manos de manera que se adapten al contorno de la zona que están cubriendo. Aunque ciertas técnicas exigen, como podrá comprobarlo, que se utilice sólo una parte específica de la mano, la efectividad de la mayoría de los toques depende de su capacidad para mantener toda la palma y los dedos en contacto continuo con el cuerpo que están masajeando. Cada vez que sea posible, evite, por ejemplo, que el talón de la mano y las puntas de los dedos queden en el aire al desplazarla sobre la piel. Cuando deslice la mano sobre la cadera, cúrvela de manera que se acople exactamente a esa parte. Cuando la mueva desde el pecho hacia el brazo, ahuéquela para que al pasar cubra los hombros en forma pareja y suave. Piense en el agua de un arroyo cuyo volumen se va adaptando a los altibajos que encuentra en su trayecto.

Mantenga una velocidad y una presión uniformes. Trate de eliminar los movimientos bruscos y las interrupciones innecesarias. Haga que los cambios de velocidad o presión se efectúen en forma gradual, evitando las transiciones repentinas. Trate de imprimir la mayor fluidez y continuidad a su movimiento.

Sin embargo, no tema variar la velocidad o la presión. El ritmo es un ingrediente esencial del masaje. Puede usar distintas presiones y velocidades sin por ello sacrificar la continuidad del movimiento. La variedad en el masaje se parece mucho a la de la música: los cambios en el tiempo ayudan a evitar la monotonía del ritmo.

Explore y defina la estructura interna del cuerpo que está masajeando. (Este es un problema de sensibilidad; algo totalmente distinto del estudio sistemático de la anatomía.

(Respecto de esta última, encontrará algunas indicaciones en un capítulo posterior.) Procure que sus manos estén siempre investigando, hágalas "escuchar" los tejidos y los huesos. Trate de comunicarlas con la textura de los estratos profundos de los músculos: ¿Gruesa o delgada? ¿Blanda o firme? ¿Informe o definida? Cuando palpe un hueso, trate de delinear su forma. Imagínese que sus manos le están diciendo a la persona: "Esta es su cadera", "Estos son los huesos pequeños de la muñeca", "Esta es la forma de su rodilla". Mostrar a la persona la articulación de su cuerpo, en esta forma, es uno de los aspectos más importantes del masaje. Mientras mayor sea la precisión con que logre esto, mayor será también la sensación de plenitud que experimente el sujeto. El masaje adquirirá una calidad profunda y casi mágica, consígalo apoyando el peso de la parte superior de su cuerpo sobre las manos más bien que forzando los músculos de sus brazos y muñecas. El esfuerzo muscular daría rigidez a sus manos, reduciría la fluidez de los movimientos y cansaría su espalda.

Una vez que haya establecido contacto con el cuerpo de la persona, procure no interrumpirlo hasta que haya terminado completamente el masaje o el ejercicio que esté efectuando. Para muchas personas, una interrupción del contacto físico resulta psicológicamente desconcertante. Aun cuando deba aplicar aceite, mantenga el antebrazo o el codo tocando alguna parte del cuerpo. Recuerde que el que yace en reposo con los ojos cerrados ha penetrado en un mundo cuya única realidad es la proximidad de su mano.

Al dar un masaje, no sólo utilice las manos sino también el resto del cuerpo. No quiero decir con esto que deba subirse y rodar sobre el sujeto, sino que sus manos poseerán mayor vida, si su movimiento es una extensión de un impulso más amplio proveniente de todo el cuerpo. Esto no tiene por qué ser intenso; en ciertos momentos puede ser tan leve que un observador escasamente lo advierta. Sin embargo, visible o no, usted debe sentirlo presente como una especie de centro profundo donde se originan los movimientos más exactos de sus manos. En cierto modo, el masaje se parece a la danza. Es decir, tal como en esta última mientras más implicada está la totalidad del cuerpo, mayor es la perfección del movimiento.

El doblar la espalda hacia adelante elimina gran parte del posible esfuerzo y fatiga de la zona inferior de la espalda. Trabajar con la columna erguida da más libertad a los brazos y a las manos permitiendo un mayor control y una mejor relajación de los movimientos.

La manera de sentarse o arrodillarse, cuando dé masajes en el suelo, estará en gran parte condicionada por la zona del cuerpo en la que esté trabajando o el toque particular que esté aplicando. Sin embargo, como esta situación exige doblar la espalda con mayor frecuencia, lo que produce mayor cansancio, es importante estar siempre consciente de la posición del cuerpo.

Cuando se siente o se arrodille, trate de mantener la espalda recta, cada vez que sea posible. Procure, como ya he indicado, colocarse sobre algún tipo de acolchonamiento. En otras palabras, instálese lo mejor que pueda. Todo el cuidado que dedique a su propia comodidad, se le trasmitirá al que recibe el masaje bajo la forma de una mayor delicadeza y precisión en el movimiento de las manos.

Nunca olvide que está aplicando masaje a una persona y no a una complicada maquinaria. Estamos formados por huesos y músculos, pero también somos personas, y esto rige para cada centímetro cúbico de nuestro cuerpo. La persona es su propio cuerpo.

Recuérdelo siempre y expréselo a través de sus manos, así esta noción tendrá una influencia decisiva y directa sobre la calidad de su contacto. Se podría decir mucho más sobre todo esto, por cierto, y algo diremos en un capítulo posterior.

Para hacer un poco más prácticas estas indicaciones, he aquí un experimento que puede intentar. Obtenga la colaboración de algún amigo, haga que se tienda de bruces y aplíquele aceite en toda la parte posterior del cuerpo. Luego coloque las palmas de sus manos sobre la piel y deslícelas lentamente. No se preocupe en absoluto de si está o no realizando un toque apropiado; sólo muévalas de uno a otro lado sobre el cuerpo, según su antojo. Explore, tratando de captar una sensación de "estar allí", de presencia de las manos sobre la piel. Por momentos cierre los ojos. De vez en cuando experimente alguna de las indicaciones sugeridas anteriormente. Ensaye diversas presiones y velocidades o cualquier otro cambio que se le ocurra. Sea lo más espontáneo que pueda; deje que sus manos piensen por usted. Al mismo tiempo, manténgase alerta y atento a todo lo que ocurre.

Hágalo durante cinco o diez minutos o todo el tiempo que le plazca, pero sólo mientras le resulte agradable.

Repita este ejercicio con la frecuencia que desee; siempre puede aprender algo. Estos son fundamentos básicos de los que siempre se tiene un "dominio"

Las instrucciones que siguen han sido preparadas para una persona que usa con preferencia la mano derecha. Es decir, se ha preferido la derecha cada vez que se ha presentado la alternativa. Si usted es zurdo, todo lo que tiene que hacer es sustituir la derecha por la izquierda en los casos en que le parezca apropiado.

TOQUES LARGOS

Aplicar una serie de toques largos que recorran todo el cuerpo es la mejor manera de concluir un buen masaje. Además de resultar entretenido para el que los da, dejan a la persona que los recibe con una conciencia más profunda de su cuerpo como un todo integrado.

1 Aplique el "rastrillamiento", descrito anteriormente para la parte posterior de la pierna. Esta vez cubra toda la espalda, luego las nalgas, y continúe por una pierna en toda su extensión. Repítalo desde el comienzo, pero esta vez masajee la otra pierna.

2 El "machacamiento" produce una sensación mucho mejor que lo que parece sugerir su nombre. Fue el que apareció la última vez que vio a alguien recibir un masaje en una película de Hollywood.

Utilizando los bordes externos de las manos, golpee en forma suave y rápida la columna vertebral. Comience en la parte superior y, manteniendo el ritmo, continúe por una pierna hasta el tobillo. Luego, devuélvase haciendo el mismo recorrido. Repítalo de ida y vuelta cubriendo la otra pierna.

3 Deslice ambas manos hacia arriba por una pierna como si fuera a aplicar el toque básico de la parte posterior. Pero esta vez no separe las manos al llegar al extremo superior de la pierna; continúe sin interrupción por sobre la nalga y ascienda por un lado de la espalda.

Separe las manos sólo cuando haya llegado al extremo superior del omóplato del mismo lado del cuerpo. Luego vuelva por la espalda y la pierna hacia el tobillo, conduciendo el movimiento con los talones de las manos. No cubra la columna.

Repítalo dos o más veces. Luego trasládese al otro lado de la mesa y repita el procedimiento en el otro costado del cuerpo.

4 Este se denomina el "paso del oso". Hay personas que sostienen que en algunas aldeas remotas de Europa Oriental se puede lograr que, por unas pocas monedas, un oso amaestrado aplique la versión auténtica de este toque.

Apoye una palma sobre la parte superior de la espalda opuesta al costado en que usted se encuentra, manteniendo el talón de su mano próximo a la columna. Ejerza una fuerte presión apoyando el peso del cuerpo sobre las manos. Luego coloque su otra mano junto a la primera, es decir, inmediatamente más abajo sobre la espalda y en forma paralela. Cruce la primera mano por encima y apóyela junto ala segunda, y así sucesivamente.

Comience a ejercer presión con una mano en el momento preciso en que deje de hacerlo con la otra. Haga caminar al oso por todo el lado de la espalda, de la nalga y la pierna; y luego (habiéndose trasladado al otro lado de la mesa), suba por la otra pierna, nalga y lado de la espalda. Apóyese con tanta fuerza como pueda, con una excepción: disminúyala al pasar sobre la zona posterior de la rodilla.

5 Si extiende el pulgar y el índice de una mano separándolos lo más que pueda, la piel entre estos dedos se pondrá tirante. Lo cual origina un instrumento muy versátil para el masaje. El toque siguiente se aplica utilizando por completo estos pocos centímetros de piel. Colóquese a la izquierda de la persona. Lleve los dedos separados de la mano derecha a todo lo largo de la pierna izquierda, sobre la nalga y luego por un lado de la espalda. Hágalo con fuerza y rapidez usando sólo el pulgar, el índice y la "Y" de piel tensa entre ambos. Pase suavemente sobre la parte posterior de la rodilla.

A medida que se acerque ala parte superior de la espalda, comience a conducir la mano izquierda -con el pulgar y el índice extendidos de idéntica manera- por el mismo recorrido. En seguida, hacia arriba de nuevo con la derecha y hacia abajo con la izquierda; y así sucesivamente.

Si sus pies están separados entre 60 y 90 cms (o si, trabajando en el suelo, separa las rodillas lo más que pueda), puede  seguir con todo el cuerpo, en uno y otro sentido, el movimiento de la mano. Este toque ágil y vigoroso resulta especialmente grato de aplicar. Aplíquelo una media docena de veces a cada lado.

6 Intente ahora aplicar el toque básico subiendo por las dos piernas al mismo tiempo. Sitúese en un extremo de la mesa, cerca de los pies de la persona, inclinándose ligeramente hacia adelante. Coloque la mano derecha sobre la parte posterior del tobillo derecho, con los dedos apuntando hacia adentro; y la izquierda sobre el izquierdo, con los dedos apuntando en la misma dirección, Con un movimiento ascendente cubra las piernas, las nalgas y la espalda. Si es necesario, avance un poco a medida que realiza el toque. Retorne apretando ambas manos contra los costados del torso, las costillas y la cara exterior de las piernas. Proceda con forma continua y uniforme y trate, si es posible, de aplicar la misma presión con ambas manos.

Aplíquelo tres veces por lo menos, en ambas direcciones.

Debo agregar que el toque núm. 6 es uno de los que resulta más fácil de aplicar en el suelo. Todo lo que tiene que hacer es arrodillarse entre las piernas de la persona y realizar todo el toque desde allí. Cuando me siento con la habilidad suficiente y no creo poner nerviosa a la persona que estoy masajeando, me subo a la mesa para realizar el toque con el ritmo y la presión adecuados.

* 7 Utilizando ambas manos, haga una serie de tocaciones ligeras como si fueran hechas con una pluma, desde la cabeza y el cuello hasta los pies. Use sólo las puntas de los dedos y con la mayor suavidad que pueda, sin perder el contacto con la piel.

Para cambiar la textura, puede, algunas veces, emplear las uñas. Puede lograrlo curvando los dedos, si las lleva muy cortas. Sin embargo, antes de terminar vuelva al toque con las yemas de los dedos.

Proceda con suavidad, lentitud y delicadeza. En este momento la persona ya estará completamente relajada, y este último contacto le producirá una impresión de intensidad y plenitud.

8 Lo más importante del Ultimo Toque es hacerlo con cuidado.

Siempre deja una impresión persistente. Una posibilidad: dé un toque final muy liviano (como de pluma) a lo largo del cuerpo y retire las manos, al mismo tiempo, cuando llegue a los pies.

Otra: deslice las manos por los brazos y luego estreche ligeramente las manos de la persona, antes de interrumpir el contacto.

Una tercera posibilidad: haga que la persona vuelva a ponerse de espaldas, dele un masaje facial una vez más y luego apoye ligeramente las palmas de las manos sobre su frente. Es una buena manera de terminar, especialmente si lo comenzó de esa manera.

Después de haber interrumpido el contacto, deje que la persona permanezca inmóvil durante algunos minutos. No haga ruido; cúbrala con una sábana si sospecha que pueda sentir frío. (Recuerde que una habitación se siente mucho más fría cuando la piel ha sido aceitada.) Si le agrada quedarse quieto y concentrarse en sí mismo después de un masaje, éste es el momento de hacerlo.

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